En el último artículo de Alberto Benegas Lynch, presidente de la sección de ciencias económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Argentina, publicado la semana pasada en El Diario de América, éste hace referencia a lo que Leonard Read, creador de la Fundación para la Educación Económica en EE.UU., llamó el “Síndrome del filósofo rey”.
De acuerdo con Benegas, todos los gobernantes lo sufren. “Se la creen, la alfombra colorada los marea y el poder los empequeñece mentalmente . Además tienden a considerarse indispensables e irremplazables”. “Hasta el modo en que hablan y los gestos que hacen los gobernantes revelan una embarazosa, arrogante y, por cierto, nada socrática presunción del conocimiento que naturalmente los conduce a reiterados y sonoros fracasos”, añadió el académico.
¿Es esto lo que le pasó a Goyo? ¿Lo encegueció el poder? ¿Su presunción de ser un político hábil lo condujo a un sonoro fracaso? Probablemente, sí. El presidente regional de Cajamarca, Gregorio Santos, quiso dar un golpe de muñeca a los grupos extremistas que intentaban desestabilizar su gobierno y, a la vez, poner en jaque al presidente Ollanta Humala oponiéndose a la actividad minera en la región y en todo el Perú. Lo hizo gritando más fuerte que el Frente de Defensa y enardeciendo a las masas para enfrentar al proyecto Conga, símbolo del futuro económico del país.
Si los extremistas protestaban, él organizaba un mitin en la Plaza de Armas. Si los antimineros promovían una marcha, él convocaba al paro provincial. Cuando la población le pedía mesura, se precipitó a organizar un paro indefinido –si puede llamarse “organizar” al descalabro que Cajamarca está viviendo. ¿Lideró realmente Goyo todas estas acciones o sólo fue el tonto útil de sus enemigos políticos y los anti-todo? Todo indica que “el gran político” fue utilizado.
Santos creyó que podía condicionar a Humala. Perdió contacto con la realidad nacional. No vio más allá del Gavilán y pretendió darle un ultimátum: si quería dialogar que Ollanta venga a Cajamarca. No le salió la jugada. El Presidente no vino a conversar con él y sus compañeros de aventura, los extremistas y los ronderos, le han dado la espalda. No le hacen ningún caso. Se le escapó el diablo de la botella.
El paro se le fue de las manos. La violencia que vive la ciudad y la población vecina a Conga, el desabastecimiento de alimentos, la falta a clases de los estudiantes, las pérdidas económicas millonarias de miles de empresarios y de campesinos, son ahora responsabilidad suya. Goyo era la autoridad y se convirtió en el más extremista de los extremistas. Ahora no le queda más que hacer el tonto y decir que él sólo acompaña al pueblo en sus decisiones soberanas.
¿Entonces, todo lo que está pasando es culpa de Goyo? ¿De quienes lo eligieron? ¿De los extremistas? No. En realidad lo que sucede es culpa de todos los peruanos quienes desde hace muchos años renunciamos a nuestros derechos y a cumplir con nuestros deberes cívicos. Utilizamos lo de la Responsabilidad Social Empresarial, para hacernos los idiotas y no volver a hablar de nuestra Responsabilidad Social Ciudadana. Permitimos el desmoronamiento de las instituciones en vez de fortalecerlas para que los gobernantes, como Goyo, “hagan el menor daño posible”.
Alberto Benegas Lynch lo dice bien en su artículo. Si las instituciones, debidamente fortalecidas, cumplieran con su rol y pusieran límites que enangosten la capacidad de maniobra del demonio, podríamos adoptar la sugerencia de Montesquieu en cuanto a elegir a nuestros gobernantes por sorteo, al efecto de subrayar la insignificancia de quien gobierna y resaltar la importancia y el desempeño de las instituciones.
¿Cómo cambiar esta situación a la que han llegado nuestros países subdesarrollados? Benegas recomienda que cada uno de nosotros nos miremos por dentro que es donde radica la solución y no esperemos que nos resuelvan los problemas desde afuera en busca de una amarra exterior… y menos que menos a cargo de “un líder” o de un energúmeno que la juega de “filósofo rey”.
¿Qué sucederá ahora en Cajamarca? Nadie lo sabe. Seguimos esperando que Goyo reaccione y responda a la altura de su cargo. En tanto, la situación está fuera de control. Esta mañana los comuneros han atacado las instalaciones del proyecto Conga. Los extremistas siguen buscando el enfrentamiento con sangre entre los campesinos y la policía, mientras avivan el caos en la ciudad. Por otro lado, ya se anunciaron movimientos de la CGTP en Lima, movilizaciones de apoyo en otras zonas del norte del país y la reanudación del paro anitiminero en Andahuaylas.
Por su parte, el Gobierno Central sigue pidiendo diálogo, pero la única respuesta que recibe hasta ahora es: “No hay nada de qué hablar”. Y ya se sabe, en nuestro país, cuando no hay conversa, nos agarramos a golpes. ¿El gran perdedor? Por supuesto, nosotros. El dichoso pueblo.