miércoles, 20 de noviembre de 2013
El accidente de Sedacaj
Los enemigos del desarrollo volvieron a rasgarse las vestiduras. “Otra vez los mineros nos van a dejar sin agua”, alertaba por la radio un conocido profesor de barba descuidada y voz aguardentosa. El mal educador llamaba a la “unidad popular” incitando a una revuelta contra las autoridades “arrodilladas a Yanacocha”, porque Sedacaj cortó el abastecimiento y no hubo agua potable en Cajamarca durante tres días, el fin de semana pasado.
Otros dirigentes advertían, en el mismo medio, que “ésta falta de agua (ocasionada por la mina) es un ejemplo para las futuras generaciones”. Por su lado, una pobladora, debidamente aleccionada, aseguraba que la ciudad se quedó sin agua potable “por culpa de Yanacocha”. La acusación más perversa la deslizó otra mujer: “el corte de agua bien pudo deberse a un derramamiento de residuos tóxicos”.
¿Qué pasó en realidad para que la empresa proveedora de agua potable cortara el suministro? Simple. La respuesta la dio a la prensa local el jefe de Imagen Institucional de Sedacaj, Otto Quevedo. El jueves pasado por la tarde -dijo-, a la altura del km. 2.7 de la carretera a Bambamarca, una máquina que trabaja en el tendido de la nueva red para abastecer con más agua potable a la ciudad "fracturó" por accidente una tubería de 17 pulgadas de diámetro, dejando sin servicio al 70% de los usuarios.
Inmediatamente -continuó Quevedo- se formaron cuadrillas de mantenimiento con trabajadores especializados. La reparación culminó el viernes, sin embargo, volvieron a tener problemas el sábado. Solucionado el problema definitivamente, el domingo se repuso el servicio a la población, refirió el funcionario. Durante la emergencia, añadió, Sedacaj dispuso de “siete cisternas para distribuir agua en las zonas periféricas de la ciudad”. Quevedo pidió disculpas a la población afectada, y señaló que la labor de Sedacaj es estrictamente técnica y social.
Con respecto a la turbidez con la que llega el agua a las viviendas en estos días, dijo que se debe al sarro de las tuberías, y recomendó “dejar momentáneamente correr el agua” antes de usarla. Explicó que esto es normal y ocurre “cuando hay movimiento de tuberías de grandes volúmenes”. Recalcó que “eso no se debe a contaminantes”. Finalmente -aunque pecando de inocente- el jefe de imagen exhortó a los candidatos diciendo que: “No se debe sacar provecho político de este problema”.
¿Minera Yanacocha tuvo alguna responsabilidad en este hecho, como aseguran los paladines del agua potable? Sí. Probablemente sea cierto. Me explico.
El cambio de tubería que realiza Sedacaj es para reemplazar una más angosta, menos apropiada y a punto de colapsar por antigüedad. Con ello se trasladará más agua a la ciudad beneficiando a miles de pobladores que no contaban con servicio adecuado o simplemente no tenían ninguno. Esto se está haciendo gracias a una donación de cerca de veintisiete millones de soles que la empresa minera entregó a la cuidad para financiar siete proyectos de agua que favorecerán a alrededor de 180 mil pobladores.
Quizá si los “sinvergüenzas” mineros -como denuncian los enemigos del desarrollo- no estuvieran financiando las obras, estas no se estarían haciendo y, en consecuencia, no hubiera ocurrido ningún accidente, ni se hubiera cortado el agua potable durante tres días.
No obstante, la población cajamarquina, las autoridades serias y la empresa minera, han enfrentado con madurez este nuevo intento de los activistas anti mineros por prenderle fuego a la ciudad con uno de sus acostumbrados escándalos mentirosos: no les han hecho el menor caso. Quienes están aprovechando la situación, en cambio, y quizá sean parte de la estrategia de alarmar a la población, promover el disturbio y ganar figuración, son algunos candidatos al sillón municipal de Cajamarca y alrededores.
Lo bueno es que estos últimos se están apresurando a mostrarse tal como son. No parece probable que Cajamarca vuelva a elegir a esos incompetentes que hacen política provocando escándalos y asustando a la población. Luego se molestan cuando, con razón, la opinión pública los llama: terroristas.