lunes, 27 de noviembre de 2006

Corrupción vs. iniciativa empresarial

Una comuna ubicada en el Cantón de los Grisones, Suiza, alberga cada año a las elites sociales y económicas del mundo para fomentar el debate y los contactos políticos y empresariales que orientarán el rumbo de la economía mundial en el futuro inmediato. Davos, la meca de los deportes de invierno, se convierte así cada enero desde 1970 en el centro de la integración económica mundial que identifica las tendencias en temas como la economía, la política, las áreas sociales y culturales, así como los problemas que afectan el desarrollo comercial de las corporaciones y las naciones.

El tema central de la edición 2004 del Foro Económico de Davos, en el que participaron más de mil doscientas personas incluyendo a 31 jefes de estado, fue “Asociarse para la Prosperidad y la Seguridad”. En aquella ocasión, el punto más importante de la agenda para esta parte del mundo, Sudamérica, fue la determinación de medidas firmes para enfrentar la corrupción globalizada.

¿Por qué las corporaciones y los países más ricos del planeta habrían de preocuparse por la corrupción en el Perú? Simple. Porque la corrupción genera pobreza. Y al contrario de lo que creen ingenuamente algunas personas, más allá de las consideraciones altruistas y humanitarias, a ninguna empresa transnacional o país industrializado le interesa que nosotros seamos pobres, por la simple y egoísta razón de que sin dinero no podemos integrarnos al mercado para comprar sus productos, y ellos, como cualquier bodeguero de la esquina, nos prefieren como consumidores prósperos y ricos, y no como mendigos llorones y miserables.

La corrupción es uno de los problemas más graves y enraizados en nuestro continente. Recordemos que desde la época de la conquista, con honradas excepciones, a la colonia se venía a robar, y que todo tenía un precio: desde los títulos de nobleza hasta el color de la piel. Con las Cédulas de Gracia de la corona, los mestizos podían blanquearse por un módico precio y, aunque algo más caro, los negros también podían convertirse en blancos, lo cual era una condición imprescindible para estudiar en la universidad.

Por otro lado, los empresarios y los políticos latinoamericanos, también con destacadas excepciones, descubrieron desde hace siglos que el poder político y económico se retroalimentan: el poder económico da poder político y éste a su vez multiplica las oportunidades de hacer negocios y obtener mayor poder económico. Un círculo vicioso perfecto.

La corrupción y el soborno global mueven millones. Sólo como ejemplo, según una cita del periódico español El País, el ensayista Alfredo Barrenechea estimó que a lo largo de la década fujimorista se destinó un 15 por ciento del Producto Bruto Interno peruano a enriquecer amigos y arruinar enemigos. Una cifra difícil de imaginar: cerca de ocho mil millones de dólares. No por nada se le ocurrió a Álvaro Vargas Llosa crear el Museo de la Corrupción en el Perú. De hecho, en el país nos sobra material para llenar más de un museo de ese tipo. Quizá podamos colmar uno por cada región.

A nivel global, según los cálculos del Banco Mundial, los actos de corrupción equivalen al 5 por ciento del Producto Bruto Interno mundial y la mala gestión pública y la corrupción pueden llegar a ser el obstáculo más grande para el desarrollo económico y social de las naciones al debilitar el estado de derecho y el acceso de los más necesitados a los servicios básicos. Entonces, luchar contra la corrupción global es aportar al crecimiento económico mundial sostenible y brindar oportunidades para que cientos de millones de los más pobres del mundo escapen de la pobreza y mejoren sus vidas.

Así lo entendieron los participantes del Foro de Davos 2004 y por ello crearon la “iniciativa PACI” (Principios de la Alianza Contra la Corrupción para Combatir el Soborno), por sus siglas en inglés, para llevar a la práctica la lucha empresarial corporativa contra la corrupción global. Las empresas firmantes de la iniciativa se comprometieron a cumplir los citados principios elaborados en cooperación con Transparencia Internacional, una organización dedicada a combatir la corrupción política, que suponen la “tolerancia cero” con cualquier tipo de corrupción.
Hasta el año pasado eran sesenta y dos las empresas firmantes de la iniciativa. De acuerdo al presidente ejecutivo del Foro, Klaus Schwab, la respuesta positiva de dichas corporaciones demostró “tanto el deseo como la urgencia de hacer frente a esta cuestión”. “El compromiso de las empresas firmantes supone un paso significativo en la lucha contra la corrupción, han demostrado valor y liderazgo”, agregó el economista y líder mundial.

Entre las empresas signatarias se encuentran algunas que operan desde hace varios años en el país: Rió Tinto, Occidental Petroleum, y Newmont Mining Corporation. Esta última, es la corporación a la cual pertenece la empresa cajamarquina Minera Yanacocha y con cuya firma se obligó a si misma a enfrentar la corrupción y el soborno estableciendo las mejores prácticas y estándares a la hora de hacer negocios, además de la transparencia en todas sus acciones, contribuyendo, también de esa manera, al desarrollo económico de la región y del país.

Mientras esto sucede en el mundo, es sorprendente que en Cajamarca subsista una forma de corrupción que nadie cuestiona: en nuestra ciudad se atenta impunemente contra el prestigio y el buen nombre de cualquiera, incluso de las empresas que lideran el desarrollo de la economía mundial. Los detractores de la minería, sin ninguna prueba ni responsabilidad, hicieron cargo a Yanacocha durante la última campaña electoral, de apoyar y solventar la postulación del candidato aprista Emilio Horna. Sin embargo, ahora que el virtual ganador es su principal competidor, el empresario Marco La Torre, los calumniadores se contradicen y afirman que éste último es el verdadero “candidato de la mina”. Al final no importa quien salga elegido, los insensatos dirán que “lo puso” Yanacocha.

¿Quién los entiende? Parece que su único objetivo en la vida es atacar a una empresa que, a todas luces, no se lo merece.

martes, 21 de noviembre de 2006

El candidato de la mina

Por fin terminó la campaña electoral. Del cúmulo de acusaciones y de los “destapes” periodísticos que señalaron a uno y a otro aspirante, al final no quedó claro quién es “el candidato de la mina”. Si hacemos un recuento de las denuncias parecería que, aparte de ser algo muy malo, los postulantes mineros son casi todos.

¿Tendría algo de malo ser un candidato minero? De ninguna manera. Cajamarca ha tenido alcaldes extraídos del gremio ganadero. También lo hubo del mundo de los Organismos no Gubernamentales. ¿Qué de malo tendría la postulación de un candidato proveniente de las canteras en una ciudad cuyo motor de desarrollo es la actividad minera? Nada en absoluto.

¿Quién es, entonces, el candidato de “la mina”? Analicemos, de acuerdo a las recomendaciones que dio un analista cubano para elegir a un buen político.

En el supuesto de que “la mina” hubiera decidido lanzar un candidato o candidata para un puesto tan importante como Presidente de la Región o Alcalde Provincial, probablemente los hubiera escogido con el mismo rigor con que escoge a sus funcionarios más importantes. La empresa, al igual que todas las grandes compañías del mundo, hubiera contrato un Head Hunter, un “cazador de cabezas” para identificar a las personas más idóneas para el puesto.

Un Head Hunter hubiera empezado por analizar la tarea para la que recomendaría al posible seleccionado. El tipo de trabajo que realizaría y lo que se espera de él. El caza talentos hubiera evaluado los conocimientos, la experiencia, la edad, la situación familiar, los rasgos sicológicos, la personalidad y la capacidad de trabajo en equipo de los postulantes. Por supuesto, también hubiera valorado sus antecedentes morales: para ese tipo de puestos nadie quiere contratar una persona con referencias menos que intachables. No se puede poner al frente del gobierno a una persona inadecuada.

A diferencia de una buena parte de la población que escoge su candidato al azar o por simple simpatía, el Head Hunter contratado por “la mina” sería especialmente exigente en la elección del mejor postulante, es un asunto de dinero: si escogiera mal la compañía minera no lo volvería a contratar. Aquí no funcionaría ese lema de campaña que decía: “Vote por mí, ¿a usted qué más le da?”.

El candidato elegido sería tolerante: sabría convivir respetuosamente con aquellas formas de vida o expresiones que le gustan o le molesta pero no son ilegales. La intolerancia ha sido una de las razones que ha generado más conflictos en la Cajamarca de nuestros días. Sería prudente para poder seleccionar, con ética, la mejor opción o la menos mala entre las que le presentara la vida. Sería compasivo con los infelices, pero a la vez firme para que la compasión no se confunda con debilidad: saber negarse cuando lo que le piden es inconveniente, ilegal o indecoroso, incluso a costa de perder popularidad. Sería cordial, sobre todo con los adversarios políticos y con sus detractores, a fin de mantener el dialogo racional que debe primar en toda sociedad.

Los seleccionados tendrían fama de honrados: no se puede dudar de la honradez de las autoridades porque genera una serie de comportamientos nocivos que empobrecen al conjunto de la sociedad. Hubo una ministra Sueca que renunció a su cargo y pidió perdón a la población por comprar un vestido con dinero del Estado.

El candidato de “la mina” tendría sentido común para entender los verdaderos intereses que se esconden detrás de los conflictos. Tendría autoridad para ser respetado con aprecio por la población, en vez de dar órdenes como un tirano. Sería humilde para tratar con todos y todos los casos, y así entender las verdaderas necesidades de la gente. Esa humildad también le permitiría reconocer sus errores y disculparse cuando haya que hacerlo. Tendría seguridad en sí mismo para liderar su equipo de trabajo y tomar las decisiones correctas aunque todo el grupo prefiera escoger el camino más fácil.

Por último, al margen de los valores morales y los rasgos sicológicos, el candidato minero sería elegido, por supuesto, entre aquellos postulantes con una sólida formación profesional y cultural. Sería deseable que conozca de derecho, economía, negocios, urbanismo, ecología, agricultura e historia, por ejemplo. La experiencia también es importante, pertenecer al mundo académico, ser un político notable o un empresario de éxito, serían, entre otras, condiciones estimables a tener en cuenta.

Finalmente y para coronar todo lo anterior, el candidato de “la mina”, elegido por cualquier caza talentos, no podría ser recomendado sin poseer un Plan de Gobierno viable y serio. Nada más riesgoso que los candidatos amantes de la improvisación.
Entonces ¿Quién es el candidato? Nada más sencillo. Busque usted entre los aspirantes que reúnan todas las características descritas y probablemente encuentre, entre ellos, “el candidato de la mina”.

miércoles, 15 de noviembre de 2006

Migraciones para un desarrollo compartido

El fenómeno de la migración latinoamericana es inmenso. Se calcula que unos veinticinco millones de individuos han abandonado sus hogares en esta parte del mundo para ir en busca de un futuro mejor en países como España y Estados Unidos. Lamentablemente, los latinos no siempre somos bien recibidos en aquellos destinos porque “le quitamos el trabajo a la gente del lugar”. En realidad, tampoco somos bien recibidos entre nuestros propios hermanos. Por ejemplo, en países como Chile y Argentina hay cierto recelo contra peruanos y bolivianos por el mismo motivo, y viceversa.

Preocupados por esta situación, los delegados de los veintidós países que conforman la Comunidad Iberoamericana -todos los de Latinoamérica más España y Portugal- acordaron que el lema de la XVI Cumbre Iberoamericana realizada la semana pasada en Punta del Este, Uruguay, fuera: “Migraciones para un desarrollo compartido”. No obstante y a pesar de todas las buenas intenciones -dicen los analistas-, al cabo del encuentro nada permite asegurar que haya cambiado aquello de que “las cosas de palacio, van despacio”. Y que cualquier solución al problema que no sea regresar a los emigrantes a sus casas, mientras el tema esté sujeto a la decisión de los Estados receptores de contingentes migratorios, quedará como un asunto estancado.

Mientras se intentaba develar los misterios y las soluciones del fenómeno migratorio en el soleado balneario uruguayo, aquí en el balneario de la sierra norte peruana un fenomenito parecido estaba alterando el ritmo de desarrollo de la región. Me explico.

Hace algunos años la oferta de trabajo local era muy poca o nula. Las únicas instituciones generadoras de fuentes de trabajo formal eran los organismos públicos que contrataban en pequeña escala y por lo general a partidarios o simpatizantes de los gobiernos de turno. Como ha sucedido todo el tiempo, en todo el país. Otro empleador a una escala muchísimo más pequeña eran los organismos no gubernamentales que por lo general tenían y tienen partidas muy limitadas para la contratación de personal que en su mayoría se trata de profesionales y técnicos especializados.

La situación cambió con la llegada de la minería. Yanacocha se convirtió en el empleador más importante del Cumbe. Es curioso, al comienzo de las operaciones había oferta pero no existía demanda. Los comuneros no querían trabajar en la mina porque temían la ira de los Apus y para los citadinos tenía muy poco atractivo ir a trabajar a cuatro mil metros de altura en medio de la puna agreste y fría. Pero los tiempos cambiaron y con los años la demanda de trabajo en las actividades mineras llegó a desbordar la oferta. Creció tanto y se volvió tan exigente que los citadinos empezaron a reclamar contra los experimentados trabajadores mineros que provenían de lugares como Arequipa y Puno, y contra los técnicos calificados de Piura, Trujillo y Lima, por las colocaciones que les estaban “quitando” en la mina.

Luego reclamaron los comuneros. Ellos rechazaron a los foráneos y también a los mismos cajamarquinos de la ciudad porque “la mina estaba en sus tierras”. No tardó en aparecer el reclamo de los ex propietarios porque ellos eran “los verdaderos dueños” y tenían “más derecho” que otros comuneros. Esa situación, con altos y bajos, fue motivo de varios conflictos de la empresa minera con la comunidad durante varios años.

A fin de brindar más oportunidades a los locales, Yanacocha estableció una nueva política dando preferencia de contratación a trabajadores nacidos en Cajamarca de tal modo que actualmente más de la mitad, el sesenta por ciento, ya es personal cajamarquino y la empresa, aunque ya disminuyó su producción, sigue en el empeño de que ese porcentaje aumente progresivamente.

Pero el fenómeno se extendió y hace pocas semanas estalló un conflicto en Hualgayoc. Los pobladores de la zona tomaron por asalto las instalaciones de la compañía minera Gold Fields con el objetivo de obligarla a contratar, aunque no los necesite, a las más de noventa empresas de la zona y a los dos mil quinientos pobladores del lugar. Una locura.

Encima, el problema se desarrolló en medio de declaraciones de autoridades y líderes de opinión que respaldaron los reclamos de los manifestantes en cuanto a sus supuestos derechos de ser ellos los únicos con opción a trabajar y hacer negocios con la compañía minera. Alimentaron al monstruo.

Un último brote del fenómeno ocurrió hace algunos días en Bambamarca: Minera Yanacocha, consecuente con su política de promoción del desarrollo, decidió comprar cal también a los proveedores locales. Los beneficiarios de esa decisión son los productores y trabajadores de Cajamarca y Bambamarca. La cal es recogida de cada centro de producción por un transportista que la traslada a las instalaciones de la empresa minera para su último proceso. Sin embargo, los bambamarquinos se opusieron terminantemente a que un par de empresarios cajamarquinos que viven en Bambamarca también vendan su cal. ¿La razón? “Ellos no son bambamarquinos de nacimiento”, por lo tanto no tienen derecho a hacer negocios en esa tierra. Otra locura.

¿A dónde vamos a llegar? Minera Yanacocha produjo algo más de tres millones de onzas de oro en el 2005. Este año producirá alrededor de dos millones y medio y en el 2007 menos de dos millones. No parece que en el mediano plazo vaya a existir un repunte en los requerimientos de mano de obra y de proveedores en las minas que ya están en operación. Más bien, puede ocurrir lo contrario.

Por otro lado, los nuevos proyectos tanto de Yanacocha como de otras compañías mineras se están desarrollando en lugares distintos de Cajamarca: La Encañada, Hualgayoc, y Bambamarca. En consecuencia la nueva demanda se está originando en dichos lugares. Si no corregimos el fenómeno, va a llegar el día en que la gente sólo podrá trabajar y hacer negocios en su propio barrio, si es que nació por allí cerca. El fenómeno podría llegar a dañar la paz social y el desarrollo de la región y quizá convertirla en un manicomio.

Ya va siendo tiempo de que nos curemos en salud, dejando de fomentar y de aplaudir esas locuras.

martes, 14 de noviembre de 2006

Miente, miente, que algo queda

El Consejo Nacional del Ambiente (Conam), la autoridad ambiental nacional encargada de planificar, promover, coordinar, controlar y velar por el ambiente y el patrimonio natural de la Nación, acaba de otorgar a Minera Yanacocha el Premio Nacional a la Producción más Limpia y a la Eco Eficiencia-Edición 2006, “por haber demostrado que viene implementando eficientemente prácticas de producción más limpias”, gracias a su sistema de tratamiento de agua y sus procedimientos de control de sedimentos.

Este importante reconocimiento, además de calificar a la compañía minera cajamarquina como excelente en el manejo de sus asuntos ambientales, desmiente las afirmaciones burdas e interesadas de ciertos personajes y organizaciones vinculadas a organismos internacionales anti mineros que durante años se han dedicado a dañar la imagen de responsabilidad ambiental de Yanacocha, acusándola de contaminar el medio ambiente.

El mensaje es claro: Yanacocha es una empresa responsable. ¿Y qué dicen los enemigos del desarrollo? Nada. Están desesperados. Ahora tratan de confundir a la opinión pública vinculando a la compañía minera con el asesinato de un líder comunal. Otra mentira de patas cortas. Es que cuando más perversa parezca la empresa, más buenitos parecen ellos.

Recuerdo la historia de Calas que contó Francisco Miró Quesada en uno de sus lúcidos artículos periodísticos. Era un hombre modesto que vivía decentemente con su familia. Un día de 1761, uno de sus hijos se ahorcó y, por una serie de motivos tan estúpidos como crueles –cualquier parecido a las acusaciones de ciertos personajes en contra de Yanacocha, son pura coincidencia-, se le acusó de haberlo asesinado. Calas negó el crimen, pero nadie le creyó. ¿Dónde está la prueba? Preguntó inocentemente, y sus vecinos lo miraron horrorizados: el cadáver estaba allí. Después de un breve juicio se le condenó a ser públicamente ejecutado mediante el tormento de la rueda. Ese suplicio en que se van quebrando todos los huesos del castigado hasta matarlo.

Al año siguiente –continuó el historiador- el gran pensador francés Voltaire se enteró de lo sucedido, decidió reivindicar el nombre de Calas y salvar a su esposa y a sus hijos de la miseria y la vergüenza en que vivían. Voltaire tenía una fama inmensa y gozaba de las mejores relaciones en todos los círculos intelectuales, políticos y sociales del París de su época. Pero sobre todas las cosas, Voltaire tenía fe en la razón. La publicación de su folleto titulado “Historia de Elizabeth Canning y de Calas” enteró a todos los miembros importantes de la sociedad parisina del atroz crimen que se había cometido contra Calas. Y como su argumentación era racional, los convenció.

El caso Calas fue la demostración de un hecho fundamental: la opinión pública se equivoca. Y los enemigos del desarrollo lo saben, por eso tratan de confundirla con acusaciones y argumentos burdos, cuando no ilegales que merecen no sólo una sanción judicial sino el repudio del gremio empresarial y de toda la sociedad.

Desfigurar la realidad es mentir. Disfrazar o distorsionar la historia reciente también lo es. Manosear groseramente la información en función de objetivos interesados, como lo han hecho los enemigos del desarrollo en el caso del asesinato de un ciudadano cajamarquino, con el único objetivo de volver a dañar la imagen de la empresa más importante de la región en la que laboran miles de cajamarquinos y otros tantos peruanos decentes, es un fraude grave contra la sociedad porque, nuevamente, esos personajes han traicionado la buena fe de la población.

Puede parecer poca cosa y quizá, como en otras ocasiones, los enemigos del desarrollo se burlen de todos nosotros con esa sonrisa sarcástica que les dibuja la impunidad, pero deben recordar el viejo dicho: “Se puede engañar a alguno muchas veces, se puede engañar a muchos alguna vez, pero no se puede engañar a todos siempre”. Ya es tiempo de que empiecen a pagar por sus mentiras.

martes, 7 de noviembre de 2006

Cajamarca y el arte de la transmutación

El espectáculo del circo ya está en el Lima. El afamado “Festival del Círculo”, presentado por La Tarumba gracias a la colaboración de la Alianza Francesa y la Embajada de Francia llegó a nuestro país. Al grupo nacional de teatro y circo La Tarumba se sumarán tres reconocidas compañías: una de Bélgica y dos francesas.

Dicen que el circo es la conquista de lo imposible, que reúne todas las artes del espectáculo y que contiene a la vez riesgo y emoción. Nos encandila y transporta a un mundo mágico de suspenso con sus malabaristas increíbles y sus trapecistas de miedo. Nos alegra el corazón con la gracia de los payasos y muchos hemos quedado asombrados como unos chicos, de por vida, con los trucos de la transmutación. Esos actos de magia que ante nuestros propios ojos convierten una cosa en otra muy distinta. Un espectáculo.

Otro evento circense, pero este sí con puros artistas regionales, se presentó hasta la semana pasada aquí cerca, en Hualgayoc. Un suceso que, como dijo Enrique Santos Discépolo para la Argentina, también es válido para nosotros: Cajamarca debería salir de gira, nos hemos convertido en un espectáculo. Nosotros presentamos el show de la transmutación. Me explico.

El 13 de octubre un grupo de pobladores desempleados, organizados en una asociación denominada Trabajadores Mineros de Hualgayoc, tomó por asalto la carretera que conduce a la compañía minera Gold Fields, con la única intención de paralizar sus actividades y forzarla a contratar a dos mil quinientas personas, cuando dicha empresa, según su vocero oficial, sólo necesitaría alrededor de trescientas en la etapa de construcción en que se encuentra.

Asimismo, los desempleados exigían a esa compañía privada que contrate a las noventa empresas que se han creado en la zona con el único objetivo de vender sus servicios a la minera. Por supuesto, a los demandantes les tenía sin cuidado que Gold Fields no los necesitara en ese momento. Y mucho menos importaba, claro, que los postulantes no poseen ninguna calificación para las tareas mineras que por lo general son especializadas e involucran riesgos que, necesariamente, deben ser controlados por personal capacitado. Su currículo dice que son pobladores de la zona y con eso basta.

Lo asombroso, y aquí viene el acto de magia, es que cuando la empresa no cedió al chantaje y por el contrario decidió paralizar sus operaciones, los alborotadores –dejamos intacta su verdadera necesidad de trabajo-, transmutaron. Efectivamente, de padres de familia desesperados por puestos de trabajo y de noveles empresarios regionalistas, los manifestantes se transformaron en férreos defensores del medio ambiente.

¿Qué pasó? Fácil. Los cabecillas de la revuelta –irresponsables pero no tontos-, sabían muy bien que su posición era absurda, que ningún mediador serio o comisión conciliadora del Gobierno avalaría sus exigencias. Los líderes con intereses políticos y económicos, sabían que se les había pasado la mano. Por eso el cambio. “El verdadero reclamo es por el medio ambiente”, dijo uno de los voceros a la prensa radial, una semana después de iniciado el bloqueo. “El problema no es el trabajo sino que el agua se ha secado en Coymolache, Pilancones y Hualgayoc”, añadió el comunero.

Los reclamos por trabajo transmutaron, de la noche a la mañana se convirtieron en reclamos por el agua –cualquier parecido con un hecho reciente en alguna zona cercana, es pura coincidencia-, los pobladores empezaron a reclamarle a la compañía minera por secar los acuíferos de la zona, burdo argumento considerando que la empresa ni siquiera ha empezado a operar: recién está en la etapa de construcción de mina.

Los pobladores de Hualgayoc necesitan trabajo. No cabe ninguna duda. Pero paralizar las operaciones de una compañía minera y anular los pocos cientos de trabajo que ya se crearon en beneficio de una mayoría de paisanos y otros tantos compatriotas no es ninguna solución al problema, al contrario: lo agrava.

Como lo agravan los comentarios simplones de ciertas autoridades que en vez de involucrarse en la investigación y búsqueda de una solución razonable al conflicto se arriesgaron a realizar comentarios nubesinos: “Que hermoso sería un pacto entre la empresa y las comunidades, ya sea en la construcción de carreteras, canales, edificios escolares, el apoyo a los servicios de salud entre otros”, le escuche decir en la radio a un líder de opinión desinformado.

Los enemigos del desarrollo atacaron de nuevo. Estuvieron en Hualgayoc jugando con la necesidad de la población, ofreciéndoles puestos de trabajo imposibles y echándole la culpa a un proyecto minero que ni siquiera empieza, por una falta de agua que en esta época del año, desde tiempos inmemoriales, es cosa de la naturaleza.

Lo lamentable es que sólo hay ojos ciegos para ver el daño que se le está haciendo a Cajamarca y el atropello a los derechos de la empresa y de las familias que laboraban en ella, y que a pesar de que sus funcionarios dijeron su verdad, a nosotros los peruanos nos convencen y nos gustan más las noticias malas y enrevesadas que las noticias buenas y transparentes. Es por eso que se hace muy fácil destruir la reputación de una empresa y en cambio es muy difícil levantarla.

Lo mismo sucede en los misterios de la transmutación, no es nada extraordinario convertir a un hermoso príncipe en rana. Lo difícil es transformar una rana en un apuesto príncipe, eso exige un alto grado de magia.