El Consejo Nacional del Ambiente (Conam), la autoridad ambiental nacional encargada de planificar, promover, coordinar, controlar y velar por el ambiente y el patrimonio natural de la Nación, acaba de otorgar a Minera Yanacocha el Premio Nacional a la Producción más Limpia y a la Eco Eficiencia-Edición 2006, “por haber demostrado que viene implementando eficientemente prácticas de producción más limpias”, gracias a su sistema de tratamiento de agua y sus procedimientos de control de sedimentos.
Este importante reconocimiento, además de calificar a la compañía minera cajamarquina como excelente en el manejo de sus asuntos ambientales, desmiente las afirmaciones burdas e interesadas de ciertos personajes y organizaciones vinculadas a organismos internacionales anti mineros que durante años se han dedicado a dañar la imagen de responsabilidad ambiental de Yanacocha, acusándola de contaminar el medio ambiente.
El mensaje es claro: Yanacocha es una empresa responsable. ¿Y qué dicen los enemigos del desarrollo? Nada. Están desesperados. Ahora tratan de confundir a la opinión pública vinculando a la compañía minera con el asesinato de un líder comunal. Otra mentira de patas cortas. Es que cuando más perversa parezca la empresa, más buenitos parecen ellos.
Recuerdo la historia de Calas que contó Francisco Miró Quesada en uno de sus lúcidos artículos periodísticos. Era un hombre modesto que vivía decentemente con su familia. Un día de 1761, uno de sus hijos se ahorcó y, por una serie de motivos tan estúpidos como crueles –cualquier parecido a las acusaciones de ciertos personajes en contra de Yanacocha, son pura coincidencia-, se le acusó de haberlo asesinado. Calas negó el crimen, pero nadie le creyó. ¿Dónde está la prueba? Preguntó inocentemente, y sus vecinos lo miraron horrorizados: el cadáver estaba allí. Después de un breve juicio se le condenó a ser públicamente ejecutado mediante el tormento de la rueda. Ese suplicio en que se van quebrando todos los huesos del castigado hasta matarlo.
Al año siguiente –continuó el historiador- el gran pensador francés Voltaire se enteró de lo sucedido, decidió reivindicar el nombre de Calas y salvar a su esposa y a sus hijos de la miseria y la vergüenza en que vivían. Voltaire tenía una fama inmensa y gozaba de las mejores relaciones en todos los círculos intelectuales, políticos y sociales del París de su época. Pero sobre todas las cosas, Voltaire tenía fe en la razón. La publicación de su folleto titulado “Historia de Elizabeth Canning y de Calas” enteró a todos los miembros importantes de la sociedad parisina del atroz crimen que se había cometido contra Calas. Y como su argumentación era racional, los convenció.
El caso Calas fue la demostración de un hecho fundamental: la opinión pública se equivoca. Y los enemigos del desarrollo lo saben, por eso tratan de confundirla con acusaciones y argumentos burdos, cuando no ilegales que merecen no sólo una sanción judicial sino el repudio del gremio empresarial y de toda la sociedad.
Desfigurar la realidad es mentir. Disfrazar o distorsionar la historia reciente también lo es. Manosear groseramente la información en función de objetivos interesados, como lo han hecho los enemigos del desarrollo en el caso del asesinato de un ciudadano cajamarquino, con el único objetivo de volver a dañar la imagen de la empresa más importante de la región en la que laboran miles de cajamarquinos y otros tantos peruanos decentes, es un fraude grave contra la sociedad porque, nuevamente, esos personajes han traicionado la buena fe de la población.
Puede parecer poca cosa y quizá, como en otras ocasiones, los enemigos del desarrollo se burlen de todos nosotros con esa sonrisa sarcástica que les dibuja la impunidad, pero deben recordar el viejo dicho: “Se puede engañar a alguno muchas veces, se puede engañar a muchos alguna vez, pero no se puede engañar a todos siempre”. Ya es tiempo de que empiecen a pagar por sus mentiras.