domingo, enero 29, 2012
El congresista, la laguna y la marcha por el agua
No era broma. Rimarachín hablaba en serio. Hace algunas semanas hizo otra propuesta sorprendente exponiéndose en televisión nacional: sugirió que la mina Yanacocha ubicada sobre los 3,800 metros de altura, en vez de captar agua de lluvia, utilizara agua de mar en sus operaciones. No aclaró si se refería al océano pacifico o al atlántico. Sería bueno preguntarle.
¿De dónde saca esas iniciativas brillantes? Ese tipo de ocurrencias, con total desprecio por el sentido común e inspiradas en supersticiones, reflejan un riesgo enorme a la hora de tomar las decisiones que conduzcan el destino de la región y del país. Si el congresista sinceramente cree que una laguna puede escucharle y acompañarlo en su aventura mesiánica, entonces es capaz de elucubrar cualquier barbaridad.
¿Qué se puede hacer con una persona así? Algunos piensan que se trata de un personaje inofensivo que se está haciendo fama de loquito y al que no se le puede tomar en serio. Con no volver a votar por él será suficiente para que desaparezca. Otros en cambio lo empiezan a ver como un irresponsable que trata de destruir el estado de paz y el camino de prosperidad por el que avanza la región, asociándose con los peores adversarios del progreso y opinan que se le debe tratar como lo que ha elegido ser: un enemigo del desarrollo de Cajamarca.
Lo cierto es que Rimarachín no está loco. La intención de nuestro pintoresco congresista, con su show mediático, fue adelantar a los que son a la vez sus socios y rivales políticos robándoles cámara de repercusión nacional con miras a la famosa marcha por el agua. La jugada quedó clara y ahora tendrá que dar explicaciones a quienes lo acompañan en la organización de esa proactiva aventura.
Es curioso. Los gestores políticos de la marcha por el agua están difundiendo esa actividad como un rechazo contra la empresa Yanacocha que, supuestamente, está matando de sed a la población cajamarquina. La realidad es al revés. No hay ninguna institución en Cajamarca, ni siquiera Sedacaj, que haya hecho tanto para captar y gestionar más agua en la región que la compañía minera. Me explico.
En el Perú, de acuerdo a fuentes oficiales, discurren superficialmente 2 billones de metros cúbicos de agua de lluvia. De ese gran volumen el 98.53 %, casi todo, termina en el océano Atlántico (97.7%), Pacifico (1.8 %) y el lago Titicaca (0.5%) Lo que utilizamos los peruanos es el 1.47% de todo lo que discurre. Qué desperdicio. De esto último, el 0.54% lo usan las hidroeléctricas que sólo aprovechan su fuerza de paso y después esa agua igual termina en el mar.
Nuestro consumo real, de esos 2 billones de metros cúbicos de agua, es a fin de cuentas solamente el 0.93%, algo de 19 millones, de los cuales 16.3 son para uso agrícola, 1.3 para la población, 1.1 para la industria, 0.09 para uso pecuario y 0.21 para uso minero. Está claro entonces que la gran necesidad de agua para impulsar el desarrollo no se va a obtener quitándole a la minería ese 0.21 millones de metros cúbicos que utiliza sino captando más agua de lluvia para los usos que demande nuestro crecimiento económico.
Para ello, la solución es obvia. Como decía nuestro distinguido y apreciado amigo Don Pablo Sánchez, lo que hay que hacer es “cosechar” agua y para eso necesitamos reservorios. Yanacocha, dentro de su plan de mitigación, ha construido tres diques alrededor de sus operaciones y un depósito inmenso de 6 millones de metros cúbicos de agua: el reservorio San José. Todas estas fuentes son regulables y permiten el uso dosificado de agua, sobre todo en épocas de sequía, en beneficio de las comunidades vecinas al yacimiento minero. Además, la compañía en alianza con los mismos pobladores ha construido cientos de reservorios familiares en las comunidades vecinas.
De igual manera, el proyecto Conga propone la construcción de represas que prácticamente triplicarán la cantidad de agua que pueden retener las cuatro lagunas involucradas en la operación y que actualmente les sirven de poco o nada a los pobladores porque no hay forma de utilizarla durante la época seca.
La marcha por el agua, si de algo sirve marchar en vez de poner manos a la obra y empezar a construir reservorios, debería tener por objetivo que las autoridades de todo el país reflexionen sobre la necesidad de cosechar agua a lo largo y ancho de nuestro territorio, tal como lo está haciendo la empresa Yanacocha.
Le pedí a un amigo su opinión profesional sobre el episodio protagonizado por Rimarachín en la laguna El Perol. El siquiatra me contestó que, al parecer, nuestro legislador no tiene ningún problema médico. “Hay personas que hablan con sus perros, otros con sus flores y hasta con sus autos. Es normal que él le hable a la laguna”, me dijo el galeno. Es cierto. Lo anormal sería que la laguna le conteste.
lunes, diciembre 26, 2011
La cigarra y la hormiga en el mundo real
Una conocida fábula de Esopo, La cigarra y la hormiga, estuvo de moda en la web durante todo este mes. Mientras algunos la usaron para explicar el descalabro del euro originado por algunos países europeos poco previsores y con una descomunal deuda pública, en desmedro de sus socios esforzados y ahorradores, otros la emplearon para censurar el comportamiento relajado que caracteriza a algunos peruanos y lo paradójico que puede resultar el éxito en nuestro país.
Según la historia original, una cigarra se pasó el verano cantando. Al llegar el invierno se encontró desprovista de alimento y acudió a pedirlo prestado a su vecina la laboriosa hormiga. Esta última, inocente y generosa, se compadeció de la cigarra y le regaló algunos granos de arroz, no sin antes advertirle que debía ser previsora y que “vale más prevenir que lamentar”.
Otra versión más acorde con nuestros tiempos y crudamente realista cambió el final del cuento. La hormiga, sabiendo que su generosidad no cambiaría en absoluto el comportamiento de la cigarra y que por el contrario, su desprendimiento sólo la obligaría moralmente a mantener a la irresponsable durante toda su vida, le negó el alimento condenando al divertido bicho a una muerte segura. La moraleja, en este caso, es que “el trabajo incesante de la hormiga se ve recompensado con la supervivencia y la despreocupación de la cigarra se paga con la vida”.
El aspecto que no menciona la fábula, en ninguna de las dos versiones, es el terrible daño a terceros que causan las cigarras imprevisoras del mundo de la fantasía y en la realidad cuando no realizan a conciencia su trabajo. Por ejemplo, el caso de la Empresa Prestadora de Servicios de Saneamiento S.A. – Cajamarca, Sedacaj.
Efectivamente, una noticia muy poco difundida hace dos semanas, fue la declaración del regidor Hernán Bueno Cabrera acerca del reciente informe de los nuevos funcionarios de la empresa proveedora de agua. De acuerdo a la autoridad edil, la actual administración debe afrontar temas legales, heredados de gestiones anteriores, por varios millones de soles y lo que tiene en caja no le alcanza para realizar las obras más urgentes.
“Los anteriores funcionarios decían que la empresa estaba muy bien, pero ahora se ha informado que tienen problemas en cuanto a dinero que necesitan para invertir en obras que mejoren el servicio. Actualmente tienen aproximadamente siete millones de soles, pero necesitan más dinero, además la empresa tiene problemas con laudos arbitrales por varios millones de soles”, señaló el Concejal.
La revelación más grave, que todos conocían de alguna forma pero nadie tenía la valentía de publicar, fue: “... la falta de servicios para la población no es por falta de agua, porque en las fuentes de captación sí hay agua, lo que pasa es que las captaciones desde las fuentes hasta las plantas –El Milagro y Ronquillo- no son suficientes”. Alguien, alguna cigarra, no hizo su trabajo en la debida oportunidad y la población no puede ser abastecida adecuadamente hoy porque la capacidad para recibir el líquido necesario y servir a toda la población es insuficiente.
En resumen, el paciente se muere de sed no porque falte agua sino porque no hay cómo dársela. Además del perjuicio que se ha causado, y se sigue causando a la población, durante tanto tiempo porque no se previó en su oportunidad la ampliación de las líneas de conducción de agua hacía las plantas de tratamiento, los responsables de esa situación permitieron con su desidia que los enemigos de la minería y el desarrollo culparan injustamente de la falta de agua a la empresa minera Yanacocha.
“En Cajamarca no hay agua porque la mina se la toma toda”, decían los anti mineros a pesar de que sabían a conciencia que estaban mintiendo. Lo bueno de todo esto es que una vez sincerado el problema sólo se trata de hallar la solución adecuada para resolverlo. Lo mismo sucederá en el caso del proyecto Conga. La solución quedará a la vista una vez que se develen, como se está haciendo, una a una, todas las motivaciones políticas que han tenido y tienen aún los impulsores del conflicto.
El problema que causan las cigarras insensatas en el mundo real es el mismo que ocasionan los choferes borrachos y que aparecen en las crónicas sangrientas de nuestros noticieros de madrugada: Cuando se accidentan, en vez de matarse solos, que a fin de cuentas es su elección personal, lo hacen llevándose por delante a otras personas inocentes que nada tienen que ver con su irresponsabilidad. Eso es injusto.
sábado, diciembre 03, 2011
Un salvavidas para Goyo
Gregorio Santos Guerrero, nuestro Presidente Regional, necesita urgente un salvavidas que lo rescate del embrollo en el que está metido debido a su mal cálculo político. El sabe que el presidente Humala no va a dar marcha atrás en el tema Conga, por una serie de consideraciones legales, económicas, políticas, sociales e incluso ambientales que convertirán la realización del proyecto minero en el éxito de la región, el país y también de su gobierno.
Santos sabe también que su posición de defensor ambiental de las cuatro lagunas –adoptada por conveniencia- es insostenible. A todos los argumentos técnicos y las explicaciones de los expertos sobre el tema, él mismo y los tres mil comuneros ubicados en sus orillas desde hace diez días han respondido convirtiéndolas en un enorme basural de desperdicios y en pozas sépticas que deberán desaguarse y limpiar durante meses para eliminar esa sopa fétida de caca, orina y coliformes fecales en que las han convertido.
Goyo sabe, como lo sabemos todos en el Perú, que su única razón para liderar el paro regional indefinido en contra del proyecto Conga, fue no dejar que su enemigo político Wilfredo Saavedra le ganara la iniciativa. Una rivalidad entre camaradas. No obstante, el conflicto se le fue de las manos y ha tenido que mantener una posición extremista para no perder el liderazgo entre los campesinos que lo eligieron con sus votos. A extremista, extremista y medio, es el lema de Goyo.
Lo que nuestro presidente regional no midió fue que hay decenas de miles de pobladores de Cajamarca que viven directa o indirectamente de la actividad minera, a quienes no les hizo ninguna gracia que Goyo y asociados los obliguen a caminar por el borde del precipicio gracias a su aventura política. No calculó tampoco que el 60% de la actividad económica de la región se mueve precisamente al ritmo de las operaciones de Yanacocha y que una vez parada la mina, colapsó Cajamarca.
Por más que lo dijo, no creo que fuera su intención paralizar la ciudad por tanto tiempo. Pienso que otra vez calculó mal. En vez de un fin de semana esto ya tiene diez días y va para más. Digo que no lo creo porque después de todo Goyo no es un desquiciado, él es la máxima autoridad y tiene que responder legalmente por las consecuencias de sus acciones. Nadie, es su sano juicio, quiere ser responsable por el desabastecimiento de alimentos que ha desesperado a miles de amas de casa que no tienen como alimentar a sus familias y que no le van a perdonar jamás ese exceso.
De ningún modo le debe haber agradado ser el responsable de las pérdidas económicas de miles de empresarios que no sólo han dejado de ganar sino que han quebrado por su mala decisión. Cómo le va a gustar que al final de este desaguisado los empresarios, comerciantes, lecheros y trabajadores le reclamen por el perjuicio que les ha causado. Como tampoco es posible que Goyo haya querido perjudicar a millares de estudiantes cajamarquinos que están en riesgo de perder el año escolar por la paralización de las clases en los colegios.
Por supuesto, Gregorio Santos no hubiera deseado jamás ser el responsable de la muerte de la señora Rosa Vílchez Lozano, madre del periodista celendino Eli Guerrero Vílchez, quién falleció víctima de las lesiones sufridas en un incidente provocado por los seguidores del presidente regional en esa especie de progroms organizados contra todos aquellos que no dan muestras de adhesión a su “paro pacífico”. Una lamentable desgracia. La noticia fue difundida en la web para pesar de todos los pobladores que de una u otra forma somos víctimas del desatino de nuestra autoridad.
Hoy sábado, la prensa nacional ha dado cuenta de que la Presidencia del Consejo de Ministros ha convocado, una vez más, para mañana domingo, el reinicio del diálogo. Un esfuerzo adicional para alcanzar la paz, luego de que Wilfredo Saavedra le diera un ultimátum al Gobierno Central, otorgándole tres días para declarar inviable el proyecto Conga. De lo contrario, amenazó el dirigente, la protesta se radicalizará a partir del lunes.
Obviamente, las cosas han llegado demasiado lejos y Gregorio Santos tiene que tomar una decisión. Seguir hasta las últimas consecuencias en esa alianza perniciosa con el exemerretista Wilfredo Saavedra y seguir asumiendo toda la responsabilidad por los daños descritos, y todos los que vendrán. O aceptar la mano extendida del Gobierno para buscar coincidencias y tratar de forjar juntos alguna forma de consenso que salve a Cajamarca y al país entero de más desgracias que lamentar.
Goyo necesita un salvavidas. Algo que lo ayude a salir del problema sin perder soga ni cabra. Ojalá que lo encuentre porque él es la única persona con la que aún se puede dialogar. Con Saavedra, ya se sabe, no hay nada de qué hablar.
viernes, diciembre 02, 2011
Las lagunas y los líderes iluminados
¿Por qué después de tantos años –algo de doce- los pobladores de las comunidades vecinas al proyecto Conga se oponen recién a su realización? Las respuestas son varias. Como decía Jack el destripador, vamos por partes.
Las comunidades no se opusieron al proyecto ni a la instalación de oficinas de la empresa en las localidades de Huasmín y Celendín porque comprendieron varias cosas. En principio, que las cuatro lagunas en cuestión –aunque la verdad les duela a algunos- no les hacen ningún favor. Estas se llenan y rebalsan cuando llueve. Pero ese rebalse es innecesario y, a veces, hasta perjudicial. Como decían nuestros abuelos: “bueno es culantro pero no tanto”, y con el agua de lluvia tienen suficiente.
Comprendieron que las lagunas no filtran agua hacia abajo ni hacia los costados. De ser así, hace tiempo se hubieran vaciado. Disminuyen durante la época seca por evaporación y lo poco que se puede sacar en baldes para uso personal. El piso que las contiene es natural y simplemente impermeable. Igual que ciertos cerebros revolucionarios en los que es imposible colar alguna idea de desarrollo. Tienen claro, también, que el agua que corre bajo sus terrenos, por gravedad, no proviene de esas fuentes sino de la napa freática que también sube o baja dependiendo de las precipitaciones pluviales y su abundancia.
Los pobladores saben, además, que esa agua en ningún modo se debe usar para consumo humano y que en los meses de sequía, de mayo a setiembre, más les valdría tener una gigantesca cisterna que las pintorescas lagunas. Ni siquiera les sirvieron para promocionar el turismo vivencial en la zona, porque están en medio de nada y a nadie le importaron hasta que Conga anunció su millonaria inversión.
No se opusieron tampoco porque la empresa les explicó, mediante charlas, reuniones y talleres, exactamente lo que pretendía hacer. A los pobladores le pareció fantástico cambiar las lagunas por reservorios que multiplicaran casi por tres la cantidad de agua que contenían y, sobre todo, que la iban a poder utilizar todo el año, más que nada en esos meses en que no llueve y se secan los pastos y el ganado no da leche, y tampoco se puede sembrar nada ni tener una vida normal. Porque es cierto: el agua es vida, pero cuando hay, y sobre todo cuando la puedes usar.
Además del agua que es lo primordial, los campesinos, probablemente las mujeres más que los hombres, con esa capacidad –a veces mágica- que tienen para llevar la economía del hogar, advirtieron que una mina en la zona sería una bendición en puestos de trabajo, directo e indirecto, y otras oportunidades de desarrollo para la gente del lugar.
¿Por qué entonces existe ahora toda esta oposición al proyecto? Simple. Porque las lagunas nunca fueron el problema de fondo. Todo este conflicto, desatado por Gregorio Santos, Wilfredo Saavedra y las personas de su entorno, tiene un trasfondo político y una lucha por el poder.
Todo este lío ya no es, nunca fue, por las lagunas, Conga o Yanacocha. En el meollo de todo este asunto hay una pugna entre Santos y Saavedra por el liderazgo campesino, sumada a una ideología trasnochada de Patria Roja y sazonada por intereses particulares de cada uno de los actores que han azuzado, no a los campesinos vecinos a las lagunas, sino a los que viven más alejados con el cuento perverso de que el proyecto los va a matar de sed.
Alguien me decía que Gregorio Santos está loco, por usar de rehenes a todos los pobladores de Cajamarca para alcanzar sus fines. Pero no. No es así. Los niños, los borrachos y los locos no tienen culpa porque no saben lo que hacen. No es el caso de Goyo, él sigue sin aceptar la mano extendida del Gobierno y su propuesta de diálogo para enfrentar esta situación. Goyo no es loco, es un político irresponsable.
¿Qué se hace con gente así? En principio, no se puede ignorar a una autoridad que infringe leyes y pone en peligro la salud y la vida de miles de pobladores. Hay que denunciar lo que ha hecho y está haciendo, ante todas las instancias posibles. Luego, no hay que olvidar todo esto, para que no nos vuelva a ocurrir. Estas cosas pasan cuando en vez de elegir en las urnas a políticos serios, votamos con los ojos cerrados por líderes iluminados.
jueves, diciembre 01, 2011
El modelo económico de Goyo
Gregorio Santos y sus radicales han dicho que el proyecto minero Conga “No va”. Es su última palabra. Ni siquiera pestañaron cuando se anunció la paralización de actividades que hizo Yanacocha para proteger a sus trabajadores, la población, y en “aras de que se restablezcan la tranquilidad y la paz social en Cajamarca”.
Los líderes antimineros dijeron que eso no era nada nuevo porque en realidad el proyecto ya lo habían paralizado ellos. Con respecto a la pérdida de seis mil puestos de trabajo y la quiebra de decenas de empresas locales -daños colaterales de su pequeña revolución-, Goyo anunció que se compensarán con soñados proyectos de electrificación y forestación que él tiene en su iluminada cabeza. Qué bueno.
Está claro también, porque así lo han manifestado Don Gregorio y compañía, que tampoco “Va” ninguno de los otros proyectos mineros que ya están bastante maduros e iban a entrar en etapa de construcción en los años inmediatos. Los dirigentes regionales han decidido, por toda la población, que el modelo de desarrollo económico cajamarquino, basado en la actividad minera, finalizará con las operaciones de Yanacocha, Gold Fieds y La Zanja que ya están en producción, y que no habrá una sola mina más en la región.
En buena cuenta, eso significa que tendremos minas para unos siete o diez años más y que con eso es suficiente. Por supuesto los antimineros saben que no es lo mismo diez años en subida que diez años en bajada. Porque la producción minera no va a crecer en ese plazo, al contrario, irá disminuyendo progresivamente, año a año, con la consiguiente desaceleración paulatina de la economía local hasta su total estancamiento. Claro, antes que esto último ocurra él ya habrá puesto en marcha su propio modelo económico.
¿Cuál es ese modelo? Por sus declaraciones y de acuerdo a sus más fervientes seguidores en las redes sociales, la explicación es simple: Gregorio Santos, imitando la propuesta del iluminado líder cocalero boliviano Evo Morales, se propone restaurar en la región: “La cultura de la vida”. Revivir los años dorados del maravilloso mundo de los incas donde todos vivían de la agricultura y la crianza de ganado. Y donde las mejores vacaciones del mundo conocido en ese entonces se gozaban en las placenteras aguas termales de Pulltumarka. Qué mejor lugar para ese feliz renacimiento que aquí, en Cajamarca, donde históricamente se marcó el final del anhelado imperio.
¿Qué los Bancos se van a ir de Cajamarca? A quién le importa. Si aquí no necesitaremos dinero. Volveremos al trueque, esa forma justa de hacer transacciones comerciales. El mundo está como está, de cabeza, justamente por el amor desmedido a las monedas y los billetes. Cajamarca no será así. Los que producen papas las cambiarán por ajos o por lentejas. Diez cuyes valdrán lo mismo que un lechoncito y así, por el estilo, tendremos un pujante mercado local que desplazará a esos símbolos del mercantilismo, como El Quinde, que ha emponzoñado con el veneno del consumismo a la juventud local.
¿Qué se cerrarán los negocios, no habrá trabajo para los taxistas ni obras para la gente de construcción civil? ¿Qué los únicos que tendrán un puesto serán los empleados públicos? ¿Qué los profesionales tendrán que emigrar? Patrañas. Esas son calumnias de los mineros para engañar al pueblo. El modelo económico de Goyo, que entusiastamente quieren copiar otras regiones del país, reemplazará fácilmente todo eso. Total los que trabajan en la mina son unos cuantos miles, en cambio, la agricultura, la ganadería y el turismo darán trabajo a todos ellos y a cientos de miles de familias más. No hay por qué preocuparse.
Lo que no está claro y valdría la pena preguntarle a Goyo, así como se lo preguntaron a Evo, es si nuestro presidente regional también pretende retomar los sacrificios humanos para congraciarse con los dioses y pedirles que llueva durante esos meses del año en que, desde tiempos inmemoriales, no cae una gota de agua Cajamarca. Cuando no hayan minas Goyo y sus radicales no tendrán a quién echar culpas por la falta de agua. ¿Goyo estará en Cajamarca para esas épocas? Por supuesto. El será el Inca y todos los demás, los que se queden en este paraíso, serán sus orgullosos súbditos.
Lejos de dialogar y de buscar consensos que permitan a Cajamarca y al país entero seguir adelante con un desarrollo inclusivo, que garantice, con los controles más extremos, el ejercicio responsable de la actividad minera formal en beneficio de todo el pueblo peruano, los extremistas siguen negándose a conversar. Esa posición radical, dijo con razón, el presidente de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental, Jorge Caillaux, perjudica el desarrollo de Cajamarca y es “una forma perversa de hacer política”, ya que no contempla la posibilidad de conciliar posturas.
Más bien Goyo y los radiales antimineros se mantienen en sus cuatro para imponer a Cajamarca su visión particular de progreso. Esa es su prerrogativa. A ellos los eligió el pueblo para dirigir su destino, aunque con ello se lleven por delante el Estado de Derecho, al país entero, y el sentido común. ¡Viva el modelo económico de Goyo!
martes, noviembre 29, 2011
El gran perdedor
En el último artículo de Alberto Benegas Lynch, presidente de la sección de ciencias económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Argentina, publicado la semana pasada en El Diario de América, éste hace referencia a lo que Leonard Read, creador de la Fundación para la Educación Económica en EE.UU., llamó el “Síndrome del filósofo rey”.
De acuerdo con Benegas, todos los gobernantes lo sufren. “Se la creen, la alfombra colorada los marea y el poder los empequeñece mentalmente . Además tienden a considerarse indispensables e irremplazables”. “Hasta el modo en que hablan y los gestos que hacen los gobernantes revelan una embarazosa, arrogante y, por cierto, nada socrática presunción del conocimiento que naturalmente los conduce a reiterados y sonoros fracasos”, añadió el académico.
¿Es esto lo que le pasó a Goyo? ¿Lo encegueció el poder? ¿Su presunción de ser un político hábil lo condujo a un sonoro fracaso? Probablemente, sí. El presidente regional de Cajamarca, Gregorio Santos, quiso dar un golpe de muñeca a los grupos extremistas que intentaban desestabilizar su gobierno y, a la vez, poner en jaque al presidente Ollanta Humala oponiéndose a la actividad minera en la región y en todo el Perú. Lo hizo gritando más fuerte que el Frente de Defensa y enardeciendo a las masas para enfrentar al proyecto Conga, símbolo del futuro económico del país.
Si los extremistas protestaban, él organizaba un mitin en la Plaza de Armas. Si los antimineros promovían una marcha, él convocaba al paro provincial. Cuando la población le pedía mesura, se precipitó a organizar un paro indefinido –si puede llamarse “organizar” al descalabro que Cajamarca está viviendo. ¿Lideró realmente Goyo todas estas acciones o sólo fue el tonto útil de sus enemigos políticos y los anti-todo? Todo indica que “el gran político” fue utilizado.
Santos creyó que podía condicionar a Humala. Perdió contacto con la realidad nacional. No vio más allá del Gavilán y pretendió darle un ultimátum: si quería dialogar que Ollanta venga a Cajamarca. No le salió la jugada. El Presidente no vino a conversar con él y sus compañeros de aventura, los extremistas y los ronderos, le han dado la espalda. No le hacen ningún caso. Se le escapó el diablo de la botella.
El paro se le fue de las manos. La violencia que vive la ciudad y la población vecina a Conga, el desabastecimiento de alimentos, la falta a clases de los estudiantes, las pérdidas económicas millonarias de miles de empresarios y de campesinos, son ahora responsabilidad suya. Goyo era la autoridad y se convirtió en el más extremista de los extremistas. Ahora no le queda más que hacer el tonto y decir que él sólo acompaña al pueblo en sus decisiones soberanas.
¿Entonces, todo lo que está pasando es culpa de Goyo? ¿De quienes lo eligieron? ¿De los extremistas? No. En realidad lo que sucede es culpa de todos los peruanos quienes desde hace muchos años renunciamos a nuestros derechos y a cumplir con nuestros deberes cívicos. Utilizamos lo de la Responsabilidad Social Empresarial, para hacernos los idiotas y no volver a hablar de nuestra Responsabilidad Social Ciudadana. Permitimos el desmoronamiento de las instituciones en vez de fortalecerlas para que los gobernantes, como Goyo, “hagan el menor daño posible”.
Alberto Benegas Lynch lo dice bien en su artículo. Si las instituciones, debidamente fortalecidas, cumplieran con su rol y pusieran límites que enangosten la capacidad de maniobra del demonio, podríamos adoptar la sugerencia de Montesquieu en cuanto a elegir a nuestros gobernantes por sorteo, al efecto de subrayar la insignificancia de quien gobierna y resaltar la importancia y el desempeño de las instituciones.
¿Cómo cambiar esta situación a la que han llegado nuestros países subdesarrollados? Benegas recomienda que cada uno de nosotros nos miremos por dentro que es donde radica la solución y no esperemos que nos resuelvan los problemas desde afuera en busca de una amarra exterior…y menos que menos a cargo de “un líder” o de un energúmeno que la juega de “filósofo rey”.
¿Qué sucederá ahora en Cajamarca? Nadie lo sabe. Seguimos esperando que Goyo reaccione y responda a la altura de su cargo. En tanto, la situación está fuera de control. Esta mañana los comuneros han atacado las instalaciones del proyecto Conga. Los extremistas siguen buscando el enfrentamiento con sangre entre los campesinos y la policía, mientras avivan el caos en la ciudad. Por otro lado, ya se anunciaron movimientos de la CGTP en Lima, movilizaciones de apoyo en otras zonas del norte del país y la reanudación del paro anitiminero en Andahuaylas.
Por su parte, el Gobierno Central sigue pidiendo diálogo, pero la única respuesta que recibe hasta ahora es: “No hay nada de qué hablar”. Y ya se sabe, en nuestro país, cuando no hay conversa, nos agarramos a golpes. ¿El gran perdedor? Por supuesto, nosotros. El dichoso pueblo.
domingo, noviembre 27, 2011
Gregorio Santos y el futuro del país
A los ronderos y otros grupos radicales les tiene sin cuidado la posibilidad de que el lunes arribe a la ciudad una comitiva del Ejecutivo para dialogar. No los conmovió en absoluto el llamado a un entendimiento pacífico por parte del cardenal Juan Luis Cipriani ni del ex presidente de la Conferencia Episcopal Peruana monseñor Luis Bambarén. No tienen intenciones de conversar. Es más, Alfonso Valderrama, coordinador de la Unión de Frentes Regionales del Perú, anunció una movilización de las regiones del norte y oriente del país para el miércoles.
La consigna, que se repite como un mantra es: “Conga no va”. Aunque ello signifique la pérdida de una inversión millonaria, miles de puestos de trabajo en la zona del proyecto y en la ciudad, el desarrollo de los pueblos involucrados y del país entero. Goyo tiene razón cuando dice que la protesta “va más allá de Conga”. Efectivamente, se detendrán cientos de inversiones mineras y los negocios colaterales que las acompañan, así como los miles de puestos de trabajo directo e indirecto que ellas generan.
El Perú dejará de ser un país atractivo para la inversión nacional y extranjera. Probablemente, Estados Unidos –aunque eso no les quite el sueño a los manifestantes- cancele su intención de incluirnos, junto a Australia, Nueva Zelanda, Singapur y Chile, en la ampliación de la Asociación de Países del Trans-Pacífico, con miras a convertirse en el bloque comercial más grande del mundo. A nadie le gustan los socios quebrados. Quizá seamos reemplazados por Corea del Sur, Canadá o México, países que ya han manifestado su interés de formar parte de dicha Asociación.
Mientras las piezas del ajedrez de la economía mundial continúan en movimiento, los peruanos nos mantenemos estáticos. Cientos de comuneros permanecen en los alrededores del proyecto Conga en actitud desafiante contra la policía que resguarda el lugar. En la ciudad de Cajamarca, aunque algunos negocios atienden con recelo, los pobladores se mantienen en sus casas para no arriesgarse a ser agredidos por piquetes de manifestantes con la consigna de causar temor. El transporte público está paralizado y los particulares evitan usar sus vehículos en prevención de que les rompan un vidrio. No obstante, lo que verdaderamente importa es que del final de esta historia depende el futuro del país.
Por su parte, el vicepresidente de Operaciones de Newmont Sudamérica, Carlos Santa Cruz, ha insistido en que al igual que los pobladores de Cajamarca y las autoridades locales y nacionales, la empresa minera coincide con la visión de que el proyecto debe ser responsable. Primero, en generar más agua para las comunidades donde se va a desarrollar, y luego, en integrarse a los planes de desarrollo de todos sus vecinos. “En Yanacocha estamos convencidos de que una minería moderna y responsable debe generar más agua para las comunidades, pues así combatimos efectivamente la pobreza del campo. En este sentido, el Proyecto Conga será un buen ejemplo y marcará la pauta para otros proyectos que puedan venir en el futuro”, dijo el alto funcionario minero.
Efectivamente, no se trata de ponerse de un lado o del otro. Ni de que un grupo pierda para que el otro gane. Esto no es un enfrentamiento entre peruanos. Aunque hay algunos malos liderazgos que lo están planteando de esa manera. Se trata más bien de buscar consensos y de que todos los actores de la sociedad, por la vía del diálogo alturado y la intervención de los expertos, se convenzan de lo que es mejor para el futuro de la región y el país. Es bueno recordar que el tema del medio ambiente, el trasvase de las lagunas y la construcción de presas, no son asuntos románticos sino científicos que se pueden comprobar.
Ojalá que el problema de Conga se resuelva por la vía del diálogo. Es imperativo que todas las personas entiendan que la empresa minera, el Estado, los trabajadores mineros y toda la población cajamarquina queremos exactamente lo mismo: Que haya más agua y de la mejor calidad durante todo el año. Que la operación minera no genere contaminación alguna. Que se creen más puestos de trabajo para más cajamarquinos y más peruanos, que se generen impuestos para que los gobiernos locales y el regional mejoren los servicios de salud, educación y seguridad pública, y ejecuten los proyectos de desarrollo que traerán bienestar a las comunidades. Y que la riqueza generada por la mina sirva también para impulsar otras actividades económicas en la región.
Tener decenas de miles de desocupados es una tragedia para cualquier territorio en cualquier país, sobre todo, para uno como el nuestro que desde hace varios años tiene una economía pujante, con crecientes niveles de desarrollo y bienestar que han sido la envidia de todo el Perú. El desastre económico, y también el político, nos puede sobrevenir debido a la obstinación imprudente de algunos líderes y autoridades locales al negarse a buscar una solución seria y concertada a un problema que es finalmente técnico y factible de ser analizado; y que nos involucra a todos.
Sir Isaiah Berlin, el gran politólogo, decía que el mérito de los hombres de Estado es acertar a comprender qué combinación de elementos han conducido a tal o cual situación particular. Comprender las características y la combinación específica de factores económicos, políticos y personales que provocan los movimientos sociales. El político exitoso –decía Berlin- parece tener antenas que le permiten percibir los contornos y la textura específica de una situación política o social.
Todo Cajamarca y el Perú esperan que el político Gregorio Santos esté a la altura de las circunstancias y del conflicto que le ha tocado liderar. Que todos resultemos ganadores, será su tarea más importante y la más trascendente.