miércoles, 1 de junio de 2016

Muchachos: "Rómpanse una pierna"


No es que no lo agradezca, al contrario: me gustó mucho el gesto, pero les pedí por favor que no la hicieran. “Es que nada se me hace más parecido a una misa de difuntos a cuerpo presente -les dije-, que esas despedidas del trabajo en las que se tiene al homenajeado al frente, y de uno en uno los amigos van diciendo lo bueno que fue y lo mucho que lo extrañarán cuando se vaya”.

Los muchachos del área de Asuntos Externos querían despedirme como se acostumbra porque me voy de Minera Yanacocha, la empresa en la que laboré 24 años bien contados, o 26, si les sumo los 2 que dediqué a Newmont durante la última etapa de exploración de este fabuloso proyecto minero que llegó a convertirse en la mina de oro más grande de Sudamérica. Lugar común: toda una vida. O muchas vidas, miles, si contamos las de millares de personas que tuvieron la oportunidad de trabajar en este magnífico emprendimiento.

Me voy porque mi empresa que llegó a producir más de 3 millones de onzas de oro en un año, hoy produce 600 mil y dentro de dos años -si las cosas siguen como están- bajará a 200 mil. Porque de los 20 millares de trabajadores que llegamos a ser, hoy sólo se requieren alrededor de 6 mil, y pronto esa cantidad también podría ser demasiado. Me voy porque la empresa, con pesar, está invitando a sus colaboradores a tomar la alternativa (como en los toros) del cese voluntario.

La invitación no es indiscriminada. Sólo es para aquellos colaboradores cuyos puestos quedaron anulados por la misma reducción de las operaciones, o porque –en la necesaria reestructuración- sus departamentos se están fusionando, o, incluso, porque los servicios que brindaban ayer, hoy se están tercerizando. Es natural. Las empresas como los seres humanos también tienen que adaptase o morir.

¿Tan mal está la empresa? No. Yanacocha va bien. Como toda la actividad minera en el mundo, hoy está atravesando por un mal momento. La afectan la baja internacional del precio del oro, el agotamiento de sus reservas y los conflictos sociales en la región. Aun así, con todos esos problemas, es una empresa fuerte gracias a la capacidad profesional de su gente. 600 mil onzas de producción por año o 200 mil en el futuro próximo igual la hacen un “minón”. Lo principal, y lo que no se entiende, es que su producción hasta hoy se redujo a la quinta parte, y tiene que redimensionarse para continuar siendo competitiva.

¿Y cómo te sientes? Me preguntan los compañeros. Les respondo que bien. Que al contrario de Nobocov, para quien los sentimientos grandes “No se sienten en la mente ni en el corazón, sino en la espalda. En medio de los omóplatos. En ese lugar donde alguna vez tuvimos las alas”; yo adopté la recomendación de García Márquez quien recetaba una cura definitiva para las insondables congojas del corazón: “No te apenes porque se terminó… alégrate porque sucedió”.

Me voy satisfecho. La que sí tiene reparos es mi esposa, Maribel, ella reclama que le devuelvan el Marcos que entregó a Yanacocha en 1990, por supuesto con el desgaste natural del uso durante estos años, y no el que le están devolviendo ahora. Yo le digo que sólo necesito un over hall. Nada que unos cuantos días en esas aguas turquesas y arenas de sémola de las playas del Caribe, que parecen de antes del descubrimiento de América, no puedan remediar. En fin, son cosas que nos hace la vida.

A todos los compañeros que se quedan en la empresa, no me queda más que desearles, para la suerte, como se dice en el mundo del teatro: “Muchachos, rómpanse una pierna”. O mejor aún, “rómpanse las dos”.

domingo, 13 de diciembre de 2015

"Simplemente Edy"


Les llaman culebrones. Son telenovelas con cientos de capítulos en los que se tejen relaciones melodramáticas entre sus personajes. Una de las más famosas, Cristal, cumplió 25 años de emisión convirtiéndose en un fenómeno social en Sudamérica y España. Se basó en una historia romántica de Dellia Fiallo, escritora cubana de ficciones rosa, que tenía como telón de fondo el mundo de la alta costura en una Venezuela próspera que ya no existe.

El culebrón nacional, en cambio, se llamó: Simplemente María. Una trama de la argentina Celia Alcántara que estuvo en las pantallas del todo el continente americano por los años setenta. María Ramos, una humilde campesina que llega a Lima a servir, conoce al aristocrático estudiante de medicina Roberto Caride quien la seduce y embaraza. Poco después del nacimiento de su hijo Antonio, Roberto le promete casarse apenas termine su carrera. María aprende a coser y consigue trabajo como modista. Cuando Roberto se gradúa cede a la presión familiar y se casa con la frágil Angélica. María, desengañada, decide olvidarse del amor y superarse.

Más cerca aún, entre nosotros, tenemos el culebrón de Cajamarca. La historia fue urdida por un grupo de políticos extremistas, además de uno que otro ex terrorista, todos reciclados en defensores del medio ambiente. Tiene varios años en la TV y en la prensa local. Su éxito rebasó la frontera del Gavilán y se replicó con igual pasión y casi el mismo resultado en otras regiones del Perú. Trata de una empresa minera que, cumpliendo con todas las leyes del país, se apresta a trabajar y generar trabajo y riqueza para sí misma y la región. Los paladines del medio ambiente entonces, aplicando técnicas de terror, engañan a la población con el cuento de que la mina los dejará sin agua. Luego de su sacrificada lucha “ambiental” todos terminan recompensados por “el pueblo” convertidos en alcaldes, congresistas y candidatos a la presidencia de la nación.

Aunque las novelas no duran para siempre, sí es posible darle largas al cuento, sólo hace falta algo de imaginación. Luego de pasar veinte años en la sacrificada vida de ficción de Simplemente María, cuando la sintonía entre las amas de casas peruanas era total, Antonio, el hijo que tuvo con Roberto, seduce y embaraza a su prima Ita, hija de su tía por el lado paterno y la historia vuelve a repetirse: ambas madres se oponen a que sus hijos se casen. El culebrón se extendió varios meses más.

Los defensores del medio ambiente de Hualgayoc - Bambamarca acaban de hacer lo mismo. La novela regional llegaba a su fin con la suspensión del proyecto Conga, pero ellos encontraron la forma de alargar el culebrón: invadieron para “inspeccionar” la propiedad de la empresa Yanacocha y, de acuerdo a su eminentísimo criterio, llegaron a la conveniente conclusión de que unas obras de protección ambiental eran en realidad trabajos para desaguar una laguna y poner en operación el mega proyecto minero. ¿Se puede hacer eso alegremente? No. Pero todo vale para esta gente.

En los próximos capítulos de esta novela, que bien podría llamarse “Simplemente Edy”, nuestro protagonista Edy, el alcalde de Hualgayoc, y los miembros de su organización antiminera, invadirán nuevamente la propiedad del proyecto ‪Conga y movilizarán a sus simpatizantes el jueves 26 de noviembre por la ciudad de Cajamarca.

¿Por qué lo hace? Simple. Es el viejo truco que consiste en señalar faltas en el otro para que nadie se fije en las tuyas. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, la emprendió contra las novelas de su país responsabilizándolas por “incitar a la violencia y el odio en la sociedad”. Antes lo hizo con el hombre Araña y Superman. El presidente twitero que habla con pajaritos, dio órdenes a su ministra de comunicaciones para que revise toda la programación de la TV nacional. Fue en realidad una melodramática cortina de humo para distraer de la atención pública su incapacidad para controlar la ola de violencia en la que vive su país.

En el caso de Edy, éste pretende distraer a su pueblo de las denuncias públicas por su “incapacidad” y el “pésimo gobierno que viene desarrollando en la provincia minera de Hualgayoc”.  “Hasta ahora el alcalde no ha tomado ninguna medida sobre el consumo de agua potable con residuos fecales, que la población viene tomando y envenenando a niños por lo que lo vamos a denunciar penalmente”, manifiestan entre otros cuestionamientos los sufridos vecinos de su distrito. Al pobre Edy no le queda otra que armar jaleo. Eso lo hace bien.

¿Hay alguna forma de detener este nuevo ataque contra el suspendido proyecto Conga y la credibilidad de los cajamarquinos? Parece que no. El estado de derecho existe a medias en nuestro país. Los “defensores” del medio ambiente volverán a tomar por asalto la propiedad privada para causar desmanes. La compañía minera lo sabe y cumplirá –como debe hacerse- con solicitar la intervención de la Policía Nacional y la Fiscalía correspondiente. Para lo que pueda servir.

Es una pena que todo un pueblo tenga que vivir y sufrir los desvaríos de unos cuantos políticos irresponsables. Lo bueno es que todos se van dando cuenta de que la base en la que se afirma el movimiento antiminero en Cajamarca está compuesta de eso: ficciones y mentiras. Un culebrón de novela.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

¿Después, qué vendo?


Cajamarca tiene anécdotas simpáticas. Una de ellas cuenta la insólita respuesta de una humilde vendedora ambulante. La mujer tenía dos montoncitos de rocotos exhibiéndose en la vereda sobre un pedazo de plástico. Cuando una clienta le preguntó: ¿Cuánto me cobras por todo? Ella le contestó que no podía llevárselos, con un argumento definitivo: ¿Después, qué vendo?
Lo mismo se preguntan los políticos “ecologistas” que convocaron a quinientas personas para invadir los predios del suspendido proyecto Conga. Si éste se detuvo, volvió la calma a la ciudad, y poco a poco se recupera la razón colectiva, ¿Después, qué vendo?
Es que ellos “vendieron”, a piedras y a palos, el cuento de que Conga era el enemigo -un monstruo sediento- al que debían enfrentarse los valientes “ecologistas” para salvar a Cajamarca de la falta de agua. Ahora se sabe que sólo era una estrategia de terror para ubicarse en expectantes posiciones de la política nacional y local. Ese era el botín.
Lograron su objetivo truncando una inversión de 4.800 millones de dólares, y desvaneciendo seis mil puestos de trabajo directos y otros tantos miles indirectos en la actividad minera. A Yanacocha no le quedó otra que informar al país la suspensión de su proyecto, desmontar sus campamentos, vender los activos adquiridos y cancelar las órdenes de compra de miles de bienes y servicios.
La interrupción violenta trajo de la mano la paralización del proyecto Galeno. Poco después Michiquillay fue devuelto al Estado por la concesionaria. En Cajamarca se detuvo también el comercio, la construcción y el turismo. De acuerdo a los cálculos de la Cámara de Comercio se perdieron alrededor de 70 mil puestos de trabajo y la región cayó en recesión. Se llamó “el efecto Conga” a la debacle económica causada por los “ecologistas” irresponsables que hoy pretenden ser gobierno nacional.
Su plan acabó con éxito, aunque causó perjuicios de los que Cajamarca no se recuperará en décadas. Daño colateral, le llaman. No obstante, para mantener lo ganado y lograr lo que aún esperan recibir, necesitan que el conflicto siga vivo. Hacer creer que Conga se sigue construyendo, aunque sea a pedacitos, y a escondidas de todo el mundo. Por eso armaron en los últimos días un conflicto mediático de ficción que legitimara la “inspección” delincuencial de ayer en los alrededores de la laguna El Perol.
La estrategia es vieja pero funciona. Como el pastor del cuento, de cuando en cuando, gritarán que el proyecto está en marcha y que es necesario movilizarse para evitarlo, hacer una "inspección" por aquí o por allá, o bloquear carreteras para detenerlo. Eso, aunque sea mentira, da prensa. No les sirve de nada un proyecto paralizado. El próximo pretexto será Quilish y el fabuloso túnel que algún pobre de entendimiento dice que se está construyendo para explotar el cerro desde abajo.
Como sea, esta vez sembraron la duda, y con tanta desinformación en el medio lo que se pregunta la gente de buena voluntad –algunos con la esperanza de que sea cierto- es: ¿Yanacocha continúa construyendo el proyecto Conga? Y la respuesta es sencilla: No. El proyecto minero está paralizado.
¿Entonces, qué trabajos se están haciendo en la zona? Fácil. Cuando el proyecto paralizó bruscamente sus actividades se retiraron las dos compañías a cargo de su construcción. Una firma de ingeniería con renombre mundial y la constructora más importante del país. Construir una mina así es una tarea grande.
Con las contadas empresas de la zona que quedaron en pie, a las que no les quemaron sus máquinas y sobrevivieron a la crisis financiera de ese momento, se concluyó una carretera que ya estaba empezada y se hicieron algunas obras ofrecidas a la comunidad. El reservorio Chailhuagón, por ejemplo, se hizo casi totalmente con mano de obra local.
Así estaban las cosas cuando se anunció que el fenómeno del Niño que viene será el más fuerte de los últimos 65 años. Si bien las lluvias son una bendición, en exceso pueden causar muchos daños. Uno de ellos, de carácter ambiental, es el arrastre de sedimentos. Lava y arrastra la superficie de cerros y caminos llevando partículas de tierra que contaminan y saturan los cursos de agua. Por ello se empezaron las labores de prevención. Por ejemplo, se protege taludes y se construyen serpentines y canales de derivación de aguas de lluvia. Es lo que se debe hacer.
Se contrató mano de obra local y se socializó el programa con las autoridades vecinas a Conga. La compañía, además, difundió sus acciones a través de la prensa y los pobladores confirmaron lo dicho. Los trabajos terminarían en diez días, y la empresa invitó públicamente a las personas, verdaderamente interesadas en lo se estaba haciendo, a solicitar un pase de ingreso para visitar la propiedad, como hace la gente de bien.
¿Se confundieron entonces los “ecologistas” desavisados? No. Ese era el plan. Hay que tener muy mala leche para confundir una obra minera de seis mil trabajadores, con las labores de protección ambiental que hacen hoy día unos cien. O igualar el movimiento de cientos de máquinas por todo el lugar con lo que hacen puntualmente, ahora, un par de volquetes y un cargador frontal. La invasión a la propiedad y los desmanes de ayer son parte de su estrategia para mantener vivo el conflicto de propaganda y alarmada a la población. Un plan para tener algo que puedan vender.
¿Cuál fue el resultado de la brutal “inspección”? Como en las tragicomedias, no se sabe si reír por el absurdo o llorar de la pena al escuchar el informe radial que, con tono triunfal, dio ayer un líder “ecologista” de espíritu puro desde la laguna El Perol:
“Encontramos palas y mallas. ¡Hemos podido comprobar que quizá se sigue haciendo el proyecto Conga!”.
Qué lástima, pobre país.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Lo malo de las minas


Eso es lo malo de las minas: se acaban. Por eso las compañías mineras dedican una buena parte de sus ingresos, tiempo y esfuerzo, a buscar nuevos yacimientos. Aquellas que no lo hagan, o que haciéndolo no obtengan buenos resultados, o que teniéndolos nos las dejen trabajar, tienen su fecha de defunción tatuada en la frente.

No se acaban de un día para otro. Los recursos disminuyen gradualmente y poco a poco se van cerrando frentes de trabajo. Las operaciones, requerimientos de bienes y servicios, contratación de personal y contratos de obra, se van reduciendo en el tiempo hasta su eventual cierre definitivo. Es natural.

Esto que es sencillo de comprender para la mayoría de los mortales le sabe a chino, en cambio, a algunas personas que no lo quieren entender porque simplemente no conviene a sus intereses. Los sicólogos le llaman: “La negación”. Es un mecanismo de defensa que consiste en enfrentarse a los problemas negando su existencia. Los individuos se niegan a reconocer la realidad.

Le pasa, por ejemplo, a la empresa Inversiones WG Quishuar S.A. Sus noventa socios no entienden porqué Minera Yanacocha no les “da” un contrato como el que tuvo en años pasados cuando se llamaba Quishuar Múltiples Servicios Generales S.A., y facturaron a la compañía minera la bonita suma de cuatro millones de dólares.

Los empresarios como ellos no aceptan la realidad y no quieren reconocer que la producción de Yanacocha disminuyó a menos de la tercera parte en pocos años y que, por lo tanto, sus servicios como los de otras decenas de empresas contratistas de aquí y de allá simplemente ya no son necesarios.

Prefieren creer que Yanacocha no les “da” un contrato porque no le da la gana de dárselos, y que para conseguirlo hay que doblarle el brazo invadiendo su propiedad y paralizando sus operaciones. Así, a la mala, le arrancarán el contrato que no reciben por las buenas. Ente octubre y noviembre los “emprendedores” invadieron las operaciones de Yanacocha en cuatro oportunidades. No parece una buena carta de recomendación.

No obstante, los líderes que mueven a estos pobladores no son tontos. Ellos saben bien que su exigencia es un despropósito y entonces la disfrazan de “conflicto social”. “Yanacocha –dicen- no brinda oportunidades a las empresas de la zona”. Olvidan convenientemente los cuatro millones de dólares que facturaron ellos mismos y los contratos por cinco millones de dólares que otras empresas de Quishuar también tuvieron, y que actualmente trabajan en la mina. Eso también se acabará en algún momento.

¿Qué puede hacer Minera Yanacocha al respecto? Nada que no sea quitarle a Pedro para darle a Juan, pero eso no soluciona el problema, más bien lo agrava.

La realidad es terca. Las minas se acaban y ésta se está acabando. La compañía está haciendo grandes esfuerzos en reducción de costos para seguir siendo rentable e invirtiendo en tecnologías que le permitan poner en valor algunas reservas, con miras al desarrollo futuro de otros proyectos. Mientras tanto viene haciendo los ajustes necesarios a su nueva dimensión: su personal de planilla, por ejemplo, se reduce desde hace dos años, y ya va llegando a la mitad de lo que era en su mejor momento.

No menos dramática ha sido la disminución de paquetes de contratos que, se estima, para el 2016 será mucho menor a lo contratado en 2015, que ya era poco en comparación con otros años.

¿Qué pueden hacer las empresas contratistas? Fácil. Las competitivas deberán buscar frentes de trabajo en otros lares o cambiar su giro de negocio. Según la candidata presidencial Vero Mendoza la economía de Cajamarca puede reactivarse con actividades agrícolas y ganaderas. Que bueno. Allí tienen una oportunidad. Las que no son competitivas tendrán que disolverse. No se puede hacer –decía un buen amigo- arroz con pato, sin pato.

Lo lamentable de esta historia es que estamos siendo testigos de un destino cambiado. En vez de presenciar el crecimiento incesante y furioso de nuestras empresas, y gozar de los beneficios de un fortalecido tejido empresarial, gracias al desarrollo de nuestra actividad minera; en Cajamarca estamos asistiendo pasivamente al declive absurdo y criminal de su aparato productivo.

¿Cambiarán las cosas en el corto plazo? No lo creo. Nada indica que nuestros líderes políticos vayan a entrar en razón, mucho menos en una etapa electoral como la que estamos viviendo. En estas épocas, decía un analista, “El optimismo, generalmente, es la antesala de la desilusión”.

lunes, 5 de mayo de 2014

Salvemos el futuro


Se busca un culpable. Alguien que cargue con el muerto. Convertirse en la región más pobre del Perú es un mérito malo que necesita un responsable. Algunos señalan a Goyo, dicen que la falta de inversión y empleo causantes de la pobreza son consecuencia del clima de violencia propiciado por su oposición al proyecto minero Conga.

Añaden que las acciones de Santos han hecho que Cajamarca sea percibida como una región hostil para cualquier proyecto, lo cual, unido a su ineficiente capacidad de gasto, ha acentuado la pobreza en la región. Gregorio Santos -aseguran- tiene que responder porque es el responsable político de esta situación.

¿Es el presidente regional el culpable de la crisis que se vive en el Cumbe? Puede ser. En todo caso no es el único. La minería cajamarquina fue -como dice la canción- un asunto mal manejado por tres. Un político, un cura y un terrorista se jugaron al cubilete, por poder y por dinero, el futuro de la región. Me parece, es más, que la responsabilidad recae en toda la sociedad: unos por hacer y otros por dejar hacer.

De acuerdo a las cifras del año 2013 recientemente publicadas por el Instituto Nacional de Estadística e Informática - INEI, la situación de pobreza en que se halla el 52.2% de nuestra población nos convierte en la región más pobre del Perú.

Somos una de las ocho regiones, de las 24 en que está dividido nuestro país, que durante el año pasado incrementó su porcentaje de pobreza en vez de reducirlo, como sí hicieron las otras 16. Un hecho excepcional si consideramos que hace poco tiempo éramos la región que más crecía y la más expectante debido a los grandes proyectos mineros que pronto entrarían en operación.

No obstante, no hay de qué sorprenderse. Era previsible. Cajamarca no es diferente a otros lugares del planeta. Cuando se detiene la inversión y se paraliza el motor dinamizador del mercado, el único resultado posible es la pobreza. Aquí y en la China.

Así de terca es la naturaleza: cuando siembras perales cosechas peras.

Era verdad lo que negaban irresponsablemente los anti mineros en todos los idiomas: el crecimiento y el desarrollo de Cajamarca dependían básicamente de su actividad minera, especialmente de Yanacocha. Los años de crecimiento y bonanza de la ciudad anduvieron de la mano con la operación de esa empresa.

La cuesta abajo empezó con los anuncios de la compañía acerca de la reducción de su producción primero, y de la imposibilidad de extender sus operaciones a zonas nuevas después. “Están mintiendo, nos quieren asustar”, decían los ecologistas falsos cuando los economistas advertían las consecuencias irreparables de esa situación.

Las mentiras sobre el mal uso del agua y la contaminación, y el activismo perverso de los enemigos del desarrollo funcionaron. La ignorancia de muchos y la indiferencia y el aprovechamiento de unos cuantos definió el resultado. Cerraron muchas empresas de distintos giros en Cajamarca y se perdieron miles de puestos de trabajo. La Cámara de Comercio local calculó en 80 mil la disminución de colocaciones.

Los artífices de la debacle son incorregibles. Ahora dicen en los medios que la pobreza de Cajamarca no la originaron ellos sino que “es culpa de la mina”. Se superan cada día: ya no temen el ridículo.

¿Qué se hará al respecto? ¿Qué acciones tomará esa porción de la población para quienes la oportunidad de un futuro mejor depende de la inversión en la región? Eso aún está por verse. Por lo pronto, es positivo que se sepa con certeza quienes son los que han hecho de la política local un quehacer inmundo sembrando mentiras, dudas y temor a la falta de agua, y el fantasma de la contaminación: la sociedad podrá castigarlos en las urnas de los próximos comicios. Todos terminaron siendo candidatos.

Esperemos que en las próximas elecciones, a los cajamarquinos, si no los une la razón -como decía Borges- los una el espanto. El miedo a que quienes están en el poder en este momento terminen por destruir el futuro de las próximas generaciones, como hicieron con esta, que ya no tiene remedio.

martes, 26 de noviembre de 2013

La mina mala y el chivo emisario


El escándalo empezó la semana pasada con una denuncia anónima. El confidente, quien dijo ser uno de los siete mil trabajadores de la mina Yanacocha, supuestamente agobiado por el peso de su mala conciencia, llamó por teléfono al programa radial del periodista Jorge Pereyra y, al aire, sin mayores detalles, denunció que la empresa minera había vertido agua contaminada al río.

- Aló, señor Pereyra, le habla un trabajador de Yanacocha. Nosotros nunca nos hemos visto, ni hemos acordado esta llamada. No le puedo dar mi nombre, mi número de DNI, ni mi celular. Le llamo de un teléfono público para que nadie me identifique, y para contarle que mi empresa ha soltado agua contaminada en el río.

Inmediatamente, el programa empezó a recibir llamadas telefónicas de otros honrados ciudadanos quienes incitaban a una movilización pública para exigir explicaciones a Yanacocha y a las autoridades por el grave atentado ecológico que develó el honorable denunciante anónimo. Una mujer deslizó la idea de que esa era la verdadera causa del cierre de abastecimiento de agua potable a la ciudad y no, como había explicado Sedacaj en un pronunciamiento público: que el corte se debía a la rotura accidental de una tubería matriz.

El delator incógnito, obviamente desconocía que para verter al río agua “sin tratar” la empresa minera tendría primero que anular el funcionamiento de una Planta millonaria destinada a esa labor, apagar las computadoras y las alarmas más sofisticadas del mercado, desarmar un complicado sistema de filtros, anular decenas de controles, y, finalmente, taparle los ojos a cientos de ingenieros, técnicos especializados y personal propio, y de empresas contratistas, vinculado a ese proceso.

Por otro lado, para cubrir su falta, la empresa también tendría que alterar decenas de puntos de monitoreo instalados en la cuenca que son administrados por los pobladores usuarios de los canales de riego que toman periódicamente muestras de agua y las envían a analizar a laboratorios especializados.

No obstante, ninguna de estas consideraciones evitó que un par de políticos irresponsables y activistas anti mineros culparan a Yanacocha de un delito inexistente. Intentaron paralizar la ciudad como hicieron hace algunos años cuando echaron unas gotas de mercurio a un balde de agua, y con el cuento de que salió por el caño de una vivienda se lanzaron a las calles con palos en la mano causando alarma y pánico en la población. Esta vez no les resultó.

La semana pasada también, los auto proclamados defensores del medio ambiente tenían programada una charla “científica” en el auditorio del pedagógico Victorino Elorz Goicochea. Las exposiciones magistrales –decían- iban a demostrar, definitivamente, que el proyecto Conga era inviable. Sin embargo, al llegar al local para desarrollar su evento, se encontraron con las puertas cerradas y ninguna persona que les diera una explicación. Tuvieron que posponer la charla y buscarse otro escenario.

Las denuncias no se hicieron esperar. Inmediatamente, sin ninguna prueba, culparon del contratiempo a Yanacocha porque, a su criterio, esa era la estrategia de la empresa para callarlos. El argumento, por supuesto, es necio. Sería como tumbar muros para que no se pinten grafitis. Por lo demás, ese comportamiento es normal. No nos sorprenda que en las próximas semanas aparezcan denuncias de supuestas afectaciones a la planta de tratamiento El Milagro, irregularidades en la construcción del laboratorio de análisis de agua, y otros intentos por mantener el conflicto social latente con miras a las elecciones del próximo año.

¿Por qué se aprovecha cualquier problema para culpar impunemente a Yanacocha? La respuesta es sencilla. Desde antiguo, se ha tendido a culpar por los males que sufre una región a una determinada persona o institución. Se busca castigar al presunto culpable para ocultar y librar de las sanciones a los verdaderos responsables, o para distraer al pueblo y evitar que se dé cuenta de que los acusadores están haciendo de las suyas.

A este modo de actuar, que viene de muy lejos, se le llama “el mito del chivo emisario” descrito en la Torá. En los tiempos bíblicos, se cargaba a un chivo o cordero con el registro de los pecados de la tribu y, así abrumado con su carga, se lo enviaba a perderse en el desierto. Gracias a esta función redentora la sociedad quedaba limpia, lista para volver a empezar. Hoy es una suerte de asesinato colectivo de una institución, de una persona, o de su imagen, para liberar a otros de la responsabilidad que, de otra manera, recaería sobre ellos.

Es de suponer, a estas alturas, que la sociedad cajamarquina ya sabe bien quién es el “chivo emisario” de todas estas malas historias y quiénes son los sinvergüenzas que están haciendo de las suyas contando el cuento de la contaminación ambiental y la mina mala. Como debe imaginar, también, el futuro que nos espera si esa gente llega o se mantiene en el gobierno de la región y el sillón municipal.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

El accidente de Sedacaj


Los enemigos del desarrollo volvieron a rasgarse las vestiduras. “Otra vez los mineros nos van a dejar sin agua”, alertaba por la radio un conocido profesor de barba descuidada y voz aguardentosa. El mal educador llamaba a la “unidad popular” incitando a una revuelta contra las autoridades “arrodilladas a Yanacocha”, porque Sedacaj cortó el abastecimiento y no hubo agua potable en Cajamarca durante tres días, el fin de semana pasado.

Otros dirigentes advertían, en el mismo medio, que “ésta falta de agua (ocasionada por la mina) es un ejemplo para las futuras generaciones”. Por su lado, una pobladora, debidamente aleccionada, aseguraba que la ciudad se quedó sin agua potable “por culpa de Yanacocha”. La acusación más perversa la deslizó otra mujer: “el corte de agua bien pudo deberse a un derramamiento de residuos tóxicos”.

¿Qué pasó en realidad para que la empresa proveedora de agua potable cortara el suministro? Simple. La respuesta la dio a la prensa local el jefe de Imagen Institucional de Sedacaj, Otto Quevedo. El jueves pasado por la tarde -dijo-, a la altura del km. 2.7 de la carretera a Bambamarca, una máquina que trabaja en el tendido de la nueva red para abastecer con más agua potable a la ciudad "fracturó" por accidente una tubería de 17 pulgadas de diámetro, dejando sin servicio al 70% de los usuarios.

Inmediatamente -continuó Quevedo- se formaron cuadrillas de mantenimiento con trabajadores especializados. La reparación culminó el viernes, sin embargo, volvieron a tener problemas el sábado. Solucionado el problema definitivamente, el domingo se repuso el servicio a la población, refirió el funcionario. Durante la emergencia, añadió, Sedacaj dispuso de “siete cisternas para distribuir agua en las zonas periféricas de la ciudad”. Quevedo pidió disculpas a la población afectada, y señaló que la labor de Sedacaj es estrictamente técnica y social.

Con respecto a la turbidez con la que llega el agua a las viviendas en estos días, dijo que se debe al sarro de las tuberías, y recomendó “dejar momentáneamente correr el agua” antes de usarla. Explicó que esto es normal y ocurre “cuando hay movimiento de tuberías de grandes volúmenes”. Recalcó que “eso no se debe a contaminantes”. Finalmente -aunque pecando de inocente- el jefe de imagen exhortó a los candidatos diciendo que: “No se debe sacar provecho político de este problema”.

¿Minera Yanacocha tuvo alguna responsabilidad en este hecho, como aseguran los paladines del agua potable? Sí. Probablemente sea cierto. Me explico.

El cambio de tubería que realiza Sedacaj es para reemplazar una más angosta, menos apropiada y a punto de colapsar por antigüedad. Con ello se trasladará más agua a la ciudad beneficiando a miles de pobladores que no contaban con servicio adecuado o simplemente no tenían ninguno. Esto se está haciendo gracias a una donación de cerca de veintisiete millones de soles que la empresa minera entregó a la cuidad para financiar siete proyectos de agua que favorecerán a alrededor de 180 mil pobladores.

Quizá si los “sinvergüenzas” mineros -como denuncian los enemigos del desarrollo- no estuvieran financiando las obras, estas no se estarían haciendo y, en consecuencia, no hubiera ocurrido ningún accidente, ni se hubiera cortado el agua potable durante tres días.

No obstante, la población cajamarquina, las autoridades serias y la empresa minera, han enfrentado con madurez este nuevo intento de los activistas anti mineros por prenderle fuego a la ciudad con uno de sus acostumbrados escándalos mentirosos: no les han hecho el menor caso. Quienes están aprovechando la situación, en cambio, y quizá sean parte de la estrategia de alarmar a la población, promover el disturbio y ganar figuración, son algunos candidatos al sillón municipal de Cajamarca y alrededores.

Lo bueno es que estos últimos se están apresurando a mostrarse tal como son. No parece probable que Cajamarca vuelva a elegir a esos incompetentes que hacen política provocando escándalos y asustando a la población. Luego se molestan cuando, con razón, la opinión pública los llama: terroristas.