martes, 21 de noviembre de 2006

El candidato de la mina

Por fin terminó la campaña electoral. Del cúmulo de acusaciones y de los “destapes” periodísticos que señalaron a uno y a otro aspirante, al final no quedó claro quién es “el candidato de la mina”. Si hacemos un recuento de las denuncias parecería que, aparte de ser algo muy malo, los postulantes mineros son casi todos.

¿Tendría algo de malo ser un candidato minero? De ninguna manera. Cajamarca ha tenido alcaldes extraídos del gremio ganadero. También lo hubo del mundo de los Organismos no Gubernamentales. ¿Qué de malo tendría la postulación de un candidato proveniente de las canteras en una ciudad cuyo motor de desarrollo es la actividad minera? Nada en absoluto.

¿Quién es, entonces, el candidato de “la mina”? Analicemos, de acuerdo a las recomendaciones que dio un analista cubano para elegir a un buen político.

En el supuesto de que “la mina” hubiera decidido lanzar un candidato o candidata para un puesto tan importante como Presidente de la Región o Alcalde Provincial, probablemente los hubiera escogido con el mismo rigor con que escoge a sus funcionarios más importantes. La empresa, al igual que todas las grandes compañías del mundo, hubiera contrato un Head Hunter, un “cazador de cabezas” para identificar a las personas más idóneas para el puesto.

Un Head Hunter hubiera empezado por analizar la tarea para la que recomendaría al posible seleccionado. El tipo de trabajo que realizaría y lo que se espera de él. El caza talentos hubiera evaluado los conocimientos, la experiencia, la edad, la situación familiar, los rasgos sicológicos, la personalidad y la capacidad de trabajo en equipo de los postulantes. Por supuesto, también hubiera valorado sus antecedentes morales: para ese tipo de puestos nadie quiere contratar una persona con referencias menos que intachables. No se puede poner al frente del gobierno a una persona inadecuada.

A diferencia de una buena parte de la población que escoge su candidato al azar o por simple simpatía, el Head Hunter contratado por “la mina” sería especialmente exigente en la elección del mejor postulante, es un asunto de dinero: si escogiera mal la compañía minera no lo volvería a contratar. Aquí no funcionaría ese lema de campaña que decía: “Vote por mí, ¿a usted qué más le da?”.

El candidato elegido sería tolerante: sabría convivir respetuosamente con aquellas formas de vida o expresiones que le gustan o le molesta pero no son ilegales. La intolerancia ha sido una de las razones que ha generado más conflictos en la Cajamarca de nuestros días. Sería prudente para poder seleccionar, con ética, la mejor opción o la menos mala entre las que le presentara la vida. Sería compasivo con los infelices, pero a la vez firme para que la compasión no se confunda con debilidad: saber negarse cuando lo que le piden es inconveniente, ilegal o indecoroso, incluso a costa de perder popularidad. Sería cordial, sobre todo con los adversarios políticos y con sus detractores, a fin de mantener el dialogo racional que debe primar en toda sociedad.

Los seleccionados tendrían fama de honrados: no se puede dudar de la honradez de las autoridades porque genera una serie de comportamientos nocivos que empobrecen al conjunto de la sociedad. Hubo una ministra Sueca que renunció a su cargo y pidió perdón a la población por comprar un vestido con dinero del Estado.

El candidato de “la mina” tendría sentido común para entender los verdaderos intereses que se esconden detrás de los conflictos. Tendría autoridad para ser respetado con aprecio por la población, en vez de dar órdenes como un tirano. Sería humilde para tratar con todos y todos los casos, y así entender las verdaderas necesidades de la gente. Esa humildad también le permitiría reconocer sus errores y disculparse cuando haya que hacerlo. Tendría seguridad en sí mismo para liderar su equipo de trabajo y tomar las decisiones correctas aunque todo el grupo prefiera escoger el camino más fácil.

Por último, al margen de los valores morales y los rasgos sicológicos, el candidato minero sería elegido, por supuesto, entre aquellos postulantes con una sólida formación profesional y cultural. Sería deseable que conozca de derecho, economía, negocios, urbanismo, ecología, agricultura e historia, por ejemplo. La experiencia también es importante, pertenecer al mundo académico, ser un político notable o un empresario de éxito, serían, entre otras, condiciones estimables a tener en cuenta.

Finalmente y para coronar todo lo anterior, el candidato de “la mina”, elegido por cualquier caza talentos, no podría ser recomendado sin poseer un Plan de Gobierno viable y serio. Nada más riesgoso que los candidatos amantes de la improvisación.
Entonces ¿Quién es el candidato? Nada más sencillo. Busque usted entre los aspirantes que reúnan todas las características descritas y probablemente encuentre, entre ellos, “el candidato de la mina”.