viernes, 18 de julio de 2008

El día después de mañana

Podría repetirse en cualquier momento. Quizá ya empezó y estamos en el inicio de un cambio climático inverso a la última glaciación ocurrida hace apenas treinta mil años, a fines del pleistoceno, la época en que nuestros más lejanos antepasados vinieron del Asía atravesando el congelado estrecho de Bering como si fuera un puente de adoquín.

La posibilidad de que un desastre climático así vuelva a ocurrir, quedó grabada en la película de Roland Emmerich, estrenada en el 2004, El día después de mañana. En el filme, un calentamiento global de ficción desencadenó una serie de cambios abruptos y catastróficos en el clima del planeta. Los huracanes y tornados, acompañados de un descenso dramático de la temperatura atmosférica, devastaron la Tierra en un apocalipsis de agua y hielo en apenas una hora y veinticuatro minutos que dura la película. La humanidad no pudo hacer nada para evitar el cataclismo.

Salvando las distancias, en mucho menor escala por supuesto, y en el terreno económico, ese mismo sentimiento de fatalidad y de impotencia ante los desastres naturales que se vivió en la película y contra los cuales no se puede hacer nada más que encomendarse a Dios, ha sido el tono de las expresiones de algunos líderes de opinión que participaron en el Debate Canon, Minería, y Desarrollo, que se realizó en Cajamarca hace dos semanas. Me explico.

Más allá de las interesantes conclusiones a las que llegaron los participantes sobre: la necesidad de invertir acertadamente el fondo del canon minero y la ampliación de la base para el respectivo cálculo y su justa distribución, pareciera como si la reducción significativa de producción de oro de Yanacocha y la consecuente disminución drástica del canon futuro para Cajamarca fueran un designio de la naturaleza que no se puede cambiar. Algo que hay que aceptar porque, simplemente, es un propósito divino o sobrepasa nuestra capacidad para enrumbar nuestro propio destino.

Nada más lejos de la realidad. Lo que todos saben y muy pocos se atreven a decir, porque al parecer no es políticamente correcto, es que la disminución de la producción de Yanacocha y el bajón en los recursos del canon minero que afectará el desarrollo de Cajamarca en los próximos años se deben exclusivamente a que la empresa minera no puede seguir operando. Los enemigos del desarrollo le han metido tal miedo a los pobladores de nuestras comunidades con el cuento de la contaminación ambiental, que nadie quiere por vecino un proyecto minero. Situación, por supuesto, que es perfectamente reversible con el apoyo de las autoridades, la comunidad en pleno, y los líderes sociales verdaderamente comprometidos con el desarrollo de la región.

¿Qué hay que hacer? Por supuesto, se trata de que la población esté debidamente informada. ¿Cómo lo vamos a hacer? Eso es, precisamente, en lo que tenemos que ponernos de acuerdo las autoridades, las empresas mineras y toda la comunidad. Cada uno tiene su parte de responsabilidad en el tema. No hay términos medios: nos comprometemos todos a salvar e impulsar nuestra minería, o se “parará la máquina” en un futuro cercano.

El desarrollo de Cajamarca no tiene por qué detenerse. La región, además de que Yanacocha aún no ha agotado sus reservas y que todavía posee opciones para continuar trabajando, tiene expectantes proyectos mineros en Cerro Corona, La Zanja, Conga, Michiquillay, El Galeno y La Granja. De acuerdo al economista César Humberto Cabrera, sólo éstos tres últimos podrían producir 600 mil toneladas anuales de cobre durante los próximos 20 años y generar alrededor de 155 millones de dólares de Canon Minero en el mismo lapso.

“Cómo no poner en producción estos yacimientos que le significarán a Cajamarca un mínimo de 6 mil millones de dólares en 20 años, con los que la región puede transformar toda su infraestructura, hacer su longitudinal, electrificación para todo el departamento, y riego tecnificado, entre otras cosas. Es decir, los recursos de la minería pueden ser muy útiles para el desarrollo de Cajamarca”, comentó el especialista en temas mineros.

Los únicos sobrevivientes en la película, fueron aquellos que lucharon para cambiar su situación. Los que no se resignaron a dejar sus vidas en manos del ruletero destino. Para Cajamarca, en la realidad, la fecha es hoy. Tiene que decidir a tiempo si va o no a respaldar e impulsar su actividad minera.

El día después de mañana, puede ser para Cajamarca un mundo de estancamiento y frustraciones o un mundo de alternativas de desarrollo y prosperidad. ¿Usted qué elige?

miércoles, 16 de julio de 2008

Más importante que el Canon Minero

La semana pasada se realizó el Debate Regional Canon, Minería y Desarrollo, organizado por la universidad privada Antonio Guillermo Urrelo y la asociación Los Andes de Cajamarca. El evento fue importante y oportuno, pues puso formalmente en la agenda regional varios temas de interés que requieren inmediata atención.

¿Qué nos preocupa a los cajamarquinos con respecto al canon minero? Las conclusiones inmediatas del debate, a mí parecer, fueron tres:

1.- La necesaria planificación para el uso acertado del abultado fondo que, por ahora, permanece a buen recaudo en el Banco.

2- La ampliación de la base imponible que incluya en la bolsa no solo los impuestos de la mina sino los que pagan sus trabajadores y las empresas contratistas, además de otros impuestos distintos al de la Renta y,

3.- La disposición correcta y equitativa del canon minero entre las regiones donde éste se origina.

Efectivamente, ante la reducción significativa de la producción de oro de Yanacocha –que disminuyó de 3 millones 300 mil onzas en el 2005 a 1 millón y medio el año pasado-, y la consecuente reducción drástica del canon minero –estimada por algunos en no más de 15 millones de soles anuales para los próximos años-, se presentan varios escenarios que es necesario anticipar para “ir viendo” cómo nos la vamos a arreglar durante la época de vacas flacas que ya esta pateando la puerta para entrar.

El primer asunto es: ¿Qué vamos ha hacer con la plata que ya tenemos en el Banco? El tema es doblemente complicado. Por un lado, las urgencias de la población ya no soportan más postergaciones y por el otro, al revés de lo que se cree en la calle: que no existen propuestas de inversión, en realidad en Cajamarca tenemos más de doscientos mil proyectos: cada poblador tiene su propia idea de lo que hay que hacer con ese dinero. Y lo que piensan los demás y no es de nuestro agrado, por supuesto, son errores que siempre estamos dispuestos a corregir con alguna que otra marcha, la toma de algún local o, como ocurre ante cualquier desencuentro por uno u otro motivo, con un entusiasta y bien concurrido bloqueo de la carretera a la mina.

Hace unos meses le preguntaron en una entrevista a uno de los empresarios más prósperos y mejor preparados profesionalmente en el país ¿Qué hace usted con su dinero? Y él contestó lo más sensato: lo dejo a los expertos. Es un buen consejo. Debería hacerse lo mismo con los fondos del canon minero. No obstante, es necesario que haya ideas de consenso para llevar adelante los acuerdos. Es imprescindible contar en el entusiasmo de la población para que acompañe de buena gana los proyectos regionales. Entre estos, no debemos olvidar el ahorro: la ley de distribución del canon minero debería contemplar un “Fondo Intergeneracional”, para hacer de éste un recurso “sostenible”.

Hay que pensar al revés. En vez de desear que me vaya bien a mí para que le vaya bien a Cajamarca, debemos querer que le vaya bien a Cajamarca para que así me vaya bien a mí. Es lo mismo, pero no es igual.

Los otros dos temas: la ampliación de la base para el cálculo y la correcta distribución del canon minero no dependen tanto de lo que quiera la población sino de cuestiones de política y de Estado que no serán tan fáciles de resolver. O, que por lo menos no se resolverán de la manera que están pensando ciertos líderes buscapleitos: empujando a la población a las calles para que le rompan los tímpanos al Gobierno Central. Menos aún, si con lo que ya tenemos acumulado a la fecha, no decidimos qué hacer.

Lo que resulta sorprendente es que a pesar de la preocupación entre las autoridades y la población por la disminución del canon minero, nadie ha puesto sobre la mesa el tema más importante: ¿Qué va a pasar con la economía de Cajamarca y de todos sus habitantes en cuanto la mina empiece a apagar sus máquinas? La fábula se hizo realidad. Queremos los huevos de oro, pero nadie hace nada por salvar a la gallina.

¿Qué ocurrirá con las mal contadas sesenta mil personas que viven de la actividad minera directa e indirecta en la ciudad del Cumbe? Estamos hablando de que se detendrá el motor de la economía de la región y a nadie parece importarle. ¿Habrá movimiento suficiente para ocho instituciones bancarias con la sola venta de la leche por los ganaderos? ¿Se podrá mantener la pujante industria de la construcción cajamarquina con el movimiento de las chacras? ¿Se sostendrán las empresas de transporte interprovincial, los miles de taxistas, los grifos, restaurantes y centros de recreación, con los turistas que vienen a bañarse en nuestras maravillosas aguas termales? ¿Habrá demanda suficiente para mantener el ritmo del mercado que hoy tiene la ciudad, sin que exista una mina como Yanacocha?

Por supuesto tenemos líderes visionarios que están convencidos de que el movimiento económico generado por Yanacocha en la región se puede reemplazar con las actividades agrícolas y ganaderas. Lamentablemente, la realidad es terca, y hasta ahora ha demostrado que gracias a ellas se puede comer muy bien pero no han sacado de la pobreza a nadie, con contadas, respetables, y puntuales excepciones. En cuanto al turismo, más vale que no nos engañemos, pasarán muchos años durante los cuales deberemos de superar miles de costosos problemas antes de que esa actividad pueda ser considerada como motor de nuestra economía.

El debate sobre el canon minero fue bueno. No obstante, a mí me queda la pesadumbre de que en Cajamarca aún no nos sinceramos y preferimos hablar y dedicar nuestra atención a otros temas, antes que a definir y reconocer lo que es verdaderamente importante: Que le vaya bien a Yanacocha y a otros proyectos mineros en desarrollo, para que a los pobladores de Cajamarca también nos vaya bien. Ya no tenemos mucho tiempo.

miércoles, 9 de julio de 2008

Una oportunidad bien aprovechada

Ganaron los pobladores de Santa Cruz. La audiencia pública del proyecto minero La Zanja programada para el jueves 3 de julio, en el distrito de Pulán, se realizó con normalidad a pesar de las amenazas de un grupo reducido de antimineros que intentó boicotearla. Algunos ronderos, comités de defensa y malas autoridades de la zona y de otros lugares, contrarias al proyecto, trataron de impedir la reunión anunciando temibles actos de violencia. Para ellos, sin conocer los detalles ni contar con algún argumento técnico, el proyecto “atenta contra la cabecera de cuenca” y por lo tanto es inviable. Pues muy bien, esta vez los cruceños no se dejaron amedrentar por los enemigos del desarrollo y acudieron masivamente a la audiencia.

En cuanto a las buenas autoridades de Santa Cruz y Cajamarca --el Gobernador de esta última, Manuel Bacón Tanta, tuvo una participación destacada garantizando el orden--, la Dirección Regional de Minería y la misma empresa Buenaventura, hicieron bien en no ceder a las intimidaciones e insistir en la realización de la asamblea para dialogar con la población. La audiencia fue un éxito y la conversación resultó buena para todos los participantes. Además de que la razón y el derecho estaban de su parte, los organizadores tuvieron el mejor motivo del mundo para hacerla: era una magnífica oportunidad para el pueblo cruceño.

¿Qué lograron los pobladores? Los vecinos de Santa Cruz hicieron respetar su derecho a ser informados y manifestar sus inquietudes con argumentos serios y con altura, sobre un proyecto que, quién sabe, bien puede ser la mejor oportunidad que tenga la zona para salir del anonimato y las carencias económicas que ha sufrido desde siempre. Es contradictorio, antes las poblaciones se quejaban --con razón--, de que los proyectos mineros se aprobaban a puerta cerrada en una oficina en Lima y ellas no tenían voz ni voto. No se les explicaba nada, ni se pedía su opinión. Hoy, que las cosas han cambiado para bien, algunos malos líderes de Santa Cruz pretendieron que la población escogiera la opción peor: que no se les exponga nada.

Como los avestruces que esconden sus cabezas en un hoyo porque creen que así estarán más seguras, los enemigos del desarrollo actuaron igual a los niños cuando juegan y se tapan las orejas gritando: “No me digan nada, no me hablen. No oigo, soy de palo… tengo orejas de pescado”.

Buenaventura explicó los detalles del proyecto y cuales pueden ser los impactos, positivos y negativos al medio ambiente, y, en estos últimos casos, las acciones que realizará para evitarlos o mitigarlos. En eso consiste el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) Por supuesto, la empresa cumplió en su oportunidad con poner a disposición de las autoridades correspondientes y las personas interesadas dicho estudio, pero los pobladores, las amas de casa y los estudiantes, que no tienen porque saber de asuntos técnicos, se merecían una explicación sencilla y clara. Los vecinos tienen derecho a escuchar los detalles y a expresar sus dudas.

La empresa por su parte, tiene la obligación de responder satisfactoriamente los cuestionamientos de la población. De lo contrario, será el mismo Ministerio de Energía y Minas el que le niegue el permiso para operar. Para eso es la Audiencia Pública: para defender el derecho de los pobladores a estar bien informados, para que cuestionen y obtengan respuestas, e incluso para aportar sus sugerencias sobre cualquier aspecto que consideren perjudicial para la comunidad y el medio ambiente. Total, el éxito del proyecto y el cuidado del entorno es bueno para todos.

Esta vez ganó la razón. Se aprovechó bien la oportunidad de conocer el aspecto técnico y los procedimientos de control, mitigación y compensación considerados en el Estudio, también se ganó una oportunidad inmejorable para que la población conozca el Programa de Desarrollo Social que contempla el proyecto. Lo que tanto tiempo esperó Santa Cruz: saber qué hará la empresa con respecto a infraestructura y su apoyo a los proyectos de “desarrollo sostenible” que tanto reclama al cielo su alcalde.

¿Por qué trataron de impedir qué se realice la Audiencia Pública? Porque, como siempre, bajo el disfraz de irreductibles defensores del medio ambiente, con excepción de algunos espíritus puros y unas pocas personas seriamente comprometidas, se encubren ciertos líderes y agitadores que protegen sus propios intereses políticos, económicos y de poder, o todo junto. Esa gente tiene un temor grande de que la población escuche las explicaciones y los proyectos de la empresa minera. Le temen a la verdad. Ellos están seguros que, luego de realizada la Audiencia Pública y una vez que se disipen las dudas de los pobladores y se calmen sus temores injustificados, los padres de familia pensarán con lucidez en su propio futuro y en el futuro de sus hijos. Ellos tomarán con responsabilidad la única decisión posible: elegirán el desarrollo en vez de continuar en el atraso, la pobreza y la desesperanza.

Santa Cruz necesita fuentes de trabajo, caminos, electrificación, proyectos de desarrollo y fomento de la educación y la salud. Por supuesto, nada de eso se logra con enfrentamientos absurdos ni movilizaciones sociales. Santa Cruz necesita un proyecto de grandes dimensiones y de enorme inversión económica para salir adelante. La realización de la Audiencia Pública para conocer el Estudio de Impacto Ambiental del proyecto La Zanja ha sido el primer paso en el largo camino del desarrollo que ya empezaron a recorrer nuestros hermanos cruceños.

Los peruanos de buena voluntad esperamos que la población de Santa Cruz aproveche con entusiasmo esta inmejorable opción de desarrollo para la región. Ojalá sepan defender su derecho al progreso y que el proyecto La Zanja no naufrague en el mar de las oportunidades pérdidas. Sería una pena. La juventud cruceña y las generaciones por venir merecen un futuro mejor.