lunes, 30 de junio de 2008

El último tren de Santa Cruz

El alcalde de Santa Cruz tiene un problema grave. El buen hombre vive totalmente desinformado de lo que pasa en Cajamarca. Algo imperdonable en esta era de la globalización de las comunicaciones en que cualquier ciudadano puede saber, en tiempo real, lo que esta ocurriendo al otro lado del mundo. A veces, incluso, antes de que acontezca. Probablemente, el burgomaestre no tiene tiempo para enterarse de las cosas, sin embargo, algo malo debe estar pasando con sus asesores, cuando en vez de instruirlo sobre los cambios que han sucedido en la región, prefieren mantenerlo alejado de la realidad.

Efectivamente, a pesar de que Manuel Ruiz Bravo es un alcalde preocupado sinceramente por el futuro de su comunidad y que anda lamentándose -con toda razón-, de que en Santa Cruz no existan “proyectos sostenibles” que contribuyan a su desarrollo, no se ha enterado, y nadie se ha tomado la molestia de decirle, que las reservas minerales descubiertas por el proyecto La Zanja, en la zona, son la palanca de desarrollo que tanto tiempo ha esperado y que tanto necesita su pueblo para salir adelante. Una bendición. Tan buena, aunque no tan grande, como las reservas probadas de cobre de Michiquillay que aún no se explotan pero ya aseguraron a los pobladores aledaños 201 millones de dólares en proyectos sociales comprometidos por la empresa Anglo American. Además, por supuesto, de los ingresos por Canon que les corresponderán cuando dicha empresa entre en producción. Una oportunidad bien aprovechada.

¿Cuántos años más tendremos que esperar para tener electricidad? Pregunta el funcionario, implorando al cielo, en nombre del ochenta por ciento de sus vecinos, que aún no cuentan con ese necesario servicio. La respuesta, debería saber el alcalde, es simple: todo el tiempo que sea necesario para que el Gobierno –una institución históricamente desmemoriada-, se acuerde de ellos y tenga el dinero suficiente para invertirlo en calidad de obra social. O, los que tengan que pasar para que una o más empresas importantes se instalen y dinamicen económicamente la zona. Quizá puedan contar con electricidad antes de lo que se imaginan, si es que por suerte dichas compañías necesitan tender su propia red de energía, de la cual podría “colgarse”, en su momento, la comunidad. Lo que ocurra primero. Por supuesto los santacruceños ya no pueden esperar más. Cada año que pasa es tiempo imperdonablemente desperdiciado. La oportunidad hoy esta tocando a la puerta.

Es bueno también que el señor Ruiz se entere, de paso, que ninguna empresa de energía se interesará nunca en invertir y llevar su producto a Santa Cruz, si los pobladores no tienen trabajo bien remunerado, “sostenible” en el tiempo, como él dice, y con poder adquisitivo suficiente para pagar las cuentas de la luz que ya no son tan bajas como antaño. Así es de interesada y comercial, mí estimado, esta aldea global de la que todos formamos parte, nos guste o no, y en la que no hay adónde quejarse, menos aún una comunidad que tiene los recursos para ser económicamente solvente, pero le falta la información correcta.

No es culpa de Manuel Ruiz. El teme por su pueblo, es natural, durante años ha escuchado el cuento del fantasma de la contaminación minera. No obstante, al bien intencionado alcalde nadie le ha dicho que nuestro país tiene una de las legislaciones ambientales más estrictas del continente y que nadie, ninguna empresa minera legalmente constituida, puede instalarse en Santa Cruz o en cualquier otro lugar de la república y trabajar sin cumplir con las normas legales sobre el cuidado medioambiental. Para hacerlas cumplir están las autoridades competentes y la misma población que no se chupa el dedo y sabe estar vigilante del cumplimiento de las obligaciones legales empresariales, como el mejor abogado.

Otra cosa es, por supuesto, la minería informal. Esa no paga impuestos, no genera Canon, no tiene responsabilidad social ni proyectos de desarrollo. Esa que, enterémonos desde ahora, probablemente va a tener Santa Cruz en los próximos años, si la comunidad le cierra las puestas al empresariado formal. La minería informal es la que se instaló en Tambo Grande cuando la comunidad impidió que una empresa desarrollara legalmente su proyecto minero. La minería informal hoy contamina Tambo Grande a su regalado gusto y no hay quién los saque de allí porque ellos, simplemente, no responden a ninguna autoridad ni reconocen ninguna ley.

Santa Cruz es una provincia de gente esforzada y trabajadora que merece una alternativa de desarrollo. Hoy está viviendo una extraña dicotomía: ser una región de necesidades extremas con ricos yacimientos minerales y rechazar la minería por un injustificado temor a una contaminación inexistente. Su alcalde y la población se están llevando por las mentiras de un grupo de gente refractaria al desarrollo. El proyecto La Zanja es la alternativa de progreso que el pueblo santacruceño, de tanto esperarla, no sabe reconocerla. Ojalá que no se pase de largo.

Dicen que el tren de las oportunidades no pasa por la misma estación dos veces. En Santa Cruz el tren ya esta pitando para partir. Ojalá que su alcalde y la comunidad recapaciten y decidan subirse al tren del desarrollo de la actividad minera, como ya lo han hecho Cajamarca, Hualgayoc y Michiquillay, ya es tiempo que Santa Cruz, con ese nombre doblemente piadoso, aproveche sabiamente los dones que Dios le dio.