sábado, 5 de noviembre de 2011

¿Cajamarca está mejor o peor?

Las noticias de las últimas semanas son apocalípticas. Los enemigos del desarrollo dicen que el proyecto minero Conga, de la empresa Yanacocha, acabará con la vida en Cajamarca. Los primeros en desaparecer, aseguran, serán los distritos de Sorochuco, La Encañada y Huasmín. A la falta de agua le seguirá una contaminación ambiental del fin del mundo que convertirá en territorios fantasmas los que hasta hoy son valles hermosos y centros poblados que se dedican a la ganadería lechera y a la agricultura de subsistencia. Lo mismo, y más, dijeron cuando la empresa inició sus operaciones hace 19 años.

Los voceros de los movimientos anti mina, anti desarrollo y anti todo, han pintado a través de los medios de prensa un sombrío panorama del futuro regional refiriéndose al cataclismo que significaría la puesta en marcha de dicho proyecto. “Basta ver el daño que le ha hecho Yanacocha a Cajamarca (distrito) para no permitir que esa empresa abusiva trabaje en otras zonas”, dicen con su verba florida los discrepantes. Ante una amenaza tan seria y tratándose de la vida de cientos de miles de personas que tenemos la suerte de vivir en esta generosa región minera de nuestro país, es hora de poner las cosas en perspectiva.

¿Cajamarca realmente ha empeorado con la presencia de Yanacocha? ¿Hay motivos que justifiquen esa ola de ataques contra la empresa minera? No. De ninguna manera. Aunque es probable que hayan personas que añoren con nostalgia aquellos tiempos en que nuestra ciudad era un lugar bucólico donde vivir un apacible retiro –a mí también me pasa cuando estoy en medio de un tráfico insoportable, pero ocurre lo mismo en Lima o en Trujillo-, lo cierto es que Cajamarca se ha convertido en un polo de desarrollo y ha crecido enormemente en todo sentido. Crecido para bien.

Nuestra ciudad es cada vez más rica, con más oportunidades de empleo, más saludable, mejor educada, más pacífica, y mejor conectada con el resto del país y del mundo. Pese a que aún hay mucha pobreza y desnutrición que disminuirán paulatinamente en la medida de que haya más inversiones en la región y se gestione con mayor eficiencia los fondos provenientes del Canon minero, los signos de progreso son evidentes y hay que ser muy mezquinos para no reconocerlo. El progreso es innegable.

“Que la mina no es todo y sería bueno no descuidar el agro y la ganadería”, es cierto. Estamos todos de acuerdo. Ellas nos llenan la olla. La empresa minera, sin que ese sea su objetivo de negocio, ha efectuado inversiones importantes a través de sus fundaciones Foncreagro y ALAC para apoyar dichas actividades. Ojala los “luchadores por bien social” tuvieran algo que mostrar en ese sentido –los gritos, insultos, bloqueos de carretera y marchas por quítame estas pajas, no cuentan-, y se dedicaran a promocionar las inversiones en ambos rubros. Al final se trata de hacer empresa y los emprendedores ponen su capital y esfuerzo en las actividades que les rindan un ingreso y que tengan futuro.

Al respecto, precisamente, y eso no dicen los antimineros, las cuatro lagunas que el proyecto transvasará triplicando la cantidad de agua actualmente disponible, serán el mayor incentivo para que los ganaderos y agricultores incrementen su producción anual. ¿Cómo? Simple. En épocas secas no hay pastos y por ende no hay leche. Las vacas se rematan en las ferias pecuarias por menos precio de lo que vale un cachorro de raza. Por su parte, los agricultores siembran sólo cuando hay lluvia para regar sus campos. Sus cosechas son limitadas y dependen de la buena voluntad de la diosa naturaleza. En el futuro, en cambio, con los reservorios del proyecto tendrán agua todo el año. Aplicando tecnologías modernas, como el riego por aspersión, su rendimiento, ingresos económicos y nivel de vida se elevarán significativamente.

Los agitadores tampoco mencionan los miles de puestos de trabajo directo e indirecto, oportunidades de negocio dentro y fuera del proyecto, infraestructura vial y de energía eléctrica, demanda de servicios, dinero circulante, y el emprendedurismo que, base de cualquier sociedad progresista, inyecta a la población una operación multimillonaria como Conga.

Aunque la prensa suele centrarse en las malas noticias porque es la preferencia del público, las encuestas reflejan que la población ve, cada vez más, con buenos ojos a la actividad minera formal. En especial a Yanacocha y sus trabajadores por el desarrollo y el bienestar que la operación ha traído a la región. Que hay expectativas insatisfechas, es cierto. Que más gente quisiera trabajar en el proyecto, cómo no. Que todos queremos beneficiarnos de la mina, sería ideal. Pero todos sabemos también que una sola empresa no puede atender todas las necesidades de una región. Y que lo negativo que se dice Yanacocha tiene más de mala leche y leyenda que de cierto.

Cuando los antimineros hablan del “daño irreparable que Yanacocha le ha hecho a Cajamarca”, yo le pregunto a mis vecinos y sobre todo a los jóvenes y a las madres de familia: ¿Qué elegirías para vivir, una Cajamarca con o sin Yanacocha? Hasta los más recalcitrantes admiten que gracias a la Mina, hoy vivimos mucho mejor que antes. No obstante, hay un gran sector de la población que aún no percibe esos beneficios.

Ahora es el turno esperado de que las cosas buenas que trae consigo la minería formal y responsable lleguen a las comunidades vecinas al proyecto Conga. Los enemigos del desarrollo no lo quieren. Están frenéticos. A toda costa, y pierda quien pierda, tratarán de quitarles su valiosa oportunidad. Cajamarca y el país entero no lo pueden permitir.