El señor Tafur tiene razón: la única culpable del problema del agua en Huambocancha es Yanacocha. Eso lo viene repitiendo desde hace semanas y nadie le hace caso. La empresa por su parte, niega cualquier responsabilidad en el tema, pero las circunstancias demuestran lo contrario. Veamos.
Huambocancha era una localidad feliz. Los pobladores vivían al pie de un camino estrecho de tierra que todos se empeñaban en llamar: carretera a Bambamarca, pero que todos, también, sabían que no era más que una trocha fangosa y poco menos que intransitable en temporada de lluvia, además de un terral irrespirable durante la época seca.
Cuando Yanacocha inició sus operaciones y la economía de Cajamarca empezó a dinamizarse, el camino se volvió más concurrido y los pobladores –con razón- pidieron que se ensanchara y asfaltara la vía. Pero en vez de pedírselo al Ministerio de Transportes, como debió ser, se lo pidieron a la empresa minera. Lo hicieron varias veces y no siempre de la mejor manera porque por allí también transitaban los vehículo de la empresa. Culpable: Yanacocha.
La compañía accedió, también era bueno para ella, y en coordinación con la autoridad competente, financió los trabajos. Huambocancha fue aun más feliz de lo que ya era antes de la obra: ya no había fango, desapareció el terral, las propiedades subieron de precio, el transporte público extendió su servicio a esa zona y el comercio con la ciudad también se dinamizó.
Pero hubo un problema. Cada cierto tiempo ocurría un hundimiento en una de las curvas de la pista. La empresa minera la reparaba y volvía a hundirse. La calidad del suelo era mala. Cada vez que ocurría un desmoronamiento, los vehículos que iban y venían de Bambamarca quedaban varados hasta que la empresa, y no la autoridad competente, lo reparaba. Culpable: Yanacocha.
Otra vez el reclamo justo. ¿Qué esperaba esa minera “irresponsable” para solucionar definitivamente el problema? Yanacocha contrató una empresa de ingeniería que hizo lo que tenía que hacer: perforó el suelo para conocer su composición y mejorar la fórmula del asfalto. Santo remedio, la pista no se quebró más. Para quien no lo sepa, al perforar el suelo, los ingenieros hicieron lo mismo que hacen los médicos cuando toman una muestra de sangre del paciente, extraen unas gotas para analizarla y conocer el mal. Los ingenieros perforaron para tomar una muestra de suelo, hicieron un buen trabajo.
En ese entonces, Huambocancha –que no estaba tan poblada-, también era feliz porque tenía un hilo de agua que captaba de distintas filtraciones, en una gran extensión de terreno, y que canalizaba con piedras hasta una caja, para llevar agua a ciento seis familias. A cuatro años de reparado el asfalto de la bendita curva, debido a la disminución de las lluvias, el incremento de población en la zona, a que San Pedro bajó el dedo o sólo sabe Dios por qué, las filtraciones empezaron a disminuir hasta desaparecer. Culpable: Yanacocha.
No fue necesario realizar ningún estudio para saber quién era la única responsable de que no hubiera más filtraciones. Estaba claro que era Yanacocha. ¿Acaso no había contratado a una consultora que tomó una muestra de suelo cuatro años antes? Pues, por allí, por ese hueco malvado del grosor de un brazo se estaba yendo toda el agua de Porcón, al infinito y más allá. ¿Culpable? Yanacocha.
Los pobladores de Huambocancha –es entendible- se desesperaron, y convencidos por sus malos dirigentes de que la minera les había quitado el agua, bloquearon la carretera hasta que la empresa –culpable de Responsabilidad Social- atendió la solución a su problema: les canalizó el agua desde dos manantiales que estaban ubicados a un kilómetro de distancia y que fueron elegidos por los propios vecinos.
Como es natural, el agua de esos manantiales, uno en Porconcillo y el otro en Manzanas Capellanía, que también abastecen a otros caseríos cercanos y que luego de la canalización hecha por la empresa minera podían abastecer a ciento setenta y seis familias, tenía que tratarse, como se tratan todas las aguas del mundo, antes de destinarse al consumo humano.
Eso hicieron los pobladores durante varios años hasta que el señor Tafur se despertó una mañana y dijo que ya no quería el agua tratada de esos manantiales sino de otro. Por lo tanto, la culpable de todas las culpas debe comprar a precio de oro otra fuente de agua, canalizarla y construir una planta de tratamiento para que Tafur y su familia puedan beber un agua diferente y dormir en paz.
¿Qué puede hacer la sociedad al respecto? Nada. Yanacocha, haga lo que haga, seguirá siendo la culpable de todos los males que sufra Huambocancha. Esa es la historia de nuestro pueblo: siempre es otro el culpable de lo que a mí me pasa. Sobre todo si tiene dinero suficiente para pagar la cuenta.