Se busca un culpable. Alguien que cargue con el muerto. Convertirse en la región más pobre del Perú es un mérito malo que necesita un responsable. Algunos señalan a Goyo, dicen que la falta de inversión y empleo causantes de la pobreza son consecuencia del clima de violencia propiciado por su oposición al proyecto minero Conga.
Añaden que las acciones de Santos han hecho que Cajamarca sea percibida como una región hostil para cualquier proyecto, lo cual, unido a su ineficiente capacidad de gasto, ha acentuado la pobreza en la región. Gregorio Santos -aseguran- tiene que responder porque es el responsable político de esta situación.
¿Es el presidente regional el culpable de la crisis que se vive en el Cumbe? Puede ser. En todo caso no es el único. La minería cajamarquina fue -como dice la canción- un asunto mal manejado por tres. Un político, un cura y un terrorista se jugaron al cubilete, por poder y por dinero, el futuro de la región. Me parece, es más, que la responsabilidad recae en toda la sociedad: unos por hacer y otros por dejar hacer.
De acuerdo a las cifras del año 2013 recientemente publicadas por el Instituto Nacional de Estadística e Informática - INEI, la situación de pobreza en que se halla el 52.2% de nuestra población nos convierte en la región más pobre del Perú.
Somos una de las ocho regiones, de las 24 en que está dividido nuestro país, que durante el año pasado incrementó su porcentaje de pobreza en vez de reducirlo, como sí hicieron las otras 16. Un hecho excepcional si consideramos que hace poco tiempo éramos la región que más crecía y la más expectante debido a los grandes proyectos mineros que pronto entrarían en operación.
No obstante, no hay de qué sorprenderse. Era previsible. Cajamarca no es diferente a otros lugares del planeta. Cuando se detiene la inversión y se paraliza el motor dinamizador del mercado, el único resultado posible es la pobreza. Aquí y en la China.
Así de terca es la naturaleza: cuando siembras perales cosechas peras.
Era verdad lo que negaban irresponsablemente los anti mineros en todos los idiomas: el crecimiento y el desarrollo de Cajamarca dependían básicamente de su actividad minera, especialmente de Yanacocha. Los años de crecimiento y bonanza de la ciudad anduvieron de la mano con la operación de esa empresa.
La cuesta abajo empezó con los anuncios de la compañía acerca de la reducción de su producción primero, y de la imposibilidad de extender sus operaciones a zonas nuevas después. “Están mintiendo, nos quieren asustar”, decían los ecologistas falsos cuando los economistas advertían las consecuencias irreparables de esa situación.
Las mentiras sobre el mal uso del agua y la contaminación, y el activismo perverso de los enemigos del desarrollo funcionaron. La ignorancia de muchos y la indiferencia y el aprovechamiento de unos cuantos definió el resultado. Cerraron muchas empresas de distintos giros en Cajamarca y se perdieron miles de puestos de trabajo. La Cámara de Comercio local calculó en 80 mil la disminución de colocaciones.
Los artífices de la debacle son incorregibles. Ahora dicen en los medios que la pobreza de Cajamarca no la originaron ellos sino que “es culpa de la mina”. Se superan cada día: ya no temen el ridículo.
¿Qué se hará al respecto? ¿Qué acciones tomará esa porción de la población para quienes la oportunidad de un futuro mejor depende de la inversión en la región? Eso aún está por verse. Por lo pronto, es positivo que se sepa con certeza quienes son los que han hecho de la política local un quehacer inmundo sembrando mentiras, dudas y temor a la falta de agua, y el fantasma de la contaminación: la sociedad podrá castigarlos en las urnas de los próximos comicios. Todos terminaron siendo candidatos.
Esperemos que en las próximas elecciones, a los cajamarquinos, si no los une la razón -como decía Borges- los una el espanto. El miedo a que quienes están en el poder en este momento terminen por destruir el futuro de las próximas generaciones, como hicieron con esta, que ya no tiene remedio.