Una conocida fábula de Esopo: La cigarra y la hormiga, estuvo de moda en la web durante todo este mes. Mientras algunos la usaron para explicar el descalabro del euro originado por algunos países europeos poco previsores y con una descomunal deuda pública, en desmedro de sus socios esforzados y ahorradores, otros la emplearon para censurar el comportamiento relajado que caracteriza a algunos peruanos y lo paradójico que puede resultar el éxito en nuestro país.
Según la historia original, una cigarra se pasó el verano cantando. Al llegar el invierno se encontró desprovista de alimento y acudió a pedirlo prestado a su vecina la laboriosa hormiga. Esta última, inocente y generosa, se compadeció de la cigarra y le regaló algunos granos de arroz, no sin antes advertirle que debía ser previsora y que “vale más prevenir que lamentar”.
Otra versión más acorde con nuestros tiempos y crudamente realista cambió el final del cuento. La hormiga, sabiendo que su generosidad no cambiaría en absoluto el comportamiento de la cigarra y que por el contrario, su desprendimiento sólo la obligaría moralmente a mantener a la irresponsable durante toda su vida, le negó el alimento condenando al divertido bicho a una muerte segura. La moraleja, en este caso, es que “el trabajo incesante de la hormiga se ve recompensado con la supervivencia y la despreocupación de la cigarra se paga con la vida”.
El aspecto que no menciona la fábula, en ninguna de las dos versiones, es el terrible daño a terceros que causan las cigarras imprevisoras del mundo de la fantasía y en la realidad cuando no realizan a conciencia su trabajo. Por ejemplo, el caso de la Empresa Prestadora de Servicios de Saneamiento S.A. – Cajamarca, Sedacaj.
Efectivamente, una noticia muy poco difundida hace dos semanas, fue la declaración del regidor Hernán Bueno Cabrera acerca del reciente informe de los nuevos funcionarios de la empresa proveedora de agua. De acuerdo a la autoridad edil, la actual administración debe afrontar temas legales, heredados de gestiones anteriores, por varios millones de soles y lo que tiene en caja no le alcanza para realizar las obras más urgentes.
“Los anteriores funcionarios decían que la empresa estaba muy bien, pero ahora se ha informado que tienen problemas en cuanto a dinero que necesitan para invertir en obras que mejoren el servicio. Actualmente tienen aproximadamente siete millones de soles, pero necesitan más dinero, además la empresa tiene problemas con laudos arbitrales por varios millones de soles”, señaló el Concejal.
La revelación más grave, que todos conocían de alguna forma pero nadie tenía la valentía de publicar, fue: “... la falta de servicios para la población no es por falta de agua, porque en las fuentes de captación sí hay agua, lo que pasa es que las captaciones desde las fuentes hasta las plantas –El Milagro y Ronquillo- no son suficientes”. Alguien, alguna cigarra, no hizo su trabajo en la debida oportunidad y la población no puede ser abastecida adecuadamente hoy porque la capacidad para recibir el líquido necesario y servir a toda la población es insuficiente.
En resumen, el paciente se muere de sed no porque falte agua sino porque no hay cómo dársela. Además del perjuicio que se ha causado, y se sigue causando a la población, durante tanto tiempo porque no se previó en su oportunidad la ampliación de las líneas de conducción de agua hacía las plantas de tratamiento, los responsables de esa situación permitieron con su desidia que los enemigos de la minería y el desarrollo culparan injustamente de la falta de agua a la empresa minera Yanacocha.
“En Cajamarca no hay agua porque la mina se la toma toda”, decían los anti mineros a pesar de que sabían a conciencia que estaban mintiendo. Lo bueno de todo esto es que una vez sincerado el problema sólo se trata de hallar la solución adecuada para resolverlo. Lo mismo sucederá en el caso del proyecto Conga. La solución quedará a la vista una vez que se develen, como se está haciendo, una a una, todas las motivaciones políticas que han tenido y tienen aún los impulsores del conflicto.
El problema que causan las cigarras insensatas en el mundo real es el mismo que ocasionan los choferes borrachos y que aparecen en las crónicas sangrientas de nuestros noticieros de madrugada: Cuando se accidentan, en vez de matarse solos, que a fin de cuentas es su elección personal, lo hacen llevándose por delante a otras personas inocentes que nada tienen que ver con su irresponsabilidad. Eso es injusto.