lunes, 22 de octubre de 2007

Un consenso para el desarrollo

Lo expuso en una charla magistral. Ricardo Froilán Lagos Escobar, abogado y economista, Presidente de Chile entre marzo de 2000 y marzo de 2006, dictó una clase magistral en la que explicó, entre otros temas de importancia, cómo se logró el milagro económico que colocó a Chile en el envidiable y selecto pelotón de avanzada de las naciones más prósperas del planeta.

El ex presidente, que caracterizó su gobierno por la firma de tratados de libre comercio con Estados Unidos, China y la Unión Europea, entre otros, y por considerables avances en la infraestructura de su país, refirió que fue el pragmatismo de su economía abierta y otras medidas tan creativas como serias las que lograron el ejemplar desarrollo chileno. Lagos expuso su valiosa fórmula en el evento “Chile piensa: protagonistas del cambio”, realizado en España, con una ecuación sencilla: “Consenso = Desarrollo”.

Así es, la historia del éxito chileno empezó con un acuerdo simple y de sobrevivencia: una coalición de los políticos y líderes de la sociedad civil para llevar adelante una transición tranquila hacia la democracia. En el camino, sin embargo, esas mismas personas se dieron cuenta de que la democracia ya no era suficiente para el país, y que la misma coalición era necesaria para llevar a Chile mucho más allá: a la modernidad. El desafío de entonces fue político, económico, social y cultural, y cada uno requirió grandes dosis de creatividad para ser enfrentado.

Ese preciso momento fue, probablemente, cuando el hermano pueblo sureño alcanzó el umbral de la sensatez. ¿En qué consiste, y cuándo y cómo se alcanza ese ansiado “umbral”? En esencia –explicó un analista internacional-, el umbral de la sensatez es ese punto de la historia en el que un porcentaje decisivo de la clase dirigente coincide en el diagnóstico sobre los males que aquejan a la sociedad y en las medidas que deben tomarse para conjurarlos.

Para Chile, el desafío fue doble y encontrado, había que crecer económicamente con miras al desarrollo y priorizar a la vez la eliminación de las tremendas desigualdades de la población. Debía mantenerse una mirada común y un consenso social imposible, por lo que también fue necesario consensuar. Dejar de lado las trincheras políticas y los intereses personales y de grupo. Fue imperativo reconocer y aceptar que lo fundamental para crecer es invertir, ahorrar y atraer inversión extranjera.

Asimismo, el país decidió abrirse al mundo, se animó a competir en un mercado globalizado, bajaron sus aranceles y firmaron acuerdos con los distintos bloques económicos del mundo.
Por supuesto, Chile fue afortunado porque contaba con valiosos recursos minerales que le dieron la caja suficiente para apalancar su espectacular desarrollo. No obstante, tuvo que hacerse competitivo, aprendió que era necesario ponerle un sello de excelencia a todo lo que hacía. Claro, nadie compra un vino chileno para “apoyar” a Chile, lo compran porque el producto es bueno y punto. Los agricultores, por ejemplo, aprendieron que para exportar berries (ándanos, frutillas, frambuesas o fresas del bosque, moras y otros) a Europa, era necesario recibir varias veces al año a inspectores que constataran cómo se riegan, con qué agua, quiénes son los que recolectan los frutos, el tipo de insecticida que se usa y hasta dónde se guardan estos últimos. Actualmente, gracias a ese consenso inicial, el setenta por ciento del comercio exterior chileno esta bajo algún acuerdo de libre comercio.

Todo ese esfuerzo, sin embargo, requirió de un gran crecimiento en infraestructura. Chile tuvo que recurrir a la empresa privada, pero no para pedirle “apoyo”, “donaciones” o “contribuciones” fuera de la ley, sino para concesionar carreteras, aeropuertos y hasta las cárceles del país. Así, los recursos públicos que no se gastaron porque los proporcionó la inversión privada pudieron ser invertidos en infraestructuras sociales en aquellos ámbitos donde si no lo hace el Estado no lo hace nadie. El resultado: Chile, en los últimos quince años creció a un ritmo que cuadriplica el de la región y logró reducir la pobreza a casi un tercio de lo que era.
El ex Presidente lo resumió así: “Aunque todavía tenemos altos niveles de injusticia en la distribución de la renta, esa reducción espectacular de la pobreza ha sido posible gracias a una política social fuerte, decidida y clara. Y lo que es más importante, quizá, gracias al consenso logrado por una mayoría acorde en los cambios que había que introducir, para hacer esas políticas sociales”.

De hecho, la tarea no fue sencilla y es seguro que hubo miles de problemas en el camino. Para colmo –lo sabemos bien- no existe un recetario de políticas sociales que sirva para evitar o resolver conflictos. Más aún porque a medida que una sociedad avanza se considera con mayores derechos y requiere, y exige, nuevos bienes y servicios que lleguen y satisfagan a todos.

El milagro económico de Chile tiene, por supuesto, muchos más componentes. Las decisiones económicas tuvieron que estar acompañadas por decisiones políticas firmes y no siempre populares. También hubo que enfrentar nuevos desafíos en el campo de la educación, la ciencia y la tecnología y el laboral. Por supuesto también, ellos tuvieron sus enemigos del desarrollo, esos autodenominados defensores del pueblo que “critican todo, pero no aportan nada”, menos mal que allá la gente seria no les hizo ningún caso.

Lo importante es que Chile sí sabía lo que quería. Sabía adonde estaba y adonde quería llegar. Una vez definido el objetivo, el siguiente paso fue elemental: había que consensuar para llegar a la meta. No había otra salida. Probablemente, y salvando las distancias, esos sean los dos primeros pasos que los políticos y los líderes de la sociedad civil aún no han dado en Cajamarca y el motivo de que la población mantenga esa vaga sensación de que no vamos a ningún sitio y de que no existe ningún futuro alentador a pesar de poseer una inmensa riqueza minera.

La conclusión es inevitable: sí los chilenos alcanzaron el umbral de la sensatez y llegaron a consensos para lograr el milagro del desarrollo, no hay ningún pueblo en esta parte del continente al que le este vedado el desarrollo, la modernidad y la disminución de la pobreza. ¿Por qué no los imitamos?

jueves, 4 de octubre de 2007

La economía y los terremotos

Los analistas económicos internacionales reunidos en la undécima Conferencia de las Américas de The Miami Herald, en setiembre, tuvieron opiniones encontradas sobre el futuro de Latinoamérica. Mientras que algunos expertos pronostican una continuación del ciclo de crecimiento económico de la región -un promedio del 4.5 por ciento en los últimos años-, otros están convencidos de que la época de vacas flacas se nos puede venir encima en cualquier momento.

Efectivamente, si bien es cierto que en la mayoría de nuestros países se están aplicando políticas económicas responsables y ahorrando reservas para cuando vengan los años malos, por otro lado es evidente que aún somos demasiado dependientes de los factores externos. Nuestra temporal bonanza financiera se debe básicamente al incremento de la demanda de Estados Unidos y al crecimiento espectacular de China.

No obstante, ambos gigantes de la economía mundial podrían comenzar “a enfriarse” en cualquier momento y, en consecuencia, a reducir progresivamente sus importaciones de materias primas latinoamericanas, sobre todo minerales, condenándonos irremediablemente a contraer nuestras tasas actuales de crecimiento.

El riesgo, por supuesto, no es el mismo para Chile. Los chilenos, además de haber firmado convenientes tratados de libre comercio con distintos países en el mundo, y tener un excelente superávit, gracias a sus exportaciones de vinos, frutas, vegetales, y principalmente de sus metales; que al igual que al Perú le significan más del cincuenta por ciento de ingresos de divisas al país; están preparándose para un nuevo “boom” minero.

El impacto directo de la minería en el PIB en los últimos años en el país sureño -señala Jerónimo Carcelén, asesor del Ministerio de Minas de Chile-, es de más del ocho por ciento debido a la gran cantidad de inversiones extranjeras en ese sector, gracias a un marco jurídico estable y a la paz social que impera en el país. “Hay una segunda oleada de inversiones, la gente habla de un segundo boom minero. Los proyectos entrarían a operar en el 2009 y el 2012. Eso traerá buenas noticias para Chile”, dijo el experto en una entrevista para una publicación internacional.

Mientras tanto, en nuestro país, aunque los programas de inversión en la actividad minera también son expectantes, lo que está sucediendo, al contrario de Chile, es que la producción minera se ha estancado en los mejores casos, y en otros ha empezado a disminuir por agotamiento de los yacimientos y porque las comunidades campesinas han limitado la ampliación o el desarrollo de nuevos proyectos. Incluso, debido a esta última situación, la suspensión de los programas de exploración afectarán irremediablemente el crecimiento sostenido del sector, que desde hace aproximadamente una década ha sido el motor del desarrollo de varias regiones y del país en general.

La razón la conocemos todos de sobra: a las poblaciones les han metido “en su adentrito”, un miedo de muerte a la actividad minera. La gente cree que allí donde haya una mina, se van a morir sus animales, sus tierras no volverán a dar una sola cosecha, y todos vamos a morir envenenados con los productos tóxicos que “irresponsablemente” emplean los mineros, dejando que alegremente contaminen los ríos para que mueran las truchas. El viejo cuento del espantajo. Cortesía del “ecologismo” irresponsable.

Lamentablemente, ese temor visceral, ese miedo infundado y desproporcionado impide a las poblaciones ver la realidad. No sólo se trata de una mentira más grande que nuestras cabezas, sino que la verdad es totalmente diferente: la minería –mientras no desarrollemos otra actividad rentable- es la única palanca de desarrollo para regiones que, como Cajamarca, no tienen otra cosa que exportar. Más aún ahora, en que los precios de los metales han alcanzado niveles excelentes en el mercado internacional y que no durarán para siempre.

Nuestra respuesta al boom minero peruano de la última década y a la situación internacional conveniente para el Perú de estos años, quizá sea la prueba definitiva de que los científicos están equivocados y nosotros somos la demostración viva de que nuestra raza sí es refractaria al cambio y al éxito. De qué otra manera podría entenderse sino, que en vez de imitar a los países exitosos como Chile, nosotros prefiramos ir por el camino contrario.

Hagamos lo que hagamos, el panorama económico mundial cambiará en cualquier momento. Los años de bonanza terminarán de todas maneras sin que hagamos nada para ayudar a que eso ocurra. No hay necesidad de que busquemos los malos momentos, ellos llegarán solitos. Entonces ¿Por qué nos suicidamos desaprovechando las oportunidades? ¿Por qué limitamos nuestro propio crecimiento cuándo hace décadas que no teníamos una oportunidad como ésta? ¿De verdad se trata de proteger el medio ambiente de una supuesta contaminación o hay otros intereses detrás de todo ese movimiento anti minero que nos impide tener mejores ingresos, un buen respaldo económico y una verdadera oportunidad de desarrollo?

Los años malos, los de las vacas flacas, son como los terremotos: sabemos que llegarán en cualquier momento; y al igual que cuando empiezan esos pavorosos movimientos telúricos, lo mejor será que nos encuentren preparados.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Un futuro sombrío

Carlos Cassaro es un empresario chiclayano afortunado. Logró en Cajamarca el sueño de todos los peruanos: la empresa contratista propia. Mejor aún porque firmó contrato con Yanacocha, una de las empresas más importantes del país.

Su giro de negocio no encerraba misterios: su empresa, Servicios Generales Don Carlos E.I.R.L., retiraba los residuos industriales de la compañía minera y lo comercializaba por su cuenta y riesgo. Trabajaba con una línea de crédito directamente con Yanacocha avalada por una carta de garantía. Un buen negocio como deberían serlo todos. Recolectaba la mercadería, la vendía, y con el producto de la venta pagaba su deuda en el plazo acordado.

La operación, además, le permitía distribuir los materiales sobrantes entre los pobladores vecinos de bajos recursos económicos. Esa generosa repartición, decían algunos beneficiarios, le granjeaba a “Don Carlos” la buena voluntad de la gente. Se comentaba, con todo derecho si así fuera, que en el futuro incursionaría en política. Sería bueno, cada vez se hace más necesaria una visión emprendedora entre quienes conducen nuestro país.

Sin embargo, en su momento, la empresa minera decidió reciclar parte de sus propios residuos metálicos debido a un tema de reducción de costos, y autorizó a otros contratistas suyos, a retirar también parte de sus saldos industriales del mismo depósito para reutilizarlos en su operación. Cambió el contexto del negocio.

Cuando el contrato terminó -todo tiene un final-, y aunque quedó claro que Yanacocha y "Don Carlos" tendrían otras oportunidades de trabajar juntos, a un grupo de pobladores beneficiarios de los materiales donados por Carlos Cassaro no les agradó la situación. Ellos trataron de presionar a la Mina con acciones violentas para que no cambiara nada. Querían que el mundo siguiera igual y su benefactor pudiera continuar favoreciéndolos, porque a su criterio era un asunto de “responsabilidad social” para con ellos. Ocurrió lo más natural, los pobladores se resistían al cambio.

Situaciones como ésta, lamentablemente, se dan con relativa frecuencia en nuestro medio. El problema es, en esencia, el mismo que desde hace mucho tiempo afecta la paz social de Cajamarca y genera cientos de problemas sociales. El origen de muchos desordenes son las expectativas desalentadas de algunos grupos que se resisten a la realidad y a los cambios, y tratan de resolver situaciones empresariales con medidas “sociales” de acuerdo al interés, bueno o malo, de los beneficiarios.

Esta situación que aparentemente podría pasar como anecdótica o sin mayor importancia para aquellos que no se ven afectados directamente es, sin embargo, una muestra grave, en pequeño, de lo que podría llegar a ser nuestra comunidad y de lo que podemos esperar de nuestro futuro.

Es bueno que los beneficiarios directos y la sociedad en general respalden a sus empresas competitivas y favoritas. La forma correcta es haciéndolas aun más competitivas, adquiriendo sus productos o comprando sus servicios. Ello asegura la prosperidad de una región.

Pero no es bueno tratar de imponer, con marchas o bloqueos de vías, escenarios del mundo empresarial que a nosotros nos gustarían, ya sea en el sector público o privado, basándose en una mal entendida “responsabilidad social”. Al revés, ese es el camino seguro a un futuro sombrío.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Una pregunta para los brujos

La noticia corrió como reguero de pólvora: “Un joven rondero fue herido alevosamente de dos balazos por un minero el 26 de agosto, cuando se alistaba a repartir volantes en favor de la consulta popular para detener las actividades de la empresa minera Majaz, en Piura”.

Efectivamente, según los diarios regionales y las notas propaladas por Internet, el comunero Joel Rivero Chimbo, declaró que una persona se le acercó, sacó su revólver y antes de descerrajarle dos tiros en el pecho le dijo –con la mayor claridad, no fuera a ser confundido con un delincuente común: “Yo soy minero y estoy a favor de la mina Majaz”. Sólo faltó que el atacante dijera su nombre y su número de documento nacional de identidad.

La versión real, la que dio el herido a la policía y no tuvo más que una pequeña nota aclaratoria de prensa, es que ciertamente el joven ayabaquino fue baleado, pero no en un enfrentamiento por la defensa de sus firmes convicciones ambientalistas, sino en medio de una pelea de borrachos a la salida de un evento social.

No obstante, la primera versión del ataque es muy parecida a la de un cura ambientalista paisano que se lamentaba porque las fuerzas del mal habían difundido a los cuatro vientos que lo iban a matar. Según el ecologista, una misteriosa madrugada de abril, tres encapuchados armados con ametralladoras irrumpieron en sus oficinas, preguntaron por él y anunciaron, con la más absoluta sinceridad, su intención de asesinarlo. Aunque los encapuchados tampoco dijeron sus nombres, la supuesta víctima dejo entrever en sus declaraciones, con mucha menos franqueza que los supuestos sicarios, por supuesto, que una empresa minera era la autora intelectual de la amenaza.

Decía Marx: “La historia se repite en comedia”, y nosotros le agregamos: “… o en tragedia”. En Cajamarca la repetimos en tragedia. Veamos. Según cierta prensa precipitada, la semana pasada se conoció la noticia de que “más de cinco mil truchas” habían muerto los últimos días de agosto en el río Pisit. Los campesinos de Pulán –decía la nota-, avistaron los cadáveres y enseguida, sin anestesia de ninguna clase, culparon a la compañía minera La Zanja por el evidente “truchicidio”. ¿Quién más podía ser el responsable? Todos lo saben: el entretenimiento favorito de los mineros es envenenar las aguas de los ríos para matar truchas.

La aclaración no se hizo esperar. Minera la Zanja no pudo ser responsable del lamentable acontecimiento por una razón elemental: El proyecto La Zanja no se encuentra ubicado en la microcuenca del río Pisit. Un imposible geográfico. Además, los pobladores del centro poblado menor de Pisit anunciaron que en su piscigranja, ubicada en el mismo río, aguas arriba del avistamiento, no ocurrió daño alguno. Obviamente, el suceso fue un atentado puntual o un simple acto de pesca ilegal. Por otro lado, las mismas autoridades de la zona notificaron que las truchas muertas no eran cinco mil, sino menos de doscientas. Una pequeña diferencia.

Encontrar truchas muertas en los ríos de Cajamarca y automáticamente culpar a las empresas mineras es un hecho común en nuestra región. Ocurre desde hace años. Y no sólo pasa con las truchas, también sucede con los incendios. El 23 de septiembre del 2002, el día preciso en que un grupo de ecologistas paseaban por las inmediaciones de Cerro Negro, propiedad de Yanacocha, un misterioso incendio dio cuenta de nueve hectáreas de pastos y una hectárea de pinos. A los ambientalistas, por supuesto, les faltó tiempo para correr a la prensa y denunciar a la mina por incendiaria. Claro, aparte de envenenar truchas por puro gusto, a los mineros les encanta quemar sus propios bosques.

El lunes pasado ocurrió lo mismo. Probablemente las mismas manos que le prendieron fuego al bosque de Cerro Negro y que hace unos meses quemaron una tubería de la mina, en un acto de terrorismo ecológico sin precedentes en el país, provocaron la quema de mil árboles de pino que ocupaban dos hectáreas de terreno de la empresa minera. ¿Coincidencias? De ninguna manera. Las coincidencias no existen.

Alguien está detrás de todos estos acontecimientos. Existe un responsable, una persona con el disfraz perfecto para pasar desapercibida y con los recursos suficientes para fraguar tales patrañas. Un hacedor de conflictos. ¿Quién está detrás de todo esto? ¿Quién odia tanto la actividad minera para querer que desaparezca de Cajamarca y salir ganando con todos estos lamentables acontecimientos?

Se lo pregunté a un poblador de Porcón. El buen hombre me respondió: “Esa pregunta es para los brujos, ingeniero”.

sábado, 25 de agosto de 2007

La colina Santa Apolonia y el Voluntariado Corporativo

Su primer nombre fue Inga – Conga. Probablemente así la llamaron los hombres de Chavín, aquellos constructores de Pacopampa y Kunturwasi que en su tiempo poblaron Cajamarca. Fueron ellos los que edificaron en la colina, plataformas y estructuras subterráneas para enterrar a sus muertos. También tallaron cuidadosamente, en la cumbre, dos bloques de piedra que emergían del mismo cerro para utilizarlos en sus ceremonias fúnebres.

Luego tuvo un nombre quechua: Rumi Tiana, “Asiento de Piedra”, un nombre sencillo para aquella huaca en que nuestros antepasados, más adelante en la historia, adoraron a las divinidades de la lluvia, al rayo y los astros. Los españoles la llamaron primeramente San Francisco de Monte Alberna y después Santa Apolonia. Hoy, la colina alberga una capilla donde se entronizó la imagen de otra santa: la Virgen de Fátima. El pequeño cerro siempre fue un centro religioso. Un lugar místico.

Más cerca aún, en 1532, hace apenas 475 años, una finísima película en la historia de la humanidad, la colina fue utilizada como emplazamiento de guerra. Aprovechando que la cumbre se eleva a quinientos metros de altura sobre el nivel del valle, allí se situaron los cañones de Pizarro el día brutal de la captura de Atahualpa. Desde su cumbre se disparó el primer cañonazo en la historia del Perú y su estruendo, que remeció a toda Europa, se sigue escuchando, de cuando en cuando, aún en estos tiempos de la modernidad y la globalización de los mercados y la comunicación. Con más fuerza quizá por esto último.

Actualmente, la colina Santa Apolonia es un lugar de realidades encontradas. Para algunos es simplemente su barrio, un lugar donde vivir; para otros es un símbolo, quizá el más representativo de Cajamarca; los lugareños y los turistas, por su parte, encuentran en su cima un mirador inigualable y magnífico. Para el pueblo católico es un lugar de peregrinaje y oración, mientras que las autoridades la ven como una zona de alto peligro porque, como ocurre en todas las ciudades del mundo, entre la gente honrada y buena se confunden algunas personas de mal vivir que han hecho del lugar un centro de delincuencia para temor de propios y extraños.

Esa colina cajamarquina, de significados tan variados, fue “tomada” el sábado 18 de agosto por trescientos cincuenta trabajadores de la compañía Minera Yanacocha y de algunas empresas contratistas para realizar una motivadora actividad de Voluntariado Corporativo. ¿Qué es Voluntariado Corporativo? Fácil. El Voluntariado Corporativo es una actitud social. Una respuesta de las empresas socialmente responsables que promueven la participación de sus trabajadores voluntarios, con su talento, tiempo y energía, en actividades altruistas y solidarias hacia la sociedad.

¿Por qué lo hacen? ¿Cuál es la razón para que empresas como por ejemplo Yanacocha en Cajamarca, y Backus, Novasalud, Tim, Antamina y Citibank, en otras partes del Perú, fomenten entre sus trabajadores actividades de voluntariado? Los expertos señalan que hay varias ventajas: ayuda a mejorar la imagen de las empresas frente a la sociedad y a sus organizaciones, mejora el clima laboral y favorece el trabajo en equipo. Por otro lado, el Voluntariado Corporativo contribuye a mejorar las habilidades y competencias de los colaboradores. Promueve la lealtad, la motivación, el sentimiento de orgullo, y la satisfacción en el trabajo.

El sábado 18 de agosto las cuadrillas de trabajadores mineros limpiaron, pintaron y señalizaron las jardineras y las barandas de la colina Santa Apolonia. También sembraron árboles e instalaron tachos de basura, entre muchas otras labores. Ese día de trabajo voluntario fue una de la dieciséis jornadas solidarias que los colaborares de Yanacocha han realizado este año. Y otra más de las cerca de doscientas que ejecutaron el año pasado, pintando colegios, instalando juegos mecánicos para los niños en las comunidades, limpiando las orillas de los ríos, y mejorando y manteniendo la infraestructura de diversos centros educativos.

Sin embargo, y ésta es mi reflexión, para que el Voluntariado Corporativo y la solidaridad que emana de sus acciones no sean hechos aislados, puntuales y sin mayor proyección hacía el futuro, la sociedad tiene que crecer, desarrollarse y generar más riqueza. Tenemos que ingresar al círculo virtuoso del éxito: invertir, producir, vender y generar excedentes para seguir invirtiendo y poder ayudar a quienes de verdad no pueden valerse por si mismos. Si no acumulamos e invertimos más capital de manera continua jamás acabarán la pobreza extrema ni las necesidades urgentes de la población. Y nada de esto se consigue, por supuesto, promoviendo los enfrentamientos entre los pobladores y las empresas, ni buscando los conflictos entre las compañías, el Estado y los trabajadores, como intentan lograr constantemente los agitadores sociales que todos conocemos bien.

Probablemente, la mayor contribución del Voluntariado Corporativo de la compañía minera, y la de todos sus trabajadores voluntarios, sea precisamente esa: favorecer la generación de un clima de paz social, solidaridad y concordia que necesita la sociedad, junto a sus empresas, para continuar forjando el anhelado desarrollo de Cajamarca.

martes, 7 de agosto de 2007

Feria del Fongal: un mal negocio

Que gane “el más mejor”, es el título del libro en el que Eduardo Engel y Patricio Navia, dos académicos de las universidades de Nueva York y New Haven, en Estados Unidos, enfatizaron la competencia y la meritocracia como temas básicos de agenda para mantener viento en popa el desarrollo de Chile.

La obra pretendía instalar en el quehacer nacional un debate que promoviera importantes reformas a favor de la meritocracia y la competencia en los mercados. Y generar en las empresas y los empresarios la idea general de competitividad, un concepto que no siempre encuentra acogida en los sectores político y empresarial de nuestros países sub desarrollados, y por esa vía contribuir al crecimiento.

Ser competitivo o morir. No hay más alternativa. La globalización de la economía y las comunicaciones han creado al nuevo consumidor: países, empresas, e individuos que producto de un proceso paulatino de cambio, ahora exigen calidad en los productos, excelencia en los servicios y precios sensatos a contratistas y proveedores. Lo que hoy se conoce como “condiciones competitivas de mercado”.

Es decir, que nuestros empresarios deben esforzarse por mejorar para competir en un mercado abierto y exigente, y olvidarse de aquellas prácticas nefastas de los negocios de favor, tan comunes en nuestro país, en los que la calidad total no tenía ninguna importancia.

Esa nueva manera de enfocar los negocios también existe en Cajamarca. Pero no del todo: aún subsisten instituciones con carácter de empresa que no han abandonado los podridos hábitos de épocas pasadas y que en vez de ofrecer competitividad sobreviven a base de favores, agonizando indefinidamente en un mercado que tiene estándares cada vez más altos, con el argumento peregrino de que ayudarlas, a pesar de su refractaria disposición al cambio, es una asunto de “responsabilidad social”. Grave error.

La Feria de Fongal es el caso más reciente y representativo. ¿Por qué fracasó la feria? A decir de algunas personas, el sonado desastre empresarial se debió a la ausencia total de imaginación y capacidad en los realizadores. Otros, en cambio, argumentan que se presentaron muy malos espectáculos, que faltó organización y que más bien hubo un desorden general. En lo que está de acuerdo la mayoría es en que la feria no ofreció nada nuevo ni atractivo a los asistentes. Es probable que haya ocurrido todo junto.

No obstante, aunque legitimas, esas no fueron las verdaderas causas del fracaso. En realidad sólo son los síntomas de una enfermedad terminal que padecen muchas instituciones en nuestro país: no son organizaciones competitivas.

Fongal, por otra parte, perdió hace tiempo su carácter básicamente productivo para convertirse en un espectáculo. Un evento importante sin duda por cuanto constituye todo un símbolo apreciado por la comunidad y por el atractivo turístico que representa. Pero, la razón de ser de Fongal era - y ha dejado de ser- el fomento de la ganadería lechera. La verdad es que los productores ya no están en Fongal. Quedan unos pocos socios, cuya actividad central es la feria de Fiestas Patrias que se ha convertido en el verdadero contenido de la palabra Fongal en Cajamarca. Cuando se habla de Fongal, ya no se habla de ganado, sino de una serie de espectáculos de mayor o menor calidad.

Así las cosas, se supone que la Feria de Fongal debiera ser al menos un buen negocio, o, siquiera, un atractivo turístico para Cajamarca. Pero ocurrió todo lo contrario.

Un buen negocio –dicen los empresarios exitosos-, es cuando todos ganan. El caso Fongal fue al revés: todos perdieron. Perdieron los asistentes que se sintieron timados con el valor de las entradas. Perdieron los comerciantes quienes no alcanzaron las ventas proyectadas: las vianderas de toda la vida, por ejemplo, se quedaron al fin de feria con la comida fría y la cerveza caliente esperando a los comensales que nunca llegaron.

Perdieron los auspiciadores que, además de dinero, no mejoraron en nada la imagen de sus firmas, si acaso no las han desmejorado por presentarlas en un evento muy mal organizado, y perdió la misma Feria a la que le costará mucho dinero, tiempo y esfuerzo, recuperarse de este descalabro empresarial que, lástima, a juzgar por las muchas denuncias en la prensa, también tiene episodios gordos de corrupción.

En realidad la Feria viene haciendo agua desde hace varios años. La falla es de origen: la organización del evento lejos de basarse en una detallada y exhaustiva planificación empresarial esta asentada en la improvisación. En vez de financiarse con recursos propios o con créditos respaldados por sólidos flujos de caja, basa su economía en “auspicios” y donaciones que buena y generosamente puedan obtener de otras compañías o instituciones. Esas son relaciones empresariales distorsionadas que no pueden conducir a nada positivo: alguien tiene necesariamente que perder para que el otro pueda ganar. Otra vez un mal negocio.

Por otra parte, la meritocracia, otro tema básico en la agenda del desarrollo del libro Que gane “el más mejor”, es otra de las grandes ausentes en este tipo de instituciones moribundas. La tesis es simple: las organizaciones son más productivas, eficientes y competitivas si al contratar a un profesional se fijan en sus antecedentes académicos y en su experiencia, y no en el grado de amistad, en su apellido o en el lugar de donde provienen. La competencia –señalan los autores- es la clave en este campo. Un mal común que todavía nos aqueja.

Lo dicho. La calidad de una sociedad depende del tipo de organizaciones empresariales que en ella predominen. Si la sociedad cuenta con empresas dinámicas e innovadoras, le espera el éxito y la paulatina desaparición de la pobreza. Si, por el contrario, apoya y mantiene, por un mal entendido respaldo social, los proyectos empresariales improvisados, aventureros, insolventes financiera y moralmente, con bajo rendimiento técnico y profesional, el desempeño general será mediocre.

¿Debe desaparecer la Feria de Fongal? No. De ninguna manera. La Feria tiene que reinventarse, que innovar, dejar de vivir en los tiempos de la belladona para venir con los vientos del cambio a la actualidad; y la comunidad entera, incluido su pujante sector empresarial, deben reconsiderar su tradicional “apoyo” a Fongal.

En una economía de mercado, como la que necesita Cajamarca para continuar su desarrollo, los conceptos de “apoyo”, donación, o como eufemísticamente lo llaman: auspicio, tienen que ser sustituidos por conceptos de competitividad y eficiencia. Si Fongal quiere seguir siendo un gran espectáculo, excelente. Pero que sea muy bueno y rentable. “El más mejor”. Un buen negocio donde ganemos todos.

jueves, 2 de agosto de 2007

El túnel y la luz

La tesis no es mía. Se esbozó en otro tiempo y en otro lugar, pero nos encaja a la perfección. Estamos en un túnel ¿Quién puede dudarlo? Nos agobian los conflictos fantasmas y los problemas reales. Entre los primeros, están todos esos enfrentamientos con la mina por quítame estas pajas. La estrategia favorita de los enemigos del desarrollo y los líderes incapaces, desesperados unos por dinero y otros por crearle cortinas de humo a su gestión.

Mientras tanto, en la realidad, la población cajamarquina desespera por que empiecen a construirse las carreteras, el hospital y las anunciadas “obras de impacto” que se harían con los dineros del Canon. Los pobladores, además, quieren oportunidades de trabajo y de superación. Por el contrario, lejos de que esas cosas sucedan, la ciudad vive en un mar de problemas que no son de ahora sino de siempre y que los enemigos políticos de las autoridades de turno emplean hábilmente para pasar la factura a éstos últimos. Estamos en medio de un túnel sombrío.

La pregunta es: ¿Hay una luz en el fondo del túnel, hay una salida, una esperanza? Al parecer el problema es que “nuestra sociedad no tolera ya aplazamiento alguno entre el deseo y la realización. Estamos enfermos de intolerancia. Y es esa intolerancia, paradójicamente, la que empuja la realización más lejos”.

La tesis es que esa misma intolerancia no deja espacio político para procurar las soluciones de largo plazo que necesitamos. Es decir que en Cajamarca tan culpables son las autoridades que, por motivos propios y ajenos no logran poner en marcha un programa de inversiones que satisfaga a la población, como esos mismos pobladores que debido a su intolerancia se han vuelto ingobernables. Si esto fuera así, la solución para salir de la crisis sería que la población cambie su actitud y que dé espacio a los gobernantes para que puedan tomar las medidas que poco a poco generarán desarrollo.

¿No será que nos hemos convertido en unos quejosos crónicos, incapaces de ver las cosas buenas e interpretar como malos aún los buenos momentos? ¿No será la intolerancia una peste? No hemos aprendido a criticar con altura ni a dar opiniones, lo que hacemos es quejarnos sin proponer, después de lo cual sólo queda el resentimiento. Nos anulamos entre nosotros.

Para colmo, en medio de ese ambiente negativo, claro, aparecen los enemigos de la minería y el desarrollo para exacerbar los ánimos, agravar todo y sacar provecho personal. No nos damos cuenta de que los conflictos son su alimento y los enfrentamientos su placer. Allí están ellos, en medio del túnel prestos a la calumnia y a la mentira para enfrentar a la población.

Una muestra de ese espíritu de queja y ese accionar de los enemigos del desarrollo es ese decir “no” a todo que se traduce en las movilizaciones y en los paros. Paros que tienen éxito porque generan temor. ¿Ese sentimiento de temor es algo bueno para Cajamarca? ¿El éxito de los paros por miedo es algo de lo cual debemos sentirnos orgullosos?

¿Entonces, contra qué estamos? Estamos contra el paro, contra ir a trabajar, contra la minería, contra el Canon, contra la autoridades, contra las leyes… contra todo. A todo le decimos no. Lamentablemente ese “no” a todo tiene un precio: también es un no a la inversión. Y aunque a los enemigos de Cajamarca les encanta la idea de que no existan más proyectos y empresas mineras y que fracasen los programas de turismo, la agro exportación y el desarrollo general, todos sabemos que la inversión en la región es la única salida real para que esos anhelos de nuestra población se hagan realidad.

¿Tenemos alguna salida? En mi opinión: sí. El primer paso para solucionar esta crisis es revertir la expectativa. Tenemos que vislumbrar la luz al final del túnel. No podemos negar el túnel de la discordia en que estamos atrapados todos los actores sociales, pero debemos creer que hay solución y empezar a buscar esa salida. En vez de continuar revolcándonos en la oscuridad de las quejas, los paros y las protestas sociales que son cada día más graves, debemos empezar a caminar en la búsqueda de soluciones con tolerancia, crítica constructiva y aportando ideas que, en un clima de paz social, permitan poner en marcha los programas de inversión que necesita Cajamarca.

Es cuestión de elegir la manera cómo vemos el futuro: con optimismo tolerante o con pesimismo revanchista. ¿Y los enemigos del desarrollo? Esos, si no quieren cambiar… que se queden en el túnel.

sábado, 21 de julio de 2007

El hedor de la indiferencia

Es cierto. El objeto emblemático de la civilización y el progreso es el excusado. Ese artefacto en el que vacían su vejiga y sus intestinos los seres humanos. Su empleo –decía Mario Vargas Llosa-, determina si un pueblo vive en estado de subdesarrollo o si ha empezado a progresar.

Al respecto, existe una cifra reveladora: dos mil seiscientos millones de personas, una tercera parte de la humanidad, no conoce los excusados, las letrinas ni los pozos sépticos, y hace sus necesidades como cualquier animal, en el campo, a orillas de los ríos o en cualquier depósito que luego lanza al medio ambiente.

Siguiendo con las cifras, se estima que unos mil millones de individuos utilizan aguas contaminadas por heces humanas y de animales, para beber, cocinar, lavar la ropa, su higiene personal y para regar las huertas. A ello se debe –asegura Vargas Llosa-, que por lo menos dos millones de niños mueran cada año de diarrea y que enfermedades infecciosas, como cólera, tifoidea y parasitosis, devasten enormes sectores de África, Asia y América Latina y sean la segunda causa de la mortalidad infantil en el mundo.

Por supuesto, ése cuadro pavoroso no corresponde a Cajamarca. Una gran parte de los ciudadanos del Cumbe tiene modernos y cómodos excusados instalados en sus viviendas. Asimismo, en el campo, cada vez es más común observar pequeñas casetas –silos pintados de color celeste “Cosapi”-, instaladas en medio de las chacras. A primera vista, no parecemos un pueblo subdesarrollado.

Sin embargo, la realidad es distinta. Si bien ya no vivimos en los años de la barbarie cuando el contenido de las bacinicas –sin el menor rubor- se lanzaba a las calles, en cambio, seguimos arrojando a nuestros ríos, con total indiferencia, las aguas servidas de doscientos mil cajamarquinos.

Nuestro río Mashcon es un caso aterrador. Es –literalmente- un río de caca o de popó, para quien pueda sentirse ofendido. Una cloaca a cielo abierto. Las pozas de oxidación que recolectaban los desechos orgánicos de una buena parte de Cajamarca, colapsaron hace años y hoy rebalsan, burbujeantes, su pútrido contenido directamente al río. Por otra parte, los residuos volcados en los baños de nuestra universidad y los que salen del desagüe de la morgue viajan derechitos a la misma corriente. Por supuesto, hay que incluir las aguas de los camales y las de lluvia que barren igual las calles llenas de basura como los excrementos y los orines de animales que dan del cuerpo donde les viene en gana.

Toda esa suciedad no sólo viaja aguas abajo, sino que en su camino se emplea para regar las chacras de verduras y los corrales de animales que existen en el distrito de Jesús, “la despensa de Cajamarca”, cuyos productos se expenden en los mercados de la ciudad a vista y paciencia de todo el mundo. Claro, todos esos productos terminan servidos en nuestras mesas, luego pasan a nuestros estómagos y finalmente “regresan” a Jesús a seguir regando las plantas en un ciclo contaminante, perturbable e inacabable.

Este problema de saneamiento no es exclusivo de Cajamarca. También existe con mayor o menor crudeza en el resto del país. En la misma capital de la república los colectores de muchos distritos desaguan a la orilla del mar. Otros, con mayor cuidado, lo hacen a alguna distancia mar adentro que no es lo mismo pero es igual. Muchos coincidimos con Alfredo Bryce Echenique quien dijo alguna vez: “Lima en una urbe moderna, pero que a diferencia de otras huele a m…..”.

¿Cuál es la solución? El problema no es sencillo ni barato. Sólo los países más ricos y con la tecnología más avanzada pueden darse el lujo de tratar sus desechos orgánicos para convertir los sólidos en abono y los líquidos en agua limpia que se vierte con total seguridad, decenas de kilómetros mar adentro.

En Cajamarca, no obstante, tenemos buenos profesionales y excelentes técnicos para afrontar el problema que, al contrario de lo que mucha gente cree, no es exclusivo de las autoridades de turno, sino de todos los que vivimos en esta ciudad. Una ventaja es que ahora tenemos el dinero del canon para financiar un buen proyecto sanitario. Lo que sí es seguro, es que no podemos seguir tomando el tema con el mismo desinterés que hemos mostrado hasta ahora.

La situación se ha vuelto insoportable, de tarde en tarde, dependiendo de la dirección del viento, la ciudad de Cajamarca se inunda de los olores nauseabundos que, ya no sólo son los de la caca, también son los de la indiferencia.

jueves, 21 de junio de 2007

Las verdades a medias

El problema es sencillo de entender. Yanacocha, conforme a su política de dar preferencia de contratación a las empresas locales y a solicitud de las autoridades municipales de la zona, contrató a la compañía Ciatsa S.R.L. para la ejecución del proyecto de la carretera afirmada San Antonio Totoracocha en beneficio de esa comunidad. Ciatsa a su vez, también en cumplimiento de la política de Yanacocha de contratar preferentemente personal de la localidad, seleccionó sus trabajadores entre los vecinos del lugar.

Hasta allí todo bien. Lamentablemente, Ciatsa tuvo problemas. Por una serie de desaciertos administrativos y financieros esa empresa comenzó a incumplir sus obligaciones con sus trabajadores y proveedores. Luego de varias comunicaciones de Yanacocha para que la contratista corrigiera su situación, la mina decidió “intervenirla” una vez más. La “intervención” es un procedimiento común de Responsabilidad Social previsto en los contratos de la compañía minera para proteger los pagos a trabajadores y proveedores que adeudan las contratistas incumplidas.

En esas andaba la cosa cuando a algunos acreedores de Ciatsa se les acabó la paciencia y decidieron embargar los dineros de la contratista por incumplimiento de pago. El procedimiento es sencillo: el acreedor acude a un Juzgado y solicita una Medida Cautelar a fin de asegurar su cobranza. El Juzgado, por su parte, ordena a Yanacocha que cualquier saldo que tuviera a favor de la empresa demandada sea depositado en el Banco de la Nación hasta por un monto determinado.

Se acabó. Eso fue todo. Ciatsa –a pesar de todos los esfuerzos de buena voluntad de Yanacocha para que cumpliera con pagar sus deudas- fue embargada, y tanto sus trabajadores como los proveedores impagos que confiaron en la corrección de los dueños y funcionarios de esa empresa contratista se quedaron en el aire.

¿Tienen derecho a reclamar los trabajadores? Por supuesto. Ellos tienen todo el derecho de exigir su pago a Ciatsa. Pueden denunciar el caso al Ministerio de Trabajo y eventualmente iniciar una demanda en el Juzgado correspondiente. También pueden acudir al Juzgado donde se efectuaron los embargos contra su empleador e interponer una “tercería” para ser considerados en el destino final del dinero embargado.

Entonces ¿Por qué los trabajadores le reclaman a Yanacocha? Simple. Porque los mismos representantes de la contratista, en vez de asumir su responsabilidad, les dijeron a sus trabajadores y proveedores que no podían pagar sus deudas porque Yanacocha no les pagaba a ellos. Como siempre, dijeron una verdad a medias. La verdad completa es que la empresa minera no les podía pagar porque debido a sus incumplimientos ellos fueron embargados judicialmente por sus mismos proveedores.

Además, porque lamentablemente en nuestro país y en nuestra ciudad la población prefiere resolver sus problemas por medio de la violencia en vez de recurrir a los canales y las instituciones correspondientes. A los pobladores de la zona, en esta oportunidad, les pareció más cómodo y eficaz secuestrar trabajadores y máquinas de otra empresa cajamarquina para intentar extorsionar a la compañía minera y que ésta les pague lo que no les pudo pagar su empleador Ciatsa. Mala cosa.

El conflicto no quedó allí, como ocurre cuando se comete cualquier delito –y secuestrar personas y bienes es uno de los crímenes más graves-, intervino la policía. Los secuestradores, junto a los revoltosos y azuzadores en vez de retirarse del lugar optaron por enfrentarse con violencia a las fuerzas del orden. El resultado: contusos, mal heridos y detenidos en la cárcel.

Si el problema es tan claro ¿Por qué los “ecologistas” –como siempre- se apresuraron a culpar a Yanacocha? Porque así es su naturaleza: ellos aman las verdades a medias. Son personas que retuercen la realidad, le dan la forma que quieren y la presentan como mejor acomoda a sus intereses. Para la enrevesada lógica “ecologista” la culpable de que Ciatsa no pague sus deudas es la mina “incumplida” que se niega a cancelar un dinero que no debe. La responsable de que haya heridos es la Policía “abusiva” que no se deja golpear por los revoltosos cuando éstos la atacan. Y la ley es ciega y parcializada porque no se da cuenta de que los "pobrecitos campesinos" no sabían que secuestrar personas y apropiarse de máquinas ajenas es un delito grave.

Como siempre, la realidad es más interesante, compleja y sabrosa que una simple mentira. El caso Ciatsa y el enfrentamiento de sus trabajadores con la policía está plagado de verdades a medias hábilmente manipuladas por los “ecologistas” de siempre. Pero ¿Por qué algunas personas todavía les creen? Fácil. Lo decía mi abuela cuando algún pillo mentiroso engañaba a la gente y ésta no se daba cuenta: “es que el diablo siempre esconde la cola”.

miércoles, 20 de junio de 2007

Ponle corazón

Cuando lo visité nadie sonreía. Las personas entraban y salían del edificio cariacontecidas. Cargaban con una sombra de tristeza y de desgracia inocultable. Es que el moderno Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas en Lima no es un hospital cualquiera, es el Instituto del Cáncer, como se llamaba antes, cuando su antiguo local fue inaugurado hace casi setenta años, en 1939.

Desde aquella época hasta nuestros días en que ya se venden terrenos en la Luna y nos preparamos para conquistar el planeta Marte, lo más que hemos avanzado en el conocimiento de ese despiadado enemigo de la humanidad, es que, cuanto más antes detectemos la enfermedad mayores posibilidades tendremos de ganarle la batalla y sobrevivir a la pesadilla de haber caído en sus despiadadas garras.

El cáncer, contra lo que mucha gente cree, no es una sola enfermedad. En realidad se trata de más de doscientas enfermedades diferentes, y que pueden resumirse en una sola descripción: un crecimiento y una propagación descontrolados de células anormales del cuerpo.

¿Qué es lo que causa la enfermedad? No se sabe a ciencia cierta. Pero si uno lee y cree todo lo que se ha escrito al respecto, terminará inevitablemente por pensar que lo que realmente produce el terrible mal es el hecho simple de estar vivo. Pareciera que todo lo que hacemos y todo lo que comemos o rechazamos por la dieta, termina de una manera u otra por producirnos cáncer. Al final, la única verdad comprobada es que la desgracia más grande que te puede tocar en este puñetero mundo no es que seas un enfermo de cáncer sino que seas un enfermo de cáncer, pobre. Que no tengas los medios económicos para enfrentar al enemigo no digamos con éxito, sino, siquiera, con un poco dignidad.

Por supuesto, los que más sufren y más nos hacen sufrir son los niños inocentes afectados por esa enfermedad. Afortunadamente, desde siempre han existido las personas generosas y caritativas que no soportan el sufrimiento ajeno y que desde la creación del Instituto e incluso antes regalaron su tiempo y su dedicación para ayudarlos. A ese movimiento humanitario se unió en 1982 un voluntariado que ha persistido durante todos estos años gracias al concurso de jóvenes comprometidos e idealistas y a la participación desinteresada y solidaria de la colectividad: la colecta Ponle Corazón.

La colecta Ponle Corazón se inició en 1982 con un grupo de estudiantes de la promoción de ese año del colegio limeño Markham, motivados por un compañero que falleció de cáncer. Los jóvenes comenzaron recaudando fondos dentro y fuera de su colegio para ayudar a otros escolares que no contaban con recursos económicos para enfrentar los gastos de la enfermedad. Al año siguiente la colecta se realizó en todo el país instituyéndose la fecha de la colecta como el “Día de la Solidaridad Estudiantil”.

Veinticuatro años después, este jueves 21 y viernes 22 de junio aquí en Cajamarca, como en todo el Perú, se realizará una nueva colecta pública. La actividad, además de recaudar fondos que contribuirán a cubrir los altos costos que demanda la atención y tratamiento de nuestros niños enfermos de cáncer y que no pueden afrontarlos, buscará estimular los buenos sentimientos de los niños sanos hacia sus semejantes, fortalecer los valores humanos entre los estudiantes, los padres de familia, los docentes y los miembros de la comunidad.

La colecta Ponle Corazón se realizará en todos los centros educativos de Cajamarca, establecimientos comerciales y carpas instaladas en nuestra Plaza de Armas. El comité de voluntarias de la filial Cajamarca estará ubicado en la esquina de los jirones Dos de Mayo y Del Comercio.

Que ninguno de nuestros niños enfermos de cáncer muera por falta de recursos. Contribuye en la colecta ¡Ponle Corazón! a sus vidas.

jueves, 7 de junio de 2007

Cuidado con las mentiras

La mala noticia se difundió la semana pasada. Según la prensa local el congresista de Unión por el Perú Eduardo Espinoza Ramos, habría declarado a un medio de comunicación nacional que: “en Cajamarca hay muchos problemas con la minería y se consume agua contaminada”. Esas expresiones –en el supuesto de que haya existido tal declaración-, no tendrían mayor trascendencia sino fuera por el hecho simple de que son mentiras y de que habrían sido dichas por un miembro de la Comisión de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos, Ambiente y Ecología, del Congreso de la República, quien, supuestamente, es una persona prudente que no anda por allí diciendo barbaridades al estilo de los “ecologistas” irresponsables.

¿Por qué el congresista Espinoza incurriría en tremendo desacierto? Fácil. Porque está muy mal asesorado o porque, inocentemente, sólo repitió lo que los enemigos del desarrollo han repetido en la ciudad del Cumbe con los ojos tercamente cerrados y sin pruebas desde hace varios años, casi como un mantra: “Las minas contaminan –ergo- Cajamarca está contaminada”. Un mantra rentable por cierto, ya que así como hay algunos que sirven para alejar los malos pensamientos y otros para atraer el amor esquivo, los enemigos del desarrollo usan el de la contaminación falsa para atraer dinero a sus cuentas corrientes: esos fondos suculentos proporcionados por los inocentes cooperantes internacionales que han caído redonditos en el cuento de la agüita contaminada y el de los pobres paladines del medio ambiente amenazados de muerte por una poderosa compañía minera.

Por supuesto, en este valle de lágrimas todos tienen derecho a ganarse la vida de una u otra manera, y formar una institución no gubernamental para criticar y desprestigiar a las compañías mineras formales y responsables parece ser un negocio estupendo: se pagan muy bien y encima se pasean por el mundo dictando conferencias sobre una realidad que sólo existe en su mundo interesado, imaginario y confuso. Lamentablemente, esa cantaleta ecologista tiene un alto precio: asusta a la gente y confunde a las autoridades que, como el congresista Espinoza, de un momento a otro pueden declarar inexactitudes creyendo cándidamente que están “sintonizados” con la población, cuando lo único cierto es han caído en el juego de algún asesor congresal bruto o mal intencionado, y de los “ecologistas” mentirosos, o todo junto.

El asunto es serio. Apenas dos semanas atrás, manos terroristas sembraron una pequeña cantidad de mercurio en San Juan como parte de un complot para generar un conflicto de grandes proporciones en Cajamarca. El tema, que debió tratarse como un asunto policial y que eventualmente terminará con uno o varios sujetos inescrupulosos en la cárcel, se convirtió, gracias a la estrategia de propaganda “ecologista”, en una amenaza cataclísmica para la región. Si eso se dice aquí mismo, qué de raro tendría que lo repita una persona que vive a novecientos kilómetros de distancia y que no tiene la menor idea de lo que realmente esta sucediendo en Cajamarca.

Efectivamente, declaraciones alarmistas como las vertidas la semana pasada por un “ecologista” interesado, no le hacen ningún bien a la tranquilidad pública ni al clima de paz que desde hace tiempo anhela la población. Mucho menos a la actividad turística y comercial de la región. Decir que en Cajamarca “hasta ahora no se ha aprendido a manipular el mercurio”, o insinuar que el mercurio aparecido de la noche a la mañana en una calle de San Juan podría provenir del contrabando o de Yanacocha, como si dicha sustancia fuera de uso común o se pudiera obtener con facilidad en cualquier esquina, es por decir lo menos, una irresponsabilidad brutal.

Es paradójico, mientras Promperú invierte en promover el turismo interno a nivel nacional con especial énfasis en la sierra norte y mientras nuestros empresarios realizan esfuerzos considerables para colocar sus servicios turísticos y sus productos lácteos en un mercado bastante competitivo, los paladines del medio ambiente andan desprestigiando nuestra ciudad a su gusto y alarmando a los turistas nacionales y extranjeros con mentiras para que nadie se atreva a visitar Cajamarca ni a comprar un solo queso que provenga de esta limpia, hermosa y generosa tierra, supuestamente ahogada en mercurio.

Cuidado. Las autoridades, los líderes de opinión y las personas de buena voluntad deben tener mucho cuidado y estar atentos a esas mentiras que no son inocentes y que se pronuncian con total impunidad. La verdad es que el agua potable que provee Sedacaj y que consumimos los pobladores de Cajamarca es una de las mejores aguas tratadas del país. Y que las aguas de nuestros ríos, de ninguna manera contienen los elementos contaminantes que el ecologismo irresponsable le imputa a la actividad minera. Por el contrario, tanto los monitoreos participativos de canales y ríos –análisis realizados por autoridades, pobladores y mineros-, como los análisis que las distintas instituciones cajamarquinas realizan periódicamente y que se publican en la prensa local, dan cuenta de que esas aguas, con respecto a sus contenidos minerales, cumplen con los parámetros internacionales para consumo animal y para riego.

Ya es tiempo de que los “ecologistas” terminen con ese desparpajo a la hora de manipular informaciones, sesgar datos y directamente mentir al hablar de la calidad del agua de Cajamarca. Esta claro que a ellos no les cuesta nada desprestigiarnos y que por el contrario esas noticias falsas y apocalípticas les permiten obtener cuantiosos ingresos. El problema es que el resto de la población, decenas de miles de pobladores cajamarquinos inocentes, es el que termina pagando las consecuencias.

miércoles, 6 de junio de 2007

Un complot fracasado

Las conspiraciones tienen pies de barro: se desbaratan cuando las denuncian. Un complot de esos, fue el que enfrentó la empresa Yanacocha hace algunos días y pudo tener serias consecuencias para la región. Aquí en Cajamarca se intentó generar un conflicto que no era para resolver con pistolas de agua. Al contrario, como ya ocurrió en otras oportunidades, el objetivo fue enfrentar a la empresa minera con la población y en esta oportunidad en especial, con los miembros de la Comisión de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos, Ambiente y Ecología, del Congreso de la República, que proyectaba visitar nuestra ciudad esta semana. El complot fracasó, porque fue descubierto a tiempo.

La crónica de esta intriga enloquecida y truculenta la tenemos a la vista. Empezó con las inocentes y visionarias declaraciones del congresista Werner Cabrera quien alertó a la opinión pública sobre las posibles consecuencias de un futuro e hipotético derrame de mercurio vinculado a la empresa minera. “Si eso pasara, no podríamos denunciar a Yanacocha”, dijo el legislador pitoniso. Ese mismo día, algunas horas más tarde, se denunció la aparición de una pequeña cantidad de mercurio regada en las calles de San Juan. Pura coincidencia.

Alarmados por el “terrible” descubrimiento, los primeros en enterarse en San Juan actuaron con espectacular acierto y rapidez. ¿Se comunicaron con Defensa Civil? No ¿Avisaron al Ministerio de Salud? Tampoco ¿Reportaron el hecho a la Fiscalía? Menos. Eso lo hicieron después. Lo primero fue comunicarse con Grufides. Una organización no gubernamental con vocación anti minera, cuya acción principal en este evento fue intentar empadronar a los vecinos que quisieran demandar y obtener una indemnización del tácito culpable: para ese momento ya algunos desconocidos responsabilizaban a Yanacocha.

¿Cómo se supo que el mercurio había sido derramado por Yanacocha? ¿Se hizo alguna investigación, algún análisis? Probablemente no fue necesario. Hasta donde se sabe, algún funcionario de Grufides tiene una cámara fotográfica “científica” que indica cuando el agua de los ríos esta contaminada por la mina. Es posible que ese maravilloso instrumento se haya utilizado en esta oportunidad, y que funcione igual con el mercurio. No obstante, los mismos representantes de esa Ong “vaticinaban” un posible levantamiento de la población de San Juan si no se aclaraba inmediatamente la procedencia del metal líquido.

Sin embargo, el asunto no salió bien: desde el momento que se hizo público el hallazgo, la población de Cajamarca –que intuye muy bien todo lo que se refiere a esos sorpresivos y misteriosos brotes metálicos-, y que además está cansada de la misma cantaleta onegeosa, empezó a sospechar que se trataba, otra vez, de mercurio sembrado.

Mientras tanto, en los alrededores de su propiedad, la compañía minera enfrentaba un secuestro de maquinarias y una invasión de sus operaciones por grupos de pobladores aleccionados que -sospechosamente en estas fechas-, no reclamaban ningún derecho legitimo, sino que se trataba de dos chantajes mondos y lirondos para obtener beneficios económicos de Yanacocha. Uno de esos problemas aún persiste.

En el ínterin, por su lado, el representante de Grufides, Marco Arana, denunciaba en mayo el “acoso y seguimiento indebido” del que había sido víctima en abril por parte de los agentes de seguridad de la compañía minera. Cuando en realidad él fue sorprendido junto a un grupo de camarógrafos en actitud sospechosa, en las inmediaciones de la mina, por una patrulla de Forza. Esa es su lógica enrevesada: cuando a él alguien le toma una foto dice que se trata de un reglaje para matarlo, pero si él accede sin permiso a una propiedad privada con un grupo de camarógrafos y con toda razón le piden que se identifique, entonces se trata acoso y seguimiento indebido.

Todos estos hechos que parecen aislados, en mi opinión, tuvieron un leit movit: la primera semana de junio la Comisión de Ambiente y Ecología del Congreso iba a visitar Cajamarca y el complot se organizó para que ellos encuentren una ciudad convulsionada por un derrame de mercurio en San Juan -precisamente cuando se cumple un nuevo aniversario del incidente de Choropampa-, la amenaza de muerte contra los inocentes paladines del medio ambiente y un conflicto social de grandes proporciones en las primeras páginas de los diarios. Los “desconocidos” conspiradores fueron tan cínicos que trataron de culpar a Yanacocha de propiciar su propio descalabro para asustar a los congresistas y que desistan de venir a Cajamarca.

Lo más triste de todo este ardid es que, como siempre, los confabuladores hicieron lo que saben hacer: jugaron a exacerbar los temores de una población que sólo quiere paz social y desarrollo. No es que el tiempo no pase para los organizadores de estos conflictos sociales ni que no aprendan de sus errores, lo que pasa es que desprecian tanto a la población que ni siquiera se preocupan por usar la imaginación. Por supuesto, tampoco emplean la inteligencia, eso sería pedir demasiado.

miércoles, 23 de mayo de 2007

Marco Arana y el ojo político

La semana pasada se conoció la noticia de que en abril, una patrulla de seguridad de la empresa FORZA habría intervenido un grupo de personas con actitud sospechosa en las inmediaciones de la propiedad de la compañía Yanacocha. Se trató de una intervención de rutina probablemente motivada por la serie de atentados ambientales perpetrados desde hace algún tiempo para dañar a la empresa minera.

Efectivamente, en octubre pasado, terroristas ambientales quemaron quince metros de una tubería especial de la mina derramando su contenido de productos químicos entre los terrenos vecinos, con el único fin de perjudicar a los humildes campesinos y enfrentarlos con la compañía minera. El caso aún esta en investigación por la autoridad oficial.

Ese cobarde atentado, sumado a las inexplicables muertes de truchas en eventos que no corresponden a Yanacocha, la siembra de mercurio en distintas partes de la ciudad, los incendios forestales provocados por extraños en propiedad de la empresa minera, entre otros sucesos misteriosos, deben tener en alerta a la compañía de seguridad y, por supuesto, nada más natural que indagar quiénes son y qué andan haciendo las personas que se detienen en los alrededores del complejo minero. Más aún si la actitud es sospechosa y si por allí alguno de los involucrados tiene una cara de malo inocultable.

Los sospechosos intervenidos en los predios de la mina, en abril –sorpresa-, resultaron ser el representante de la Ong GRUFIDES Marco Arana y un grupo de camarógrafos no identificados. Sin embargo, y aunque nadie puede negar que los hechos ocurrieron en propiedad privada, Arana pretende convertir esa intervención de seguridad legítima, en un acto de “acoso y seguimiento indebido”, según sus propias palabras. Y en una nueva y terrible agresión de las fuerzas represivas, supuestamente contratadas por la empresa minera para hacerle daño.

Ahora bien, si el hecho no fue más que un incidente de seguridad provocado por un grupo de sospechosos en inmediaciones de una propiedad privada que ya ha sufrido varios atentados ambientales ¿Por qué Arana denunció el hecho con tan mala leche? Fácil, porque la gente como Arana y ciertos “ecologistas” tienen una extraña facultad que muy poca gente posee: el ojo político.

El ojo político, decía un escritor, consiste en ver los sucesos de otra manera. Una manera helada, carente de emociones, como de forense desvelado. Marco Arana lo tiene. Ante cualquier suceso importante ese ojo se pone en movimiento y espontáneamente le ofrece una lectura diferente, servicial, útil para el que parece ser su único propósito en la vida: enfrentar a la empresa minera con la población cajamarquina.

Arana acaba de demostrarlo una vez más. Lo que todo el mundo observó fue la diligencia con la que actuó una patrulla de agentes de seguridad que en cumplimiento de su misión investigó qué hacía un grupo de extraños sospechosos en los alrededores del centro minero. Arana, en cambio, le levantó la falda al asunto, examinó la cosa fríamente y vio una oportunidad. ¿Para qué? Para crear una crisis a Yanacocha y dañar su imagen ante la comunidad. La jugada fue cínica y reiterada: convertirse en víctima. Auto-victimizarse. Hostigar a todos y presentarse a si mismo como hostigado. Ese estilo hipócrita de hacer política debe ser desenmascarado sin atenuantes de ninguna especie.

Esta no es la primera vez que ocurre. Lo mismo ha sucedido con la muerte de las truchas envenenadas con arsénico, el mercurio volador que salió por un caño de agua potable y el incendio de una porción de bosque en Porcón que –otra vez-, manos extrañas, iniciaron justo el día que un grupo de “ecologistas” encabezados precisamente por Arana estaban de paseo por los alrededores de la propiedad de Yanacocha, le tomaran una foto al incongruente incendio y cínicamente denunciaron a la empresa minera por incendiaria.

Pero el juego de auto-victimización y de propaganda con que Arana manipula a la población de Cajamarca desde hace varios años, se está agotando. Cada vez son menos numerosas las personas que creen en la dramática y reiterada historia del pobre sacerdote perseguido y hostilizado por una criminal compañía minera... “tanto va el cántaro al agua que al fin vuelve sin asa”, dice el refranero local.

Por eso la población ha recibido con la más olímpica indiferencia la rocambolesca noticia de que, una misteriosa madrugada de abril, tres encapuchados armados con ametralladoras irrumpieron en las oficinas de GRUFIDES, preguntaron por Arana y anunciaron, con la más absoluta sinceridad, su intención de asesinarlo.

¿Quién difundió esa noticia? Marco Arana. ¿Cuándo? A mediados de mayo. ¿Existe denuncia policial sobre este atentado? No, ninguna. ¿Han sido denunciados los hechos ante la Fiscalía? No, por cierto. ¿Publicó acaso GRUFIDES, tan listo a victimizarse, esa noticia en su página web, por lo menos? Tampoco.

¿Quién le cree entonces a Marco Arana? Los intelectuales de la capital seguramente y también los ingenuos activistas de Derechos Humanos de San José de Costa Rica. Por supuesto, el hecho de que la población de Cajamarca ya no le cree, no le preocupa en mayor medida, lo que realmente le interesa es que los donantes y patrocinadores internacionales, los proveedores de fondos suculentos, sigan creyendo en la historia del humilde sacerdote hostilizado en Cajamarca... y que paguen la cuenta.

martes, 22 de mayo de 2007

Cajamarca, agua y desarrollo humano

Lo dijo Mario Vargas Llosa en uno de sus lúcidos artículos de opinión, el objeto emblemático de la civilización y el progreso no son –como muchos creen-, el libro, el teléfono, la Internet ni la bomba atómica, sino el excusado. Para nuestro insigne escritor, el factor determinante para saber si nuestros pueblos están todavía en la barbarie del subdesarrollo o han comenzado a progresar, es la desagradable comprobación del uso de ese artefacto donde vaciamos la vejiga y los intestinos los seres humanos.

Vargas Llosa escribió ese comentario después de leer la publicación “Más allá de la escasez: poder, pobreza y la crisis mundial del agua”. Un Informe sobre Desarrollo Humano, encargado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo a un equipo de prestigiosos consultores y asesores bajo la coordinación de su Director Kevin Watkins.

Según el documento, a lo largo de la historia, el progreso humano ha dependido del acceso al agua y de la capacidad de las sociedades para aprovechar su potencial como recurso productivo, que por supuesto incluye actividades como la agricultura, la minería y la industria en general. Dos de las bases para el desarrollo humano son el agua para la vida en el hogar y el agua destinada a los medios de sustento a través de la producción. Es claro, sin embargo, que para una gran parte de la humanidad estas bases aún no se han establecido.

De seguro, las cifras que más impactaron a Vargas Llosa fueron aquellas que revelan, que a pesar de vivir en un mundo de prosperidad creciente, más de mil millones de per­sonas se ven privadas del derecho al agua y 2.600 millones no tienen acceso a un saneamiento adecuado.

¿Por qué ocurre esto, aún en este siglo? Porque la crisis no tiene que ver necesariamente con situaciones de escasez absoluta del suministro físico –agua hay-, el problema, más bien, radica en la pobreza que no posee recursos para distribuirla, la desigualdad que impide los accesos a nuevas tecnologías y servicios, y las políticas erradas de gestión del agua que agravan la escasez, cuando ésta realmente existe.

Aunque los orígenes del problema varían de un lugar a otro, el factor que más destaca, es que son pocas las regiones que abordan la cuestión del agua y el saneamiento como una prioridad política. Y es que los líderes y las autoridades se olvidan de que en el fondo no se trata solamente de agua, sino de permitir a las personas tener una vida que valoren y en permitirles aprovechar su potencial como seres humanos, alcanzando la prosperidad compartida y la seguridad colectiva en un mundo cada vez más interdependiente.

El informe concluye que en las próximas décadas se intensificará la competencia por el agua, debido al crecimiento demográfico, la urbanización, el desarrollo industrial y las necesidades agrícolas, por tanto el problema debería abordarse y prevenirse desde ahora a través de políticas públicas, la participación positiva de todos los actores sociales y la cooperación internacional.

La recomendación también es valida para Cajamarca, En menor escala, pero con mayor interés porque nos afecta a nosotros directamente, también debemos abordar y prevenir desde ahora el problema del agua. Aquí la crisis tiene un cariz especial: el agua sobra, lo que no hemos podido hacer hasta ahora es retenerla para que no se vaya al mar. En ello coinciden los expertos, los ecologistas sinceros y las autoridades.

En su artículo, Vargas Llosa concluye en que la falta de agua no sólo enferma el cuerpo sino también el espíritu, la autoestima más elemental, el ánimo para rebelarse contra el infortunio y mantener viva la ilusión, motor de todo progreso.

Esa es la importancia substancial de la reciente campaña por el agua impulsada por Yanacocha y la realización del Primer Foro del agua organizado por varias instituciones socialmente responsables y que tanto han enfadado a los “ecologistas” rabiosos en nuestro medio. No se trata sólo de agua, se trata de desarrollo humano.

viernes, 18 de mayo de 2007

Cajamarca y la letanía “ecologista”

Estamos condenados. La sentencia la dictó hace algunos días en Bruselas el panel Intergubernamental del Cambio Climático de la ONU. Los más de cien países que la integran emitieron un informe lapidario de mil cuatrocientas páginas donde se prevé que el calentamiento global causará más daño y más rápido de lo que se creía: la temperatura del planeta aumentará entre 1,5 y 2,5 grados, el nivel del mar subirá medio metro, se extinguirá el treinta por ciento de las especies, y América Latina perderá el cincuenta por ciento de sus tierras agrícolas en los próximos cuarenta años.

Según el documento, existe un “alto nivel de certeza” de que el cambio climático está afectando ya a “muchos sistemas naturales, en todos los continentes y en algunos océanos”. El calentamiento global –continúa el informe-, ya está teniendo un gran impacto en la naturaleza y también tiene visibles repercusiones en las sociedades humanas.

Según los cálculos, el treinta por ciento de las especies conocidas se extinguirá. Ecosistemas como los corales, los polos, la tundra, los bosques boreales o los montes y las regiones mediterráneas se verán inevitablemente afectados, así como los océanos, los ecosistemas marinos en general y los recursos pesqueros. Las regiones más afectadas serán el Ártico, el África Subsahariana, las islas de menor tamaño y los grandes deltas de Asia.

Asimismo se estima que la sequía y el deshielo dejarán sin agua dulce a mil millones de personas -50 millones de ellas en las cuencas del sur y del Este y centro de Europa-, mientras que cientos de millones ya están condenadas a padecer inundaciones por el aumento del nivel del mar. El texto añade que el cambio climático podría ocasionar una caída importante de los cultivos en África, una reducción de los glaciares del Himalaya y más olas de calor en Europa y Norteamérica.

No obstante, los científicos aún no se han puesto de acuerdo sobre las causas directas del calentamiento: unos opinan que la industria y las distintas actividades del ser humano son los detonantes de los drásticos cambios climáticos; mientras que otros aseguran que las emisiones de dióxido de carbono de origen humano sólo representan el cinco por ciento del total y que el resto hay que apuntárselo a la propia naturaleza, por ejemplo, a los volcanes y a los seres vivos en proceso de descomposición.

Los volcanes –dicen-, producen cada año más dióxido de carbono que todas las actividades humanas y los gases de efecto invernadero son cosa, sobre todo, de los océanos, y que lo que más influye en la temperatura de la Tierra es la actividad registrada en las manchas solares.

Por lo tanto –manifiestan los expertos-, el cambio climático es un proceso natural y el fenómeno actual es uno más de los incontables periodos de calentamiento y enfriamiento que ha experimentado la tierra en sus miles de millones de años de existencia. De hecho, hace mil años el clima era más cálido que ahora y la mayor parte del calentamiento registrado en los últimos cien años tuvo lugar antes de 1940. Después de la II Guerra Mundial –argumentan-, cuando se produjo la industrialización masiva del planeta, hubo un enfriamiento que duró décadas.

¿Y Cajamarca? Bien, Gracias. Aquí, nuevamente, en vez de preocuparnos por las cosas que verdaderamente importan y que pueden afectar el futuro de la región, estamos discutiendo -y lo seguiremos haciendo-, si Yanacocha mintió o si dijo la verdad en su campaña por el agua. Una cortesía de los “ecologistas” de siempre.

Según la cruzada de Yanacocha, el setenta por ciento del agua de lluvia que cae en Cajamarca se va al mar sin ningún beneficio para la región. Por su lado, los “ecologistas” dicen que no, que Yanacocha miente, que el porcentaje de agua que se va al mar es menor. ¿Cuánto? No lo saben. En el mismo sentido, los mineros aseguran que consumen menos del uno por ciento de esa cantidad de agua que no aprovecha la población, los “ecologistas” incrédulos también dicen que no es así, que el porcentaje de agua que consumen en sus operaciones es más. ¿Cuánto? Tampoco lo saben. Pero ese detalle no importa, los paladines del medio ambiente dicen que es más y punto.

El asunto de fondo es que los climatólogos de todo el mundo –más allá de sus diferencias conceptuales-, están de acuerdo en que la temperatura de la tierra se incrementó alrededor de un grado en el último siglo y que ese proceso se acelerará dramáticamente en las próximas décadas. De igual manera Yanacocha y sus detractores están de acuerdo en que la mayor parte del agua que recibimos durante la temporada de lluvia no la aprovechamos en Cajamarca por nuestra imposibilidad para retenerla en su loca carrera hacia el mar.

Así las cosas, sólo nos quedan dos alternativas al respecto: la primera, es tomar conciencia del mensaje de Yanacocha para enrumbar, autoridades y población, en la búsqueda de soluciones técnicas al verdadero problema del agua en Cajamarca: su almacenamiento. La otra, es seguir con la letanía “ecologista” de que la mina es la única culpable de la escasez del agua en la región y salir a marchar por las calles para que la naturaleza se conmueva y largue a llover también durante la época seca. Usted decide.

martes, 27 de marzo de 2007

Cajamarca, sus empresas y su Cámara de Comercio

Artículo escrito con motivo del 77 aniversario de la Cámara de Comercio de Cajamarca. Marzo de 2007

¿Qué es lo que determina la riqueza de una región? Ciertamente no son sus recursos naturales. Suiza no tiene salida al mar ni árboles de cacao y sin embargo posee una de las mayores flotas náuticas y el mejor chocolate del mundo. En el mismo sentido, probablemente el ejemplo extremo sea Japón, un puñado de islas con un territorio muy pequeño cuya superficie es en su mayor parte montañosa y que, sin embargo, recibe materia prima de todo el orbe y la exporta al mundo como productos terminados.

Tampoco los recursos turísticos determinan la riqueza de una región. Todos sabemos que los atractivos para el turismo no valen nada si no son puestos en valor. Esa es precisamente la tragedia de muchos de nuestros pueblos que a pesar de tener restos arqueológicos y paisajes maravillosos, no atraen a nadie porque no tienen carreteras, ni otras facilidades logísticas que hagan atractiva su visita.

¿Y los yacimientos mineros? Menos. Para que los yacimientos valgan algo, poco o mucho, primero hay que encontrarlos y luego hay que explotarlos. Eso también lo sabemos todos: el oro, la plata, el cobre o los diamantes, enterrados, son como cualquier otra piedra, no tienen ningún valor.

Lo que en realidad hace rica a una región o a una sociedad es su aparato productivo: sus empresas. La riqueza –hay que insistir-, no se produce en la universidad, ni en los ministerios, ni mucho menos en las ONGs, sólo en las empresas. Todas las demás instituciones tienen su propio rol y su propia responsabilidad en el complejo mundo social. Sin embargo, una región próspera y desarrollada, aunque lo cuestionen los enemigos del desarrollo, sólo puede lograrse con un grande, variado y fortalecido tejido empresarial.

Por supuesto, esas empresas a su vez necesitan de un clima económico propicio, un mercado saludable y paz social para lograr desarrollarse, generar ganancias, empleo, y multiplicar la riqueza. Es precisamente en ellas y con ellas que se da el círculo virtuoso del crecimiento y el progreso: inversión, producción, venta, ahorro, más ahorro y más inversión y así incesantemente, en un proceso elemental de acumulación de capital. No hay otra manera. No existe otra fórmula de éxito.

Donde se dan todas estas condiciones los empresarios están obligados a ser cada vez más productivos, y a competir por un espacio en el mercado, a retener con premios al trabajador eficiente y penalizar al que no lo es. Si no lo hace, el resultado simplemente será la quiebra. Por otra parte, el éxito empresarial se traducirá en más puestos de trabajo, mejores remuneraciones, pago de impuestos que deberían destinarse a atender las necesidades comunes de la población y por último como mayores recursos para la proyección y el apoyo social.

Es simple. Para que haya trabajo y trabajadores tienen que haber empresas. Más aún, las regiones son tan prósperas y progresistas como lo son sus empresas. La calidad de una sociedad –decía un analista español-, depende del tipo de empresa que en ella predomine. Si la sociedad genera las condiciones para la creación y el sostenimiento de empresas dinámicas e innovadoras, le espera el éxito y la paulatina desaparición de la pobreza. Si, por el contrario, pone obstáculos y desalienta la aparición de empresas competitivas, apoyando en su lugar, por un mal entendido respaldo social, a las empresas incumplidas, chantajistas, bloqueadoras de carreteras, insolventes financiera y moralmente, con bajo rendimiento técnico y profesional, el desempeño general será mediocre. Y ese será, a fin de cuentas, el espejo de nuestra sociedad.

Para mí, es aquí, precisamente, donde la Cámara de Comercio y Producción de Cajamarca esta desempeñando un rol fundamental. Nuestra Cámara, además de ser el vocero natural del empresariado local, es la institución que está dando la pauta y señalando el derrotero que deben seguir aquellas empresas o empresarios que no acaban de entender las reglas de un mercado cada vez más competitivo, en un mundo que demanda, cada vez más también, mayor responsabilidad social.

¡Feliz Aniversario! A la Cámara de Comercio y Producción de Cajamarca y a sus distinguidos Asociados.

miércoles, 21 de marzo de 2007

Día mundial del Agua 2007

Los ecologistas de verdad, están verdaderamente preocupados. Una parte de ellos está convencida de que el mundo se está secando, y que la creciente escasez de agua dulce a nivel mundial es un asunto lo suficientemente grave para demandar la urgente coordinación y cooperación de todas las naciones que conformamos este valle de lágrimas. Una articulación de acciones que garantice la gestión sostenible, eficiente y equitativa de los escasos recursos hídricos que aún quedan en el planeta.

Otra parte, en cambio, asegura que el calentamiento global derretirá el hielo de los polos y de los picos nevados aumentando el nivel de los mares hasta que el agua llegue a nuestros dormitorios, y nos saque de la cama en el medio de la noche. Esta visión apocalíptica, aunque suene poco verosímil, tiene muchos científicos adeptos quienes afirman que los cambios climáticos tendrán un impacto mayor –y más cercano- de lo que muchos creemos.

¿Nos afectará a nosotros? Parece que sí. Dicen los entendidos que si la temperatura mundial aumentara entre dos y cinco grados centígrados este siglo –algo muy probable debido principalmente a las emisiones de dióxido de carbono y la rápida deforestación de la selva del Amazonas-, los océanos crecerían de 0.18 a 0.59 metros en el mismo período. Añaden que la temperatura global en las próximas dos décadas causará enormes trastornos en la región: la elevación de los océanos causará inundaciones severas en las áreas costeras de los Estados Unidos -incluida Miami - y el Caribe, el Golfo de México, y la Cuenca del Río de la Plata. Esto puede afectar a grandes ciudades, como Buenos Aires y Montevideo.

En el Perú, según una reciente publicación del semanario Tiempos del Mundo, la Cordillera Blanca tendrá que cambiar de nombre muy pronto, porque sus nevados están derritiéndose velozmente, tornando los picos de un ecológico color marrón. Nuestras montañas andinas han perdido por lo menos veintidós por ciento de su superficie glaciar desde 1970 y el deshielo está acelerándose, manifiesta el Instituto Nacional de Recursos Naturales (INRENA). En consecuencia las acumulaciones de agua podrían causar inundaciones y avalanchas de barro que pondrían en riesgo a muchas poblaciones alto andinas.

En sentido contrario, los ecologistas de la vereda de enfrente tienen otra teoría. Según los expertos, el calentamiento global es un proceso normal en un mundo que aún no termina de cocinarse, y la mano del hombre tiene muy poco que ver con su sazón. En cuanto al agua, ésta no será un recurso natural que se extinguirá en un futuro próximo. Al contrario, el agua será mucho más accesible en el futuro, porque la revolución tecnológica más importante de este siglo será la proliferación de cultivos resistentes a las sequías. O sea, ya se están produciendo semillas que requieren la mitad del agua que necesitaban hasta ahora.

Esto –dice el analista internacional Andrés Oppenheimer-, será un avance tecnológico crucial, porque actualmente un setenta por ciento del agua que se consume en el mundo se usa para la agricultura (y no, como muchos suponíamos, para el uso doméstico). “Las nuevas tecnologías reducirán drásticamente el uso del agua para la agricultura”, afirma Fernando Miralles-Wilhelm, un especialista en agua de Florida International University. “En diez o veinte años, veremos un uso comercial generalizado de cultivos resistentes a las sequías. Además, va a haber un uso mucho más generalizado de la irrigación por goteo, como ya se ha estado haciendo por muchos años en países como Israel y Sudáfrica”.

¿Y qué esta pasando con el agua en Cajamarca? Casi nada: la tiramos al mar. Efectivamente, de acuerdo al Senamhi, el setenta por ciento del agua de lluvia que recibimos se nos escurre de las manos y termina irremediablemente en el océano. Según una información reciente, de los 280 millones de metros cúbicos que discurren por el río Cajamarquino, por ejemplo, 10 millones se nos van en lavarnos la cara y en cocinar, otros 70 millones nos los gastamos regando nuestras chacras, y los 200 millones restantes terminan, sin pena ni gloria, calmando la sed de la riquísima fauna marina.

¿Y cuánto consume la mina? Fácil. Para sorpresa de muchos pobladores y contra lo que se ha venido mal informando durante años, la mina consume menos del uno por ciento del agua que no utilizamos y que dejamos alegremente que se vaya al mar: un millón y medio de metros cúbicos por año.

Es por eso que el lema para este año del Día Mundial del Agua que se celebrará el 22 de marzo, “Afrontar la escasez de agua”, nos cae como anillo al dedo. Sin importar cuales ecologistas tienen la razón, el sentido común nos dice que ya no es tiempo de esperar milagros de nuestros recursos naturales, tenemos que actuar.

Y eso es precisamente lo que esta haciendo Yanacocha. La empresa minera se ha embarcado en la tarea de “cosechar” agua para que ésta no se pierda en el océano. Para ello firmó en el 2006 un convenio con la Municipalidad de Baños del Inca y el instituto Cuencas, con quienes esta construyendo doscientos micro reservorios de agua de lluvia que, a muy bajo costo de mantenimiento, permitirán a los campesinos obtener una producción uniforme y rentable durante todo el año, a través del riego tecnificado.

A su vez, la compañía minera está concluyendo la construcción del reservorio de aguas de lluvia más grande de Cajamarca: el reservorio San José. Una piscina descomunal que permitirá almacenar seis millones de metros cúbicos de agua que servirán, en parte, para dotar de ese elemento a las comunidades cercanas a la mina en la época seca.

Para mí, el lema mundial “Afrontar la escasez del agua”, tiene dos mensajes claros. El primero es que la escasez de agua sólo puede mitigarse con tecnología, inversión, y el concurso de todas las instituciones vinculadas al tema, de la mano con la población. El segundo es que tomemos conciencia definitiva de que la tragedia de nuestros pueblos no es tanto la pobreza generalizada como la eterna búsqueda de soluciones mágicas que jamás van a llegar.

jueves, 8 de marzo de 2007

Quilish y la cortina de humo

El argumento es conocido. El Presidente de los Estados Unidos decidió lanzar una canita al aire y terminó acusado de cometer abusos sexuales contra una menor. ¿La solución? Sencillo. Los asesores presidenciales idearon un conflicto bélico con Albania para distraer la atención de los electores, y contrataron a un director de cine para montar el engaño.

El estreno de la película La Cortina de Humo, en 1998, basada en la novela Héroe Americano de Larry Beinhart, impactó en la opinión pública mundial de aquel entonces, pues, contenía una larga lista de inquietantes similitudes con el escándalo de índole sexual entre la becaria de la Casa Blanca, Mónica Lewinsky, y el entonces presidente demócrata de los EEUU, Bill Clinton.

La trama de noventa y cinco minutos se desarrolló en la capital de los Estados Unidos de América, Washington, a once días de las elecciones presidenciales y el objetivo, cuándo no, fue distraer la atención del electorado con artimañas disuasorias que ayudaran, en ese caso, a que el presidente no perdiera la ventaja en las encuestas anteriores al escándalo. En la cinta, al igual que en la vida real, el fraude se sustentó en el manejo de los medios de comunicación y la exaltación de los sentimientos de la población.

En realidad, cuando se deja de lado la moral, la manipulación de la ciudadanía pasa por un procedimiento sencillo: Lo primero es buscar algo grande, un lío de proporciones que impacte los sentimientos de la gente. Determinado el objetivo, lo demás es fácil: se filtran informaciones falsas y se manipulan las imágenes. Lo esencial de la farsa es lograr que la historia sea creíble. La realidad no importa… la realidad no existe.

¿Y funcionan? Sí, hasta que alguien las pone en evidencia. Las cortinas de humo no tienen límites ni nacionalidad. Las hay de todos los tamaños y se emplean en cualquier lugar. En Cajamarca, es reciente el episodio del escándalo fabricado por los “ecologistas” con el cuento del ingreso de Yanacocha al cerro Quilish para convertirlo en mina.

El lío artificial de Quilish, montado por los “ecologistas” la semana pasada, en efecto, no fue más que eso: una cortina de humo para distraer a la población de un hecho evidente: al ecologismo local no le interesan ni el medio ambiente cajamarquino ni su población, y que detrás de todas sus posturas no hay otra cosa más que aspiraciones e intereses políticos.

La estrategia “ecologista” para distorsionar la realidad y manipular a la población exaltando el regionalismo y el temor, tuvo como objetivo en esta oportunidad, distraer a la ciudadanía del hecho de no haberse pronunciado ni intervenido en los graves problemas de Michiquillay, donde ciertos grupos interesados están impidiendo que se limpien las zonas verdaderamente contaminadas con productos químicos.

Tampoco se pronunciaron sobre los conflictos de Chugur, donde hay dos proyectos mineros amenazados por grupos de ronderos politizados; ni mucho menos en el caso de Algamarca, donde los “ecologistas” se negaron a intervenir en favor de la población y el ecosistema del Valle de Condebamba.

¿Por qué no intervinieron los “ecologistas” en estos temas? Probablemente, porque en ellos no hay ningún dinero que ganar, y porque ningún organismo internacional está patrocinando, en esta oportunidad, el desinteresado esfuerzo del “ecologismo” local.

Sin embargo, en la realidad, a diferencia de las películas donde a los ciudadanos les encanta dejarse embaucar, la verdad casi siempre sale a flote y pasa la factura a los alegres embaucadores. El caso del affaire Clinton – Lewinsky culminó con una acusación penal en contra del presidente por un delito de perjurio.

En nuestro caso, la falsa historia de que Yanacocha ingresó al cerro Quilish para convertirlo en mina no culminará con ninguna demanda. No obstante, para mí, es la confirmación de un hecho fundamental y del que, supongo, toda persona medianamente informada ya se ha dado cuenta: los “ecologistas” mienten.

miércoles, 21 de febrero de 2007

Cajamarca y los hijos del Dragón

Los chinos volvieron a lanzar su grito de guerra del nuevo año lunar: “Kung Hai Fat Cho (“Feliz año nuevo y que hagas una fortuna”) Una recomendación apropiada para un país como China que se encuentra en franco desarrollo. Los hijos del Dragón no desean que seas feliz o próspero o que el cielo te colme de bendiciones, ellos dicen: ojalá que te hagas de oro.

El momento no puede ser más auspicioso. El domingo pasado, tras la muerte del año del perro, en el 2006, se inició un año de prosperidad signado por la figura del cerdo, el último de los doce animales del horóscopo chino. El año del cerdo de fuego será un lapso de bienestar, opulencia y abundancia. Donde hay cerdos no hay hambre, dicen los chinos. El horóscopo asiático alienta a usar este año para invertir y tener hijos. También recomienda limpiar la casa y deshacerse de cualquier objeto inútil para espantar la pobreza y la mala suerte.

Por lo pronto, el año empezó con buen pie. El movimiento económico que representó el traslado de cientos de millones de chinos a su país natal para las celebraciones ha sido extraordinario. Según un informe de la prensa china, sólo por tren viajaron hacia ese país 155 millones de personas y muchos más llegaron en coches, barco y avión. Entre tanto 455 millones de chinos enviaron 40 millones de mensajes por hora en sus teléfonos celulares, y las autoridades estiman que se producirán 2.000 millones de viajes en los 40 días de tránsito que le siguen a la fiesta.

¿Los chinos tienen motivos para estar optimistas? Por supuesto. China e India son los dos países en vías de desarrollo que han logrado los mejores resultados en su lucha contra la pobreza creciendo a tasas récord desde que empezaron a abrir sus economías al sector privado. Por supuesto, los cambios no han sido sencillos y la resistencia para que la población se adapte a los nuevos vientos de la globalización, fue muy dura en sus inicios. Sin embargo, el papel de los dirigentes chinos fue fundamental para la trascendental transformación.

¿Y cómo cambiaron su percepción de la economía mundial los dirigentes? Fácil. Observando. Les bastó ver como otros chinos más afortunados tenían un destino mejor. Los chinos de Hong Kong, Taiwán y Singapur que creían en la propiedad privada, la paz social y el mercado, los que se subieron al tren de la globalización, iban camino de la riqueza, la prosperidad y el desarrollo. En cambio los que continuaban aferrados a las viejas costumbres, las supersticiones, la dependencia del gobierno y los eternos reclamos en un sin fin de manifestaciones, vivían, al final del día, en la miseria y la escasez. Los líderes chinos tuvieron que tomar decisiones responsables, no obstante, aunque hoy la suerte les sonríe, aún son miles de millones de chinos que esperan una oportunidad para salir de la pobreza.

Por su parte, las noticias internacionales de la última semana, también abonaron en la creencia de que la buena fortuna esta sonriendo al país asiático. De acuerdo a las cifras publicadas en una nota reciente de Argenpresss, basada en un informe de la Academia de Ciencias de China, el superávit comercial de ese país puede registrar un nuevo récord por valor de 190.000 millones de dólares en el 2007, con lo cual la nación oriental superará a Arabia Saudi y Rusia para situarse como el país con el segundo mayor superávit comercial en el mundo tras Alemania. Asimismo, Prensa Latina informó que China proyecta producir 260 toneladas de oro en el 2007, veinte toneladas más que las producidas en el 2006, y que las reservas auríferas de la nación se incrementaron en 650 toneladas durante el año pasado. Bien por China.

En lo que respecta al Perú, al parecer, y quizá debido a que la colonia china en nuestro país es muy numerosa, el año del cerdo de fuego también nos traerá buena fortuna. De acuerdo a un anunció del Presidente de la República Alan García, el Gobierno Chino aceptó la puesta en marcha de negociaciones y el inicio de un estudio de factibilidad para la futura firma de un tratado de libre comercio con el Perú. “Cuando la China nos responde que debemos comenzar el estudio de factibilidad inicial para el TLC, estamos dando un paso gigantesco para la economía nacional”, aseguró el mandatario. Y añadió que esto facilitaría que el coloso asiático declare al Perú como “país de turismo prioritario”, para sus millones de ciudadanos.

Por supuesto, todos sabemos que los rasgados ojos de la República Popular de China no sólo están puestos en nuestro afamado paraíso turístico o en nuestro atractivo potencial agrícola, sino en nuestra abundante y variada riqueza minera. Lo dicho: China puede llegar a convertirse en un excelente socio comercial del Perú y en especial de Cajamarca, debido a la demanda de minerales para mantener sus niveles de crecimiento, y si no los compra aquí, los comprará en otro lado. Así las cosas, sería bueno que alguien les vaya diciendo, desde ahora, que la buena fortuna del cerdo y sus dólares no sirven de mucho en la tierra del Cumbe, porque aquí los enemigos del desarrollo ya no quieren más minas… ya no quieren más progreso.

jueves, 15 de febrero de 2007

Cajamarca y el fantasma del desempleo

La empresa Chrysler esta de malas. Esta semana anunció la eliminación progresiva de trece mil puestos de trabajo en sus distintas plantas de Estados Unidos y Canadá. ¿Se lo merecen? Quizá. Rescatando las situaciones personales, la compañía perdió su posición en el mercado frente a sus competidores ubicados al otro lado del mar: las empresas japonesas y surcoreanas. La reducción de Chrysler será un lamentable episodio más entre los dramáticos cortes en la industria automotriz americana que debido a la fuerte competencia asiática, perderá más de cien mil empleos en total.

Sin embargo, la cifra no es exacta. A esos trece mil ex empleados de la firma automotriz su sumará una cantidad igual o mayor de trabajadores colocados en servicios conexos: perderán colocaciones las fábricas de autopartes, de telas, de fibra de vidrio y de plásticos vinculadas a la industria automotriz. También dejarán de percibir ingresos los comercios que alimentaban a esas trece mil familias y probablemente además, se resentirán las empresas de transportes y los mercados inmobiliarios. Lo sentirán las imprentas, los negocios de ropa y los de entretenimiento. El recorte afectará a los bancos, los mercados y hasta a los colegios.

No obstante, dentro de todos los males que acarreará esa situación, los gringos tienen una salida: los ex trabajadores cobrarán sus pensiones de desempleo hasta que sean reabsorbidos, más temprano que tarde, por otras actividades de la industria o el comercio. Alguien decía que los países ricos -a diferencia de los pobres, que se volverían más pobres-, se pueden dar el lujo de detener el reloj del tiempo, e igual seguirán siendo ricos. Tenía razón.

Y eso ¿En qué nos afecta a nosotros en Cajamarca? En nada. Los despidos ocurrirán en distintas ciudades americanas, a miles de kilómetros de distancia y afectarán a personas y familias que probablemente nunca conoceremos. No hay razón para preocuparse.

Lo que si debería alarmarnos, en cambio, es la manera en que se va a afectar Cajamarca en cuanto Yanacocha inicie su proceso de reducción de personal. Aunque todos sabemos que ese problema no les quita el sueño a los “ecologistas” rabiosos, serán diez mil puestos de trabajo directos los que se pierdan cuando la empresa minera empiece su proceso de cierre. Lamentablemente aquí, al igual que en los Estados Unidos, no se tratará solamente de los mineros y sus familias, también perderán sus ingresos los taxistas, los restaurantes, los alojamientos y los centros de recreación. Se verán afectados los mercados, los bancos, los grifos, las repuesteras y los comercios en general. Incluso se reducirán los ingresos de aquellas familias que viven del alquiler de camionetas y de viviendas. Bajará el valor de la propiedad.

Por supuesto, a los enemigos del desarrollo les tiene completamente sin cuidado todo eso, y que las librerías y los centros de fotocopiado se queden sin compradores. Y mucho menos les perturba claro, que hoteles como el Costa del Sol o salones de té como el cascanueces y un centro comercial como El Quinde se queden sin sus habituales clientes. ¿Quién sabe? Probablemente la sola ida les alegre: son gente de pensamiento enrevesado.

A ese desagradable escenario debemos añadir el hecho perturbador de que a estos trabajadores sí los conocemos, y muchos, probablemente, forman parte de nuestras propias familias. Peor aún, tendremos la dolorosa certeza de que ni en Cajamarca ni en el resto del país existen actividades productivas ni comerciales que los puedan absorber con facilidad. Esa gente se irá a la calle por mucho tiempo y sin ningún seguro de desempleo porque simplemente, en nuestro país no existe.

¿Se lo merecen? Definitivamente no. Los hombres y mujeres de Yanacocha son gente honesta y esforzada. Se trata de miles de peruanos que han puesto lo mejor de si para sacar adelante un proyecto del que no sólo dependen ellos mismos y sus familias, sino miles de otros peruanos que también viven de la actividad minera. Para colmo, ni siquiera perderán sus trabajos por efecto de alguna competencia extranjera –por el contrario, ellos y Yanacocha muy bien podrían competir por el título de los mejores mineros del mundo, en todo sentido-, sino por la obcecación de los enemigos del desarrollo que todos conocemos.

Las reservas de Yanacocha se están agotando. Aunque aún hay mina para algunos años, la compañía no puede expandirse a otras áreas por el temor que han sembrado en la población los terroristas ambientales. Ojalá que Cajamarca se de cuenta a tiempo de lo que realmente esta sucediendo y de como ha dejado su futuro y el de sus hijos en manos de una banda de “ecologistas” inescrupulosos.

Lo dijo un agudo periodista cajamarquino cuando se enteró de que sin ningún estudio serio de por medio el cerro Quilish no sería mina, gracias a la objeción de los “ecologistas” y a la ausencia de ciertas glándulas en los políticos de aquel entonces: “Quilish quedará para la posteridad como un monumento a la estupidez”. Si no reaccionamos a tiempo, pasará lo mismo con otras minas.