Menos mal. Cuando parecía que estábamos condenados a vivir para siempre la telenovela de la persecución del Padre Arana, se inició en nuestra ciudad el II Foro Cajamarca Presente y Futuro.
Menos mal también, que un panelista sensato tuvo la respuesta a flor de labios para impedir que la fábula de espionaje sacerdotal se convirtiera en un tema de discusión del evento: “perdemos el tiempo en cojudeces y no discutimos temas de desarrollo”, dijo el expositor con su verba florida, cuando le preguntaron su opinión respecto al “reglaje” del mencionado cura. Santo remedio.
El evento, la segunda parte de un esfuerzo interregional que se inicio el año pasado con un diagnostico sincero de la realidad cajamarquina, buscó en esta nueva edición propiciar propuestas para el progreso regional y reflexionar sobre los planes de desarrollo concertado que involucrarán a los nuevos actores del Gobierno Regional, los Gobiernos Locales y el conjunto de la sociedad. La tarea no es poca cosa si consideramos que los grandes problemas regionales se vienen enfrentando, de acuerdo al análisis, con “una perspectiva sectorial, cortoplazista, desarticulada y muy poco participativa y con bajos niveles de representatividad”. Por supuesto, todo ello con resultados muy pobres y con escasas mejoras en los niveles de calidad de vida de la población.
El Comitium, como se llamaba originalmente a las sesiones en las cuales un grupo de expertos exponen y discuten sobre el tema a tratar y que suelen ser abiertas al público, contó en esta oportunidad con la participación de autoridades, expertos y líderes de opinión cajamarquinos y foráneos. Claro que estos últimos fueron bien recibidos porque no se quedaron a buscar trabajo en Cajamarca. De hacerlo, probablemente se hubieran llevado una desagradable sorpresa: a estas alturas de la globalización –y en contra del sentido común-, aún hay personas que piensan que los puestos de trabajo en la región son exclusivamente para los nacidos en ésta hermosa tierra del Cumbe.
Comentario aparte, los expositores del Foro hicieron interesantes propuestas, como la del director del Instituto Cuencas, Telmo Rojas, para quien no hay planteamiento de desarrollo posible sin un verdadero “plan sustentable” que considere la explotación racional del agro y la minería. El analista tiene una visión desapasionada e inteligente del uso del agua y la conservación del medio ambiente que armoniza con las actividades económicas más importantes de la región.
Se platicó sobre la falta de institucionalidad, la erradicación del analfabetismo y la necesidad de un “Centro de Planificación Territorial Regional”, entre otros temas. También se propuso estrechar los lazos entre industria-investigación e industria-enseñanza, como ocurre en los países desarrollados. No faltó un bienintencionado –que desconoce de nuestros viscerales enfrentamientos provincianos-, quien dijo que Cajamarca y Baños del Inca deberían ser uno de los principales polos turísticos del Perú, “porque tiene los recursos naturales, históricos y culturales que lo ameritan”.
Por supuesto, como en todos los eventos de esta naturaleza no faltó su par de opositores: un desamparado, inoportuno y poco original militante anti mina que en medio de la reunión se paró para denunciar a Yanacocha por los “atentados” a los “defensores” del medio ambiente, y un comentarista radial desinformado para quien organizar un Foro que promueva el desarrollo de Cajamarca “es la peor tontería para gastar plata, para que vivan unos cuantos seudos intelectuales”. Qué le vamos a hacer… cada loco con su tema.
En mi opinión, el aporte más valioso del Foro se refirió al tema de impulsar, mejorar y preocuparnos por la educación de nuestros niños y jóvenes: ellos son el verdadero futuro. Cajamarca no es una isla –nos guste o no-, ella es parte de la aldea global y se enfrenta al reto de proyectarse y adaptarse al proceso de cambios que estamos viviendo y que avanza pavorosamente rápido hacía la llamada Sociedad del Conocimiento. Una sociedad que deberá ser capaz de generar, apropiar y utilizar el conocimiento para atender las necesidades de su desarrollo y construir su propio futuro. Proyectarnos a ese futuro inmediato capacitando a nuestros jóvenes no es una aventura ociosa: una sociedad de aprendizaje –señalan los especialistas-, significa una región y unos agentes económicos más competitivos e innovadores que elevan la calidad de vida de su gente a todo nivel.
John Bruton, el ex primer ministro que transformó a Irlanda de un país en vías de desarrollo en un país rico en apenas doce años, dijo en la Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE 2006) realizada en Arequipa hace algunos días, que el secreto de su llamado “milagro irlandés” fue la “educación”. Bruton consideró que una mayor inversión y reformas para mejorar la calidad de la educación en el Perú permitirán que nuestro país se convierta en el “caso más exitoso” de desarrollo económico y social de la región. “Veo que existen muchos jóvenes (en Perú) que están siendo educados y que deben contar con todos los elementos para que se adapten a la modernidad tecnológica. Así, cuando estos niños se gradúen, darán el gran empuje que Irlanda tuvo en la década de 1990”, manifestó Bruton.
Quizá a través de la educación también, aquellos detractores de la minería y enemigos del desarrollo, lleguen a entender la bendición que ha sido la minería para nuestra Cajamarca y su gente, y que la única manera de traducir la presencia de mineral diseminado en riqueza sin dañar el medio ambiente ha sido, precisamente, gracias al conocimiento y a la tecnología de punta empleada por Yanacocha.
El verdadero Plan de Desarrollo de Cajamarca debería empezar por una gran revolución pedagógica que derribe aquello que esté mal en nuestra manera de pensar y establezca nuevos paradigmas que cambien la mentalidad social de nuestro pueblo. Así comprenderemos que la raíz de nuestros problemas y conflictos está en nuestras propias conciencias, en esa terca manera que tenemos de ver las cosas cerrando los ojos al mundo, como si Cajamarca fuera una isla.