miércoles, 14 de enero de 2009

La agonía de un mito

El mito era grande y pesado. Los pobladores estaban convencidos de que era cierto: la mina consume toda el agua de Cajamarca. Nadie se detenía a pensar que los reclamos campesinos por la falta de agua siempre se daban en época seca. No importaba que no hubiera lluvias, la culpable de la disminución del caudal en ríos y canales, de hecho, era la mina. Así son los mitos: las mentiras y los relatos idealizados llegan a convertirse en historias verdaderas en el imaginario colectivo.

Normalmente, los mitos se forman solos y tardan años. Los cuentos fantásticos van pasando de boca en boca y las imágenes se forman y fraguan en la conciencia de la gente. No obstante, el mito del agua en Cajamarca no fue espontáneo. Ese cuento fue creado con mala leche. Hubo gente –hay que reconocerlo- que trabajó muy duro para formarlo y luego mintió, manipuló y renegó de su fe para alimentarlo. El mito se hizo fuerte y nadie lo podía cambiar.

¿Cómo romperlo? Difícil. Los mineros hicieron varios intentos. Ensayaron fórmulas mediáticas. No funcionó. Claro, olvidaron que gran parte de la prensa nacional no sirve para construir imágenes ni honras y que es útil, más bien, para destruirlas. Pretendieron razonar con ciertos sectores de la población, pero tampoco resultó. La sin razón es la reina en nuestro medio. Programaron visitas a la mina, charlas en centros académicos, videos, conferencias y el resultado fue parcial: El mito era poderoso.

No obstante, los mineros sabían que la afirmación era falsa y que más allá del perjuicio que la enorme mentira sobre el agua podía acarrear a la actividad económica, eran conscientes de que Cajamarca nunca cambiaría su situación si persistía en el engaño y no identificaba la verdadera dificultad. No sé puede resolver un problema que no se conoce.

La solución fue hasta cierto punto sencilla. La gerencia de Asuntos Externos de Yanacocha invitó a un grupo de profesionales mineros peruanos de primer nivel, expertos en el tema, a investigar el problema de la falta de agua en la región. “Acabemos con el mito de una vez por todas”, dijo el funcionario Ricardo Morel.

En el Estudio emplearon toda la información de primera mano disponible. Recopilaron datos e investigaciones especializadas del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú – SENAMHI, de la Administración Técnica del Distrito de Riego Cajamarca – ATDRC y del Proyecto Especial Jequetepeque Zaña - PEJEZA, además de otras instituciones.

¿Cuál fue el resultado? Ya se conoce, lo difundió Morel en su artículo: “Agua y Minería: Aporte del entorno a Yanacocha y de Yanacocha al entorno”. Por la cuenca del río Cajamarquino –señala el documento- discurren 280 millones de metros cúbicos de agua anuales, de los cuales Cajamarca consume 10, la agricultura 68 y la minería 2. Los 200 millones de metros cúbicos restantes siguen su camino para perderse –sí, perderse- sin beneficio alguno en el océano Atlántico.

¿Qué hacer al respecto? Fácil. Hay que buscar la manera de retener el agua. Por eso, precisamente, es que las instituciones más importantes de la región, entre ellas la empresa minera, están empeñadas en realizar el proyecto de la Presa del Chonta que asegurará el aprovisionamiento de agua por los próximos cincuenta años, ampliación y mejoramiento de la frontera agrícola de 6.200 hectáreas, generación de energía eléctrica y aprovechamiento del embalse para la piscicultura y el turismo. Y por eso, también, la compañía minera está contribuyendo a la construcción de reservorios particulares con tecnologías baratas en las alturas de la cuenca Chonta.

El mito fue científicamente desmentido, quedó gravemente herido pero no ha muerto. Los mismos enemigos del desarrollo que lo crearon están luchando por revivirlo. Todo vale para que resurja. Hay por allí quienes han desenterrado una revista virtual latinoamericana de mayo de 2007: Business News Americas, en cuya nota periodística sobre los problemas de la minería en Chile también habla sobre una supuesta declaración de Yanacocha de que ella utilizó entre los años 1993 y 2004, en promedio, 10,42 millones de metros cúbicos de agua por año.

Puede ser correcto, pero se refiere al agua utilizada en sus operaciones. Esos fueron los primeros años de la empresa minera. En aquella época la mina juntó, del agua que se iba a ir al océano, una gran cantidad para llenar sus pozas de operaciones, pero no las consumió, allí están dando vueltas en un sistema cerrado, y los excesos son tratados en plantas especializadas para luego alimentar las cuencas de los ríos Cajamarquino, Alto Llaucano y Jequetepeque. Los antimina lo saben y, sin embargo, han dado patadas en el aire, de felicidad. Dicen que han descubierto una mentira de Yanacocha y por eso no vale nada el Estudio ni toda la información acumulada durante años por las instituciones nacionales. Esa siempre ha sido su estrategia: descalificar gratuitamente al oponente con versiones antojadizas y sin ningún sustento técnico.

¿Qué es lo que quiere esa gente? ¿Cuáles son sus ideas? Sencillo. Quieren acabar con la minería en Cajamarca. Su objetivo es que perduren la pobreza y la ignorancia. Ellos viven del conflicto y de la conmoción social. Se golpean el pecho diciendo que no están en contra de la minería pero que no se hagan minas en cabecera de cuenca, cuando las minas en la Sierra del Perú, que son casi todas las del país, están ubicadas en cabeceras de cuenca. Cínicos.

Se hace minería donde hay minerales no donde a uno le dé la gana.
¡Mentirosos! Les gritan a los mineros, los mentirosos. Aseguran que “el informe de los expertos del Banco de las Américas”, convirtiendo en “Banco regional” lo que no es más que una revista por internet, en expertos a simples periodistas y en informe oficial lo que no es más que una nota periodística que no da más detalles sobre sus fuentes, dice la verdad, y los mineros peruanos y las instituciones cajamarquinas que se esforzaron, con nombre y apellido, para brindar sus mejores conocimientos para el estudio, mienten.

Aseguran que los mineros son unos embusteros por decir que el agua de Cajamarca se “pierde” en el mar. “No se pierde” refutan, “Se convierte en vapor y regresa otra vez como agua de lluvia”. Pues bien, no hagamos nada, no construyamos ninguna presa ni ningún reservorio. Sentémonos a esperar la lluvia y que los poderosos rayos nos den la electricidad. Lindo futuro para la región.

Están embriagados. Ni siquiera se dan cuenta, o no les importa, de que así Yanacocha consumiera once millones de metros cúbicos al año en vez de los dos que consume realmente, igual se nos escurrirían de Cajamarca más de 190 millones de metros cúbicos para perderse, inútil e irremediablemente, en el océano.

Ese siempre ha sido el problema de los enemigos del desarrollo: se excitan con facilidad y se precipitan contra la mina sin pensar en el daño que le causan a nuestra sufrida población. La frase es de Abraham Lincoln y le a cae a pelo a los miembros de ese cucarachero ideológico en que se han convertido las organizaciones antimineras: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”.