Artículo escrito con motivo del 77 aniversario de la Cámara de Comercio de Cajamarca. Marzo de 2007
¿Qué es lo que determina la riqueza de una región? Ciertamente no son sus recursos naturales. Suiza no tiene salida al mar ni árboles de cacao y sin embargo posee una de las mayores flotas náuticas y el mejor chocolate del mundo. En el mismo sentido, probablemente el ejemplo extremo sea Japón, un puñado de islas con un territorio muy pequeño cuya superficie es en su mayor parte montañosa y que, sin embargo, recibe materia prima de todo el orbe y la exporta al mundo como productos terminados.
Tampoco los recursos turísticos determinan la riqueza de una región. Todos sabemos que los atractivos para el turismo no valen nada si no son puestos en valor. Esa es precisamente la tragedia de muchos de nuestros pueblos que a pesar de tener restos arqueológicos y paisajes maravillosos, no atraen a nadie porque no tienen carreteras, ni otras facilidades logísticas que hagan atractiva su visita.
¿Y los yacimientos mineros? Menos. Para que los yacimientos valgan algo, poco o mucho, primero hay que encontrarlos y luego hay que explotarlos. Eso también lo sabemos todos: el oro, la plata, el cobre o los diamantes, enterrados, son como cualquier otra piedra, no tienen ningún valor.
Lo que en realidad hace rica a una región o a una sociedad es su aparato productivo: sus empresas. La riqueza –hay que insistir-, no se produce en la universidad, ni en los ministerios, ni mucho menos en las ONGs, sólo en las empresas. Todas las demás instituciones tienen su propio rol y su propia responsabilidad en el complejo mundo social. Sin embargo, una región próspera y desarrollada, aunque lo cuestionen los enemigos del desarrollo, sólo puede lograrse con un grande, variado y fortalecido tejido empresarial.
Por supuesto, esas empresas a su vez necesitan de un clima económico propicio, un mercado saludable y paz social para lograr desarrollarse, generar ganancias, empleo, y multiplicar la riqueza. Es precisamente en ellas y con ellas que se da el círculo virtuoso del crecimiento y el progreso: inversión, producción, venta, ahorro, más ahorro y más inversión y así incesantemente, en un proceso elemental de acumulación de capital. No hay otra manera. No existe otra fórmula de éxito.
Donde se dan todas estas condiciones los empresarios están obligados a ser cada vez más productivos, y a competir por un espacio en el mercado, a retener con premios al trabajador eficiente y penalizar al que no lo es. Si no lo hace, el resultado simplemente será la quiebra. Por otra parte, el éxito empresarial se traducirá en más puestos de trabajo, mejores remuneraciones, pago de impuestos que deberían destinarse a atender las necesidades comunes de la población y por último como mayores recursos para la proyección y el apoyo social.
Es simple. Para que haya trabajo y trabajadores tienen que haber empresas. Más aún, las regiones son tan prósperas y progresistas como lo son sus empresas. La calidad de una sociedad –decía un analista español-, depende del tipo de empresa que en ella predomine. Si la sociedad genera las condiciones para la creación y el sostenimiento de empresas dinámicas e innovadoras, le espera el éxito y la paulatina desaparición de la pobreza. Si, por el contrario, pone obstáculos y desalienta la aparición de empresas competitivas, apoyando en su lugar, por un mal entendido respaldo social, a las empresas incumplidas, chantajistas, bloqueadoras de carreteras, insolventes financiera y moralmente, con bajo rendimiento técnico y profesional, el desempeño general será mediocre. Y ese será, a fin de cuentas, el espejo de nuestra sociedad.
Para mí, es aquí, precisamente, donde la Cámara de Comercio y Producción de Cajamarca esta desempeñando un rol fundamental. Nuestra Cámara, además de ser el vocero natural del empresariado local, es la institución que está dando la pauta y señalando el derrotero que deben seguir aquellas empresas o empresarios que no acaban de entender las reglas de un mercado cada vez más competitivo, en un mundo que demanda, cada vez más también, mayor responsabilidad social.
¡Feliz Aniversario! A la Cámara de Comercio y Producción de Cajamarca y a sus distinguidos Asociados.