No es ningún secreto. La clave para alcanzar al pelotón de avanzada de los países más desarrollados del planeta, es la educación. Lo dijo la Presidenta de Finlandia Tarja Kaarina Halonen, en una reciente entrevista con Andrés Oppenheimer para El Nuevo Herald de Miami. Halonen, una abogada sindicalista de 66 años, refirió que la receta de su país para alcanzar los primeros puestos de los más importantes rankings internacionales que evalúan el éxito social, económico y político de las naciones, fue simple: “Puedo resumirlo en tres palabras -dijo: educación, educación y educación”.
La fórmula es buena. La República de Finlandia, un país de 338.145 km2 -Perú tiene 1'285,216 Km2-, con menos de la quinta parte de nuestra población, tan sólo 5.3 millones de habitantes, que hace apenas dos décadas era el más pobre del norte europeo, hoy tiene una de las economías más prósperas del continente y está entre las diez más competitivas del mundo, según el Foro Económico Mundial.
Los ingresos del país están basados en los sectores de servicios y manufacturas. Es la sede de la empresa de celulares más grande del mundo, Nokia, y alberga a las empresas papeleras y de pulpa más innovadoras del planeta. Los finlandeses gozan de un elevado bienestar y una política altamente democrática, con niveles sumamente bajos de corrupción.
Efectivamente, el país ocupa el primer puesto entre 179 naciones en el índice anual de Transparencia Internacional, en el ranking de las naciones menos corruptas del orbe. Perú, junto a México y Brasil, se encuentra en el puesto 72. Igualmente, Finlandia ocupa el primer puesto entre los países más democráticos del mundo según la fundación conservadora norteamericana Freedom House, y sus estudiantes figuran en el primer puesto en los exámenes internacionales de ciencia realizados por estudiantes de 15 años.
¿Cómo lo hicieron? Aunque el gasto público en educación con relación al Producto Bruto Interno en Finlandia es más alto que la media europea, otros países como Dinamarca y Suecia invierten mucho más y no obtienen los mismos resultados. La clave, entonces, no es una cuestión únicamente monetaria. El secreto, dijo la Presidenta, es, básicamente, el excelente nivel de capacitación de los maestros de escuela primaria.
“Tenemos una larga fila de expertos internacionales que están haciendo cola frente a las puertas de nuestro ministerio de educación para ver qué pueden aprender de nuestro sistema”, dijo Halonen al analista internacional. “Lo que les cuesta creer es que la respuesta sea tan simple como tener buenos maestros”, agregó. En el sistema educativo finlandés es necesario tener al menos una maestría para enseñar en la escuela primaria, y una licenciatura para enseñar en el kindergarten. Sólo uno de cada diez postulantes es admitido en la carrera universitaria de Educación.
Definitivamente, no es fácil para nuestro país imitar a Finlandia. Además de ser un país pobre, el atraso de nuestro sistema educativo comparado ya no con los países de Europa sino en nuestro mismo continente, es significativo. Lo más recomendable y realista, antes que esperar una revolución nacional educativa, es empezar a realizar esfuerzos y cambios a nivel regional.
De eso se trata, precisamente, el lanzamiento del Programa Red Integral de Escuelas de Cajamarca de la asociación Empresarios por la Educación – ExE y la Asociación los Andes de Cajamarca – ALAC, realizado recientemente. Las veintidós becas entregadas por Yanacocha y el Instituto Americano de Ingenieros de Minas, Metalurgia y Petróleo – Waaime, a alumnos de la Universidad Nacional de Cajamarca; y la ejecución del Programa de Alfabetización y Educación para Adultos (PAEBA) que beneficiará a setenta caseríos del distrito de Baños del Inca, elevando los niveles de educación en adultos y jóvenes, gracias a un aporte de 200 mil dólares, también de Yanacocha.
Cajamarca puede y debe continuar en la senda del desarrollo. Tiene los mejores ingredientes para lograr su propia fórmula del éxito: una inmensa riqueza minera, una juventud emprendedora y los ojos de los inversionistas del país y del mundo puestos en la zona. Además, y que bueno que ya lo está haciendo la empresa privada y algunas instituciones públicas, es imprescindible agregar a la buena receta, el simple ingrediente finlandés: “Educación, educación y educación”, de calidad.