jueves, 21 de junio de 2007

Las verdades a medias

El problema es sencillo de entender. Yanacocha, conforme a su política de dar preferencia de contratación a las empresas locales y a solicitud de las autoridades municipales de la zona, contrató a la compañía Ciatsa S.R.L. para la ejecución del proyecto de la carretera afirmada San Antonio Totoracocha en beneficio de esa comunidad. Ciatsa a su vez, también en cumplimiento de la política de Yanacocha de contratar preferentemente personal de la localidad, seleccionó sus trabajadores entre los vecinos del lugar.

Hasta allí todo bien. Lamentablemente, Ciatsa tuvo problemas. Por una serie de desaciertos administrativos y financieros esa empresa comenzó a incumplir sus obligaciones con sus trabajadores y proveedores. Luego de varias comunicaciones de Yanacocha para que la contratista corrigiera su situación, la mina decidió “intervenirla” una vez más. La “intervención” es un procedimiento común de Responsabilidad Social previsto en los contratos de la compañía minera para proteger los pagos a trabajadores y proveedores que adeudan las contratistas incumplidas.

En esas andaba la cosa cuando a algunos acreedores de Ciatsa se les acabó la paciencia y decidieron embargar los dineros de la contratista por incumplimiento de pago. El procedimiento es sencillo: el acreedor acude a un Juzgado y solicita una Medida Cautelar a fin de asegurar su cobranza. El Juzgado, por su parte, ordena a Yanacocha que cualquier saldo que tuviera a favor de la empresa demandada sea depositado en el Banco de la Nación hasta por un monto determinado.

Se acabó. Eso fue todo. Ciatsa –a pesar de todos los esfuerzos de buena voluntad de Yanacocha para que cumpliera con pagar sus deudas- fue embargada, y tanto sus trabajadores como los proveedores impagos que confiaron en la corrección de los dueños y funcionarios de esa empresa contratista se quedaron en el aire.

¿Tienen derecho a reclamar los trabajadores? Por supuesto. Ellos tienen todo el derecho de exigir su pago a Ciatsa. Pueden denunciar el caso al Ministerio de Trabajo y eventualmente iniciar una demanda en el Juzgado correspondiente. También pueden acudir al Juzgado donde se efectuaron los embargos contra su empleador e interponer una “tercería” para ser considerados en el destino final del dinero embargado.

Entonces ¿Por qué los trabajadores le reclaman a Yanacocha? Simple. Porque los mismos representantes de la contratista, en vez de asumir su responsabilidad, les dijeron a sus trabajadores y proveedores que no podían pagar sus deudas porque Yanacocha no les pagaba a ellos. Como siempre, dijeron una verdad a medias. La verdad completa es que la empresa minera no les podía pagar porque debido a sus incumplimientos ellos fueron embargados judicialmente por sus mismos proveedores.

Además, porque lamentablemente en nuestro país y en nuestra ciudad la población prefiere resolver sus problemas por medio de la violencia en vez de recurrir a los canales y las instituciones correspondientes. A los pobladores de la zona, en esta oportunidad, les pareció más cómodo y eficaz secuestrar trabajadores y máquinas de otra empresa cajamarquina para intentar extorsionar a la compañía minera y que ésta les pague lo que no les pudo pagar su empleador Ciatsa. Mala cosa.

El conflicto no quedó allí, como ocurre cuando se comete cualquier delito –y secuestrar personas y bienes es uno de los crímenes más graves-, intervino la policía. Los secuestradores, junto a los revoltosos y azuzadores en vez de retirarse del lugar optaron por enfrentarse con violencia a las fuerzas del orden. El resultado: contusos, mal heridos y detenidos en la cárcel.

Si el problema es tan claro ¿Por qué los “ecologistas” –como siempre- se apresuraron a culpar a Yanacocha? Porque así es su naturaleza: ellos aman las verdades a medias. Son personas que retuercen la realidad, le dan la forma que quieren y la presentan como mejor acomoda a sus intereses. Para la enrevesada lógica “ecologista” la culpable de que Ciatsa no pague sus deudas es la mina “incumplida” que se niega a cancelar un dinero que no debe. La responsable de que haya heridos es la Policía “abusiva” que no se deja golpear por los revoltosos cuando éstos la atacan. Y la ley es ciega y parcializada porque no se da cuenta de que los "pobrecitos campesinos" no sabían que secuestrar personas y apropiarse de máquinas ajenas es un delito grave.

Como siempre, la realidad es más interesante, compleja y sabrosa que una simple mentira. El caso Ciatsa y el enfrentamiento de sus trabajadores con la policía está plagado de verdades a medias hábilmente manipuladas por los “ecologistas” de siempre. Pero ¿Por qué algunas personas todavía les creen? Fácil. Lo decía mi abuela cuando algún pillo mentiroso engañaba a la gente y ésta no se daba cuenta: “es que el diablo siempre esconde la cola”.

miércoles, 20 de junio de 2007

Ponle corazón

Cuando lo visité nadie sonreía. Las personas entraban y salían del edificio cariacontecidas. Cargaban con una sombra de tristeza y de desgracia inocultable. Es que el moderno Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas en Lima no es un hospital cualquiera, es el Instituto del Cáncer, como se llamaba antes, cuando su antiguo local fue inaugurado hace casi setenta años, en 1939.

Desde aquella época hasta nuestros días en que ya se venden terrenos en la Luna y nos preparamos para conquistar el planeta Marte, lo más que hemos avanzado en el conocimiento de ese despiadado enemigo de la humanidad, es que, cuanto más antes detectemos la enfermedad mayores posibilidades tendremos de ganarle la batalla y sobrevivir a la pesadilla de haber caído en sus despiadadas garras.

El cáncer, contra lo que mucha gente cree, no es una sola enfermedad. En realidad se trata de más de doscientas enfermedades diferentes, y que pueden resumirse en una sola descripción: un crecimiento y una propagación descontrolados de células anormales del cuerpo.

¿Qué es lo que causa la enfermedad? No se sabe a ciencia cierta. Pero si uno lee y cree todo lo que se ha escrito al respecto, terminará inevitablemente por pensar que lo que realmente produce el terrible mal es el hecho simple de estar vivo. Pareciera que todo lo que hacemos y todo lo que comemos o rechazamos por la dieta, termina de una manera u otra por producirnos cáncer. Al final, la única verdad comprobada es que la desgracia más grande que te puede tocar en este puñetero mundo no es que seas un enfermo de cáncer sino que seas un enfermo de cáncer, pobre. Que no tengas los medios económicos para enfrentar al enemigo no digamos con éxito, sino, siquiera, con un poco dignidad.

Por supuesto, los que más sufren y más nos hacen sufrir son los niños inocentes afectados por esa enfermedad. Afortunadamente, desde siempre han existido las personas generosas y caritativas que no soportan el sufrimiento ajeno y que desde la creación del Instituto e incluso antes regalaron su tiempo y su dedicación para ayudarlos. A ese movimiento humanitario se unió en 1982 un voluntariado que ha persistido durante todos estos años gracias al concurso de jóvenes comprometidos e idealistas y a la participación desinteresada y solidaria de la colectividad: la colecta Ponle Corazón.

La colecta Ponle Corazón se inició en 1982 con un grupo de estudiantes de la promoción de ese año del colegio limeño Markham, motivados por un compañero que falleció de cáncer. Los jóvenes comenzaron recaudando fondos dentro y fuera de su colegio para ayudar a otros escolares que no contaban con recursos económicos para enfrentar los gastos de la enfermedad. Al año siguiente la colecta se realizó en todo el país instituyéndose la fecha de la colecta como el “Día de la Solidaridad Estudiantil”.

Veinticuatro años después, este jueves 21 y viernes 22 de junio aquí en Cajamarca, como en todo el Perú, se realizará una nueva colecta pública. La actividad, además de recaudar fondos que contribuirán a cubrir los altos costos que demanda la atención y tratamiento de nuestros niños enfermos de cáncer y que no pueden afrontarlos, buscará estimular los buenos sentimientos de los niños sanos hacia sus semejantes, fortalecer los valores humanos entre los estudiantes, los padres de familia, los docentes y los miembros de la comunidad.

La colecta Ponle Corazón se realizará en todos los centros educativos de Cajamarca, establecimientos comerciales y carpas instaladas en nuestra Plaza de Armas. El comité de voluntarias de la filial Cajamarca estará ubicado en la esquina de los jirones Dos de Mayo y Del Comercio.

Que ninguno de nuestros niños enfermos de cáncer muera por falta de recursos. Contribuye en la colecta ¡Ponle Corazón! a sus vidas.

jueves, 7 de junio de 2007

Cuidado con las mentiras

La mala noticia se difundió la semana pasada. Según la prensa local el congresista de Unión por el Perú Eduardo Espinoza Ramos, habría declarado a un medio de comunicación nacional que: “en Cajamarca hay muchos problemas con la minería y se consume agua contaminada”. Esas expresiones –en el supuesto de que haya existido tal declaración-, no tendrían mayor trascendencia sino fuera por el hecho simple de que son mentiras y de que habrían sido dichas por un miembro de la Comisión de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos, Ambiente y Ecología, del Congreso de la República, quien, supuestamente, es una persona prudente que no anda por allí diciendo barbaridades al estilo de los “ecologistas” irresponsables.

¿Por qué el congresista Espinoza incurriría en tremendo desacierto? Fácil. Porque está muy mal asesorado o porque, inocentemente, sólo repitió lo que los enemigos del desarrollo han repetido en la ciudad del Cumbe con los ojos tercamente cerrados y sin pruebas desde hace varios años, casi como un mantra: “Las minas contaminan –ergo- Cajamarca está contaminada”. Un mantra rentable por cierto, ya que así como hay algunos que sirven para alejar los malos pensamientos y otros para atraer el amor esquivo, los enemigos del desarrollo usan el de la contaminación falsa para atraer dinero a sus cuentas corrientes: esos fondos suculentos proporcionados por los inocentes cooperantes internacionales que han caído redonditos en el cuento de la agüita contaminada y el de los pobres paladines del medio ambiente amenazados de muerte por una poderosa compañía minera.

Por supuesto, en este valle de lágrimas todos tienen derecho a ganarse la vida de una u otra manera, y formar una institución no gubernamental para criticar y desprestigiar a las compañías mineras formales y responsables parece ser un negocio estupendo: se pagan muy bien y encima se pasean por el mundo dictando conferencias sobre una realidad que sólo existe en su mundo interesado, imaginario y confuso. Lamentablemente, esa cantaleta ecologista tiene un alto precio: asusta a la gente y confunde a las autoridades que, como el congresista Espinoza, de un momento a otro pueden declarar inexactitudes creyendo cándidamente que están “sintonizados” con la población, cuando lo único cierto es han caído en el juego de algún asesor congresal bruto o mal intencionado, y de los “ecologistas” mentirosos, o todo junto.

El asunto es serio. Apenas dos semanas atrás, manos terroristas sembraron una pequeña cantidad de mercurio en San Juan como parte de un complot para generar un conflicto de grandes proporciones en Cajamarca. El tema, que debió tratarse como un asunto policial y que eventualmente terminará con uno o varios sujetos inescrupulosos en la cárcel, se convirtió, gracias a la estrategia de propaganda “ecologista”, en una amenaza cataclísmica para la región. Si eso se dice aquí mismo, qué de raro tendría que lo repita una persona que vive a novecientos kilómetros de distancia y que no tiene la menor idea de lo que realmente esta sucediendo en Cajamarca.

Efectivamente, declaraciones alarmistas como las vertidas la semana pasada por un “ecologista” interesado, no le hacen ningún bien a la tranquilidad pública ni al clima de paz que desde hace tiempo anhela la población. Mucho menos a la actividad turística y comercial de la región. Decir que en Cajamarca “hasta ahora no se ha aprendido a manipular el mercurio”, o insinuar que el mercurio aparecido de la noche a la mañana en una calle de San Juan podría provenir del contrabando o de Yanacocha, como si dicha sustancia fuera de uso común o se pudiera obtener con facilidad en cualquier esquina, es por decir lo menos, una irresponsabilidad brutal.

Es paradójico, mientras Promperú invierte en promover el turismo interno a nivel nacional con especial énfasis en la sierra norte y mientras nuestros empresarios realizan esfuerzos considerables para colocar sus servicios turísticos y sus productos lácteos en un mercado bastante competitivo, los paladines del medio ambiente andan desprestigiando nuestra ciudad a su gusto y alarmando a los turistas nacionales y extranjeros con mentiras para que nadie se atreva a visitar Cajamarca ni a comprar un solo queso que provenga de esta limpia, hermosa y generosa tierra, supuestamente ahogada en mercurio.

Cuidado. Las autoridades, los líderes de opinión y las personas de buena voluntad deben tener mucho cuidado y estar atentos a esas mentiras que no son inocentes y que se pronuncian con total impunidad. La verdad es que el agua potable que provee Sedacaj y que consumimos los pobladores de Cajamarca es una de las mejores aguas tratadas del país. Y que las aguas de nuestros ríos, de ninguna manera contienen los elementos contaminantes que el ecologismo irresponsable le imputa a la actividad minera. Por el contrario, tanto los monitoreos participativos de canales y ríos –análisis realizados por autoridades, pobladores y mineros-, como los análisis que las distintas instituciones cajamarquinas realizan periódicamente y que se publican en la prensa local, dan cuenta de que esas aguas, con respecto a sus contenidos minerales, cumplen con los parámetros internacionales para consumo animal y para riego.

Ya es tiempo de que los “ecologistas” terminen con ese desparpajo a la hora de manipular informaciones, sesgar datos y directamente mentir al hablar de la calidad del agua de Cajamarca. Esta claro que a ellos no les cuesta nada desprestigiarnos y que por el contrario esas noticias falsas y apocalípticas les permiten obtener cuantiosos ingresos. El problema es que el resto de la población, decenas de miles de pobladores cajamarquinos inocentes, es el que termina pagando las consecuencias.

miércoles, 6 de junio de 2007

Un complot fracasado

Las conspiraciones tienen pies de barro: se desbaratan cuando las denuncian. Un complot de esos, fue el que enfrentó la empresa Yanacocha hace algunos días y pudo tener serias consecuencias para la región. Aquí en Cajamarca se intentó generar un conflicto que no era para resolver con pistolas de agua. Al contrario, como ya ocurrió en otras oportunidades, el objetivo fue enfrentar a la empresa minera con la población y en esta oportunidad en especial, con los miembros de la Comisión de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos, Ambiente y Ecología, del Congreso de la República, que proyectaba visitar nuestra ciudad esta semana. El complot fracasó, porque fue descubierto a tiempo.

La crónica de esta intriga enloquecida y truculenta la tenemos a la vista. Empezó con las inocentes y visionarias declaraciones del congresista Werner Cabrera quien alertó a la opinión pública sobre las posibles consecuencias de un futuro e hipotético derrame de mercurio vinculado a la empresa minera. “Si eso pasara, no podríamos denunciar a Yanacocha”, dijo el legislador pitoniso. Ese mismo día, algunas horas más tarde, se denunció la aparición de una pequeña cantidad de mercurio regada en las calles de San Juan. Pura coincidencia.

Alarmados por el “terrible” descubrimiento, los primeros en enterarse en San Juan actuaron con espectacular acierto y rapidez. ¿Se comunicaron con Defensa Civil? No ¿Avisaron al Ministerio de Salud? Tampoco ¿Reportaron el hecho a la Fiscalía? Menos. Eso lo hicieron después. Lo primero fue comunicarse con Grufides. Una organización no gubernamental con vocación anti minera, cuya acción principal en este evento fue intentar empadronar a los vecinos que quisieran demandar y obtener una indemnización del tácito culpable: para ese momento ya algunos desconocidos responsabilizaban a Yanacocha.

¿Cómo se supo que el mercurio había sido derramado por Yanacocha? ¿Se hizo alguna investigación, algún análisis? Probablemente no fue necesario. Hasta donde se sabe, algún funcionario de Grufides tiene una cámara fotográfica “científica” que indica cuando el agua de los ríos esta contaminada por la mina. Es posible que ese maravilloso instrumento se haya utilizado en esta oportunidad, y que funcione igual con el mercurio. No obstante, los mismos representantes de esa Ong “vaticinaban” un posible levantamiento de la población de San Juan si no se aclaraba inmediatamente la procedencia del metal líquido.

Sin embargo, el asunto no salió bien: desde el momento que se hizo público el hallazgo, la población de Cajamarca –que intuye muy bien todo lo que se refiere a esos sorpresivos y misteriosos brotes metálicos-, y que además está cansada de la misma cantaleta onegeosa, empezó a sospechar que se trataba, otra vez, de mercurio sembrado.

Mientras tanto, en los alrededores de su propiedad, la compañía minera enfrentaba un secuestro de maquinarias y una invasión de sus operaciones por grupos de pobladores aleccionados que -sospechosamente en estas fechas-, no reclamaban ningún derecho legitimo, sino que se trataba de dos chantajes mondos y lirondos para obtener beneficios económicos de Yanacocha. Uno de esos problemas aún persiste.

En el ínterin, por su lado, el representante de Grufides, Marco Arana, denunciaba en mayo el “acoso y seguimiento indebido” del que había sido víctima en abril por parte de los agentes de seguridad de la compañía minera. Cuando en realidad él fue sorprendido junto a un grupo de camarógrafos en actitud sospechosa, en las inmediaciones de la mina, por una patrulla de Forza. Esa es su lógica enrevesada: cuando a él alguien le toma una foto dice que se trata de un reglaje para matarlo, pero si él accede sin permiso a una propiedad privada con un grupo de camarógrafos y con toda razón le piden que se identifique, entonces se trata acoso y seguimiento indebido.

Todos estos hechos que parecen aislados, en mi opinión, tuvieron un leit movit: la primera semana de junio la Comisión de Ambiente y Ecología del Congreso iba a visitar Cajamarca y el complot se organizó para que ellos encuentren una ciudad convulsionada por un derrame de mercurio en San Juan -precisamente cuando se cumple un nuevo aniversario del incidente de Choropampa-, la amenaza de muerte contra los inocentes paladines del medio ambiente y un conflicto social de grandes proporciones en las primeras páginas de los diarios. Los “desconocidos” conspiradores fueron tan cínicos que trataron de culpar a Yanacocha de propiciar su propio descalabro para asustar a los congresistas y que desistan de venir a Cajamarca.

Lo más triste de todo este ardid es que, como siempre, los confabuladores hicieron lo que saben hacer: jugaron a exacerbar los temores de una población que sólo quiere paz social y desarrollo. No es que el tiempo no pase para los organizadores de estos conflictos sociales ni que no aprendan de sus errores, lo que pasa es que desprecian tanto a la población que ni siquiera se preocupan por usar la imaginación. Por supuesto, tampoco emplean la inteligencia, eso sería pedir demasiado.