martes, 29 de noviembre de 2011

El gran perdedor

En el último artículo de Alberto Benegas Lynch, presidente de la sección de ciencias económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Argentina, publicado la semana pasada en El Diario de América, éste hace referencia a lo que Leonard Read, creador de la Fundación para la Educación Económica en EE.UU., llamó el “Síndrome del filósofo rey”.

De acuerdo con Benegas, todos los gobernantes lo sufren. “Se la creen, la alfombra colorada los marea y el poder los empequeñece mentalmente . Además tienden a considerarse indispensables e irremplazables”. “Hasta el modo en que hablan y los gestos que hacen los gobernantes revelan una embarazosa, arrogante y, por cierto, nada socrática presunción del conocimiento que naturalmente los conduce a reiterados y sonoros fracasos”, añadió el académico.

¿Es esto lo que le pasó a Goyo? ¿Lo encegueció el poder? ¿Su presunción de ser un político hábil lo condujo a un sonoro fracaso? Probablemente, sí. El presidente regional de Cajamarca, Gregorio Santos, quiso dar un golpe de muñeca a los grupos extremistas que intentaban desestabilizar su gobierno y, a la vez, poner en jaque al presidente Ollanta Humala oponiéndose a la actividad minera en la región y en todo el Perú. Lo hizo gritando más fuerte que el Frente de Defensa y enardeciendo a las masas para enfrentar al proyecto Conga, símbolo del futuro económico del país.

Si los extremistas protestaban, él organizaba un mitin en la Plaza de Armas. Si los antimineros promovían una marcha, él convocaba al paro provincial. Cuando la población le pedía mesura, se precipitó a organizar un paro indefinido –si puede llamarse “organizar” al descalabro que Cajamarca está viviendo. ¿Lideró realmente Goyo todas estas acciones o sólo fue el tonto útil de sus enemigos políticos y los anti-todo? Todo indica que “el gran político” fue utilizado.

Santos creyó que podía condicionar a Humala. Perdió contacto con la realidad nacional. No vio más allá del Gavilán y pretendió darle un ultimátum: si quería dialogar que Ollanta venga a Cajamarca. No le salió la jugada. El Presidente no vino a conversar con él y sus compañeros de aventura, los extremistas y los ronderos, le han dado la espalda. No le hacen ningún caso. Se le escapó el diablo de la botella.

El paro se le fue de las manos. La violencia que vive la ciudad y la población vecina a Conga, el desabastecimiento de alimentos, la falta a clases de los estudiantes, las pérdidas económicas millonarias de miles de empresarios y de campesinos, son ahora responsabilidad suya. Goyo era la autoridad y se convirtió en el más extremista de los extremistas. Ahora no le queda más que hacer el tonto y decir que él sólo acompaña al pueblo en sus decisiones soberanas.

¿Entonces, todo lo que está pasando es culpa de Goyo? ¿De quienes lo eligieron? ¿De los extremistas? No. En realidad lo que sucede es culpa de todos los peruanos quienes desde hace muchos años renunciamos a nuestros derechos y a cumplir con nuestros deberes cívicos. Utilizamos lo de la Responsabilidad Social Empresarial, para hacernos los idiotas y no volver a hablar de nuestra Responsabilidad Social Ciudadana. Permitimos el desmoronamiento de las instituciones en vez de fortalecerlas para que los gobernantes, como Goyo, “hagan el menor daño posible”.

Alberto Benegas Lynch lo dice bien en su artículo. Si las instituciones, debidamente fortalecidas, cumplieran con su rol y pusieran límites que enangosten la capacidad de maniobra del demonio, podríamos adoptar la sugerencia de Montesquieu en cuanto a elegir a nuestros gobernantes por sorteo, al efecto de subrayar la insignificancia de quien gobierna y resaltar la importancia y el desempeño de las instituciones.

¿Cómo cambiar esta situación a la que han llegado nuestros países subdesarrollados? Benegas recomienda que cada uno de nosotros nos miremos por dentro que es donde radica la solución y no esperemos que nos resuelvan los problemas desde afuera en busca de una amarra exterior… y menos que menos a cargo de “un líder” o de un energúmeno que la juega de “filósofo rey”.

¿Qué sucederá ahora en Cajamarca? Nadie lo sabe. Seguimos esperando que Goyo reaccione y responda a la altura de su cargo. En tanto, la situación está fuera de control. Esta mañana los comuneros han atacado las instalaciones del proyecto Conga. Los extremistas siguen buscando el enfrentamiento con sangre entre los campesinos y la policía, mientras avivan el caos en la ciudad. Por otro lado, ya se anunciaron movimientos de la CGTP en Lima, movilizaciones de apoyo en otras zonas del norte del país y la reanudación del paro anitiminero en Andahuaylas.

Por su parte, el Gobierno Central sigue pidiendo diálogo, pero la única respuesta que recibe hasta ahora es: “No hay nada de qué hablar”. Y ya se sabe, en nuestro país, cuando no hay conversa, nos agarramos a golpes. ¿El gran perdedor? Por supuesto, nosotros. El dichoso pueblo.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Gregorio Santos y el futuro del país

La protesta del presidente regional de Cajamarca Gregorio Santos, Goyo, contra el proyecto minero Conga, dejó de ser una estrategia política, para convertirse en un movimiento muy difícil de controlar. En una reunión celebrada ayer con el autodenominado Frente de Defensa de los Intereses de la Región, los dirigentes de las rondas campesinas provinciales se opusieron a su pedido de liberar las vías de acceso a la región que permanecen bloqueadas desde el jueves.

A los ronderos y otros grupos radicales les tiene sin cuidado la posibilidad de que el lunes arribe a la ciudad una comitiva del Ejecutivo para dialogar. No los conmovió en absoluto el llamado a un entendimiento pacífico por parte del cardenal Juan Luis Cipriani ni del ex presidente de la Conferencia Episcopal Peruana monseñor Luis Bambarén. No tienen intenciones de conversar. Es más, Alfonso Valderrama, coordinador de la Unión de Frentes Regionales del Perú, anunció una movilización de las regiones del norte y oriente del país para el miércoles.

La consigna, que se repite como un mantra es: “Conga no va”. Aunque ello signifique la pérdida de una inversión millonaria, miles de puestos de trabajo en la zona del proyecto y en la ciudad, el desarrollo de los pueblos involucrados y del país entero. Goyo tiene razón cuando dice que la protesta “va más allá de Conga”. Efectivamente, se detendrán cientos de inversiones mineras y los negocios colaterales que las acompañan, así como los miles de puestos de trabajo directo e indirecto que ellas generan.

El Perú dejará de ser un país atractivo para la inversión nacional y extranjera. Probablemente, Estados Unidos –aunque eso no les quite el sueño a los manifestantes- cancele su intención de incluirnos, junto a Australia, Nueva Zelanda, Singapur y Chile, en la ampliación de la Asociación de Países del Trans-Pacífico, con miras a convertirse en el bloque comercial más grande del mundo. A nadie le gustan los socios quebrados. Quizá seamos reemplazados por Corea del Sur, Canadá o México, países que ya han manifestado su interés de formar parte de dicha Asociación.

Mientras las piezas del ajedrez de la economía mundial continúan en movimiento, los peruanos nos mantenemos estáticos. Cientos de comuneros permanecen en los alrededores del proyecto Conga en actitud desafiante contra la policía que resguarda el lugar. En la ciudad de Cajamarca, aunque algunos negocios atienden con recelo, los pobladores se mantienen en sus casas para no arriesgarse a ser agredidos por piquetes de manifestantes con la consigna de causar temor. El transporte público está paralizado y los particulares evitan usar sus vehículos en prevención de que les rompan un vidrio. No obstante, lo que verdaderamente importa es que del final de esta historia depende el futuro del país.

Por su parte, el vicepresidente de Operaciones de Newmont Sudamérica, Carlos Santa Cruz, ha insistido en que al igual que los pobladores de Cajamarca y las autoridades locales y nacionales, la empresa minera coincide con la visión de que el proyecto debe ser responsable. Primero, en generar más agua para las comunidades donde se va a desarrollar, y luego, en integrarse a los planes de desarrollo de todos sus vecinos. “En Yanacocha estamos convencidos de que una minería moderna y responsable debe generar más agua para las comunidades, pues así combatimos efectivamente la pobreza del campo. En este sentido, el Proyecto Conga será un buen ejemplo y marcará la pauta para otros proyectos que puedan venir en el futuro”, dijo el alto funcionario minero.

Efectivamente, no se trata de ponerse de un lado o del otro. Ni de que un grupo pierda para que el otro gane. Esto no es un enfrentamiento entre peruanos. Aunque hay algunos malos liderazgos que lo están planteando de esa manera. Se trata más bien de buscar consensos y de que todos los actores de la sociedad, por la vía del diálogo alturado y la intervención de los expertos, se convenzan de lo que es mejor para el futuro de la región y el país. Es bueno recordar que el tema del medio ambiente, el trasvase de las lagunas y la construcción de presas, no son asuntos románticos sino científicos que se pueden comprobar.

Ojalá que el problema de Conga se resuelva por la vía del diálogo. Es imperativo que todas las personas entiendan que la empresa minera, el Estado, los trabajadores mineros y toda la población cajamarquina queremos exactamente lo mismo: Que haya más agua y de la mejor calidad durante todo el año. Que la operación minera no genere contaminación alguna. Que se creen más puestos de trabajo para más cajamarquinos y más peruanos, que se generen impuestos para que los gobiernos locales y el regional mejoren los servicios de salud, educación y seguridad pública, y ejecuten los proyectos de desarrollo que traerán bienestar a las comunidades. Y que la riqueza generada por la mina sirva también para impulsar otras actividades económicas en la región.

Tener decenas de miles de desocupados es una tragedia para cualquier territorio en cualquier país, sobre todo, para uno como el nuestro que desde hace varios años tiene una economía pujante, con crecientes niveles de desarrollo y bienestar que han sido la envidia de todo el Perú. El desastre económico, y también el político, nos puede sobrevenir debido a la obstinación imprudente de algunos líderes y autoridades locales al negarse a buscar una solución seria y concertada a un problema que es finalmente técnico y factible de ser analizado; y que nos involucra a todos.

Sir Isaiah Berlin, el gran politólogo, decía que el mérito de los hombres de Estado es acertar a comprender qué combinación de elementos han conducido a tal o cual situación particular. Comprender las características y la combinación específica de factores económicos, políticos y personales que provocan los movimientos sociales. El político exitoso –decía Berlin- parece tener antenas que le permiten percibir los contornos y la textura específica de una situación política o social.

Todo Cajamarca y el Perú esperan que el político Gregorio Santos esté a la altura de las circunstancias y del conflicto que le ha tocado liderar. Que todos resultemos ganadores, será su tarea más importante y la más trascendente.

lunes, 21 de noviembre de 2011

El enemigo equivocado

Muchos pobladores están en pie de lucha contra el proyecto Conga de minera Yanacocha. Algunos porque temen que el traslado de cuatro lagunas, que serán reemplazadas por reservorios, los dejará sin agua para toda la vida. Y otros porque quieren ser considerados como “afectados” -no se sabe bien de qué- para recibir los beneficios que la compañía otorga a los centros poblados en su área de influencia de acuerdo a su política de Responsabilidad Social.

En lo que están de acuerdo unos y otros, es en que tienen que romperle el brazo al Gobierno Central para que, por la fuerza, y no por la razón o el derecho, anule la autorización que tiene la empresa para ejecutar el proyecto. Y que una vez en eso prohíba de paso la minería en cabeceras de cuenca, lo que en buena cuenta significa acabar de una vez por todas con la actividad minera en el país. Viviremos todos felices de la ganadería en pequeña escala, la agricultura de subsistencia y el turismo vivencial. Extraño remedio. En el primer caso es entendible porque existe temor, pero en el segundo hay un mensaje subliminal muy nuestro: “Si no me beneficio yo, que no se beneficie nadie”.

¿El temor es verdadero? Sí, por supuesto. ¿Por qué sienten temor recién ahora y no desde hace años que el proyecto está en marcha? Porque en las últimas semanas han sido bombardeados por información distorsionada y falsa proveniente de líderes inescrupulosos con los más evidentes intereses: políticos, de poder y económicos. Su mensaje es sencillo: en Cajamarca no hay agua ni desarrollo y por lo tanto la presencia de esa mina sedienta de líquido es dañina y no representa ningún beneficio a la comunidad.

¿Es cierto eso? Sí y no. Me explico. Es cierto que Cajamarca tiene graves problemas de abastecimiento de agua. Las razones son básicamente dos. La primera es que aquí llueve de octubre a abril. De mayo a setiembre es época seca. Es decir que, en este momento, en Cajamarca no llueve desde hace seis meses, y el mes pasado y lo que va de noviembre que ya deberían empezar las precipitaciones pluviales, éstas han sido muy pobres. A decir del experto cajamarquino en hidrología, Godofredo Rojas, no todos los años llueve igual y éste, al parecer, no va a ser de los más húmedos.

El problema se solucionaría con represas para captar el agua de lluvia que regularmente no se necesita de octubre a abril. porque cuando llueve normalmente hay agua suficiente e incluso de sobra para cubrir todas las necesidades de la región. El líquido almacenado se utilizaría durante la época seca que es cuando realmente se requiere. La propuesta de Yanacocha es precisamente esa: construir reservorios para almacenar tres veces la cantidad de agua que actualmente albergan las lagunas y regular su uso para aprovecharla en los meses en que en realidad se necesita.

El mensaje antiminero es falso, dice que sin lagunas ya no habrá más agua para la comunidad. La realidad es al revés, habrá más agua y la habrá todo el año.

El segundo problema sobre el abastecimiento de agua es la capacidad de tratamiento que tiene la planta el Milagro. Lamentablemente, no se da abasto para cubrir la demanda de agua potable que tiene la creciente población de la ciudad. Esta situación responde a problemas técnicos y de planificación que no se atendieron en su oportunidad. Buscar culpables a estas alturas no tiene sentido. La solución está a la vista: se necesita el concurso de profesionales expertos, una elevada inversión y tiempo razonable para solucionar el problema.

El mensaje antiminero dice que no hay más agua potable porque Yanacocha se la consume toda. Esa afirmación, además de infantil y perversa, distrae a la población del verdadero problema y la aleja de la verdadera solución.

Todos tenemos muy claros los síntomas pero los antimineros han distorsionado la solución. Si se entendiera realmente el origen del problema del agua en el campo y la ciudad, la población estaría pidiendo a sus autoridades medidas para almacenar el agua: reservorios y mayor inversión minera para que el Canon y los impuestos en general proporcionen los fondos suficientes para ampliar o construir otras plantas de agua potable adicionales y con la más moderna tecnología.

Si los pobladores comprendieran que la base del desarrollo no son los reclamos, las marchas ni los paros o bloqueos, sino, la inversión real. Y que los millones de soles provenientes del Canon minero de todos estos años, en vez de convertirse en proyectos de desarrollo y fuentes de trabajo para toda la población, están durmiendo en los Bancos porque las sucesivas administraciones no han tenido capacidad de gestión, sería imposible que los antimineros los engañen con el cuento de que es Yanacocha la culpable de la desidia. Al contrario desde hace diecinueve años la empresa minera ha estimulado una atmosfera en la que han germinado ciudadanos emprendedores, animándose y arriesgando su capital para hacer empresa en nuestra región.

El esfuerzo de la compañía minera por formar jóvenes ha logrado la capacitación de personal local al punto de que ahora el setenta por ciento de los trabajadores mineros son cajamarquinos. Lo que necesita la región no es cerrar empresas mineras, eso se llama suicidio colectivo. Al contrario, lo que necesitamos es más inversión. Exigir a las autoridades nacionales y locales, a la Cámara de Comercio, que se ejecuten proyectos y que se dé facilidades para la creación de empresas. Necesitamos un tejido empresarial más grande y robusto para generar más puestos de trabajo para más cajamarquinos a la mayor velocidad posible..

Si los pobladores que se sumarán al paro del jueves invirtieran sus energías en pedirle a sus líderes las medidas que se requieren para que mejore la situación económica y se impulse el crecimiento de sus respectivas comunidades, tendrían que exigirles proyectos, recursos, inversión, capacidad y dirección. Es absurdo pensar que el desarrollo se va a lograr impidiendo la realización de un proyecto multimillonario en la zona, como es absurdo cerrarse a toda posibilidad de inversión sin escuchar las propuestas que tienen para ellos la empresa minera y el Gobierno Central. Y por el contrario presten oídos a gente que nunca los ayudó y que hoy aparecen como los salvadores del medio ambiente anulándoles toda posibilidad de desarrollo para ellos y sus hijos.

Las sociedades más prosperas son las que han creado tejidos empresariales variados y poderosos a base de inversión y trabajo, aprovechando sus oportunidades y ventajas competitivas, como en este caso la minería. Sería ideal que esa porción de pobladores que asistirán a los actos de violencia programados contra la actividad minera, dirigieran esa energía contra las trabas que siempre los han detenido y que hoy significan un obstáculo serio para aprovechar legítimamente su única oportunidad de encausarse en la vía del desarrollo. Los jóvenes y las futuras generaciones se lo merecen.

Ojalá que lo entiendan a tiempo y se den cuenta de que están peleando, con los ojos cerrados, contra el enemigo equivocado.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Las lagunas de Conga y el diálogo

“El paro” terminó tal como empezó: sin convicciones. El perdedor, como siempre, fue esa ficción llamada Pueblo que en la realidad somos cada uno de nosotros, los individuos. Perdieron los estudiantes que no asistieron a clases; los trabajadores que no acudieron a sus centros de labores; las amas de casa, los comerciantes y los independientes que tampoco realizaron normalmente sus actividades. Al final, lo único que se demostró es lo que sabemos todos. Cuando la Mina para, Cajamarca se detiene.

¿Hubo ganadores? No lo creo. Aunque probablemente se sientan vencedores quienes organizaron ambos paros. Porque no fue uno sino dos: el del Gobierno Regional y de los grupos anti inversión. El primero para reafirmar su mensaje al Gobierno Central de que en el futuro la Región debe ser consultada y formar parte de las grandes decisiones que involucran al territorio. Una aspiración legítima. Y el segundo, el de los anti mineros para imponer su agenda de violencia y contra el desarrollo.

En todo caso los únicos que obtuvieron algún provecho fueron éstos últimos. El Gobierno Regional no necesitaba convocar a un paro para decir lo que dijo, en cambió los anti mineros sí requerían del alboroto, los ataques a los negocios y la paralización impune de la ciudad como ante sala de su segundo paso. Ahora están promoviendo la invasión de la zona donde están ubicadas las cuatro lagunas que comprende el proyecto Conga.

A su programa violentista le cayó como anillo al dedo la reciente declaración del primer ministro Salomón Lerner “Vamos a hacer respetar la propiedad privada y el libre tránsito –contra pequeños grupos violentistas- y hemos estado coordinando con el ministro del Interior para que la paz social se imponga en el país”. La sociedad está advertida, los enemigos del desarrollo buscan el enfrentamiento. No son coincidencias los movimientos anti mineros organizados aquí, en Huaraz y Andahuaylas. Se trata de frenar inversiones en los sectores minero y energético por 45 mil millones de dólares en la próxima década.

Ahora bien, si queremos desanudar el nudo gordiano de Conga tenemos que quitar de por medio los intereses políticos, económicos y de poder que lo envuelven y distorsionan. Quedarnos sólo con la preocupación genuina de los pobladores cajamarquinos acerca del futuro de las cuatro lagunas involucradas en el conflicto. Para conocer la verdad técnica conversé al respecto con uno de los profesionales más reputados y calificados en el tema, el experto cajamarquino en aguas Godofredo Rojas Vásquez.

De acuerdo a Rojas, dichas lagunas almacenan el agua que discurre por las laderas de las microcuencas y se llenan en épocas de lluvia, de octubre a abril. El agua que no retienen debido a su tamaño termina en la vertiente que va al Atlántico. En los meses de estiaje, de mayo a setiembre, estas lagunas tienden a secarse. Las represas que construirá Minas Conga –aseguró el experto- almacenarán casi tres veces la cantidad de líquido que se capta actualmente y se convertirán en un medio regulador de agua para las comunidades vecinas.

¿Se podrán llenar los reservorios? Por supuesto, dijo Rojas, las microcuencas donde se ubica el proyecto se encuentran entre los 3.500 y 4.200 metros sobre el nivel del mar. La precipitación promedio anual en esas zonas es de 1,200 milímetros al año, lo cual asegura que las presas, especialmente ubicadas y diseñadas, retendrán agua de lluvia en cantidad más que suficiente para atender el uso poblacional y las actividades agrícolas, pecuarias y mineras. El experto en hidrología recalcó que los vecinos de Minas Conga dispondrán de agua segura en los meses de estiaje.
Por otro lado, añadió el especialista, “en la zona de Minas Conga hay poca presencia de bofedales (espacios de topografía plana donde se acumula el agua de lluvia) Las zonas donde se va a realizar el minado son laderas donde la lluvia se desplaza aguas abajo por escorrentía superficial, la infiltración es mínima”.

Con respecto al perjuicio a la agricultura y crianza de ganado que supuestamente causaría el trasvase de las cuatro lagunas, el profesional afirmó que eso es falso y que la situación es exactamente al revés: “Con la construcción de represas que acumularán dos veces más agua y permitirán la regulación de su uso durante todo el año, el gran beneficio es que se asegurará el abastecimiento de agua para los pastos y las cosechas normales, y, adicionalmente, para cultivos hortícolas y de hierbas aromáticas entre los meses de mayo a setiembre”.

Es entendible que buena parte de los pobladores de la zona abriguen dudas sinceras sobre el futuro si Conga trasvasa las cuatro lagunas a igual número de reservorios. No obstante, en nuestro “adentrito” todos queremos que los beneficios anunciados por la empresa sean ciertos. Cómo no va a ser bueno tener más agua y tenerla todo el año. Sin embargo, el miedo es poderoso. No deja pensar. En ese sentido, los enemigos del desarrollo han hecho bien su tarea exacerbando el miedo, el odio y la agresividad.

¿Hay solución para este problema? Sí. Es la más sencilla y eficaz mientras se involucren los actores correctos y bien intencionados. Desde que el bicho humano camina sobre la faz de la tierra no existe mejor manera de arreglar los conflictos que: dialogar.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Paralicemos el mercado y el progreso

Los líderes de distintas organizaciones han convocado a la realización de un paro para el miércoles 9-N en Cajamarca. El objetivo, dicen, es protestar por la ejecución del proyecto de cobre y oro, Conga, de la empresa Yanacocha. De paso, aseguran, se interrumpirán los planes de inversión anunciados por otras compañías mineras. El pueblo, unido en este acto de masas, gruñen algunos promotores, demostrará que no quiere más minería en la región.

Por su parte, la Cámara de Comercio y la misma empresa minera han llamado a la cordura indicando que están en juego la actividad empresarial y el bienestar económico de miles de pobladores que se verán seriamente afectados si Conga se paraliza por la desinformación e interés de algunos grupos anti mineros. Literalmente, se detendrá el desarrollo de Cajamarca y de buena parte del país.

Puesto en números, el proyecto Minas Conga generará, con un tiempo de vida estimado inicialmente en 17 años, US$ 630 millones por regalías más US$ 2.297 millones en impuesto a la renta, 6 mil puestos de trabajo, y más agua a las comunidades, así como una mayor actividad económica en toda la región.

“En lugar de estar resolviendo situaciones de conflicto deberíamos estar concertando cómo hacer realidad esta oportunidad singular para el país y que no se da todos los días”, dijo el vicepresidente de Newmont para América Latina Carlos Santa Cruz, refiriéndose a los violentos acontecimientos de las últimas semanas. “De desarrollarse el proyecto Conga y el clúster minero, la región Cajamarca estaría en posibilidad de recibir 500 millones de canon anual. Esto financiaría a la región en los próximos veinte años”, añadió el ejecutivo.

Efectivamente, la concentración e interconexión de empresas mineras, de servicios, metal mecánicas, comercializadoras, etcétera, conformarían un clúster que abarcaría toda la zona norte del país, y no sólo Cajamarca, generando miles de puestos de trabajo, progreso y bienestar para toda la población.

“En Cajamarca tenemos el potencial para desarrollar uno de los conglomerados cupríferos más importantes de la región, a través de un concepto estratégico fundamental que abarcaría la macro región norte”, manifestó el empresario minero. “Es decir más de 60% de cobre adicional para la producción nacional para los próximos seis años si se llega a concretar el proyecto Conga”, puntualizó.

“No dejemos pasar la oportunidad que hoy día tenemos. El Perú tiene la oportunidad singular como nunca de alcanzar la masa crítica que necesitamos para encadenar un desarrollo industrial, eso no se presenta todos los días”, dijo Santa Cruz.

¿Es cierto que la población no quiere minería en Cajamarca? No. Es falso. Solamente en Yanacocha hay 10 mil trabajadores laborando en la operación minera. A esas diez mil familias representadas hay que añadir los otros miles de medianos y pequeños empresarios y comerciantes cuyos negocios y personal dependen de la dinamización económica generada por esa sola empresa. De igual manera hay miles de trabajadores y pobladores que, a su vez, están vinculados a la compañía minera Gold Fields y otros tantos a los distintos proyectos que, en sus primeras etapas, también son interesantes promesas de inversión.

En la zona de Conga específicamente, hay 32 caseríos que han manifestado su apoyo al proyecto a través de un memorial con más de 8 mil firmas. Asimismo, son cerca de 7 mil personas que trabajan para el proyecto de las cuales el 70% son pobladores de la zona.

¿Entonces, el paro va a fracasar? No. Si se hace, tendrá éxito. Por lo pronto ya hay personas que han amenazado a los comerciantes de los mercados de que habrá saqueos si ellos trabajan el miércoles. Los transportistas, ya se sabe, prefieren no salir por temor a que les apedreen sus unidades, y a los negocios en general les pasa lo mismo. También es probable que la empresa minera decida no laborar para no exponer a sus trabajadores. Para los empleados públicos y estudiantes será un día feriado. Detenido el comercio, se detiene la ciudad.

Es una contradicción. Lo que en realidad van a demostrar los propiciadores del paro es que: sin actividad comercial, Cajamarca se detiene.

¿Cómo es posible que unos cuantos logren detener a miles? Fácil. La clave es la violencia. Hace unas semanas un grupo de 15 desadaptados detuvieron la feria de Responsabilidad Social organizada por la Universidad Nacional de Cajamarca. Irrumpieron en la sala de conferencias a gritos y con los puños en alto, furibundos y desafiantes, lanzaron restos de pescado malogrado como quien dispara granadas. Los cientos de alumnos participantes huyeron en desbandada. La gente normal y pacífica no se enfrenta a los atacantes, es más, se calla. Nadie quiere ser agredido física ni verbalmente por los piquetes, aunque sean pequeños. El temor paraliza.

El paro se logrará por los motivos equivocados y al final del día no reflejará lo que realmente está sucediendo en Cajamarca. Los perdedores, como siempre, seremos todos.

sábado, 5 de noviembre de 2011

¿Cajamarca está mejor o peor?

Las noticias de las últimas semanas son apocalípticas. Los enemigos del desarrollo dicen que el proyecto minero Conga, de la empresa Yanacocha, acabará con la vida en Cajamarca. Los primeros en desaparecer, aseguran, serán los distritos de Sorochuco, La Encañada y Huasmín. A la falta de agua le seguirá una contaminación ambiental del fin del mundo que convertirá en territorios fantasmas los que hasta hoy son valles hermosos y centros poblados que se dedican a la ganadería lechera y a la agricultura de subsistencia. Lo mismo, y más, dijeron cuando la empresa inició sus operaciones hace 19 años.

Los voceros de los movimientos anti mina, anti desarrollo y anti todo, han pintado a través de los medios de prensa un sombrío panorama del futuro regional refiriéndose al cataclismo que significaría la puesta en marcha de dicho proyecto. “Basta ver el daño que le ha hecho Yanacocha a Cajamarca (distrito) para no permitir que esa empresa abusiva trabaje en otras zonas”, dicen con su verba florida los discrepantes. Ante una amenaza tan seria y tratándose de la vida de cientos de miles de personas que tenemos la suerte de vivir en esta generosa región minera de nuestro país, es hora de poner las cosas en perspectiva.

¿Cajamarca realmente ha empeorado con la presencia de Yanacocha? ¿Hay motivos que justifiquen esa ola de ataques contra la empresa minera? No. De ninguna manera. Aunque es probable que hayan personas que añoren con nostalgia aquellos tiempos en que nuestra ciudad era un lugar bucólico donde vivir un apacible retiro –a mí también me pasa cuando estoy en medio de un tráfico insoportable, pero ocurre lo mismo en Lima o en Trujillo-, lo cierto es que Cajamarca se ha convertido en un polo de desarrollo y ha crecido enormemente en todo sentido. Crecido para bien.

Nuestra ciudad es cada vez más rica, con más oportunidades de empleo, más saludable, mejor educada, más pacífica, y mejor conectada con el resto del país y del mundo. Pese a que aún hay mucha pobreza y desnutrición que disminuirán paulatinamente en la medida de que haya más inversiones en la región y se gestione con mayor eficiencia los fondos provenientes del Canon minero, los signos de progreso son evidentes y hay que ser muy mezquinos para no reconocerlo. El progreso es innegable.

“Que la mina no es todo y sería bueno no descuidar el agro y la ganadería”, es cierto. Estamos todos de acuerdo. Ellas nos llenan la olla. La empresa minera, sin que ese sea su objetivo de negocio, ha efectuado inversiones importantes a través de sus fundaciones Foncreagro y ALAC para apoyar dichas actividades. Ojala los “luchadores por bien social” tuvieran algo que mostrar en ese sentido –los gritos, insultos, bloqueos de carretera y marchas por quítame estas pajas, no cuentan-, y se dedicaran a promocionar las inversiones en ambos rubros. Al final se trata de hacer empresa y los emprendedores ponen su capital y esfuerzo en las actividades que les rindan un ingreso y que tengan futuro.

Al respecto, precisamente, y eso no dicen los antimineros, las cuatro lagunas que el proyecto transvasará triplicando la cantidad de agua actualmente disponible, serán el mayor incentivo para que los ganaderos y agricultores incrementen su producción anual. ¿Cómo? Simple. En épocas secas no hay pastos y por ende no hay leche. Las vacas se rematan en las ferias pecuarias por menos precio de lo que vale un cachorro de raza. Por su parte, los agricultores siembran sólo cuando hay lluvia para regar sus campos. Sus cosechas son limitadas y dependen de la buena voluntad de la diosa naturaleza. En el futuro, en cambio, con los reservorios del proyecto tendrán agua todo el año. Aplicando tecnologías modernas, como el riego por aspersión, su rendimiento, ingresos económicos y nivel de vida se elevarán significativamente.

Los agitadores tampoco mencionan los miles de puestos de trabajo directo e indirecto, oportunidades de negocio dentro y fuera del proyecto, infraestructura vial y de energía eléctrica, demanda de servicios, dinero circulante, y el emprendedurismo que, base de cualquier sociedad progresista, inyecta a la población una operación multimillonaria como Conga.

Aunque la prensa suele centrarse en las malas noticias porque es la preferencia del público, las encuestas reflejan que la población ve, cada vez más, con buenos ojos a la actividad minera formal. En especial a Yanacocha y sus trabajadores por el desarrollo y el bienestar que la operación ha traído a la región. Que hay expectativas insatisfechas, es cierto. Que más gente quisiera trabajar en el proyecto, cómo no. Que todos queremos beneficiarnos de la mina, sería ideal. Pero todos sabemos también que una sola empresa no puede atender todas las necesidades de una región. Y que lo negativo que se dice Yanacocha tiene más de mala leche y leyenda que de cierto.

Cuando los antimineros hablan del “daño irreparable que Yanacocha le ha hecho a Cajamarca”, yo le pregunto a mis vecinos y sobre todo a los jóvenes y a las madres de familia: ¿Qué elegirías para vivir, una Cajamarca con o sin Yanacocha? Hasta los más recalcitrantes admiten que gracias a la Mina, hoy vivimos mucho mejor que antes. No obstante, hay un gran sector de la población que aún no percibe esos beneficios.

Ahora es el turno esperado de que las cosas buenas que trae consigo la minería formal y responsable lleguen a las comunidades vecinas al proyecto Conga. Los enemigos del desarrollo no lo quieren. Están frenéticos. A toda costa, y pierda quien pierda, tratarán de quitarles su valiosa oportunidad. Cajamarca y el país entero no lo pueden permitir.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Fácil de entender, difícil de solucionar

La Municipalidad del distrito de La Encañada tiene dos problemas graves. El primero es financiero. No hay dinero en caja. El alcalde hace malabares para pagar las planillas y los servicios básicos evitando el colapso por falta de fondos. No hay efectivo ni para el té. El segundo problema es que, aunque tienen fondos provenientes del Canon minero, estos no son de libre disponibilidad. Para invertirlos en obras necesitan proyectos elaborados y personal capacitado. Es un problema de gestión.

Esto último, no es exclusivo de La Encañada. Afecta tanto a los municipios distritales que reciben Canon como a los que no, por supuesto con honrosas excepciones. Por distintos motivos no se tienen o no se pueden administrar los recursos. De acuerdo a Cecilia Blume, analista y ex Jefe del gabinete de asesores de la Presidencia del Consejo de Ministros, “A la fecha, los gobiernos municipales han ejecutado únicamente el 32% de su presupuesto de inversión y estamos en octubre. La descentralización no ha sido eficiente y el gobierno central (desde siempre) ha desatendido la falta de gestión, conformándose con ser puntual en sus transferencias”.

Sin dinero para administrar y sin inversiones para mover la economía, ya se sabe, la actual administración municipal no tiene futuro. Estos problemas arrinconaron al alcalde obligándolo a intentar echar mano, con desesperación, de la única tabla de salvación que tiene a la vista: Yanacocha. El burgomaestre ideó y exigió una fórmula de “Pacto Social” para que la empresa, adicionalmente a los programas de desarrollo que realiza con sus vecinos, aporte dinero, puestos de trabajo y contratos de obra que su mandato pueda disponer en beneficio de la localidad.

Por su parte, la empresa minera que paga sus impuestos con puntualidad escrupulosa (de donde se deriva el Canon para la región) y que además, destina fondos voluntarios para programas de proyección social, estaba cansada de que éstos últimos no beneficiaran eficazmente a sus vecinos. Por ello, la compañía decidió desde hace algún tiempo, coordinar y desarrollar sus programas sociales directamente con las poblaciones ubicadas dentro de su radio de influencia, a través de convenios. Los beneficiarios, por supuesto, están satisfechos con el trato directo y no tienen la menor necesidad, ni intención, de que otros los representen.

¿Si los vecinos de la mina están de acuerdo con esa forma de trabajo, entonces quiénes son los qué han bloqueado la carretera y participado en los desmanes de la semana pasada? Simple. Los pobladores de comunidades más alejadas que, de una u otra forma, también quieren subirse al carro minero aunque no quepan. No tienen la culpa. Es natural. Ellos también necesitan carreteras, escuelas, postas médicas y oportunidades de desarrollo. Lo malo es que, mal orientados, están demandando todo esto al proveedor equivocado.

¿El problema tiene solución? Sí. Para eso se ha conformado una Mesa de Diálogo que tiene sentado a la cabecera al Gobierno Central. Por su parte, el más alto funcionario de la empresa minera, Carlos Santa Cruz, manifestó, desde ya, su disposición para conversar y ayudar al Municipio con soluciones técnicas realizables, y con el concurso de todos los actores sociales involucrados, para que el distrito salga adelante. No obstante, la solución no va a ser sencilla. Me explico.

Al problema financiero y de gestión, se ha sumado la sin razón. Los grupos anti mineros, mal llamados “ecologistas”, han capitalizado el conflicto convirtiendo las aspiraciones de la población necesitada, en una lucha por “la defensa del medio ambiente”. Las declaraciones extremistas, sobre supuestos problemas ambientales e inexistentes compromisos incumplidos, no muestran lo que en verdad está ocurriendo. Más bien tratan de reflejar un daño y una complejidad que no existen. El problema, como se ve, es fácil de entender pero difícil de resolver.

El resultado es el contrario al que la autoridad edil, en última instancia, pretendía obtener. En vez de los apoyos financieros y técnicos inmediatos que necesita, se está avanzando muy poco o nada en las conversaciones para obtenerlos. Los enemigos del desarrollo, como siempre, se empeñan en distorsionar la realidad y pintan a la compañía minera como si fuera el enemigo, boicoteando las reuniones de trabajo. Por lo pronto ya intentaron tumbar la famosa Mesa. Ellos no tienen la intención de solucionar nada. Al contrario, lo quieren empeorar.

Lo dijo el Jefe de la oficina de gestión de conflictos sociales de la Presidencia del Consejo de Ministros, Víctor Caballero Martín: En el país “Se ha cometido un grave error empoderando a las organizaciones que tienen objetivos políticos propios y que se han constituido en poderes paralelos, como por ejemplo los Comités o Frentes de Defensa que debilitan el poder de las autoridades legítimamente elegidas por la población”.

Con esas personas, dijo el experto, no se puede dialogar. Ellos tienen su propia agenda de poder y el primer punto es mantener y avivar los conflictos. “Las disputas por el poder prácticamente no tienen solución. Las posiciones en esos casos son generalmente irreconciliables”, aseguró Caballero.

Con esos interlocutores, demos por hecho, no hay "conversa" que valga.