Lo mismo se
preguntan los políticos “ecologistas” que convocaron a quinientas personas para
invadir los predios del suspendido proyecto Conga. Si éste se detuvo, volvió la
calma a la ciudad, y poco a poco se recupera la razón colectiva, ¿Después, qué
vendo?
Es que ellos
“vendieron”, a piedras y a palos, el cuento de que Conga era el enemigo -un
monstruo sediento- al que debían enfrentarse los valientes “ecologistas” para
salvar a Cajamarca de la falta de agua. Ahora se sabe que sólo era una
estrategia de terror para ubicarse en expectantes posiciones de la política
nacional y local. Ese era el botín.
Lograron su
objetivo truncando una inversión de 4.800 millones de dólares, y desvaneciendo
seis mil puestos de trabajo directos y otros tantos miles indirectos en la
actividad minera. A Yanacocha no le quedó otra que informar al país la
suspensión de su proyecto, desmontar sus campamentos, vender los activos
adquiridos y cancelar las órdenes de compra de miles de bienes y servicios.
La interrupción
violenta trajo de la mano la paralización del proyecto Galeno. Poco después
Michiquillay fue devuelto al Estado por la concesionaria. En Cajamarca se
detuvo también el comercio, la construcción y el turismo. De acuerdo a los
cálculos de la Cámara de Comercio se perdieron alrededor de 70 mil puestos de
trabajo y la región cayó en recesión. Se llamó “el efecto Conga” a la debacle
económica causada por los “ecologistas” irresponsables que hoy pretenden ser
gobierno nacional.
Su plan acabó
con éxito, aunque causó perjuicios de los que Cajamarca no se recuperará en
décadas. Daño colateral, le llaman. No obstante, para mantener lo ganado y lograr
lo que aún esperan recibir, necesitan que el conflicto siga vivo. Hacer creer
que Conga se sigue construyendo, aunque sea a pedacitos, y a escondidas de todo
el mundo. Por eso armaron en los últimos días un conflicto mediático de ficción
que legitimara la “inspección” delincuencial de ayer en los alrededores de la
laguna El Perol.
La estrategia es
vieja pero funciona. Como el pastor del cuento, de cuando en cuando, gritarán
que el proyecto está en marcha y que es necesario movilizarse para evitarlo, hacer
una "inspección" por aquí o por allá, o bloquear carreteras para
detenerlo. Eso, aunque sea mentira, da prensa. No les sirve de nada un proyecto
paralizado. El próximo pretexto será Quilish y el fabuloso túnel que algún
pobre de entendimiento dice que se está construyendo para explotar el cerro
desde abajo.
Como sea, esta
vez sembraron la duda, y con tanta desinformación en el medio lo que se
pregunta la gente de buena voluntad –algunos con la esperanza de que sea
cierto- es: ¿Yanacocha continúa construyendo el proyecto Conga? Y la respuesta
es sencilla: No. El proyecto minero está paralizado.
¿Entonces, qué
trabajos se están haciendo en la zona? Fácil. Cuando el proyecto paralizó
bruscamente sus actividades se retiraron las dos compañías a cargo de su
construcción. Una firma de ingeniería con renombre mundial y la constructora
más importante del país. Construir una mina así es una tarea grande.
Con las contadas
empresas de la zona que quedaron en pie, a las que no les quemaron sus máquinas
y sobrevivieron a la crisis financiera de ese momento, se concluyó una
carretera que ya estaba empezada y se hicieron algunas obras ofrecidas a la
comunidad. El reservorio Chailhuagón, por ejemplo, se hizo casi totalmente con
mano de obra local.
Así estaban las
cosas cuando se anunció que el fenómeno del Niño que viene será el más fuerte
de los últimos 65 años. Si bien las lluvias son una bendición, en exceso pueden
causar muchos daños. Uno de ellos, de carácter ambiental, es el arrastre de
sedimentos. Lava y arrastra la superficie de cerros y caminos llevando
partículas de tierra que contaminan y saturan los cursos de agua. Por ello se
empezaron las labores de prevención. Por ejemplo, se protege taludes y se
construyen serpentines y canales de derivación de aguas de lluvia. Es lo que se
debe hacer.
Se contrató mano
de obra local y se socializó el programa con las autoridades vecinas a Conga.
La compañía, además, difundió sus acciones a través de la prensa y los
pobladores confirmaron lo dicho. Los trabajos terminarían en diez días, y la empresa invitó públicamente a las personas,
verdaderamente interesadas en lo se estaba haciendo, a solicitar un pase de
ingreso para visitar la propiedad, como hace la gente de bien.
¿Se confundieron
entonces los “ecologistas” desavisados? No. Ese era el plan. Hay que tener muy
mala leche para confundir una obra minera de seis mil trabajadores, con las
labores de protección ambiental que hacen hoy día unos cien. O igualar el
movimiento de cientos de máquinas por todo el lugar con lo que hacen
puntualmente, ahora, un par de volquetes y un cargador frontal. La invasión a
la propiedad y los desmanes de ayer son parte de su estrategia para mantener
vivo el conflicto de propaganda y alarmada a la población. Un plan para tener
algo que puedan vender.
¿Cuál fue el
resultado de la brutal “inspección”? Como en las tragicomedias, no se sabe si
reír por el absurdo o llorar de la pena al escuchar el informe radial que, con
tono triunfal, dio ayer un líder “ecologista” de espíritu puro desde la laguna
El Perol:
“Encontramos
palas y mallas. ¡Hemos podido comprobar que quizá se sigue haciendo el proyecto
Conga!”.
Qué lástima,
pobre país.