martes, 27 de marzo de 2007

Cajamarca, sus empresas y su Cámara de Comercio

Artículo escrito con motivo del 77 aniversario de la Cámara de Comercio de Cajamarca. Marzo de 2007

¿Qué es lo que determina la riqueza de una región? Ciertamente no son sus recursos naturales. Suiza no tiene salida al mar ni árboles de cacao y sin embargo posee una de las mayores flotas náuticas y el mejor chocolate del mundo. En el mismo sentido, probablemente el ejemplo extremo sea Japón, un puñado de islas con un territorio muy pequeño cuya superficie es en su mayor parte montañosa y que, sin embargo, recibe materia prima de todo el orbe y la exporta al mundo como productos terminados.

Tampoco los recursos turísticos determinan la riqueza de una región. Todos sabemos que los atractivos para el turismo no valen nada si no son puestos en valor. Esa es precisamente la tragedia de muchos de nuestros pueblos que a pesar de tener restos arqueológicos y paisajes maravillosos, no atraen a nadie porque no tienen carreteras, ni otras facilidades logísticas que hagan atractiva su visita.

¿Y los yacimientos mineros? Menos. Para que los yacimientos valgan algo, poco o mucho, primero hay que encontrarlos y luego hay que explotarlos. Eso también lo sabemos todos: el oro, la plata, el cobre o los diamantes, enterrados, son como cualquier otra piedra, no tienen ningún valor.

Lo que en realidad hace rica a una región o a una sociedad es su aparato productivo: sus empresas. La riqueza –hay que insistir-, no se produce en la universidad, ni en los ministerios, ni mucho menos en las ONGs, sólo en las empresas. Todas las demás instituciones tienen su propio rol y su propia responsabilidad en el complejo mundo social. Sin embargo, una región próspera y desarrollada, aunque lo cuestionen los enemigos del desarrollo, sólo puede lograrse con un grande, variado y fortalecido tejido empresarial.

Por supuesto, esas empresas a su vez necesitan de un clima económico propicio, un mercado saludable y paz social para lograr desarrollarse, generar ganancias, empleo, y multiplicar la riqueza. Es precisamente en ellas y con ellas que se da el círculo virtuoso del crecimiento y el progreso: inversión, producción, venta, ahorro, más ahorro y más inversión y así incesantemente, en un proceso elemental de acumulación de capital. No hay otra manera. No existe otra fórmula de éxito.

Donde se dan todas estas condiciones los empresarios están obligados a ser cada vez más productivos, y a competir por un espacio en el mercado, a retener con premios al trabajador eficiente y penalizar al que no lo es. Si no lo hace, el resultado simplemente será la quiebra. Por otra parte, el éxito empresarial se traducirá en más puestos de trabajo, mejores remuneraciones, pago de impuestos que deberían destinarse a atender las necesidades comunes de la población y por último como mayores recursos para la proyección y el apoyo social.

Es simple. Para que haya trabajo y trabajadores tienen que haber empresas. Más aún, las regiones son tan prósperas y progresistas como lo son sus empresas. La calidad de una sociedad –decía un analista español-, depende del tipo de empresa que en ella predomine. Si la sociedad genera las condiciones para la creación y el sostenimiento de empresas dinámicas e innovadoras, le espera el éxito y la paulatina desaparición de la pobreza. Si, por el contrario, pone obstáculos y desalienta la aparición de empresas competitivas, apoyando en su lugar, por un mal entendido respaldo social, a las empresas incumplidas, chantajistas, bloqueadoras de carreteras, insolventes financiera y moralmente, con bajo rendimiento técnico y profesional, el desempeño general será mediocre. Y ese será, a fin de cuentas, el espejo de nuestra sociedad.

Para mí, es aquí, precisamente, donde la Cámara de Comercio y Producción de Cajamarca esta desempeñando un rol fundamental. Nuestra Cámara, además de ser el vocero natural del empresariado local, es la institución que está dando la pauta y señalando el derrotero que deben seguir aquellas empresas o empresarios que no acaban de entender las reglas de un mercado cada vez más competitivo, en un mundo que demanda, cada vez más también, mayor responsabilidad social.

¡Feliz Aniversario! A la Cámara de Comercio y Producción de Cajamarca y a sus distinguidos Asociados.

miércoles, 21 de marzo de 2007

Día mundial del Agua 2007

Los ecologistas de verdad, están verdaderamente preocupados. Una parte de ellos está convencida de que el mundo se está secando, y que la creciente escasez de agua dulce a nivel mundial es un asunto lo suficientemente grave para demandar la urgente coordinación y cooperación de todas las naciones que conformamos este valle de lágrimas. Una articulación de acciones que garantice la gestión sostenible, eficiente y equitativa de los escasos recursos hídricos que aún quedan en el planeta.

Otra parte, en cambio, asegura que el calentamiento global derretirá el hielo de los polos y de los picos nevados aumentando el nivel de los mares hasta que el agua llegue a nuestros dormitorios, y nos saque de la cama en el medio de la noche. Esta visión apocalíptica, aunque suene poco verosímil, tiene muchos científicos adeptos quienes afirman que los cambios climáticos tendrán un impacto mayor –y más cercano- de lo que muchos creemos.

¿Nos afectará a nosotros? Parece que sí. Dicen los entendidos que si la temperatura mundial aumentara entre dos y cinco grados centígrados este siglo –algo muy probable debido principalmente a las emisiones de dióxido de carbono y la rápida deforestación de la selva del Amazonas-, los océanos crecerían de 0.18 a 0.59 metros en el mismo período. Añaden que la temperatura global en las próximas dos décadas causará enormes trastornos en la región: la elevación de los océanos causará inundaciones severas en las áreas costeras de los Estados Unidos -incluida Miami - y el Caribe, el Golfo de México, y la Cuenca del Río de la Plata. Esto puede afectar a grandes ciudades, como Buenos Aires y Montevideo.

En el Perú, según una reciente publicación del semanario Tiempos del Mundo, la Cordillera Blanca tendrá que cambiar de nombre muy pronto, porque sus nevados están derritiéndose velozmente, tornando los picos de un ecológico color marrón. Nuestras montañas andinas han perdido por lo menos veintidós por ciento de su superficie glaciar desde 1970 y el deshielo está acelerándose, manifiesta el Instituto Nacional de Recursos Naturales (INRENA). En consecuencia las acumulaciones de agua podrían causar inundaciones y avalanchas de barro que pondrían en riesgo a muchas poblaciones alto andinas.

En sentido contrario, los ecologistas de la vereda de enfrente tienen otra teoría. Según los expertos, el calentamiento global es un proceso normal en un mundo que aún no termina de cocinarse, y la mano del hombre tiene muy poco que ver con su sazón. En cuanto al agua, ésta no será un recurso natural que se extinguirá en un futuro próximo. Al contrario, el agua será mucho más accesible en el futuro, porque la revolución tecnológica más importante de este siglo será la proliferación de cultivos resistentes a las sequías. O sea, ya se están produciendo semillas que requieren la mitad del agua que necesitaban hasta ahora.

Esto –dice el analista internacional Andrés Oppenheimer-, será un avance tecnológico crucial, porque actualmente un setenta por ciento del agua que se consume en el mundo se usa para la agricultura (y no, como muchos suponíamos, para el uso doméstico). “Las nuevas tecnologías reducirán drásticamente el uso del agua para la agricultura”, afirma Fernando Miralles-Wilhelm, un especialista en agua de Florida International University. “En diez o veinte años, veremos un uso comercial generalizado de cultivos resistentes a las sequías. Además, va a haber un uso mucho más generalizado de la irrigación por goteo, como ya se ha estado haciendo por muchos años en países como Israel y Sudáfrica”.

¿Y qué esta pasando con el agua en Cajamarca? Casi nada: la tiramos al mar. Efectivamente, de acuerdo al Senamhi, el setenta por ciento del agua de lluvia que recibimos se nos escurre de las manos y termina irremediablemente en el océano. Según una información reciente, de los 280 millones de metros cúbicos que discurren por el río Cajamarquino, por ejemplo, 10 millones se nos van en lavarnos la cara y en cocinar, otros 70 millones nos los gastamos regando nuestras chacras, y los 200 millones restantes terminan, sin pena ni gloria, calmando la sed de la riquísima fauna marina.

¿Y cuánto consume la mina? Fácil. Para sorpresa de muchos pobladores y contra lo que se ha venido mal informando durante años, la mina consume menos del uno por ciento del agua que no utilizamos y que dejamos alegremente que se vaya al mar: un millón y medio de metros cúbicos por año.

Es por eso que el lema para este año del Día Mundial del Agua que se celebrará el 22 de marzo, “Afrontar la escasez de agua”, nos cae como anillo al dedo. Sin importar cuales ecologistas tienen la razón, el sentido común nos dice que ya no es tiempo de esperar milagros de nuestros recursos naturales, tenemos que actuar.

Y eso es precisamente lo que esta haciendo Yanacocha. La empresa minera se ha embarcado en la tarea de “cosechar” agua para que ésta no se pierda en el océano. Para ello firmó en el 2006 un convenio con la Municipalidad de Baños del Inca y el instituto Cuencas, con quienes esta construyendo doscientos micro reservorios de agua de lluvia que, a muy bajo costo de mantenimiento, permitirán a los campesinos obtener una producción uniforme y rentable durante todo el año, a través del riego tecnificado.

A su vez, la compañía minera está concluyendo la construcción del reservorio de aguas de lluvia más grande de Cajamarca: el reservorio San José. Una piscina descomunal que permitirá almacenar seis millones de metros cúbicos de agua que servirán, en parte, para dotar de ese elemento a las comunidades cercanas a la mina en la época seca.

Para mí, el lema mundial “Afrontar la escasez del agua”, tiene dos mensajes claros. El primero es que la escasez de agua sólo puede mitigarse con tecnología, inversión, y el concurso de todas las instituciones vinculadas al tema, de la mano con la población. El segundo es que tomemos conciencia definitiva de que la tragedia de nuestros pueblos no es tanto la pobreza generalizada como la eterna búsqueda de soluciones mágicas que jamás van a llegar.

jueves, 8 de marzo de 2007

Quilish y la cortina de humo

El argumento es conocido. El Presidente de los Estados Unidos decidió lanzar una canita al aire y terminó acusado de cometer abusos sexuales contra una menor. ¿La solución? Sencillo. Los asesores presidenciales idearon un conflicto bélico con Albania para distraer la atención de los electores, y contrataron a un director de cine para montar el engaño.

El estreno de la película La Cortina de Humo, en 1998, basada en la novela Héroe Americano de Larry Beinhart, impactó en la opinión pública mundial de aquel entonces, pues, contenía una larga lista de inquietantes similitudes con el escándalo de índole sexual entre la becaria de la Casa Blanca, Mónica Lewinsky, y el entonces presidente demócrata de los EEUU, Bill Clinton.

La trama de noventa y cinco minutos se desarrolló en la capital de los Estados Unidos de América, Washington, a once días de las elecciones presidenciales y el objetivo, cuándo no, fue distraer la atención del electorado con artimañas disuasorias que ayudaran, en ese caso, a que el presidente no perdiera la ventaja en las encuestas anteriores al escándalo. En la cinta, al igual que en la vida real, el fraude se sustentó en el manejo de los medios de comunicación y la exaltación de los sentimientos de la población.

En realidad, cuando se deja de lado la moral, la manipulación de la ciudadanía pasa por un procedimiento sencillo: Lo primero es buscar algo grande, un lío de proporciones que impacte los sentimientos de la gente. Determinado el objetivo, lo demás es fácil: se filtran informaciones falsas y se manipulan las imágenes. Lo esencial de la farsa es lograr que la historia sea creíble. La realidad no importa… la realidad no existe.

¿Y funcionan? Sí, hasta que alguien las pone en evidencia. Las cortinas de humo no tienen límites ni nacionalidad. Las hay de todos los tamaños y se emplean en cualquier lugar. En Cajamarca, es reciente el episodio del escándalo fabricado por los “ecologistas” con el cuento del ingreso de Yanacocha al cerro Quilish para convertirlo en mina.

El lío artificial de Quilish, montado por los “ecologistas” la semana pasada, en efecto, no fue más que eso: una cortina de humo para distraer a la población de un hecho evidente: al ecologismo local no le interesan ni el medio ambiente cajamarquino ni su población, y que detrás de todas sus posturas no hay otra cosa más que aspiraciones e intereses políticos.

La estrategia “ecologista” para distorsionar la realidad y manipular a la población exaltando el regionalismo y el temor, tuvo como objetivo en esta oportunidad, distraer a la ciudadanía del hecho de no haberse pronunciado ni intervenido en los graves problemas de Michiquillay, donde ciertos grupos interesados están impidiendo que se limpien las zonas verdaderamente contaminadas con productos químicos.

Tampoco se pronunciaron sobre los conflictos de Chugur, donde hay dos proyectos mineros amenazados por grupos de ronderos politizados; ni mucho menos en el caso de Algamarca, donde los “ecologistas” se negaron a intervenir en favor de la población y el ecosistema del Valle de Condebamba.

¿Por qué no intervinieron los “ecologistas” en estos temas? Probablemente, porque en ellos no hay ningún dinero que ganar, y porque ningún organismo internacional está patrocinando, en esta oportunidad, el desinteresado esfuerzo del “ecologismo” local.

Sin embargo, en la realidad, a diferencia de las películas donde a los ciudadanos les encanta dejarse embaucar, la verdad casi siempre sale a flote y pasa la factura a los alegres embaucadores. El caso del affaire Clinton – Lewinsky culminó con una acusación penal en contra del presidente por un delito de perjurio.

En nuestro caso, la falsa historia de que Yanacocha ingresó al cerro Quilish para convertirlo en mina no culminará con ninguna demanda. No obstante, para mí, es la confirmación de un hecho fundamental y del que, supongo, toda persona medianamente informada ya se ha dado cuenta: los “ecologistas” mienten.