martes, 25 de noviembre de 2008

Se necesita un Dios

Era uno de los dioses romanos más populares. Estaba representado por dos rostros con las miradas opuestas. Uno miraba la salida del sol y el otro divisaba el ocaso. Le llamaban Jano, el dios de los cambios y las transiciones. Era el preferido de aquellos que deseaban variar el orden de las cosas.

La gente no salía de sus casas sin dirigirle una plegaria, la oración matutina, y sus devotos no emprendían ningún proyecto serio, como casarse o comenzar una guerra, sin implorar su bendición y asistencia. Era un dios bueno.

Probablemente, Jano, el dios de las dos caras, también hubiera sido nuestro favorito en esta época. Sobre todo ahora que tratamos de atraer sobre Cajamarca algunas de las millonarias inversiones empresariales anunciadas por el Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC)

Efectivamente, los representantes de la región, junto a otros delegados nacionales, también viajaron a Lima para participar en los foros con las delegaciones visitantes y mostrar las bondades de nuestro particular paraíso de inversiones a los embajadores comerciales.

¿Qué puede ofrecer el Perú? De todo. Además de potenciales yacimientos minerales y un suelo espléndido en el que se pueden desarrollar interesantes y rentables agro industrias, contamos con un mar y una selva generosa, proveedoras de variadas y riquísimas especies. Pero, sobre todo, tenemos profesionales altamente capacitados y mano de obra hábil y desocupada lista para generar toda clase de servicios, dedicarla a la industria o apoyar cualquier aventura empresarial.

No obstante, en las regiones más apartadas del país, la población también está esperanzada en que las empresas multinacionales –aunque no sea su función- se animen a invertir en grandes obras de infraestructura como carreteras, puentes, centrales hidroeléctricas, redes de agua, represas, etcétera. Ya no interesa quien las construya, lo que importa es que se hagan.

Quién sabe, puede ser que el mismo espíritu empresarial que sacó de la pobreza extrema a muchas naciones del Asía en pocos años, también haga sus milagros por aquí. Sin embargo, antes de entusiasmarnos y de entusiasmar a otros, habría que reflexionar sobre cuan verdaderamente atractivo es nuestro pueblo para que alguien, cualquiera, se anime a invertir su capital en esta viña del señor. Veamos.

¿En el Perú, se respeta rigurosamente la ley o se hace en última instancia lo que el pueblo –esa masa anónima de gente- quiere? ¿Existe un Estado de Derecho que garantice plenamente el respeto por los contratos y las inversiones o se impone finalmente la violencia? ¿Contamos con un Poder Judicial al que se acude en todos los casos, o el pueblo –la voz de Dios- se hace justicia por su propia mano bloqueando carreteras, destruyendo puentes, saqueando mercados o incendiando edificios públicos, cuando algo le incomoda?

Si queremos que las inversiones lleguen al país, los peruanos debemos entender que, además de los grandes capitales extranjeros, la tecnología moderna y la visión para los negocios, es necesario respetar las leyes, vivir bajo el imperio de un Estado de Derecho y dirimir nuestras diferencias con altura y respeto por los demás.

No podemos continuar teniendo, por un lado, miles de necesidades cuya satisfacción ya no soporta más postergaciones, junto a la posibilidad de que los acuerdos comerciales traigan nuevas inversiones al país. Y por el otro lado, una gruesa cantidad de paisanos con temperamento suicida que, por más legítimos que sean o parezcan, buscan resolver sus problemas o atender sus intereses utilizando una agenda de violencia.

No hay otra salida, si queremos ser competitivos y atraer las inversiones que generen trabajo y riqueza, debemos realizar un cambio de actitud sincero y hacer del Perú un país en el que impere el Estado de Derecho y la paz social, de lo contrario será mejor buscar un dios todopoderoso que, como Jano, pueda ver y bendecir por igual, los extremos absurdos de nuestra enrevesada realidad.

sábado, 15 de noviembre de 2008

La crisis financiera mundial

El panorama es incierto. Por más que los gobiernos de los países más desarrollados, y en especial el de Estados Unidos, están tratando de apoyar a sus sectores financieros para que la economía de sus respectivas naciones no colapse, los resultados no son muy alentadores.

La crisis financiera mundial que empezó en América del Norte, ya ha dado la vuelta al mundo y los países más fuertes están tomando medidas para enfrentarla. El diario El País en su editorial del miércoles comenta el grave debilitamiento del sector bancario español y la economía industrial y comercial de la región.

Al problema de liquidez que asfixia a muchos grupos empresariales sanos, hay que sumar la depresión que amenaza a sectores industriales decisivos para mantener la actividad económica y el empleo en toda Europa, como el caso automotriz, decía la nota.

Por ejemplo, General Motors y Chrysler han acumulado pérdidas millonarias. GM anunció que si no recibe ayuda pública tendrá que declarase en quiebra a fin de año. Miles de trabajadores se verán en la calle, junto a otros miles que ya pasaron por esa dura prueba.

La gran pregunta es si los gobiernos deben intervenir en el rescate de cualquier otra actividad económica principal para mantener el mercado y el empleo. Hay una gran preocupación porque los sectores industriales y comerciales se vean arrastrados por la crisis.

El problema es que alrededor de esas grandes empresas gravitan miles de compañías más pequeñas con miles de trabajadores que se verán seriamente afectados en un círculo vicioso de quiebras que pueden llevar, primero a serias crisis económicas personales y familiares y luego a conflictos sociales de grandes proporciones. El asunto es realmente serio, los especialistas menos optimistas pronostican una recesión mundial para los próximos años.

La crisis financiera también llegó a Latinoamérica. En principio muchas empresas que cotizaban en las bolsas de Nueva York y Toronto han visto disminuir significativamente el precio de sus acciones. Algunas de ellas, grandes y pequeñas, han tenido que suspender sus operaciones, cuando no cerrar, ante la pérdida de su capital.

Las administradoras de Fondos de Pensiones que invirtieron en valores inmensas cantidades de dinero de sus clientes, también sufrieron pérdidas millonarias. En Argentina se llegó al extremo de nacionalizarlas ante la pérdida de hasta el cuarenta por ciento de sus colocaciones.

De igual manera se han visto afectadas las empresas exportadoras de materias primas, tanto por la disminución de los precios internacionales, como la reducción de la demanda, la misma que, se especula, puede llegar a agudizarse en los próximos años.

Además de estos efectos desfavorables, la crisis financiera mundial esta obligando a los Bancos a encarecer y hacer más difícil la obtención de créditos. Actividades de investigación y desarrollo como exploraciones mineras y petroleras tendrán que reducirse necesariamente en el futuro, con el consiguiente enfriamiento de esos sectores económicos. Un desastre para países como el nuestro que dependen significativamente de sus exportaciones mineras.

¿Y Cajamarca? Bien, gracias. Aquí vivimos a nuestro aire. La pasamos de bloqueo en bloqueo y de plantón en plantón. Todos contra todos. La verdad es que la crisis mundial no nos quita el sueño. La postergación de proyectos mineros por conflictos sociales, la baja de los precios de los minerales, la reducción de la demanda en los grandes mercados, y las quiebras y los problemas económicos de Bancos y Empresas en el mundo no nos perturban en absoluto.

A nadie, aparentemente, le preocupa que el motor de nuestra economía, Yanacocha, haya disminuido su ritmo de producción y de trabajo.

Lo cierto es que grandes proyectos de desarrollo de la región como Conga, por ejemplo –cuya postergación ya fue anunciada-, tendrán que repensarse debido a la disminución de los precios de mineral. Otros prospectos interesantes para el país así como nuevos programas de inversión, también serán archivados durante algún tiempo debido a la falta de financiamiento internacional.

No hay que ser pesimista para darse cuenta de que sería bueno empezar a preocuparnos y a actuar en consecuencia: la crisis financiera internacional está demorando en manifestarse en Cajamarca, pero llegará de todas maneras. Lo podemos jurar.

jueves, 6 de noviembre de 2008

La única culpable

El señor Tafur tiene razón: la única culpable del problema del agua en Huambocancha es Yanacocha. Eso lo viene repitiendo desde hace semanas y nadie le hace caso. La empresa por su parte, niega cualquier responsabilidad en el tema, pero las circunstancias demuestran lo contrario. Veamos.

Huambocancha era una localidad feliz. Los pobladores vivían al pie de un camino estrecho de tierra que todos se empeñaban en llamar: carretera a Bambamarca, pero que todos, también, sabían que no era más que una trocha fangosa y poco menos que intransitable en temporada de lluvia, además de un terral irrespirable durante la época seca.

Cuando Yanacocha inició sus operaciones y la economía de Cajamarca empezó a dinamizarse, el camino se volvió más concurrido y los pobladores –con razón- pidieron que se ensanchara y asfaltara la vía. Pero en vez de pedírselo al Ministerio de Transportes, como debió ser, se lo pidieron a la empresa minera. Lo hicieron varias veces y no siempre de la mejor manera porque por allí también transitaban los vehículo de la empresa. Culpable: Yanacocha.

La compañía accedió, también era bueno para ella, y en coordinación con la autoridad competente, financió los trabajos. Huambocancha fue aun más feliz de lo que ya era antes de la obra: ya no había fango, desapareció el terral, las propiedades subieron de precio, el transporte público extendió su servicio a esa zona y el comercio con la ciudad también se dinamizó.

Pero hubo un problema. Cada cierto tiempo ocurría un hundimiento en una de las curvas de la pista. La empresa minera la reparaba y volvía a hundirse. La calidad del suelo era mala. Cada vez que ocurría un desmoronamiento, los vehículos que iban y venían de Bambamarca quedaban varados hasta que la empresa, y no la autoridad competente, lo reparaba. Culpable: Yanacocha.

Otra vez el reclamo justo. ¿Qué esperaba esa minera “irresponsable” para solucionar definitivamente el problema? Yanacocha contrató una empresa de ingeniería que hizo lo que tenía que hacer: perforó el suelo para conocer su composición y mejorar la fórmula del asfalto. Santo remedio, la pista no se quebró más. Para quien no lo sepa, al perforar el suelo, los ingenieros hicieron lo mismo que hacen los médicos cuando toman una muestra de sangre del paciente, extraen unas gotas para analizarla y conocer el mal. Los ingenieros perforaron para tomar una muestra de suelo, hicieron un buen trabajo.

En ese entonces, Huambocancha –que no estaba tan poblada-, también era feliz porque tenía un hilo de agua que captaba de distintas filtraciones, en una gran extensión de terreno, y que canalizaba con piedras hasta una caja, para llevar agua a ciento seis familias. A cuatro años de reparado el asfalto de la bendita curva, debido a la disminución de las lluvias, el incremento de población en la zona, a que San Pedro bajó el dedo o sólo sabe Dios por qué, las filtraciones empezaron a disminuir hasta desaparecer. Culpable: Yanacocha.

No fue necesario realizar ningún estudio para saber quién era la única responsable de que no hubiera más filtraciones. Estaba claro que era Yanacocha. ¿Acaso no había contratado a una consultora que tomó una muestra de suelo cuatro años antes? Pues, por allí, por ese hueco malvado del grosor de un brazo se estaba yendo toda el agua de Porcón, al infinito y más allá. ¿Culpable? Yanacocha.

Los pobladores de Huambocancha –es entendible- se desesperaron, y convencidos por sus malos dirigentes de que la minera les había quitado el agua, bloquearon la carretera hasta que la empresa –culpable de Responsabilidad Social- atendió la solución a su problema: les canalizó el agua desde dos manantiales que estaban ubicados a un kilómetro de distancia y que fueron elegidos por los propios vecinos.

Como es natural, el agua de esos manantiales, uno en Porconcillo y el otro en Manzanas Capellanía, que también abastecen a otros caseríos cercanos y que luego de la canalización hecha por la empresa minera podían abastecer a ciento setenta y seis familias, tenía que tratarse, como se tratan todas las aguas del mundo, antes de destinarse al consumo humano.

Eso hicieron los pobladores durante varios años hasta que el señor Tafur se despertó una mañana y dijo que ya no quería el agua tratada de esos manantiales sino de otro. Por lo tanto, la culpable de todas las culpas debe comprar a precio de oro otra fuente de agua, canalizarla y construir una planta de tratamiento para que Tafur y su familia puedan beber un agua diferente y dormir en paz.

¿Qué puede hacer la sociedad al respecto? Nada. Yanacocha, haga lo que haga, seguirá siendo la culpable de todos los males que sufra Huambocancha. Esa es la historia de nuestro pueblo: siempre es otro el culpable de lo que a mí me pasa. Sobre todo si tiene dinero suficiente para pagar la cuenta.