miércoles, 21 de febrero de 2007

Cajamarca y los hijos del Dragón

Los chinos volvieron a lanzar su grito de guerra del nuevo año lunar: “Kung Hai Fat Cho (“Feliz año nuevo y que hagas una fortuna”) Una recomendación apropiada para un país como China que se encuentra en franco desarrollo. Los hijos del Dragón no desean que seas feliz o próspero o que el cielo te colme de bendiciones, ellos dicen: ojalá que te hagas de oro.

El momento no puede ser más auspicioso. El domingo pasado, tras la muerte del año del perro, en el 2006, se inició un año de prosperidad signado por la figura del cerdo, el último de los doce animales del horóscopo chino. El año del cerdo de fuego será un lapso de bienestar, opulencia y abundancia. Donde hay cerdos no hay hambre, dicen los chinos. El horóscopo asiático alienta a usar este año para invertir y tener hijos. También recomienda limpiar la casa y deshacerse de cualquier objeto inútil para espantar la pobreza y la mala suerte.

Por lo pronto, el año empezó con buen pie. El movimiento económico que representó el traslado de cientos de millones de chinos a su país natal para las celebraciones ha sido extraordinario. Según un informe de la prensa china, sólo por tren viajaron hacia ese país 155 millones de personas y muchos más llegaron en coches, barco y avión. Entre tanto 455 millones de chinos enviaron 40 millones de mensajes por hora en sus teléfonos celulares, y las autoridades estiman que se producirán 2.000 millones de viajes en los 40 días de tránsito que le siguen a la fiesta.

¿Los chinos tienen motivos para estar optimistas? Por supuesto. China e India son los dos países en vías de desarrollo que han logrado los mejores resultados en su lucha contra la pobreza creciendo a tasas récord desde que empezaron a abrir sus economías al sector privado. Por supuesto, los cambios no han sido sencillos y la resistencia para que la población se adapte a los nuevos vientos de la globalización, fue muy dura en sus inicios. Sin embargo, el papel de los dirigentes chinos fue fundamental para la trascendental transformación.

¿Y cómo cambiaron su percepción de la economía mundial los dirigentes? Fácil. Observando. Les bastó ver como otros chinos más afortunados tenían un destino mejor. Los chinos de Hong Kong, Taiwán y Singapur que creían en la propiedad privada, la paz social y el mercado, los que se subieron al tren de la globalización, iban camino de la riqueza, la prosperidad y el desarrollo. En cambio los que continuaban aferrados a las viejas costumbres, las supersticiones, la dependencia del gobierno y los eternos reclamos en un sin fin de manifestaciones, vivían, al final del día, en la miseria y la escasez. Los líderes chinos tuvieron que tomar decisiones responsables, no obstante, aunque hoy la suerte les sonríe, aún son miles de millones de chinos que esperan una oportunidad para salir de la pobreza.

Por su parte, las noticias internacionales de la última semana, también abonaron en la creencia de que la buena fortuna esta sonriendo al país asiático. De acuerdo a las cifras publicadas en una nota reciente de Argenpresss, basada en un informe de la Academia de Ciencias de China, el superávit comercial de ese país puede registrar un nuevo récord por valor de 190.000 millones de dólares en el 2007, con lo cual la nación oriental superará a Arabia Saudi y Rusia para situarse como el país con el segundo mayor superávit comercial en el mundo tras Alemania. Asimismo, Prensa Latina informó que China proyecta producir 260 toneladas de oro en el 2007, veinte toneladas más que las producidas en el 2006, y que las reservas auríferas de la nación se incrementaron en 650 toneladas durante el año pasado. Bien por China.

En lo que respecta al Perú, al parecer, y quizá debido a que la colonia china en nuestro país es muy numerosa, el año del cerdo de fuego también nos traerá buena fortuna. De acuerdo a un anunció del Presidente de la República Alan García, el Gobierno Chino aceptó la puesta en marcha de negociaciones y el inicio de un estudio de factibilidad para la futura firma de un tratado de libre comercio con el Perú. “Cuando la China nos responde que debemos comenzar el estudio de factibilidad inicial para el TLC, estamos dando un paso gigantesco para la economía nacional”, aseguró el mandatario. Y añadió que esto facilitaría que el coloso asiático declare al Perú como “país de turismo prioritario”, para sus millones de ciudadanos.

Por supuesto, todos sabemos que los rasgados ojos de la República Popular de China no sólo están puestos en nuestro afamado paraíso turístico o en nuestro atractivo potencial agrícola, sino en nuestra abundante y variada riqueza minera. Lo dicho: China puede llegar a convertirse en un excelente socio comercial del Perú y en especial de Cajamarca, debido a la demanda de minerales para mantener sus niveles de crecimiento, y si no los compra aquí, los comprará en otro lado. Así las cosas, sería bueno que alguien les vaya diciendo, desde ahora, que la buena fortuna del cerdo y sus dólares no sirven de mucho en la tierra del Cumbe, porque aquí los enemigos del desarrollo ya no quieren más minas… ya no quieren más progreso.

jueves, 15 de febrero de 2007

Cajamarca y el fantasma del desempleo

La empresa Chrysler esta de malas. Esta semana anunció la eliminación progresiva de trece mil puestos de trabajo en sus distintas plantas de Estados Unidos y Canadá. ¿Se lo merecen? Quizá. Rescatando las situaciones personales, la compañía perdió su posición en el mercado frente a sus competidores ubicados al otro lado del mar: las empresas japonesas y surcoreanas. La reducción de Chrysler será un lamentable episodio más entre los dramáticos cortes en la industria automotriz americana que debido a la fuerte competencia asiática, perderá más de cien mil empleos en total.

Sin embargo, la cifra no es exacta. A esos trece mil ex empleados de la firma automotriz su sumará una cantidad igual o mayor de trabajadores colocados en servicios conexos: perderán colocaciones las fábricas de autopartes, de telas, de fibra de vidrio y de plásticos vinculadas a la industria automotriz. También dejarán de percibir ingresos los comercios que alimentaban a esas trece mil familias y probablemente además, se resentirán las empresas de transportes y los mercados inmobiliarios. Lo sentirán las imprentas, los negocios de ropa y los de entretenimiento. El recorte afectará a los bancos, los mercados y hasta a los colegios.

No obstante, dentro de todos los males que acarreará esa situación, los gringos tienen una salida: los ex trabajadores cobrarán sus pensiones de desempleo hasta que sean reabsorbidos, más temprano que tarde, por otras actividades de la industria o el comercio. Alguien decía que los países ricos -a diferencia de los pobres, que se volverían más pobres-, se pueden dar el lujo de detener el reloj del tiempo, e igual seguirán siendo ricos. Tenía razón.

Y eso ¿En qué nos afecta a nosotros en Cajamarca? En nada. Los despidos ocurrirán en distintas ciudades americanas, a miles de kilómetros de distancia y afectarán a personas y familias que probablemente nunca conoceremos. No hay razón para preocuparse.

Lo que si debería alarmarnos, en cambio, es la manera en que se va a afectar Cajamarca en cuanto Yanacocha inicie su proceso de reducción de personal. Aunque todos sabemos que ese problema no les quita el sueño a los “ecologistas” rabiosos, serán diez mil puestos de trabajo directos los que se pierdan cuando la empresa minera empiece su proceso de cierre. Lamentablemente aquí, al igual que en los Estados Unidos, no se tratará solamente de los mineros y sus familias, también perderán sus ingresos los taxistas, los restaurantes, los alojamientos y los centros de recreación. Se verán afectados los mercados, los bancos, los grifos, las repuesteras y los comercios en general. Incluso se reducirán los ingresos de aquellas familias que viven del alquiler de camionetas y de viviendas. Bajará el valor de la propiedad.

Por supuesto, a los enemigos del desarrollo les tiene completamente sin cuidado todo eso, y que las librerías y los centros de fotocopiado se queden sin compradores. Y mucho menos les perturba claro, que hoteles como el Costa del Sol o salones de té como el cascanueces y un centro comercial como El Quinde se queden sin sus habituales clientes. ¿Quién sabe? Probablemente la sola ida les alegre: son gente de pensamiento enrevesado.

A ese desagradable escenario debemos añadir el hecho perturbador de que a estos trabajadores sí los conocemos, y muchos, probablemente, forman parte de nuestras propias familias. Peor aún, tendremos la dolorosa certeza de que ni en Cajamarca ni en el resto del país existen actividades productivas ni comerciales que los puedan absorber con facilidad. Esa gente se irá a la calle por mucho tiempo y sin ningún seguro de desempleo porque simplemente, en nuestro país no existe.

¿Se lo merecen? Definitivamente no. Los hombres y mujeres de Yanacocha son gente honesta y esforzada. Se trata de miles de peruanos que han puesto lo mejor de si para sacar adelante un proyecto del que no sólo dependen ellos mismos y sus familias, sino miles de otros peruanos que también viven de la actividad minera. Para colmo, ni siquiera perderán sus trabajos por efecto de alguna competencia extranjera –por el contrario, ellos y Yanacocha muy bien podrían competir por el título de los mejores mineros del mundo, en todo sentido-, sino por la obcecación de los enemigos del desarrollo que todos conocemos.

Las reservas de Yanacocha se están agotando. Aunque aún hay mina para algunos años, la compañía no puede expandirse a otras áreas por el temor que han sembrado en la población los terroristas ambientales. Ojalá que Cajamarca se de cuenta a tiempo de lo que realmente esta sucediendo y de como ha dejado su futuro y el de sus hijos en manos de una banda de “ecologistas” inescrupulosos.

Lo dijo un agudo periodista cajamarquino cuando se enteró de que sin ningún estudio serio de por medio el cerro Quilish no sería mina, gracias a la objeción de los “ecologistas” y a la ausencia de ciertas glándulas en los políticos de aquel entonces: “Quilish quedará para la posteridad como un monumento a la estupidez”. Si no reaccionamos a tiempo, pasará lo mismo con otras minas.

martes, 13 de febrero de 2007

El arte de la simulación

Lo expuso Mariano Grondona en uno de sus brillantes ensayos: las personas responsables tratan de mostrar la realidad hasta que su audiencia termine por darles la razón, aunque con ello sufran un alto costo político o de imagen. Grondona ejemplarizó su afirmación con la advertencia que hizo Winston Churchill a los ingleses sobre el peligro que representaba Hitler. Durante años, los ingleses apegados a la ilusión de la paz no le creyeron, y al final, luego de muchos cuestionamientos al gran estadista, cuando el nazismo se despojó la careta, sus compatriotas le dieron la razón, pero ya era demasiado tarde.

En el otro extremo del espectro, en cambio, están las personas del montón, aquellas que sólo aspiran a manejarse con astucia en el mundo de las apariencias para despertar la ovación de la tribuna. Se trata de personas que están dispuestas a disfrazar la realidad porque, simplemente, ello conviene a sus intereses. ¿Pero es tan fácil engañar a la población? Por supuesto. La respuesta es de Maquiavelo: “Aquel que quiera engañar, siempre encontrará a quienes desean ser engañados”.

Estas reflexiones vienen a cuento, debido al rechazo aparentemente irrazonable del “ecologismo” local a las declaraciones del gerente de Asuntos Externos de Yanacocha, Ricardo Morel, sobre el atentado contra una tubería del sistema de operaciones de la compañía minera. Morel trató de mostrar la  realidad: Él describió los hechos, narró como manos asesinas quemaron varios metros de una tubería especial que contenía soluciones químicas, con el único fin de derramar su contenido sobre los terrenos de las poblaciones vecinas y contaminarlas, para que después esos mismos pobladores, victimas de posibles intoxicaciones y quizá de resultados más graves, se volvieran, presas del terror, en contra de la empresa minera.El funcionario calificó el cobarde atentado como “terrorismo ambiental”.

Sin embargo, los simuladores no se quedaron callados. Salieron a los medios de comunicación para rasgarse las vestiduras y poner el grito en el cielo por la “terrible” denominación. No les gustó. Hasta dijeron que era sospechoso que el funcionario minero hablara de terrorismo ambiental justo en el momento que el Presidente de la República hablaba de condenar a muerte a los terroristas. ¿Por qué la preocupación?

¿Por qué los “ecologistas” no quieren llamar “terrorismo ambiental” al terrorismo ambiental? Fácil. La razón la dio el Rabino Jaim David Zuderwar en sus conclusiones sobre la Organización de la Conferencia Islámica realizada en Kuala Lumpur, Malasia, en agosto de 2003: “Es que Definir es poner límites y por ende asumir compromisos”.

Definir –dijo el Rabino- es educar y establecer normas de conducta. Tenía razón. Si definimos lo que es “terrorismo ambiental” probablemente descubramos que muchas de las conductas, declaraciones y denuncias sin fundamento sobre la supuesta irresponsabilidad del cuidado ambiental de la actividad minera formuladas por los mal llamados “ecologistas” es precisamente eso: “terrorismo ambiental”.

No obstante, más allá de las declaraciones del funcionario de Yanacocha y del rechazo ya no tan absurdo del “ecologismo” local a la denominación de terrorismo ambiental, duele comprobar que, mal que pese, en nuestra Cajamarca convivimos con gente capaz de cometer este tipo de acciones criminales que no mide las consecuencias de sus atentados contra la minería ni el ecosistema, ni se frena ante la posibilidad de dañar y de dar muerte a miles de animales y de personas inocentes. Eso, aunque los “ecologistas” no lo quieran Definir, se llama “terrorismo ambiental”.

Cajamarca tiene que unirse contra esa forma de terrorismo y evitar que los simuladores sigan utilizando la demagogia y la ignorancia para mantener a la población aterrorizada. Si no lo hacemos, nos irá muy mal.

jueves, 8 de febrero de 2007

Danza de gigantes

Danza de Gigantes, es el título del libro lanzado en Londres a fines de enero por el Grupo de Investigaciones sobre Desarrollo del Banco Mundial y el Instituto de Estudios Públicos de Singapur. La obra, comentada en el último informe quincenal del Banco, trata de responder a la pregunta que desde hace algunos años viene haciéndose la población mundial: ¿Qué significará para el resto del mundo el éxito económico de China e India en el transcurso de los próximos quince años?

La pregunta no es teórica. En los últimos años China ha crecido a una tasa anual cercana al diez por ciento, ocupando el cuarto lugar entre las economías más importantes del mundo, detrás de Estados Unidos, Japón y Alemania. Por su parte, India –un país de mil cien millones de habitantes- se ha desarrollado a un ritmo de ocho por ciento en los dos últimos años y ocupa el octavo puesto en ese mismo ranking.

El concierto de naciones de ingresos medios y altos ha empezado a preocuparse de que el éxito de los dos populosos gigantes asiáticos esté produciéndose a sus expensas y de que su continuo crecimiento termine afectando significativamente los mercados globales: actualmente las dos naciones representan el treinta y siete y medio de la población mundial, pero sólo un cercano seis y medio por ciento del valor del producto mundial. Según los expertos, cuando su consumo y su producto per cápita alcancen niveles similares a aquellos que se dan en los países desarrollados, el efecto global será inevitable.

Cuesta creer que la India esté creciendo tanto cuando las calles de Nueva Delhi están llenas de grietas y no es extraño observar bueyes, vacas, caballos e incluso monos vagando por las calles. Sin embargo, el Consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos pronosticó que la India será la tercera superpotencia mundial en el 2020, detrás de los Estados Unidos y China.

¿Qué esta haciendo la India para crecer a ese ritmo y sacar de la pobreza a unas cien millones de personas en los últimos años? “Nada muy original”, fue la respuesta que dio el Ministro de Planeación de la India, Montek Singh Ahluwalia, al analista internacional Andrés Oppenheimer. Una cosa clave –dijo el alto funcionario-, fue “liderar un alejamiento de un sistema de excesivo control estatal y movernos hacia un sistema que les da más juego a las fuerzas del mercado y al sector privado”.

Bien por ellos. Según Oppenheimer, en comparación con el desarrollo de China, basado en exportaciones de manufacturas e inversiones extranjeras, el desarrollo indio está sustentado en los servicios -especialmente tecnología informática y productos farmacéuticos-, e inversiones locales. Otro dato interesante es que en ese país asiático existe el consenso general de que la estabilidad y la paz social generan inversión, y que el crecimiento es imposible sin inversión.

¿Qué significará para el Perú el éxito económico de China e India en el transcurso de los próximos quince años? Mucho. China e India han aumentado extraordinariamente su presencia en América Latina. La región es reconocida como un importante socio comercial y un gran proveedor de materias primas. Sólo el comercio con la India se incrementó de mil millones de dólares hace una década a cinco mil trescientos millones de dólares el año pasado. Se estima que el intercambio comercial llegará a los doce mil millones de dólares en los próximos dos años.

De acuerdo al libro Danza de Gigantes, estos asociados tan dinámicos de la economía mundial crearán muchas oportunidades, incluido más comercio con los gigantes para satisfacer las demandas de su industria y de sus clases medias en rápida expansión. Además, los consumidores aprovecharán los beneficios del flujo de bienes y servicios producidos por los gigantes a precios muy competitivos.

¿Y qué significará para Cajamarca? Fácil. De hecho, el continuo avance de estos dos países demandará un alto consumo de minerales para soportar su crecimiento. Esa necesidad sumada al incremento de los precios debido a la misma demanda, harán inmejorable la oportunidad de Cajamarca para seguir labrando su desarrollo basado en su pujante actividad minera, y por qué no, quizá también en su agricultura.

Danza de Gigantes reconoce que la tendencia del crecimiento de China e India ya tomó un gran impulso y lleva consigo muchas oportunidades. Los autores del libro recomiendan que: volver la mirada hacia atrás y analizar las funciones dinámicas que han desempeñado estos dos gigantes puede servir para que los gobiernos y los analistas de políticas planifiquen el futuro.

Como dicen, “Para comer torta hay que ir a la fiesta”. Entonces, la pregunta que surge es inmediata: ¿La población de Cajamarca consentirá que los enemigos del desarrollo nos impidan asistir a ese baile? Los jóvenes tienen la respuesta.