lunes, 26 de diciembre de 2011

La cigarra y la hormiga en el mundo real

Una conocida fábula de Esopo: La cigarra y la hormiga, estuvo de moda en la web durante todo este mes. Mientras algunos la usaron para explicar el descalabro del euro originado por algunos países europeos poco previsores y con una descomunal deuda pública, en desmedro de sus socios esforzados y ahorradores, otros la emplearon para censurar el comportamiento relajado que caracteriza a algunos peruanos y lo paradójico que puede resultar el éxito en nuestro país.

Según la historia original, una cigarra se pasó el verano cantando. Al llegar el invierno se encontró desprovista de alimento y acudió a pedirlo prestado a su vecina la laboriosa hormiga. Esta última, inocente y generosa, se compadeció de la cigarra y le regaló algunos granos de arroz, no sin antes advertirle que debía ser previsora y que “vale más prevenir que lamentar”.

Otra versión más acorde con nuestros tiempos y crudamente realista cambió el final del cuento. La hormiga, sabiendo que su generosidad no cambiaría en absoluto el comportamiento de la cigarra y que por el contrario, su desprendimiento sólo la obligaría moralmente a mantener a la irresponsable durante toda su vida, le negó el alimento condenando al divertido bicho a una muerte segura. La moraleja, en este caso, es que “el trabajo incesante de la hormiga se ve recompensado con la supervivencia y la despreocupación de la cigarra se paga con la vida”.

El aspecto que no menciona la fábula, en ninguna de las dos versiones, es el terrible daño a terceros que causan las cigarras imprevisoras del mundo de la fantasía y en la realidad cuando no realizan a conciencia su trabajo. Por ejemplo, el caso de la Empresa Prestadora de Servicios de Saneamiento S.A. – Cajamarca, Sedacaj.

Efectivamente, una noticia muy poco difundida hace dos semanas, fue la declaración del regidor Hernán Bueno Cabrera acerca del reciente informe de los nuevos funcionarios de la empresa proveedora de agua. De acuerdo a la autoridad edil, la actual administración debe afrontar temas legales, heredados de gestiones anteriores, por varios millones de soles y lo que tiene en caja no le alcanza para realizar las obras más urgentes.

“Los anteriores funcionarios decían que la empresa estaba muy bien, pero ahora se ha informado que tienen problemas en cuanto a dinero que necesitan para invertir en obras que mejoren el servicio. Actualmente tienen aproximadamente siete millones de soles, pero necesitan más dinero, además la empresa tiene problemas con laudos arbitrales por varios millones de soles”, señaló el Concejal.

La revelación más grave, que todos conocían de alguna forma pero nadie tenía la valentía de publicar, fue: “... la falta de servicios para la población no es por falta de agua, porque en las fuentes de captación sí hay agua, lo que pasa es que las captaciones desde las fuentes hasta las plantas –El Milagro y Ronquillo- no son suficientes”. Alguien, alguna cigarra, no hizo su trabajo en la debida oportunidad y la población no puede ser abastecida adecuadamente hoy porque la capacidad para recibir el líquido necesario y servir a toda la población es insuficiente.

En resumen, el paciente se muere de sed no porque falte agua sino porque no hay cómo dársela. Además del perjuicio que se ha causado, y se sigue causando a la población, durante tanto tiempo porque no se previó en su oportunidad la ampliación de las líneas de conducción de agua hacía las plantas de tratamiento, los responsables de esa situación permitieron con su desidia que los enemigos de la minería y el desarrollo culparan injustamente de la falta de agua a la empresa minera Yanacocha.

“En Cajamarca no hay agua porque la mina se la toma toda”, decían los anti mineros a pesar de que sabían a conciencia que estaban mintiendo. Lo bueno de todo esto es que una vez sincerado el problema sólo se trata de hallar la solución adecuada para resolverlo. Lo mismo sucederá en el caso del proyecto Conga. La solución quedará a la vista una vez que se develen, como se está haciendo, una a una, todas las motivaciones políticas que han tenido y tienen aún los impulsores del conflicto.

El problema que causan las cigarras insensatas en el mundo real es el mismo que ocasionan los choferes borrachos y que aparecen en las crónicas sangrientas de nuestros noticieros de madrugada: Cuando se accidentan, en vez de matarse solos, que a fin de cuentas es su elección personal, lo hacen llevándose por delante a otras personas inocentes que nada tienen que ver con su irresponsabilidad. Eso es injusto.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Un salvavidas para Goyo

Gregorio Santos Guerrero, nuestro Presidente Regional, necesita urgente un salvavidas que lo rescate del embrollo en el que está metido debido a su mal cálculo político. El sabe que el presidente Humala no va a dar marcha atrás en el tema Conga, por una serie de consideraciones legales, económicas, políticas, sociales e incluso ambientales que convertirán la realización del proyecto minero en el éxito de la región, el país y también de su gobierno.

Santos sabe también que su posición de defensor ambiental de las cuatro lagunas –adoptada por conveniencia- es insostenible. A todos los argumentos técnicos y las explicaciones de los expertos sobre el tema, él mismo y los tres mil comuneros ubicados en sus orillas desde hace diez días han respondido convirtiéndolas en un enorme basural de desperdicios y en pozas sépticas que deberán desaguarse y limpiar durante meses para eliminar esa sopa fétida de caca, orina y coliformes fecales en que las han convertido.

Goyo sabe, como lo sabemos todos en el Perú, que su única razón para liderar el paro regional indefinido en contra del proyecto Conga, fue no dejar que su enemigo político Wilfredo Saavedra le ganara la iniciativa. Una rivalidad entre camaradas. No obstante, el conflicto se le fue de las manos y ha tenido que mantener una posición extremista para no perder el liderazgo entre los campesinos que lo eligieron con sus votos. A extremista, extremista y medio, parece ser el lema de Goyo.

Lo que nuestro presidente regional no midió fue que hay decenas de miles de pobladores de Cajamarca que viven directa o indirectamente de la actividad minera, a quienes no les hizo ninguna gracia que Goyo y asociados los obliguen a caminar por el borde del precipicio gracias a su aventura política. No calculó tampoco que el 60% de la actividad económica de la región se mueve precisamente al ritmo de las operaciones de Yanacocha y que una vez parada la mina, colapsó Cajamarca.

Por más que lo dijo, no creo que fuera su intención paralizar la ciudad por tanto tiempo. Pienso que otra vez calculó mal. En vez de un fin de semana esto ya tiene diez días y va para más. Digo que no lo creo porque después de todo Goyo no es un desquiciado, él es la máxima autoridad y tiene que responder legalmente por las consecuencias de sus acciones. Nadie, es su sano juicio, quiere ser responsable por el desabastecimiento de alimentos que ha desesperado a miles de amas de casa que no tienen como alimentar a sus familias y que no le van a perdonar jamás ese exceso.

De ningún modo le debe haber agradado ser el responsable de las pérdidas económicas de miles de empresarios que no sólo han dejado de ganar sino que han quebrado por su mala decisión. Cómo le va a gustar que al final de este desaguisado los empresarios, comerciantes, lecheros y trabajadores le reclamen por el perjuicio que les ha causado. Como tampoco es posible que Goyo haya querido perjudicar a millares de estudiantes cajamarquinos que están en riesgo de perder el año escolar por la paralización de las clases en los colegios.

Por supuesto, Gregorio Santos no hubiera deseado jamás ser el responsable de la muerte de la señora Rosa Vílchez Lozano, madre del periodista celendino Eli Guerrero Vílchez, quién falleció víctima de las lesiones sufridas en un incidente provocado por los seguidores del presidente regional en esa especie de progroms organizados contra todos aquellos que no dan muestras de adhesión a su “paro pacífico”. Una lamentable desgracia. La noticia fue difundida en la web para pesar de todos los pobladores que de una u otra forma somos víctimas del desatino de nuestra autoridad.

Hoy sábado, la prensa nacional ha dado cuenta de que la Presidencia del Consejo de Ministros ha convocado, una vez más, para mañana domingo, el reinicio del diálogo. Un esfuerzo adicional para alcanzar la paz, luego de que Wilfredo Saavedra le diera un ultimátum al Gobierno Central, otorgándole tres días para declarar inviable el proyecto Conga. De lo contrario, amenazó el dirigente, la protesta se radicalizará a partir del lunes.

Obviamente, las cosas han llegado demasiado lejos y Gregorio Santos tiene que tomar una decisión. Seguir hasta las últimas consecuencias en esa alianza perniciosa con el exemerretista Wilfredo Saavedra y seguir asumiendo toda la responsabilidad por los daños descritos, y todos los que vendrán. O aceptar la mano extendida del Gobierno para buscar coincidencias y tratar de forjar juntos alguna forma de consenso que salve a Cajamarca y al país entero de más desgracias que lamentar.

Goyo necesita un salvavidas. Algo que lo ayude a salir del problema sin perder soga ni cabra. Ojalá que lo encuentre porque él es la única persona con la que aún se puede dialogar. Con Saavedra, ya se sabe, no hay nada de qué hablar.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Las lagunas y los líderes iluminados

¿Por qué después de tantos años –algo de doce- los pobladores de las comunidades circundantes más alejadas del proyecto Conga se oponen recién a su realización? Las respuestas son varias. Como decía Jack el destripador: vamos por partes.

Las comunidades del área de influencia inmediata no se opusieron al proyecto ni a la instalación de oficinas de la empresa en las localidades de Huasmín y Celendín porque comprendieron varias cosas. En principio, que las cuatro lagunas en cuestión –aunque la verdad les duela a algunos- no les hacen ningún favor. Estas se llenan y rebalsan cuando llueve. Pero ese rebalse es innecesario y, a veces, hasta perjudicial. Como decían nuestros abuelos: “bueno es culantro pero no tanto”, y con el agua de lluvia tienen suficiente.

Comprendieron que las lagunas no filtran agua hacia abajo ni hacia los costados. De ser así, hace tiempo se hubieran vaciado. Disminuyen durante la época seca por evaporación y lo poco que se puede sacar en baldes para uso personal. El piso que las contiene es natural y simplemente impermeable. Igual que ciertos cerebros revolucionarios en los que es imposible colar alguna idea de desarrollo. Tienen claro, también, que el agua que corre bajo sus terrenos, por gravedad, no proviene de esas fuentes sino de la napa freática que también sube o baja dependiendo de las precipitaciones pluviales y su abundancia.

Los pobladores saben, además, que esa agua en ningún modo se debe usar para consumo humano y que en los meses de sequía, de mayo a setiembre, más les valdría tener una gigantesca cisterna que las pintorescas lagunas. Ni siquiera les sirvieron para promocionar el turismo vivencial en la zona, porque están en medio de nada y a nadie le importaron hasta que Conga anunció su millonaria inversión.

No se opusieron tampoco porque la empresa les explicó, mediante charlas, reuniones y talleres, exactamente lo que pretendía hacer. A los pobladores le pareció fantástico cambiar las lagunas por reservorios que multiplicaran casi por tres la cantidad de agua que contenían y, sobre todo, que la iban a poder utilizar todo el año, más que nada en esos meses en que no llueve y se secan los pastos y el ganado no da leche, y tampoco se puede sembrar nada ni tener una vida normal. Porque es cierto: el agua es vida, pero cuando hay, y sobre todo cuando la puedes usar.

Además del agua que es lo primordial, los campesinos, probablemente las mujeres más que los hombres, con esa capacidad –a veces mágica- que tienen para llevar la economía del hogar, advirtieron que una mina en la zona sería una bendición en puestos de trabajo, directo e indirecto, y otras oportunidades de desarrollo para la gente del lugar.

¿Por qué entonces existe ahora toda esta oposición al proyecto? Simple. Porque las lagunas nunca fueron el problema de fondo. Todo este conflicto, desatado por Gregorio Santos, Wilfredo Saavedra y las personas de su entorno, tiene un trasfondo político y una lucha por el poder.

Todo este lío ya no es, nunca fue, por las lagunas, Conga o Yanacocha. En el meollo de todo este asunto hay una pugna entre Santos y Saavedra por el liderazgo campesino, sumada a una ideología trasnochada de Patria Roja y sazonada por intereses particulares de cada uno de los actores que han azuzado, no a los campesinos vecinos a las lagunas, sino a los que viven más alejados con el cuento perverso de que el proyecto los va a matar de sed.

Alguien me decía que Gregorio Santos está loco, por usar de rehenes a todos los pobladores de Cajamarca para alcanzar sus fines. Pero no. No es así. Los niños, los borrachos y los locos no tienen culpa porque no saben lo que hacen. No es el caso de Goyo, él sigue sin aceptar la mano extendida del Gobierno y su propuesta de diálogo para enfrentar esta situación. Goyo no es loco, es un político irresponsable.

¿Qué se hace con gente así? En principio, no se puede ignorar a una autoridad que infringe leyes y pone en peligro la salud y la vida de miles de pobladores. Hay que denunciar lo que ha hecho y está haciendo, ante todas las instancias posibles. Luego, no hay que olvidar todo esto, para que no nos vuelva a ocurrir. Estas cosas pasan cuando en vez de elegir en las urnas a políticos serios, votamos con los ojos cerrados por líderes iluminados.

jueves, 1 de diciembre de 2011

El modelo económico de Goyo

Gregorio Santos y sus radicales han dicho que el proyecto minero Conga: “No va”. Es su última palabra. Ni siquiera pestañaron cuando se anunció la paralización de actividades que hizo Yanacocha para proteger a sus trabajadores, la población, y en “aras de que se restablezcan la tranquilidad y la paz social en Cajamarca”.

Los líderes antimineros dijeron que eso no era nada nuevo porque en realidad el proyecto ya lo habían paralizado ellos. Con respecto a la pérdida de seis mil puestos de trabajo y la quiebra de decenas de empresas locales -daños colaterales de su pequeña revolución-, Goyo anunció que se compensarán con soñados proyectos de electrificación y forestación que él tiene en su iluminada cabeza. Qué bueno.

Está claro también, porque así lo han manifestado Don Gregorio y compañía, que tampoco “Va” ninguno de los otros proyectos mineros que ya están bastante maduros e iban a entrar en etapa de construcción en los años inmediatos. Los dirigentes regionales han decidido, por toda la población, que el modelo de desarrollo económico cajamarquino, basado en la actividad minera, finalizará con las operaciones de Yanacocha, Gold Fields y La Zanja que ya están en producción, y que no habrá una sola mina más en la región.

En buena cuenta, eso significa que tendremos minas para unos siete o diez años más y que con eso es suficiente. Por supuesto los antimineros saben que no es lo mismo diez años en subida que diez años en bajada. Porque la producción minera no va a crecer en ese plazo, al contrario, irá disminuyendo progresivamente, año a año, con la consiguiente desaceleración paulatina de la economía local hasta su total estancamiento. Claro, antes que esto último ocurra él ya habrá puesto en marcha su propio modelo económico.

¿Cuál es ese modelo? Por sus declaraciones y de acuerdo a sus más fervientes seguidores en las redes sociales, la explicación es simple: Gregorio Santos, imitando la propuesta del iluminado líder cocalero boliviano Evo Morales, se propone restaurar en la región: “La cultura de la vida”. Revivir los años dorados del maravilloso mundo de los incas donde todos vivían de la agricultura y la crianza de ganado. Y donde las mejores vacaciones del mundo conocido en ese entonces se gozaban en las placenteras aguas termales de Pulltumarka. Qué mejor lugar para ese feliz renacimiento que aquí, en Cajamarca, donde históricamente se marcó el final del anhelado imperio.

¿Qué los Bancos se van a ir de Cajamarca? A quién le importa. Si aquí no necesitaremos dinero. Volveremos al trueque, esa forma justa de hacer transacciones comerciales. El mundo está como está, de cabeza, justamente por el amor desmedido a las monedas y los billetes. Cajamarca no será así. Los que producen papas las cambiarán por ajos o por lentejas. Diez cuyes valdrán lo mismo que un lechoncito y así, por el estilo, tendremos un pujante mercado local que desplazará a esos símbolos del mercantilismo, como El Quinde, que ha emponzoñado con el veneno del consumismo a la juventud local.

¿Qué se cerrarán los negocios, no habrá trabajo para los taxistas ni obras para la gente de construcción civil? ¿Qué los únicos que tendrán un puesto de trabajo fijo serán los empleados públicos? ¿Qué los profesionales tendrán que emigrar? Patrañas. Esas son calumnias de los mineros para engañar al pueblo. El modelo económico de Goyo, que entusiastamente quieren copiar otras regiones del país, reemplazará fácilmente todo eso. Total los que trabajan en la mina son unos cuantos miles, en cambio, la agricultura, la ganadería y el turismo darán trabajo a todos ellos y a cientos de miles de familias más. No hay por qué preocuparse.

Lo que no está claro y valdría la pena preguntarle a Goyo, así como se lo preguntaron a Evo, es si nuestro presidente regional también pretende retomar los sacrificios humanos para congraciarse con los dioses y pedirles que llueva durante esos meses del año en que, desde tiempos inmemoriales, no cae una gota de agua Cajamarca. Cuando no hayan minas Goyo y sus radicales no tendrán a quién echar culpas por la falta de agua. ¿Goyo estará en Cajamarca para esas épocas? Por supuesto. El será el Inca y todos los demás, los que se queden en este paraíso, serán sus orgullosos súbditos.

Lejos de dialogar y de buscar consensos que permitan a Cajamarca y al país entero seguir adelante con un desarrollo inclusivo, que garantice, con los controles más extremos, el ejercicio responsable de la actividad minera formal en beneficio de todo el pueblo peruano, los extremistas siguen negándose a conversar. Esa posición radical, dijo con razón, el presidente de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental, Jorge Caillaux, perjudica el desarrollo de Cajamarca y es “una forma perversa de hacer política”, ya que no contempla la posibilidad de conciliar posturas.

Más bien Goyo y los radiales antimineros se mantienen en sus cuatro para imponer a Cajamarca su visión particular de progreso. Esa es su prerrogativa. A ellos los eligió el pueblo para dirigir su destino, aunque con ello se lleven por delante el Estado de Derecho, al país entero, y el sentido común. ¡Viva el modelo económico de Goyo!