Estaba de visita en Cajamarca. Era un personaje importante y viajaba de cuando en cuando a la hermosa tierra del Cumbe. En esa oportunidad estaba de paso. Se detuvo en las saludables aguas termales de Pultumarca, para restablecerse de una herida en la pierna recibida durante la batalla con los pobladores de la Isla Puná. Aquí fue hecho prisionero y condenado a muerte.
Atahualpa, el último emperador del Imperio Inca y también el último Shyri, rey del Reino de Quito, fue sepultado en los alrededores de lo que hoy es el centro histórico de Cajamarca, en julio de 1533. A los pocos días del entierro, el cadáver desapareció. Fue robado y ocultado por sus súbditos con tanto éxito que nadie volvió a saber de él hasta hace un par de semanas atrás, casi quinientos años después de estos hechos.
Efectivamente, el periodismo virtual dio cuenta hace algunos días que la tumba de Atahualpa fue descubierta por la antropóloga cajamarquina Natividad Vásquez Pérez en el caserío de Jangalá, provincia de San Miguel de Pallaque, en el departamento de Cajamarca. Según la investigadora, el hallazgo comprende otras dos Huacas Reales –dos falsas montañas que contendrían el tesoro perdido de los Incas-, y diversos asentamientos ubicados en una extensión considerable de esa parte del territorio.
Por su parte, Eduardo Cáceres, el director del Instituto Nacional de Cultura, señaló que el hallazgo no está confirmado. Agregó que, según algunos historiadores, los restos del Inca fueron enterrados en el convento San Francisco de Cajamarca, aunque otras versiones indican que fueron llevados a Quito, Ecuador. En todo caso, dijo, se trataría de los restos de algún personaje de la época.
Como sea, el esfuerzo de Natividad Vásquez es un ejemplo de sacrificio personal y entrega profesional para que los peruanos conozcamos y valoremos nuestra historia. Ella –refirió en una publicación en internet-, dedicó treinta años de su vida a las investigaciones con la esperanza de realizar lo que considera, es un descubrimiento fabuloso.
Este importante hallazgo, se trate o no de la tumba del Inca, es parte de nuestra historia y nos ayudará a conocer más nuestro pasado y a entender mejor lo que nos está ocurriendo ahora. Quizá, también nos sirva para no cometer los errores de antaño, y sí, para repetir con éxito los aciertos. En todo caso, se trata de un pasado apasionante que nos pertenece a todos los peruanos.
Estas consideraciones –además de una profunda vocación- son, probablemente, las principales motivaciones de los arqueólogos, historiadores, intelectuales y folkloristas. Y, por qué no, las de los artesanos que mantienen vivas las tradiciones de una región y las de aquellos amantes de la cocina que se esfuerzan por conservar y enseñar las recetas que heredó la bisabuela, de sus propios abuelos, y que tienen en sus ingredientes y preparación el perfume y el sabor de un riquísimo ayer.
En agosto, treinta vecinas del centro poblado menor de Combayo, cuenca donde se encontró los restos humanos más antiguos descubiertos hasta ahora en Cajamarca: el hombre de Maqui Maqui, participaron en el Programa de Capacitación y Rescate de la Cultura Gastronómica Local. Las mujeres, que preparan alimentos en el concurrido Mercado de Abastos de Combayo, están conservando las tradiciones y aportando al atractivo turístico de la zona.
De igual manera, en agosto, treintainueve artesanos de Porcón y otros caseríos tuvieron una pasantía en la tierra de la cerámica, el pueblo costeño de Chulucanas, a 49 kilómetros de la ciudad de Piura. Ellos intercambiaron conocimientos y técnicas. Gracias a su participación en dicho evento –y luego de pasar por un exigente proceso de calificación-, nuestros talladores de piedra, ceramistas y artesanos textiles, tendrán la oportunidad de exponer sus productos, con miras a una futura exportación, en la feria PERÚGIFTSHOW 2008, que se realizará en Lima, a fines de setiembre.
Todo este esfuerzo de los pobladores y nuestras instituciones, en este caso la empresa minera Yanacocha que financió ambas actividades y fue la protagonista, en su momento, del descubrimiento del hombre de Maqui Maqui, su rescate, estudio arqueológico y entrega al INC, son aportes importantes a la historia y cultura de la Región. Después de todo, cuando brindamos un tallado en piedra, un plato de comida de la gastronomía local, o algún otro producto de las manos de nuestros hábiles artesanos, estamos entregando mucho más que eso: va con ello un pedacito de nuestra historia.