jueves, 14 de julio de 2011

Dos lecturas diferentes

Wilfredo Saavedra cumplió su cometido. Desde hace varias semanas insistía tercamente en crearle problemas al Gobierno Regional hasta que por fin lo involucró en su estrategia anti minera. Político de vieja data, Saavedra es un hábil manipulador de escenarios. La semana pasada, acompañado de una pequeña turba de alborotadores, puso contra la pared al Presidente Regional, en su propia casa, intentando obligarlo a enfrentar el proyecto Conga de la empresa Yanacocha. Dos pájaros de un tiro.

El Presidente de la Región, Goyo, que no es ningún niño de pecho en estos asuntos de armar escándalos y provocar crisis, le dio por su lado y lo escuchó tranquilamente mientras Saavedra se despachaba a su gusto en contra de la empresa más seria e importante de la región. “Ojalá hubiera reclamado con la misma pasión, siquiera una vez, en contra de la minería informal que daña el medio ambiente y envenena a los trabajadores con productos tóxicos”, dijeron los periodistas que cubrieron la nota. De eso, nada. Criticar la minería informal no produce ganancias.

¿Quién es Wilfredo Saavedra? Es un oscuro personaje a quien, lo dijo el mismo: “las motivaciones políticas me llevaron a estar privado de mi libertad por un poco más de diez años por el delito de terrorismo”. Actualmente asesora a un grupo de transportistas y es presidente de un chiribitil ideológico autodenominado Frente de Defensa Ambiental de Cajamarca, donde comparte protagonismo con algunas alhajas del ecologismo local. Los de siempre.

¿Qué es lo que quiere Saavedra? Según un destacado sociólogo paisano que lo conoce bien y ha seguido su trayectoria de estas últimas semanas, el hombre está convencido de que presionando a las autoridades, organizando asonadas contra la actividad minera, y alterando el orden público y la paz de la región, puede convertirse en el Walter Aduviri cajamarquino. Incluso, especuló el analista, Saavedra planeaba atrincherarse en el edificio del Gobierno Regional como hizo el líder aymara en el local de Panamericana Televisión en Lima.

La estrategia de Wilfredo Saavedra y sus alborotadores (que bien podría ser el nombre de un grupo de rock peruano como el argentino Patricio Rey y sus redonditos de ricota) fracasó por tres motivos:

1.- Ellos no esperaban que el Presidente y el Vicepresidente Regional, cuyos comportamientos fueron políticamente correctos, los recibieran en sus oficinas, soportaran el desagradable trance de escuchar sus pobres argumentos, y decidieran finalmente –por la paz- acompañarlos en una inspección inopinada a las instalaciones del proyecto Conga. Su objetivo, en realidad, era armar un alboroto al no ser recibidos por la autoridad.

2.- Mucho menos se les hubiera ocurrido que la empresa Yanacocha, los iba a recibir con la mejor buena voluntad y que, incluso, el mismo gerente del proyecto les hiciera una visita guiada, les diera una charla sobre las fases de la operación y contestara a todas sus preguntas. De hecho, hubieran preferido que la compañía les negara la entrada y ocurriera un altercado que justificara sus ataques falsos y absurdos contra la actividad minera formal.

3.- Por último, les salió el tiro por la culata cuando los mismos pobladores de la zona de Conga los reprendieron porque nunca los habían visto por ese lugar. “No los conocemos, nunca los hemos visto y ahora se aparecen por aquí diciendo que son nuestros representantes”, dijeron los comuneros. Añadieron que ellos han firmado sus propios acuerdos con la mina y no van a permitir falsos representantes ni la intromisión de extraños que sólo buscan sus propios intereses con el cuento de la contaminación ambiental.

Por lo visto, los sucesos de Puno el mes pasado han tenido dos lecturas diferentes en el resto del país. Los revoltosos lo han tomado como un referente de violencia y terror para condicionar a las autoridades y a la sociedad civil de hacer suya la agenda de sus afiebradas aspiraciones. Por otro lado, las empresas mineras y las comunidades como Conga han comprendido que su alianza por el desarrollo y el beneficio mutuo dependen del entendimiento directo y transparente entre ambas partes, sin intermediaros aprovechados que sólo pretenden utilizarlos.

Esta vez los malos ecologistas se quedaron con los crespos hechos. La población, cansada de sus viejas artimañas, los reconoció, les cerró la puerta, y no los dejó entrar a su casa. Lo más seguro es que en el futuro tratarán de meterse por la ventana.