Una nota de prensa dio cuenta que un grupo de camioneros otorgó diez días de plazo a las mineras Yanacocha y Gold Fields para que cancelen sus contratos con las compañías transportistas que les brindan servicios y las reemplacen por ellos. “No es posible que dos empresas de transportes acaparen todos los servicios a las mineras”, dijo el representante de los reclamantes. El ultimátum no es broma. Hace unos días esas mismas personas bloquearon la carretera a Bambamarca con sus vehículos para demostrar que la amenaza va en serio y que están dispuestos a imponer su voluntad y su fuerza por encima de la ley y los derechos de los demás.
Es cierto, la firma de soluciones logísticas Ransa que este año cumple setenta años en el mercado y Transporte Rodrigo Carrranza S.A.C., son las dos compañías de servicios logísticos que gozan de la preferencia de las compañías mineras de la región. ¿Por qué la preferencia? Probablemente, por el servicio que brindan ambas empresas. Ransa, por ejemplo, provee agencia de aduanas, terminal de almacenamiento y transporte de carga. Trasportes Carranza, por su parte, tiene bases en toda la ruta desde Lima hasta Cajamarca, equipos de manipuleo, de embarque y desembarque, y un sistema de cómputo de alta tecnología interconectado con todas sus terminales.
Esas deben ser las razones por las que, además del sector minería y energía, también las prefieren en todo el país los sectores de consumo masivo de productos, industria y logística refrigerada y, agroindustria y pesquería. Ransa, también es solicitada por los principales operadores en Bolivia, Ecuador, El Salvador, Guatemala y Honduras.
¿Tienen derecho al trabajo el grupo de camioneros reclamantes? Por supuesto, no sólo ellos, también tienen derecho los albañiles, los carpinteros, los chóferes, los administradores y todos los peruanos en edad de trabajar. No sólo es un derecho amparado por la Constitución, también es una obligación. A lo que no tienen derecho ni ellos ni nadie, por supuesto, es a extorsionar y tratar de meterse todos por la fuerza en dos compañías mineras, ni a decidir a quién contratan o no esas empresas. En principio, porque no hay espacio para todos: un maní no pesa nada, pero igual nadie puede comerse un millón. Y luego porque las empresas también tienen derechos y el más importante de ellos es la libertad de elegir lo que más convenga al desarrollo de sus operaciones.
¿Tienen contratos de carga los camioneros locales? Si, las grandes empresas de servicios logísticos los subcontratan para ese servicio, pero a ellos no les basta. No es suficiente que, Yanacocha por ejemplo, transporte alrededor del setenta por ciento de su carga con transportistas de la zona, lo que exigen –sin ningún derecho- son contratos directos con las empresas mineras o bloquearán la carretera. Es la peruvian way, la versión peruana de “la bolsa o la vida” o “dame la billetera o te mato”.
A quién, en su sano juicio, le gustaría contratar con emprendedores que desprecian las leyes y las normas, que se resisten a entender que las relaciones de confianza en el mundo empresarial se basan en el respeto mutuo y en el acatamiento de las políticas y procedimientos de las empresas, y de ninguna manera extorsionando o ejerciendo presión para obtener contratos.
¿Y la ley, y las autoridades, y los líderes de opinión, y las instituciones serias de la región? Bien, gracias. Lo dicho: cierto sector de la población considera permisible que se bloqueen las carreteras mientras sólo se afecten los intereses de las empresas mineras y de sus trabajadores. Ese criterio persiste aun cuando la misma Defensora del Pueblo, Beatriz Merino, ha señalado que si bien todos tenemos derecho a protestar -con razón o sin ella-, “la toma de carreteras es un hecho ilegal y violento que todos rechazamos”.
Más allá de las consideraciones sociales que se observen en éste y en otros casos similares, es lamentable que los peruanos no logremos entender que existen tres leyes fundamentales para la sana convivencia en sociedad y alcanzar la prosperidad de nuestro pueblo: el respeto a la propiedad, la libertad de contratación, y el cumplimiento de los pactos y contratos. Donde la propiedad no tenga estabilidad, habrá continuos enfrentamientos. Donde las transacciones no se realicen con total libertad y libre consentimiento, no se desarrollará el comercio, y donde no se cumplan los pactos no se podrá hacer empresa.
Sin embargo, en nuestra región algunos malos ciudadanos, autoridades y representantes de la sociedad, insisten en dejar de lado y hacerse de la vista gorda cuando se quiebran las leyes básicas para nuestro desarrollo, y somos mudos testigos de los atropellos que se cometen a vista y paciencia de la gran mayoría de la población.
Todos queremos el desarrollo de la región y una vida mejor para nosotros y nuestros hijos. Para lograrlo necesitamos un cambio. Lo decía Einstein: Locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes.