martes, 7 de noviembre de 2006

Cajamarca y el arte de la transmutación

El espectáculo del circo ya está en el Lima. El afamado “Festival del Círculo”, presentado por La Tarumba gracias a la colaboración de la Alianza Francesa y la Embajada de Francia llegó a nuestro país. Al grupo nacional de teatro y circo La Tarumba se sumarán tres reconocidas compañías: una de Bélgica y dos francesas.

Dicen que el circo es la conquista de lo imposible, que reúne todas las artes del espectáculo y que contiene a la vez riesgo y emoción. Nos encandila y transporta a un mundo mágico de suspenso con sus malabaristas increíbles y sus trapecistas de miedo. Nos alegra el corazón con la gracia de los payasos y muchos hemos quedado asombrados como unos chicos, de por vida, con los trucos de la transmutación. Esos actos de magia que ante nuestros propios ojos convierten una cosa en otra muy distinta. Un espectáculo.

Otro evento circense, pero este sí con puros artistas regionales, se presentó hasta la semana pasada aquí cerca, en Hualgayoc. Un suceso que, como dijo Enrique Santos Discépolo para la Argentina, también es válido para nosotros: Cajamarca debería salir de gira, nos hemos convertido en un espectáculo. Nosotros presentamos el show de la transmutación. Me explico.

El 13 de octubre un grupo de pobladores desempleados, organizados en una asociación denominada Trabajadores Mineros de Hualgayoc, tomó por asalto la carretera que conduce a la compañía minera Gold Fields, con la única intención de paralizar sus actividades y forzarla a contratar a dos mil quinientas personas, cuando dicha empresa, según su vocero oficial, sólo necesitaría alrededor de trescientas en la etapa de construcción en que se encuentra.

Asimismo, los desempleados exigían a esa compañía privada que contrate a las noventa empresas que se han creado en la zona con el único objetivo de vender sus servicios a la minera. Por supuesto, a los demandantes les tenía sin cuidado que Gold Fields no los necesitara en ese momento. Y mucho menos importaba, claro, que los postulantes no poseen ninguna calificación para las tareas mineras que por lo general son especializadas e involucran riesgos que, necesariamente, deben ser controlados por personal capacitado. Su currículo dice que son pobladores de la zona y con eso basta.

Lo asombroso, y aquí viene el acto de magia, es que cuando la empresa no cedió al chantaje y por el contrario decidió paralizar sus operaciones, los alborotadores –dejamos intacta su verdadera necesidad de trabajo-, transmutaron. Efectivamente, de padres de familia desesperados por puestos de trabajo y de noveles empresarios regionalistas, los manifestantes se transformaron en férreos defensores del medio ambiente.

¿Qué pasó? Fácil. Los cabecillas de la revuelta –irresponsables pero no tontos-, sabían muy bien que su posición era absurda, que ningún mediador serio o comisión conciliadora del Gobierno avalaría sus exigencias. Los líderes con intereses políticos y económicos, sabían que se les había pasado la mano. Por eso el cambio. “El verdadero reclamo es por el medio ambiente”, dijo uno de los voceros a la prensa radial, una semana después de iniciado el bloqueo. “El problema no es el trabajo sino que el agua se ha secado en Coymolache, Pilancones y Hualgayoc”, añadió el comunero.

Los reclamos por trabajo transmutaron, de la noche a la mañana se convirtieron en reclamos por el agua –cualquier parecido con un hecho reciente en alguna zona cercana, es pura coincidencia-, los pobladores empezaron a reclamarle a la compañía minera por secar los acuíferos de la zona, burdo argumento considerando que la empresa ni siquiera ha empezado a operar: recién está en la etapa de construcción de mina.

Los pobladores de Hualgayoc necesitan trabajo. No cabe ninguna duda. Pero paralizar las operaciones de una compañía minera y anular los pocos cientos de trabajo que ya se crearon en beneficio de una mayoría de paisanos y otros tantos compatriotas no es ninguna solución al problema, al contrario: lo agrava.

Como lo agravan los comentarios simplones de ciertas autoridades que en vez de involucrarse en la investigación y búsqueda de una solución razonable al conflicto se arriesgaron a realizar comentarios nubesinos: “Que hermoso sería un pacto entre la empresa y las comunidades, ya sea en la construcción de carreteras, canales, edificios escolares, el apoyo a los servicios de salud entre otros”, le escuche decir en la radio a un líder de opinión desinformado.

Los enemigos del desarrollo atacaron de nuevo. Estuvieron en Hualgayoc jugando con la necesidad de la población, ofreciéndoles puestos de trabajo imposibles y echándole la culpa a un proyecto minero que ni siquiera empieza, por una falta de agua que en esta época del año, desde tiempos inmemoriales, es cosa de la naturaleza.

Lo lamentable es que sólo hay ojos ciegos para ver el daño que se le está haciendo a Cajamarca y el atropello a los derechos de la empresa y de las familias que laboraban en ella, y que a pesar de que sus funcionarios dijeron su verdad, a nosotros los peruanos nos convencen y nos gustan más las noticias malas y enrevesadas que las noticias buenas y transparentes. Es por eso que se hace muy fácil destruir la reputación de una empresa y en cambio es muy difícil levantarla.

Lo mismo sucede en los misterios de la transmutación, no es nada extraordinario convertir a un hermoso príncipe en rana. Lo difícil es transformar una rana en un apuesto príncipe, eso exige un alto grado de magia.