miércoles, 20 de abril de 2011

La punta del iceberg

El sindicato de trabajadores de Yanacocha tiene una diferencia con su empleador. Le reclama públicamente por la disminución de Utilidades del ejercicio económico 2010 que la compañía distribuyó en abril. Probablemente, las otras tres cuartas partes de colaboradores no sindicalizados que también tenían la sana expectativa de recibir mayores ingresos que el año anterior sientan la misma desilusión. Estos últimos, no obstante, al igual que los ingleses que detestan hablar en público del dinero que ganan y de su estado de salud, prefieren ventilar el tema de sus cuentas bancarias en la intimidad de sus hogares y no en la calle. Es su privilegio.

¿Tienen razón de sentirse afectados los trabajadores? Sí. Por supuesto. A las personas –y también a las empresas- les afecta recibir menos dinero cuando tienen un presupuesto planificado. Los mineros, como todos los miembros útiles de nuestra sociedad, trabajan para percibir una remuneración con la cual solventar sus gastos de alimentación, vivienda, transporte, vestido, educación, salud, y esparcimiento. Con los impuestos que pagan por sus ingresos contribuyen, además, a incrementar la caja fiscal que financia la construcción de obras, programas sociales y el gasto público. Todo esto pues, se verá mermado debido a que este año percibieron, en total, varios millones de soles menos de lo esperado por concepto de Utilidades.

Más aún, no sólo resultarán afectados los mineros, también se perjudicarán los comerciantes y empresarios cuyas ventas disminuirán porque esos millones de soles que no llegaron a los bolsillos de los trabajadores tampoco llegarán al mercado. Como se resentirá la Sunat porque la recaudación fiscal, el Impuesto a la Renta, tampoco será la misma este año. Es seguro que el sector construcción y los rubros de venta de vehículos y de entretenimiento también sufrirán sus respectivos ajustes: si no hay dinero para invertir, mucho menos lo habrá para gastar. Por lo visto, los afectados, aunque muchos no se hayan dado cuenta, suman varios miles de personas más que ese pequeño grupo de sindicalistas mineros que han hecho pública su protesta en los últimos días.

¿Por qué Yanacocha pagó menos Utilidades este año? Fácil. Porque, entre otras cosas, y aunque el precio del oro está muy alto, la producción de la empresa minera disminuyó treinta por ciento en el 2010, con respecto al 2009. Con esa caída en las ventas estimadas se esfumaron treinta y seis millones en beneficios por distribuir, soles más, soles menos, que jamás llegarán a los trabajadores ni al mercado porque simplemente no existen, por muy mal que nos sintamos. Explicación tan válida como aquella de las noventa y nueve razones que dio el artillero, de una Tradición de Ricardo Palma, para no haber hecho una salva: “razón primera, no tener pólvora”, guárdese usted en el pecho las noventa y ocho restantes, que no tienen la menor importancia. No se pagó más porque no hubo más Utilidades. Todo lo que había para repartir fue repartido.

¿Mejorará esta situación en los próximos años? Puede ser. Dependerá de que la empresa minera alcance nuevamente el nivel de producción que tuvo en años pasados. Para ello Yanacocha dedica grandes presupuestos y valiosos esfuerzos en actividades de exploración que no siempre son valorados por un sector de la población. Por lo pronto, la empresa tiene a la vista la puesta en marcha del proyecto Conga, de cobre y oro, que se hará realidad en los próximos años si la divina providencia nos asiste y los precios de los commodities en el mercado internacional se mantienen atractivos pese a los vaivenes del mercado.

En mi opinión, el ingreso económico de los trabajadores de Yanacocha y de sus contratistas es un tema importante para la comunidad por su impacto positivo en el mercado. Sin embargo, el problema de fondo es el hecho no comentado de que la producción de la empresa minera no está creciendo desde hace algún tiempo. Sus esfuerzos están dirigidos a mantener su producción más que a elevarla debido a los obstáculos irracionales que distintas organizaciones ponen en su camino. En ese escenario, y sin autoridades comprometidas con el desarrollo de la actividad minera en la región, cabe preguntarse si nuestro mercado será capaz de soportar, por un lado, menores inyecciones de circulante, como en esta oportunidad, y por el otro, la incorporación de miles de jóvenes que este y los años siguientes estarán en edad de trabajar.

Probablemente, el reclamo de los trabajadores del Sindicato de Yanacocha por la disminución de las Utilidades, que en realidad debería dirigirse hacia otro lado, no sea más que la punta del iceberg de un problema económico mucho mayor e inmanejable que empieza a aparecer en Cajamarca. Aún es tiempo de solucionar la verdadera raíz del problema. Para luego, es tarde.