miércoles, 1 de junio de 2016
Muchachos: "Rómpanse una pierna"
domingo, 13 de diciembre de 2015
"Simplemente Edy"
Más cerca aún, entre nosotros, tenemos el culebrón de Cajamarca. La historia fue urdida por un grupo de políticos extremistas, además de uno que otro ex terrorista, todos reciclados en defensores del medio ambiente. Tiene varios años en la TV y en la prensa local. Su éxito rebasó la frontera del Gavilán y se replicó con igual pasión y casi el mismo resultado en otras regiones del Perú. Trata de una empresa minera que, cumpliendo con todas las leyes del país, se apresta a trabajar y generar trabajo y riqueza para sí misma y la región. Los paladines del medio ambiente entonces, aplicando técnicas de terror, engañan a la población con el cuento de que la mina los dejará sin agua. Luego de su sacrificada lucha “ambiental” todos terminan recompensados por “el pueblo” convertidos en alcaldes, congresistas y candidatos a la presidencia de la nación.
Aunque las novelas no duran para siempre, sí es posible darle largas al cuento, sólo hace falta algo de imaginación. Luego de pasar veinte años en la sacrificada vida de ficción de Simplemente María, cuando la sintonía entre las amas de casas peruanas era total, Antonio, el hijo que tuvo con Roberto, seduce y embaraza a su prima Ita, hija de su tía por el lado paterno y la historia vuelve a repetirse: ambas madres se oponen a que sus hijos se casen. El culebrón se extendió varios meses más.
Los defensores del medio ambiente de Hualgayoc - Bambamarca acaban de hacer lo mismo. La novela regional llegaba a su fin con la suspensión del proyecto Conga, pero ellos encontraron la forma de alargar el culebrón: invadieron para “inspeccionar” la propiedad de la empresa Yanacocha y, de acuerdo a su eminentísimo criterio, llegaron a la conveniente conclusión de que unas obras de protección ambiental eran en realidad trabajos para desaguar una laguna y poner en operación el mega proyecto minero. ¿Se puede hacer eso alegremente? No. Pero todo vale para esta gente.
¿Por qué lo hace? Simple. Es el viejo truco que consiste en señalar faltas en el otro para que nadie se fije en las tuyas. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, la emprendió contra las novelas de su país responsabilizándolas por “incitar a la violencia y el odio en la sociedad”. Antes lo hizo con el hombre Araña y Superman. El presidente twitero que habla con pajaritos, dio órdenes a su ministra de comunicaciones para que revise toda la programación de la TV nacional. Fue en realidad una melodramática cortina de humo para distraer de la atención pública su incapacidad para controlar la ola de violencia en la que vive su país.
En el caso de Edy, éste pretende distraer a su pueblo de las denuncias públicas por su “incapacidad” y el “pésimo gobierno que viene desarrollando en la provincia minera de Hualgayoc”. “Hasta ahora el alcalde no ha tomado ninguna medida sobre el consumo de agua potable con residuos fecales, que la población viene tomando y envenenando a niños por lo que lo vamos a denunciar penalmente”, manifiestan entre otros cuestionamientos los sufridos vecinos de su distrito. Al pobre Edy no le queda otra que armar jaleo. Eso lo hace bien.
¿Hay alguna forma de detener este nuevo ataque contra el suspendido proyecto Conga y la credibilidad de los cajamarquinos? Parece que no. El estado de derecho existe a medias en nuestro país. Los “defensores” del medio ambiente volverán a tomar por asalto la propiedad privada para causar desmanes. La compañía minera lo sabe y cumplirá –como debe hacerse- con solicitar la intervención de la Policía Nacional y la Fiscalía correspondiente. Para lo que pueda servir.
Es una pena que todo un pueblo tenga que vivir y sufrir los desvaríos de unos cuantos políticos irresponsables. Lo bueno es que todos se van dando cuenta de que la base en la que se afirma el movimiento antiminero en Cajamarca está compuesta de eso: ficciones y mentiras. Un culebrón de novela.
miércoles, 25 de noviembre de 2015
¿Después, qué vendo?
lunes, 23 de noviembre de 2015
Lo malo de las minas
No se acaban de un día para otro. Los recursos disminuyen gradualmente y poco a poco se van cerrando frentes de trabajo. Las operaciones, requerimientos de bienes y servicios, contratación de personal y contratos de obra, se van reduciendo en el tiempo hasta su eventual cierre definitivo. Es natural.
Esto que es sencillo de comprender para la mayoría de los mortales le sabe a chino, en cambio, a algunas personas que no lo quieren entender porque simplemente no conviene a sus intereses. Los sicólogos le llaman: “La negación”. Es un mecanismo de defensa que consiste en enfrentarse a los problemas negando su existencia. Los individuos se niegan a reconocer la realidad.
Le pasa, por ejemplo, a la empresa Inversiones WG Quishuar S.A. Sus noventa socios no entienden porqué Minera Yanacocha no les “da” un contrato como el que tuvo en años pasados cuando se llamaba Quishuar Múltiples Servicios Generales S.A., y facturaron a la compañía minera la bonita suma de cuatro millones de dólares.
Los empresarios como ellos no aceptan la realidad y no quieren reconocer que la producción de Yanacocha disminuyó a menos de la tercera parte en pocos años y que, por lo tanto, sus servicios como los de otras decenas de empresas contratistas de aquí y de allá simplemente ya no son necesarios.
Prefieren creer que Yanacocha no les “da” un contrato porque no le da la gana de dárselos, y que para conseguirlo hay que doblarle el brazo invadiendo su propiedad y paralizando sus operaciones. Así, a la mala, le arrancarán el contrato que no reciben por las buenas. Ente octubre y noviembre los “emprendedores” invadieron las operaciones de Yanacocha en cuatro oportunidades. No parece una buena carta de recomendación.
No obstante, los líderes que mueven a estos pobladores no son tontos. Ellos saben bien que su exigencia es un despropósito y entonces la disfrazan de “conflicto social”. “Yanacocha –dicen- no brinda oportunidades a las empresas de la zona”. Olvidan convenientemente los cuatro millones de dólares que facturaron ellos mismos y los contratos por cinco millones de dólares que otras empresas de Quishuar también tuvieron, y que actualmente trabajan en la mina. Eso también se acabará en algún momento.
¿Qué puede hacer Minera Yanacocha al respecto? Nada que no sea quitarle a Pedro para darle a Juan, pero eso no soluciona el problema, más bien lo agrava.
La realidad es terca. Las minas se acaban y ésta se está acabando. La compañía está haciendo grandes esfuerzos en reducción de costos para seguir siendo rentable e invirtiendo en tecnologías que le permitan poner en valor algunas reservas, con miras al desarrollo futuro de otros proyectos. Mientras tanto viene haciendo los ajustes necesarios a su nueva dimensión: su personal de planilla, por ejemplo, se reduce desde hace dos años, y ya va llegando a la mitad de lo que era en su mejor momento.
No menos dramática ha sido la disminución de paquetes de contratos que, se estima, para el 2016 será mucho menor a lo contratado en 2015, que ya era poco en comparación con otros años.
¿Qué pueden hacer las empresas contratistas? Fácil. Las competitivas deberán buscar frentes de trabajo en otros lares o cambiar su giro de negocio. Según la candidata presidencial Vero Mendoza la economía de Cajamarca puede reactivarse con actividades agrícolas y ganaderas. Que bueno. Allí tienen una oportunidad. Las que no son competitivas tendrán que disolverse. No se puede hacer –decía un buen amigo- arroz con pato, sin pato.
Lo lamentable de esta historia es que estamos siendo testigos de un destino cambiado. En vez de presenciar el crecimiento incesante y furioso de nuestras empresas, y gozar de los beneficios de un fortalecido tejido empresarial, gracias al desarrollo de nuestra actividad minera; en Cajamarca estamos asistiendo pasivamente al declive absurdo y criminal de su aparato productivo.
¿Cambiarán las cosas en el corto plazo? No lo creo. Nada indica que nuestros líderes políticos vayan a entrar en razón, mucho menos en una etapa electoral como la que estamos viviendo. En estas épocas, decía un analista, “El optimismo, generalmente, es la antesala de la desilusión”.
lunes, 5 de mayo de 2014
Salvemos el futuro
Se busca un culpable. Alguien que cargue con el muerto. Convertirse en la región más pobre del Perú es un mérito malo que necesita un responsable. Algunos señalan a Goyo, dicen que la falta de inversión y empleo causantes de la pobreza son consecuencia del clima de violencia propiciado por su oposición al proyecto minero Conga.
Añaden que las acciones de Santos han hecho que Cajamarca sea percibida como una región hostil para cualquier proyecto, lo cual, unido a su ineficiente capacidad de gasto, ha acentuado la pobreza en la región. Gregorio Santos -aseguran- tiene que responder porque es el responsable político de esta situación.
¿Es el presidente regional el culpable de la crisis que se vive en el Cumbe? Puede ser. En todo caso no es el único. La minería cajamarquina fue -como dice la canción- un asunto mal manejado por tres. Un político, un cura y un terrorista se jugaron al cubilete, por poder y por dinero, el futuro de la región. Me parece, es más, que la responsabilidad recae en toda la sociedad: unos por hacer y otros por dejar hacer.
De acuerdo a las cifras del año 2013 recientemente publicadas por el Instituto Nacional de Estadística e Informática - INEI, la situación de pobreza en que se halla el 52.2% de nuestra población nos convierte en la región más pobre del Perú.
Somos una de las ocho regiones, de las 24 en que está dividido nuestro país, que durante el año pasado incrementó su porcentaje de pobreza en vez de reducirlo, como sí hicieron las otras 16. Un hecho excepcional si consideramos que hace poco tiempo éramos la región que más crecía y la más expectante debido a los grandes proyectos mineros que pronto entrarían en operación.
No obstante, no hay de qué sorprenderse. Era previsible. Cajamarca no es diferente a otros lugares del planeta. Cuando se detiene la inversión y se paraliza el motor dinamizador del mercado, el único resultado posible es la pobreza. Aquí y en la China.
Así de terca es la naturaleza: cuando siembras perales cosechas peras.
Era verdad lo que negaban irresponsablemente los anti mineros en todos los idiomas: el crecimiento y el desarrollo de Cajamarca dependían básicamente de su actividad minera, especialmente de Yanacocha. Los años de crecimiento y bonanza de la ciudad anduvieron de la mano con la operación de esa empresa.
La cuesta abajo empezó con los anuncios de la compañía acerca de la reducción de su producción primero, y de la imposibilidad de extender sus operaciones a zonas nuevas después. “Están mintiendo, nos quieren asustar”, decían los ecologistas falsos cuando los economistas advertían las consecuencias irreparables de esa situación.
Las mentiras sobre el mal uso del agua y la contaminación, y el activismo perverso de los enemigos del desarrollo funcionaron. La ignorancia de muchos y la indiferencia y el aprovechamiento de unos cuantos definió el resultado. Cerraron muchas empresas de distintos giros en Cajamarca y se perdieron miles de puestos de trabajo. La Cámara de Comercio local calculó en 80 mil la disminución de colocaciones.
Los artífices de la debacle son incorregibles. Ahora dicen en los medios que la pobreza de Cajamarca no la originaron ellos sino que “es culpa de la mina”. Se superan cada día: ya no temen el ridículo.
¿Qué se hará al respecto? ¿Qué acciones tomará esa porción de la población para quienes la oportunidad de un futuro mejor depende de la inversión en la región? Eso aún está por verse. Por lo pronto, es positivo que se sepa con certeza quienes son los que han hecho de la política local un quehacer inmundo sembrando mentiras, dudas y temor a la falta de agua, y el fantasma de la contaminación: la sociedad podrá castigarlos en las urnas de los próximos comicios. Todos terminaron siendo candidatos.
Esperemos que en las próximas elecciones, a los cajamarquinos, si no los une la razón -como decía Borges- los una el espanto. El miedo a que quienes están en el poder en este momento terminen por destruir el futuro de las próximas generaciones, como hicieron con esta, que ya no tiene remedio.
martes, 26 de noviembre de 2013
La mina mala y el chivo emisario
El escándalo empezó la semana pasada con una denuncia anónima. El confidente, quien dijo ser uno de los siete mil trabajadores de la mina Yanacocha, supuestamente agobiado por el peso de su mala conciencia, llamó por teléfono al programa radial del periodista Jorge Pereyra y, al aire, sin mayores detalles, denunció que la empresa minera había vertido agua contaminada al río.
- Aló, señor Pereyra, le habla un trabajador de Yanacocha. Nosotros nunca nos hemos visto, ni hemos acordado esta llamada. No le puedo dar mi nombre, mi número de DNI, ni mi celular. Le llamo de un teléfono público para que nadie me identifique, y para contarle que mi empresa ha soltado agua contaminada en el río.
Inmediatamente, el programa empezó a recibir llamadas telefónicas de otros honrados ciudadanos quienes incitaban a una movilización pública para exigir explicaciones a Yanacocha y a las autoridades por el grave atentado ecológico que develó el honorable denunciante anónimo. Una mujer deslizó la idea de que esa era la verdadera causa del cierre de abastecimiento de agua potable a la ciudad y no, como había explicado Sedacaj en un pronunciamiento público: que el corte se debía a la rotura accidental de una tubería matriz.
El delator incógnito, obviamente desconocía que para verter al río agua “sin tratar” la empresa minera tendría primero que anular el funcionamiento de una Planta millonaria destinada a esa labor, apagar las computadoras y las alarmas más sofisticadas del mercado, desarmar un complicado sistema de filtros, anular decenas de controles, y, finalmente, taparle los ojos a cientos de ingenieros, técnicos especializados y personal propio, y de empresas contratistas, vinculado a ese proceso.
Por otro lado, para cubrir su falta, la empresa también tendría que alterar decenas de puntos de monitoreo instalados en la cuenca que son administrados por los pobladores usuarios de los canales de riego que toman periódicamente muestras de agua y las envían a analizar a laboratorios especializados.
No obstante, ninguna de estas consideraciones evitó que un par de políticos irresponsables y activistas anti mineros culparan a Yanacocha de un delito inexistente. Intentaron paralizar la ciudad como hicieron hace algunos años cuando echaron unas gotas de mercurio a un balde de agua, y con el cuento de que salió por el caño de una vivienda se lanzaron a las calles con palos en la mano causando alarma y pánico en la población. Esta vez no les resultó.
La semana pasada también, los auto proclamados defensores del medio ambiente tenían programada una charla “científica” en el auditorio del pedagógico Victorino Elorz Goicochea. Las exposiciones magistrales –decían- iban a demostrar, definitivamente, que el proyecto Conga era inviable. Sin embargo, al llegar al local para desarrollar su evento, se encontraron con las puertas cerradas y ninguna persona que les diera una explicación. Tuvieron que posponer la charla y buscarse otro escenario.
Las denuncias no se hicieron esperar. Inmediatamente, sin ninguna prueba, culparon del contratiempo a Yanacocha porque, a su criterio, esa era la estrategia de la empresa para callarlos. El argumento, por supuesto, es necio. Sería como tumbar muros para que no se pinten grafitis. Por lo demás, ese comportamiento es normal. No nos sorprenda que en las próximas semanas aparezcan denuncias de supuestas afectaciones a la planta de tratamiento El Milagro, irregularidades en la construcción del laboratorio de análisis de agua, y otros intentos por mantener el conflicto social latente con miras a las elecciones del próximo año.
¿Por qué se aprovecha cualquier problema para culpar impunemente a Yanacocha? La respuesta es sencilla. Desde antiguo, se ha tendido a culpar por los males que sufre una región a una determinada persona o institución. Se busca castigar al presunto culpable para ocultar y librar de las sanciones a los verdaderos responsables, o para distraer al pueblo y evitar que se dé cuenta de que los acusadores están haciendo de las suyas.
A este modo de actuar, que viene de muy lejos, se le llama “el mito del chivo emisario” descrito en la Torá. En los tiempos bíblicos, se cargaba a un chivo o cordero con el registro de los pecados de la tribu y, así abrumado con su carga, se lo enviaba a perderse en el desierto. Gracias a esta función redentora la sociedad quedaba limpia, lista para volver a empezar. Hoy es una suerte de asesinato colectivo de una institución, de una persona, o de su imagen, para liberar a otros de la responsabilidad que, de otra manera, recaería sobre ellos.
Es de suponer, a estas alturas, que la sociedad cajamarquina ya sabe bien quién es el “chivo emisario” de todas estas malas historias y quiénes son los sinvergüenzas que están haciendo de las suyas contando el cuento de la contaminación ambiental y la mina mala. Como debe imaginar, también, el futuro que nos espera si esa gente llega o se mantiene en el gobierno de la región y el sillón municipal.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
El accidente de Sedacaj
Los enemigos del desarrollo volvieron a rasgarse las vestiduras. “Otra vez los mineros nos van a dejar sin agua”, alertaba por la radio un conocido profesor de barba descuidada y voz aguardentosa. El mal educador llamaba a la “unidad popular” incitando a una revuelta contra las autoridades “arrodilladas a Yanacocha”, porque Sedacaj cortó el abastecimiento y no hubo agua potable en Cajamarca durante tres días, el fin de semana pasado.
Otros dirigentes advertían, en el mismo medio, que “ésta falta de agua (ocasionada por la mina) es un ejemplo para las futuras generaciones”. Por su lado, una pobladora, debidamente aleccionada, aseguraba que la ciudad se quedó sin agua potable “por culpa de Yanacocha”. La acusación más perversa la deslizó otra mujer: “el corte de agua bien pudo deberse a un derramamiento de residuos tóxicos”.
¿Qué pasó en realidad para que la empresa proveedora de agua potable cortara el suministro? Simple. La respuesta la dio a la prensa local el jefe de Imagen Institucional de Sedacaj, Otto Quevedo. El jueves pasado por la tarde -dijo-, a la altura del km. 2.7 de la carretera a Bambamarca, una máquina que trabaja en el tendido de la nueva red para abastecer con más agua potable a la ciudad "fracturó" por accidente una tubería de 17 pulgadas de diámetro, dejando sin servicio al 70% de los usuarios.
Inmediatamente -continuó Quevedo- se formaron cuadrillas de mantenimiento con trabajadores especializados. La reparación culminó el viernes, sin embargo, volvieron a tener problemas el sábado. Solucionado el problema definitivamente, el domingo se repuso el servicio a la población, refirió el funcionario. Durante la emergencia, añadió, Sedacaj dispuso de “siete cisternas para distribuir agua en las zonas periféricas de la ciudad”. Quevedo pidió disculpas a la población afectada, y señaló que la labor de Sedacaj es estrictamente técnica y social.
Con respecto a la turbidez con la que llega el agua a las viviendas en estos días, dijo que se debe al sarro de las tuberías, y recomendó “dejar momentáneamente correr el agua” antes de usarla. Explicó que esto es normal y ocurre “cuando hay movimiento de tuberías de grandes volúmenes”. Recalcó que “eso no se debe a contaminantes”. Finalmente -aunque pecando de inocente- el jefe de imagen exhortó a los candidatos diciendo que: “No se debe sacar provecho político de este problema”.
¿Minera Yanacocha tuvo alguna responsabilidad en este hecho, como aseguran los paladines del agua potable? Sí. Probablemente sea cierto. Me explico.
El cambio de tubería que realiza Sedacaj es para reemplazar una más angosta, menos apropiada y a punto de colapsar por antigüedad. Con ello se trasladará más agua a la ciudad beneficiando a miles de pobladores que no contaban con servicio adecuado o simplemente no tenían ninguno. Esto se está haciendo gracias a una donación de cerca de veintisiete millones de soles que la empresa minera entregó a la cuidad para financiar siete proyectos de agua que favorecerán a alrededor de 180 mil pobladores.
Quizá si los “sinvergüenzas” mineros -como denuncian los enemigos del desarrollo- no estuvieran financiando las obras, estas no se estarían haciendo y, en consecuencia, no hubiera ocurrido ningún accidente, ni se hubiera cortado el agua potable durante tres días.
No obstante, la población cajamarquina, las autoridades serias y la empresa minera, han enfrentado con madurez este nuevo intento de los activistas anti mineros por prenderle fuego a la ciudad con uno de sus acostumbrados escándalos mentirosos: no les han hecho el menor caso. Quienes están aprovechando la situación, en cambio, y quizá sean parte de la estrategia de alarmar a la población, promover el disturbio y ganar figuración, son algunos candidatos al sillón municipal de Cajamarca y alrededores.
Lo bueno es que estos últimos se están apresurando a mostrarse tal como son. No parece probable que Cajamarca vuelva a elegir a esos incompetentes que hacen política provocando escándalos y asustando a la población. Luego se molestan cuando, con razón, la opinión pública los llama: terroristas.