lunes, 21 de septiembre de 2009

Las dos Cajamarcas y los malos liderazgos

La explicación es esa: no existe una, sino dos Cajamarcas que ocupan el mismo espacio geográfico y tiempo en dos mundos de realidades distintas. Dos poblaciones con visiones diferentes y encontradas respecto a nuestro futuro y el desarrollo de la actividad minera en la región. De qué otra manera pueden entenderse los sucesos de la semana pasada en Cajamarca. Me explico.

Durante la 29 Convención Minera (PERUMIN) celebrada en la ciudad de Arequipa, en la que participaron siete mil quinientos empresarios y profesionales de todo el país vinculados a esa actividad económica, se hicieron importantes anuncios para Cajamarca. Se informó, por ejemplo, que la Mina La Zanja entraría en operaciones en el tercer trimestre del 2010 y que Minera Yanacocha acumulará inversiones por cien millones de dólares durante este año en sus operaciones locales.

También se dijo que el estado de alerta del sector debido a la crisis internacional disminuye paulatinamente y que en los próximos meses se reactivarán los proyectos mineros detenidos por esa razón. La inversión calculada para los próximos diez años en nuestro país, se estima en treinta mil millones de dólares. Una gran noticia para nuestra región con una gran población en estado de pobreza, pero que puede salir de ella gracias a los inmensos recursos minerales que duermen en su subsuelo.

“(Los peruanos) Debemos ser capaces de aprovechar las grandes oportunidades que nos ofrece la minería para transformar la abundancia de (nuestros) recursos, en desarrollo sostenible e inclusivo”, dijo el presidente del Comité del Encuentro Empresarial de la convención, Pablo de la Flor.

Mientras esto sucedía en el Sur, aquí en el Norte del país la situación era otra: En Hualgayoc un grupo de comuneros en desacuerdo con las futuras operaciones de la empresa Consolidada, atacaba con armas de fuego a otro grupo de pobladores, entusiasmados con el proyecto empresarial, que acababan de participar en una reunión informativa de dicha compañía. Dos ciudadanos inocentes fallecidos y el incendio de la instalación minera fue el resultado de la intervención violenta del grupo opositor.

Por otro lado, en Santa Cruz, ocurría algo parecido. Cuando la población emprendedora de esa provincia se apresta a hacer empresa, capacitarse, y prepararse en general para aprovechar las oportunidades que generará la existencia de una gran operación minera formal en la zona, otras voces discordantes anti mineras, amenazan con realizar actos de violencia extrema para evitar que se haga realidad la millonaria inversión y se anule, por la fuerza, la única opción de desarrollo significativo que ha tenido el área en muchos años.

Más cerca, en Cajamarca misma, un grupo de “ecologistas” paisanos armó un circo mediático para evitar que la autoridad de aguas realice un estudio hidrológico que busca dotar de agua potable a una parte de los pobladores que moran al pie del Quilish. Ellos temen –dijeron- que en el futuro Yanacocha pueda usar ese estudio para operar el depósito de mineral ubicado en la parte alta.

Su temor, realmente, es que el estudio hidrológico que pretendía hacer la autoridad local concluya, entre otras cosas, que el cerro Quilish no es el “colchón de agua” que ellos han asegurado durante tanto tiempo y, por lo tanto, que se evidencie una vez más, que todos estos años han manipulado con el cuento del agua y la contaminación, a una población inocente y asustada.

¿Por qué hay dos Cajamarcas? ¿Por qué somos dos poblaciones con ideas tan distintas sobre nuestro futuro? Fácil. Es cuestión de liderazgos. En la primera Cajamarca, los empresarios, los políticos bien intencionados y los líderes sociales responsables, vienen procurando gradualmente, desde hace diecisiete años, elevar las condiciones económicas y educativas de la población. La gente emprendedora quiere una región desarrollada para su propio bien, el de sus hijos y sus vecinos. No teme a la modernidad y propone cambios en la búsqueda de un mejor nivel de vida para todos, sin excepción.

La otra Cajamarca, por el contrario, está liderada por malos políticos, algunos disfrazados de ecologistas, cuyo único objetivo es convertir a la población en su base electoral. Su estrategia tiene dos puntas: La primera, es que los pobladores sigan siendo pobres, muy pobres, para comprar sus votos con la promesa de otorgarles ayuda social. Y la segunda, es que vivan en el temor y la más completa ignorancia y desinformación. Porque así son manipulables.

El día que esa población este bien informada y mejore su nivel de vida gracias a vivir en una Cajamarca más desarrollada, con mejores oportunidades de trabajo y educación, dejará de votar por ellos. Esos malos políticos no quieren el progreso, ellos son los enemigos de Cajamarca.

La verdadera razón de los malos líderes para mantener asustada a la población con el cuento del agua y la contaminación ambiental, satanizando a todo aquel que dé la bienvenida a la inversión, es simple: la minería formal es la única actividad económica capaz de convertirse en el motor de la gran transformación que todos queremos para nuestra región. Eso, no les conviene.