miércoles, 9 de julio de 2008

Una oportunidad bien aprovechada

Ganaron los pobladores de Santa Cruz. La audiencia pública del proyecto minero La Zanja programada para el jueves 3 de julio, en el distrito de Pulán, se realizó con normalidad a pesar de las amenazas de un grupo reducido de antimineros que intentó boicotearla. Algunos ronderos, comités de defensa y malas autoridades de la zona y de otros lugares, contrarias al proyecto, trataron de impedir la reunión anunciando temibles actos de violencia. Para ellos, sin conocer los detalles ni contar con algún argumento técnico, el proyecto “atenta contra la cabecera de cuenca” y por lo tanto es inviable. Pues muy bien, esta vez los cruceños no se dejaron amedrentar por los enemigos del desarrollo y acudieron masivamente a la audiencia.

En cuanto a las buenas autoridades de Santa Cruz y Cajamarca --el Gobernador de esta última, Manuel Bacón Tanta, tuvo una participación destacada garantizando el orden--, la Dirección Regional de Minería y la misma empresa Buenaventura, hicieron bien en no ceder a las intimidaciones e insistir en la realización de la asamblea para dialogar con la población. La audiencia fue un éxito y la conversación resultó buena para todos los participantes. Además de que la razón y el derecho estaban de su parte, los organizadores tuvieron el mejor motivo del mundo para hacerla: era una magnífica oportunidad para el pueblo cruceño.

¿Qué lograron los pobladores? Los vecinos de Santa Cruz hicieron respetar su derecho a ser informados y manifestar sus inquietudes con argumentos serios y con altura, sobre un proyecto que, quién sabe, bien puede ser la mejor oportunidad que tenga la zona para salir del anonimato y las carencias económicas que ha sufrido desde siempre. Es contradictorio, antes las poblaciones se quejaban --con razón--, de que los proyectos mineros se aprobaban a puerta cerrada en una oficina en Lima y ellas no tenían voz ni voto. No se les explicaba nada, ni se pedía su opinión. Hoy, que las cosas han cambiado para bien, algunos malos líderes de Santa Cruz pretendieron que la población escogiera la opción peor: que no se les exponga nada.

Como los avestruces que esconden sus cabezas en un hoyo porque creen que así estarán más seguras, los enemigos del desarrollo actuaron igual a los niños cuando juegan y se tapan las orejas gritando: “No me digan nada, no me hablen. No oigo, soy de palo… tengo orejas de pescado”.

Buenaventura explicó los detalles del proyecto y cuales pueden ser los impactos, positivos y negativos al medio ambiente, y, en estos últimos casos, las acciones que realizará para evitarlos o mitigarlos. En eso consiste el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) Por supuesto, la empresa cumplió en su oportunidad con poner a disposición de las autoridades correspondientes y las personas interesadas dicho estudio, pero los pobladores, las amas de casa y los estudiantes, que no tienen porque saber de asuntos técnicos, se merecían una explicación sencilla y clara. Los vecinos tienen derecho a escuchar los detalles y a expresar sus dudas.

La empresa por su parte, tiene la obligación de responder satisfactoriamente los cuestionamientos de la población. De lo contrario, será el mismo Ministerio de Energía y Minas el que le niegue el permiso para operar. Para eso es la Audiencia Pública: para defender el derecho de los pobladores a estar bien informados, para que cuestionen y obtengan respuestas, e incluso para aportar sus sugerencias sobre cualquier aspecto que consideren perjudicial para la comunidad y el medio ambiente. Total, el éxito del proyecto y el cuidado del entorno es bueno para todos.

Esta vez ganó la razón. Se aprovechó bien la oportunidad de conocer el aspecto técnico y los procedimientos de control, mitigación y compensación considerados en el Estudio, también se ganó una oportunidad inmejorable para que la población conozca el Programa de Desarrollo Social que contempla el proyecto. Lo que tanto tiempo esperó Santa Cruz: saber qué hará la empresa con respecto a infraestructura y su apoyo a los proyectos de “desarrollo sostenible” que tanto reclama al cielo su alcalde.

¿Por qué trataron de impedir qué se realice la Audiencia Pública? Porque, como siempre, bajo el disfraz de irreductibles defensores del medio ambiente, con excepción de algunos espíritus puros y unas pocas personas seriamente comprometidas, se encubren ciertos líderes y agitadores que protegen sus propios intereses políticos, económicos y de poder, o todo junto. Esa gente tiene un temor grande de que la población escuche las explicaciones y los proyectos de la empresa minera. Le temen a la verdad. Ellos están seguros que, luego de realizada la Audiencia Pública y una vez que se disipen las dudas de los pobladores y se calmen sus temores injustificados, los padres de familia pensarán con lucidez en su propio futuro y en el futuro de sus hijos. Ellos tomarán con responsabilidad la única decisión posible: elegirán el desarrollo en vez de continuar en el atraso, la pobreza y la desesperanza.

Santa Cruz necesita fuentes de trabajo, caminos, electrificación, proyectos de desarrollo y fomento de la educación y la salud. Por supuesto, nada de eso se logra con enfrentamientos absurdos ni movilizaciones sociales. Santa Cruz necesita un proyecto de grandes dimensiones y de enorme inversión económica para salir adelante. La realización de la Audiencia Pública para conocer el Estudio de Impacto Ambiental del proyecto La Zanja ha sido el primer paso en el largo camino del desarrollo que ya empezaron a recorrer nuestros hermanos cruceños.

Los peruanos de buena voluntad esperamos que la población de Santa Cruz aproveche con entusiasmo esta inmejorable opción de desarrollo para la región. Ojalá sepan defender su derecho al progreso y que el proyecto La Zanja no naufrague en el mar de las oportunidades pérdidas. Sería una pena. La juventud cruceña y las generaciones por venir merecen un futuro mejor.

lunes, 30 de junio de 2008

El último tren de Santa Cruz

El alcalde de Santa Cruz tiene un problema grave. El buen hombre vive totalmente desinformado de lo que pasa en Cajamarca. Algo imperdonable en esta era de la globalización de las comunicaciones en que cualquier ciudadano puede saber, en tiempo real, lo que esta ocurriendo al otro lado del mundo. A veces, incluso, antes de que acontezca. Probablemente, el burgomaestre no tiene tiempo para enterarse de las cosas, sin embargo, algo malo debe estar pasando con sus asesores, cuando en vez de instruirlo sobre los cambios que han sucedido en la región, prefieren mantenerlo alejado de la realidad.

Efectivamente, a pesar de que Manuel Ruiz Bravo es un alcalde preocupado sinceramente por el futuro de su comunidad y que anda lamentándose -con toda razón-, de que en Santa Cruz no existan “proyectos sostenibles” que contribuyan a su desarrollo, no se ha enterado, y nadie se ha tomado la molestia de decirle, que las reservas minerales descubiertas por el proyecto La Zanja, en la zona, son la palanca de desarrollo que tanto tiempo ha esperado y que tanto necesita su pueblo para salir adelante. Una bendición. Tan buena, aunque no tan grande, como las reservas probadas de cobre de Michiquillay que aún no se explotan pero ya aseguraron a los pobladores aledaños 201 millones de dólares en proyectos sociales comprometidos por la empresa Anglo American. Además, por supuesto, de los ingresos por Canon que les corresponderán cuando dicha empresa entre en producción. Una oportunidad bien aprovechada.

¿Cuántos años más tendremos que esperar para tener electricidad? Pregunta el funcionario, implorando al cielo, en nombre del ochenta por ciento de sus vecinos, que aún no cuentan con ese necesario servicio. La respuesta, debería saber el alcalde, es simple: todo el tiempo que sea necesario para que el Gobierno –una institución históricamente desmemoriada-, se acuerde de ellos y tenga el dinero suficiente para invertirlo en calidad de obra social. O, los que tengan que pasar para que una o más empresas importantes se instalen y dinamicen económicamente la zona. Quizá puedan contar con electricidad antes de lo que se imaginan, si es que por suerte dichas compañías necesitan tender su propia red de energía, de la cual podría “colgarse”, en su momento, la comunidad. Lo que ocurra primero. Por supuesto los santacruceños ya no pueden esperar más. Cada año que pasa es tiempo imperdonablemente desperdiciado. La oportunidad hoy esta tocando a la puerta.

Es bueno también que el señor Ruiz se entere, de paso, que ninguna empresa de energía se interesará nunca en invertir y llevar su producto a Santa Cruz, si los pobladores no tienen trabajo bien remunerado, “sostenible” en el tiempo, como él dice, y con poder adquisitivo suficiente para pagar las cuentas de la luz que ya no son tan bajas como antaño. Así es de interesada y comercial, mí estimado, esta aldea global de la que todos formamos parte, nos guste o no, y en la que no hay adónde quejarse, menos aún una comunidad que tiene los recursos para ser económicamente solvente, pero le falta la información correcta.

No es culpa de Manuel Ruiz. El teme por su pueblo, es natural, durante años ha escuchado el cuento del fantasma de la contaminación minera. No obstante, al bien intencionado alcalde nadie le ha dicho que nuestro país tiene una de las legislaciones ambientales más estrictas del continente y que nadie, ninguna empresa minera legalmente constituida, puede instalarse en Santa Cruz o en cualquier otro lugar de la república y trabajar sin cumplir con las normas legales sobre el cuidado medioambiental. Para hacerlas cumplir están las autoridades competentes y la misma población que no se chupa el dedo y sabe estar vigilante del cumplimiento de las obligaciones legales empresariales, como el mejor abogado.

Otra cosa es, por supuesto, la minería informal. Esa no paga impuestos, no genera Canon, no tiene responsabilidad social ni proyectos de desarrollo. Esa que, enterémonos desde ahora, probablemente va a tener Santa Cruz en los próximos años, si la comunidad le cierra las puestas al empresariado formal. La minería informal es la que se instaló en Tambo Grande cuando la comunidad impidió que una empresa desarrollara legalmente su proyecto minero. La minería informal hoy contamina Tambo Grande a su regalado gusto y no hay quién los saque de allí porque ellos, simplemente, no responden a ninguna autoridad ni reconocen ninguna ley.

Santa Cruz es una provincia de gente esforzada y trabajadora que merece una alternativa de desarrollo. Hoy está viviendo una extraña dicotomía: ser una región de necesidades extremas con ricos yacimientos minerales y rechazar la minería por un injustificado temor a una contaminación inexistente. Su alcalde y la población se están llevando por las mentiras de un grupo de gente refractaria al desarrollo. El proyecto La Zanja es la alternativa de progreso que el pueblo santacruceño, de tanto esperarla, no sabe reconocerla. Ojalá que no se pase de largo.

Dicen que el tren de las oportunidades no pasa por la misma estación dos veces. En Santa Cruz el tren ya esta pitando para partir. Ojalá que su alcalde y la comunidad recapaciten y decidan subirse al tren del desarrollo de la actividad minera, como ya lo han hecho Cajamarca, Hualgayoc y Michiquillay, ya es tiempo que Santa Cruz, con ese nombre doblemente piadoso, aproveche sabiamente los dones que Dios le dio.

sábado, 21 de junio de 2008

Las lagunas y los líderes irresponsables

Ocurrió en octubre de 1981, en la reunión de cooperación internacional que se realizó en Cancún. Alguien, con un interés pernicioso –contó un cronista de la época-, soltó el rumor de que la delegación de Estados Unidos iba a pedir un minuto de silencio en memoria del presidente egipcio Anuar el Sadat, asesinado pocos días antes en el Cairo. La delegación de Argelia, cuyos miembros consideraban a Sadat un criminal, hizo saber de inmediato, con otro rumor en sentido contrario, que de ser así abandonaría la importante reunión. Menos mal que el canciller mexicano de entonces tuvo la sensatez de preguntarle al secretario americano si la versión era cierta. Este último, para alivio de todos, contestó que no y el conflicto imaginario quedó superado.

Un incidente semejante ocurrió la semana pasada en Cajamarca. Algunos integrantes de el Frente de Defensa del Alto Perú y la Coordinadora de Desarrollo de la Cuenca del Jequetepeque corrieron la voz de que Minera Yanacocha instalará ochenta kilómetros de tuberías para transvasar el agua de doscientas ochenta y nueve lagunas de la zona denominada Alto Perú hacia Cajamarca, con la doble intención de: “compensar la grave escasez de agua” que, según ellos, existe en la ciudad del Cumbe y de esa manera, así de fácil, “explotar el cerro Quilish”. El resultado final del transvase –aseguraron los alarmistas-, será cien litros de agua por segundo.

¿Quienes tuvieron tan absurda y descabellada idea? Como siempre, algunos líderes sociales con cerebros desbordados de imaginación malsana, vergonzosos intereses personales y ávidos por generar conflictos.

Antes de que la sangre llegue al río y como la versión de instalar en silencio ochenta kilómetros de tubería sonaba a cuento, algunos periodistas de Cajamarca con el buen tino del canciller mexicano y la mejor voluntad de servir a su público, se tomaron la molestia de entrevistar al representante de Yanacocha Ricardo Morel, para conocer si el rumor era cierto. Gracias a la aclaración del funcionario, Cajamarca se enteró de que la versión era falsa y, además, de que la empresa minera no tiene ningún interés geológico en la zona de las lagunas de Alto Perú.

La verdadera historia -como siempre más rica que la imaginación-, es que en el 2004 y 2005 Yanacocha adquirió terrenos en dicha zona con la intención de construir la presa que llamaría Laguna Compuertas. Un proyecto millonario para almacenar agua de lluvia en beneficio de los habitantes de la región. El proyecto no se concretó, y aunque la compañía obtuvo la autorización de la Administración Técnica del Distrito de Riego, en ese entonces, al final decidió realizar otro tipo de obras que no comprometieran para nada el agua de las lagunas cercanas: optó por construir reservorios.

Sin embargo, y a pesar de que el proyecto ya había sido cancelado, la Municipalidad Provincial de San Pablo, irrogándose una autoridad que sólo tiene el Instituto Nacional de Recursos Naturales, INRENA, a nivel nacional, se apresuró a emitir una ordenanza declarando la intangibilidad de la zona. La respuesta de Yanacocha fue la misma que hubiera tenido cualquier ciudadano o institución respetuosa de las leyes cuando alguien, sea quien sea, comete una ilegalidad para recortar los derechos sobre su legítima propiedad: apeló la resolución municipal.
“Nosotros consideramos, y la ley nos ampara, que una Municipalidad no puede emitir resoluciones para crear áreas de conservación. Eso sólo lo puede hacer el INRENA a nivel nacional. Entonces, si nosotros dejamos carta abierta a una Municipalidad para que emita una resolución o una ordenanza así, sobre nuestra propiedad, estaríamos permitiendo que se cometa un acto ilegal. Es una cuestión de principios”, dijo Morel.

El funcionario reiteró –para que no quede ninguna duda-, que esa zona es propiedad de Yanacocha, pero no se realizarán trabajos geológicos en ella. En realidad, la empresa minera no dice esto recién, lo dijo en el 2005 a través de un Comunicado a la opinión pública. Obviamente, existe un renovado interés por revivir el tema y crear un nuevo conflicto partiendo de una situación imaginaria. De esos aprietos, viven muchas personas en nuestro país.

La apelación de Yanacocha se definirá muy pronto en una Audiencia Pública, en Lima. El asunto a resolverse es, simple y en resumidas cuentas, si la ordenanza emitida por la Municipalidad de San Pablo, declarando la propiedad de Yanacocha zona de Reserva Natural, es legal o ilegal. Lo cual, en ningún caso querrá decir que Yanacocha, ni ninguna otra persona natural o jurídica, puede disponer del agua de las 289 lagunas de Alto Perú como le venga en gana, como aseguran los imaginativos y alarmistas defensores de la nada. Mucho menos, aún, que dicha agua pueda ser transvasada a otra cuenca o que sirva para construir una mina en el cerro Quilish. Un cuentazo.

Si el Poder Judicial define que la ordenanza de la Municipalidad de San Pablo es legal, pues muy bien, no habrá pasado nada. Los asesores de Yanacocha se equivocaron. Por el contrario, si es ilegal, el Concejo tendrá todo el derecho del mundo de iniciar sus trámites ante el INRENA para que éste, en última instancia, le dé la razón o se la niegue. Aún en este último caso, no existe ningún motivo de alarma, porque nadie esta urdiendo un plan perverso para que sean otros, y no los pobladores de la cuenca del Jequetepeque, los que consuman el agua de las lagunas.

¿Por qué tanto interés, entonces, en enfrentar a la población con la empresa minera? Porque es la táctica fácil, la preferida: la estrategia del espantajo. Cuando algún líder social sin recursos ni imaginación positiva quiere ganar renombre, ocupar un espacio político o distraer a su comunidad, su primera y única opción es enfrentarse y enfrentar irresponsablemente a su pueblo contra un enemigo imaginario. Para el caso, tan bueno como el fantasma de la contaminación es el cuento de una empresa monstruosa que quiere beberse el agua de 289 lagunas. La estrategia es clara y esta otra vez en marcha en Cajamarca. Ahora se trata de las lagunas de Alto Perú y ochenta kilómetros de una tubería imaginaria.

Los líderes sociales de esta historia están usando irresponsablemente el cuento de las lagunas para movilizar a su pueblo y generar conflictos. Cuando son malos, se dice que cada comunidad tiene los líderes que se merece, yo no lo creo. En la región Cajamarca no nos merecemos líderes así.

martes, 27 de mayo de 2008

La estrategia de Cajamarca

El mes pasado, Fernando Henrique Cardoso, el político y sociólogo brasileño que ocupó la presidencia de su país durante dos periodos constitucionales, dio una conferencia magistral en Buenos Aires. El titulo de su disertación fue América Latina y la Globalización.

La expectativa por lo que diría el expositor no se debía sólo a su condición de ex mandatario. Sino que Cardoso representa hoy a ese grupo de líderes latinoamericanos que en algún momento de sus vidas dieron un salto dramático desde los sectores más cómodos de la izquierda a posiciones de enfrentamiento y desafío desde la vereda de centro derecha, con respecto a su visión sobre la economía de mercado y la distribución de la riqueza.

La disertación del ex presidente fue una lección de estrategia para los países latinoamericanos. Recomendó que no vayamos a los extremos rechazando de plano la globalización ni sumergiéndonos en ella sin la debida planificación. La nuestra –dijo-, debe ser una estrategia de aprovechamiento, dejando de lado la bandera del crecimiento por la del desarrollo: un crecimiento sostenido por décadas que nos lleve a niveles de vida comparables a los países de Europa o del sudeste asiático.

Una visión razonablemente distinta a la que tenía veinticinco años antes de que vistiera la banda presidencial. En aquella época el joven Cardoso era un intelectual de izquierda, él escribió a cuatro manos, junto a Enzo Faletto, un libro que llegaría a convertirse en un referente importante para el estudio de las ciencias sociales latinoamericanas y, más allá, en texto obligado de cuanto aprendiz de revolucionario apareciera por estas sureñas tierras: Dependencia y Desarrollo en América Latina, ensayo de interpretación sociológica.

Según la obra, el intercambio de exportar materias primas e importar productos terminados entre América Latina y los países desarrollados, condenaría a aquella a una situación imposible de dependencia económica. Esa visión pesimista de la economía mundial impulsó la estrategia del proteccionismo que pusieron en práctica nuestros países sub desarrollados: le cerramos las puertas al comercio exterior en beneficio de nuestra ineficiente y poco competitiva industria interna. La aplicamos en el Perú. Fue la estrategia del empate, no jugamos para ganar sino para no perder, y nos llevó al desastre económico.

Los países del sudeste asiático en cambio, aplicaron la estrategia contraria. La ganadora. Abrieron sus economías al mundo retándose a ser mejores para penetrar con éxito los mercados de los países desarrollados, auto generando trabajo y riqueza para sus pueblos. Mariano Grondona, el escritor argentino, la definió así: “Los coreanos y los taiwaneses lograron este éxito extraordinario que hoy imitan China y la India de puro ignorantes que eran: no habían leído el libro de Cardoso”.

Por supuesto, nadie nace sabiendo. Lo importante en la vida es reconocer sus propios errores y cambiar para bien. Es un lugar común decir que: “Un hombre inteligente aprende de sus propios errores mientras un sabio aprende de los errores de los demás”. Habría que añadir: el que no aprende nada o aprende y no cambia, es un idiota.

No obstante, lo más importante es que cambien los líderes para que ellos impulsen los cambios en sus pueblos. La lección de oro de fines del siglo pasado es que con los cambios adecuados las sociedades pueden pasar de una situación de desesperación económica a una de prosperidad en el lapso de una generación No hay que redescubrir la pólvora. Allí están, sólo como ejemplo, Chile y España para demostrarlo. También existen ejemplos contrarios y que demuestran que la existencia de inmensos recursos naturales de la mano de líderes desubicados en vez de garantizar el desarrollo, aseguran la pobreza y la desesperación de sus pueblos: nuestra vecina y mal gobernada Venezuela.

¿Y cómo va la estrategia para el desarrollo de Cajamarca? Muy bien. Sus principales líderes, después de años de enfrentamientos absurdos, dejaron de seguir las agendas interesadas de los enemigos del desarrollo, esos que “mucho joden y nada aportan”, y decidieron unir esfuerzos con todos los actores de la sociedad para trabajar juntos en la gran tarea del desarrollo. Una estrategia ganadora.

La primera muestra significativa del cambio –autoridades y empresa privada empezaron a trabajar juntas desde hace algún tiempo-, es el Fondo Solidaridad Cajamarca (www.fondosolidaridadcajamarca.org) Cuarenta y cinco millones de dólares aportados por la empresa Yanacocha para “Promover el bienestar y desarrollo social y contribuir a la mejora de las condiciones de vida de las poblaciones y comunidades ubicadas principalmente en las zonas de influencia de la actividad minera”, en estrecha coordinación con el Gobierno Regional, la Municipalidad Provincial de Cajamarca y la Sociedad Civil.

Los recursos del Fondo se aplican con una particularidad: tiene que existir la aprobación unánime de los cuatro miembros de la Comisión Técnica de Coordinación para que se apruebe un plan. Si Yanacocha propone pero la Sociedad Civil –representada por el Obispo-, o cualquier otro integrante no esta de acuerdo, simplemente el proyecto “no va”. De igual manera, si el Gobierno Regional decide asignar una partida para una obra y el Municipio o Yanacocha o la Sociedad Civil, consideran que el proyecto no califica para los fines del Fondo, éste no se aprueba. Los ejecutores del fondo –sin voz ni voto en el destino del dinero-, son la Asociación los Andes de Cajamarca (que trabaja ad honorem) y el Fondo de las Américas (que cobra una comisión de administración)

La inversión del Fondo de Solidaridad, en orden de prioridades, esta destinada principalmente a la nutrición de menores, educación, salud, y al desarrollo y fortalecimiento de capacidades de gestión pública. También al apoyo y desarrollo en la promoción de cadenas productivas, infraestructura básica, obras de impacto local o regional, y a complementar recursos económicos de terceros o del Estado para la ejecución de proyectos.

Precisamente para hablar de las estrategias ganadoras y las fórmulas de éxito, uno de los impulsores de las buenas prácticas empresariales en nuestro país, el Dr. Baltazar Caravedo dictará el próximo jueves en Cajamarca la conferencia Alianzas Estratégicas para el Desarrollo Regional.

La disertación del Dr. Caravedo en nuestra ciudad se dará con motivo de la presentación del Informe Anual de Gestión 2007 de la Asociación Los Andes de Cajamarca – ALAC, una organización corporativa que es parte del programa de responsabilidad social de Yanacocha para promover el desarrollo humano sostenible en nuestra región.

Las estrategias pueden ser buenas o malas, se juzga por los resultados. En Cajamarca ya identificamos la buena: estamos sumando esfuerzos y trabajando juntos todos los actores sociales por el bien común. No permitamos que algún enemigo del desarrollo, esos que no han aprendido la lección de que vivir enfrentados no conduce a nada bueno, nos arruine el futuro.

sábado, 3 de mayo de 2008

Agua potable para todos

Es moralmente lamentable. Mientras la Agencia Espacial Europea anunciaba al mundo el éxito del lanzamiento de su segundo satélite, GIOVE-B (Galileo In-Orbit Validation Element), que llevaba a bordo el reloj atómico más preciso que se haya enviado jamás al espacio, el lunes 28 de abril nuestros necesitados campesinos de Huambocancha bloqueaban la carretera Cajamarca – Bambamarca para detener el paso del Presidente de la República, Alan García, y enterarlo de que ellos, aun viviendo tan cerca de Cajamarca, al costado de la planta de tratamiento de agua El Milagro, y al frente de la primera maravilla natural del Perú, Baños del Inca, no tienen agua potable.

La operación espacial europea fue perfecta. El satélite GIOVE-B, de media tonelada de peso, fue situado sin incidente alguno a 23 mil doscientos metros de altitud por un cohete Soyuz-Fregat proyectado desde la instalación más antigua de lanzamientos espaciales de la Unión Soviética, el cosmódromo Baikonur, en Kazajstán, un país euroasiático con 2,7 millones de kilómetros cuadrados, casi el mismo tamaño que toda Europa occidental.

El intento huambocanchino, en cambio, salió muy mal. Es que eso de secuestrar Presidentes, aquí y en cualquier país del mundo, por más tercermundista que sea, es un asunto de suma gravedad. Fue necesaria la intervención de la Policía Nacional para despejar la carretera y dar seguridad al mandatario, a la comitiva de Congresistas y personalidades, a las autoridades e invitados de Cajamarca y a todos los vecinos que transitaban por el lugar. La respuesta de los custodios del orden, como ocurre en todos los casos en que algunas personas quieren hacer de las suyas irrogándose la representación de “el pueblo”, como si para “el pueblo” no rigiesen las leyes del país, fue el empleo de la fuerza. No hay otra solución cuando se agota el diálogo y los infractores no entran en razón.

Paradójicamente, mientras el grupo de pobladores reclamaba agua potable de mala manera, a la peruvian way, y se la demandaban a Yanacocha porque supuestamente esa empresa contaminó el manantial La Zarcilleja, ubicado a 30 kilómetros de sus operaciones, García y acompañantes pasaban por la zona de camino a las instalaciones de la compañía minera para inaugurar el Reservorio San José, una laguna artificial que contiene seis mil millones de litros de agua –así con todas sus letras-, y que fue construida por la firma a un costo de 25 millones de dólares para proveerse y proveer del líquido a miles de pobladores campesinos vecinos a la mina.

¿Por qué Yanacocha es tan perversa que da agua a algunos y se la quita a otros? ¿Por qué los mineros han contaminado el agua de Huambocancha a sabiendas de que es inhumano, ilegal, que habrá reclamos y que les van a bloquear la carretera todo el tiempo? Fácil. Porque simplemente, la historia del agua que Yanacocha le contaminó a Huambocancha, es un cuento de locos. Una fantasía retorcida.

La verdad la han explicado hasta el cansancio los funcionarios mineros. Hace algunos años Yanacocha donó a Huambocancha el sistema de agua que tiene actualmente. La fuente, el manantial La Zarcilleja, fue elegida por los mismos pobladores. No había otra disponible. Los análisis de aquel entonces revelaron que esa agua necesitaba un tratamiento previo antes de entregarse a los consumidores, cosa que los mismos vecinos responsables han hecho durante varios años. Esto lo saben bien los directivos de la Junta de Administración de Servicio de Saneamiento de Huambocancha, JASS, en ejercicio. Sin embargo, aparentemente, el tratamiento del agua se ha dejado de hacer o no se está haciendo bien y esto ha dado pie a un grupo de entusiastas bloqueadores de caminos para responsabilizar de su suerte a Yanacocha como si ¡Oh sorpresa! Se acabara de descubrir, recién, que el agua de ese manantial no es agua potable.

Los exaltados reclamantes, además, son un grupo de pobladores que con el más absoluto desprecio por la normas se auto eligió como la nueva Junta directiva de la JASS de Huambocancha, desconociendo olímpicamente a la directiva oficial –otra vez, para ellos no existe ninguna ley-, y no sólo han armado tremendo despelote en la zona, sino que se han enfrentado a las mismas autoridades de la región para impedir la evaluación de la calidad del agua del manantial y de la que sale del sistema que donó Yanacocha. La evaluación revelaría que la calidad de agua que brota del Zarcilleja es la misma que tenía originalmente y que el agua que sale del sistema, una vez bien tratada, es el agua con sus más y sus menos que ellos han consumido conformes desde que se construyera dicha red.

El cuento malvado de la contaminación, la fantasía retorcida, por supuesto que tiene autor, tiene intereses y tiene responsables ante la ley. Eso deberá ser investigado por las autoridades competentes y la falta tendrá que sancionarse debidamente cuando se esclarezcan los verdaderos móviles del conflicto.

Lamentablemente, hay que reconocerlo, los vecinos de Huambocancha –no todos-, se han creído la fábula completa. Ellos no fingen. Están convencidos de que su manantial, aunque sea un imposible geográfico, ha sido contaminado por la actividad minera y en consecuencia la empresa debe conseguirles otro manantial con agua pura, fresca y cristalina, o construirles un sistema de agua potable completo. Por supuesto, para lograrlo, los malos dirigentes los incitan a bloquear la carretera y a emprenderla a palos y piedras contra cualquier vehículo inocente que parezca ser una camioneta 4x4, combi, coaster u ómnibus de trasporte de personal que se dirija a la mina, y también contra cualquier autoridad que se les ponga enfrente. El agua es vida y la deben defender a cualquier precio. Es su derecho.

Sin embargo, más allá del hecho de que bloquear carreteras es ir contra la ley y de que algunos pobladores de Huambocancha utilizan un pretexto absurdo con la intención de forzar a la mina a construirles un sistema de agua potable, es una verdadera vergüenza para todos nosotros, los que vivimos en Cajamarca y que gozamos de ese servicio básico, que aún existan Centros Poblados sin suministro de agua potable. Tenemos que actuar.

En el mundo, una de cada seis personas no tienen acceso a agua potable, esta situación causa la muerte por enfermedades de 11 millones de personas por año. La razón –coinciden los analistas de los países más desarrollados del planeta-, es la negativa de los países subdesarrollados como el nuestro a permitir que sean las empresas privadas, con grandes capitales de inversión, las encargadas de su captación y distribución. El agua, aseguran- no falta, sobra. No se trata de escasez, aseguran los expertos, pues sólo la lluvia provee más de 19 mil litros de agua por día y persona en el mundo. Se trata de falta de infraestructura e inversión.

Quizá la privatización del servicio de agua potable no sea la mejor solución para Cajamarca, sin embargo es obvio que lo que falta en nuestra ciudad es inversión. Lamentablemente, Sedacaj con su mejor esfuerzo más que invertir en crecimiento, lo que puede hacer con sus limitados recursos es mantener una red que con los años ha devenido en insuficiente. Pero ¿Cómo va crecer, de dónde va a invertir, si cuando intentó subir en unos soles el precio del agua potable, sólo para compensar sus costos, tuvo que dar un paso atrás en vista del rechazo de la población entera?

El argumento contra el alza del precio del agua, o contra las inversiones privadas es que los más pobres serán los perjudicados. Lo que no se dice es que son los más pobres, en este momento, los que más pagan por conseguir agua: se trasladan grandes distancias, pagan a los aguateros mucho más del costo del agua corriente por el que pagamos nosotros los que tenemos la conexión en nuestras casas, y los que es peor, sufren de distintas enfermedades por no consumir el agua adecuada.

En mi opinión el problema de Huambocancha y de todos los Centros Poblados que aún no tienen agua potable en nuestra ciudad debería abordarse por toda la sociedad con la madurez que corresponde. Por un lado los campesinos deberían dejar de buscar culpables por su falta de agua donde no los hay y la sociedad toda, con el apoyo de las Universidades, Sedacaj, el Colegio de Ingenieros, los Técnicos de Yanacocha y cualquier otra institución que quisiera sumarse al esfuerzo deberían realizar un estudio serio y buscar soluciones técnicas y por etapas al problema del agua potable en la región. ¿Y la financiación? Valdría la pena evaluar la posibilidad de destinar parte del Canon a fortalecer la capacidad de inversión de Sedacaj, sin dejar de considerar que, gracias a su expectante actividad minera, Cajamarca es hoy un interesante sujeto de crédito nacional e internacional.

Lo sabemos todos. En Cajamarca el agua sobra. Lo que falta es acumularla y financiar las obras que nos permitan hacerla llegar a todos aquellos Centros Poblados que aún no la tienen. El camino de la violencia y la sin razón que están recorriendo algunos vecinos de Huambocancha, es un camino que distrae a la sociedad del problema real y no conduce a ningún lugar.

domingo, 23 de marzo de 2008

Los empresarios inelegibles

Fue una escena surrealista. El lunes 17 de marzo, mientras un grupo de científicos de distintas nacionalidades unían sus conocimientos y esfuerzos para que los tripulantes del transbordador estadounidense Endeavour instalaran un robot canadiense en la Estación Espacial Internacional –un proyecto de siete naciones situado en la órbita terrestre a 360 kilómetros de altitud-, aquí en Cajamarca un grupo de 30 empresarios peruanos, la Asociación de Inversionistas Cajamarquinos en Maquinaria Pesada, Asicamp, trataba de quitarle el trabajo a otros tantos empresarios paisanos, con el argumento peregrino de que éstos últimos no son cajamarquinos.

Un argumento tan tonto como negar el derecho que tienen todos los nacidos en esta hermosa tierra del Cumbe a establecerse y hacer negocios en cualquier parte del Perú y del mundo. Los empresarios locales han olvidado que hace poco estuvieron por aquí, de visita, algunos representantes de la asociación de cajamarquinos residentes en Miami, un grupo de empresarios exitosos que aprovecharon su esfuerzo e inventiva para abrirse paso en uno de los mercados más competitivos del planeta. Por supuesto, a nadie se le ocurriría la estupidez de que ellos no tienen derecho a trabajar y hacer negocios al sur de la Florida por no haber nacido en esa hermosa tierra soleada. La fama de los peruanos en el exterior es de extremos: se nos teme por traficantes y delincuentes, y se nos aprecia por ser excelentes trabajadores, de espíritu creativo y emprendedor.

A los señores de Asicamp les haría bien leer la obra de Rolando Arellano y David Burgos: (Lima) “Ciudad de los Reyes, de los Chávez, de los Quispe…”, un estudio que muestra la procedencia de los habitantes de Lima y donde se concluye que cerca del noventa por ciento de la población actual tiene raíces provincianas. Un fenómeno de mixturización que esta ocurriendo en todas las ciudades, haciendo del nuestro, cada vez con más certeza, el país de “Todas las Sangres”. Si la leyeran, los Asicamp entenderían que -en ese sentido-, hablar de regionalismos en el Perú de hoy en día es, simplemente, una necedad.

No sólo fue surrealista el fondo, también fue surrealista la forma. Uno espera que un grupo empresarial legalmente constituido e incluso uno absolutamente informal, como en este caso, y moviéndose en un mercado tan limitado como Cajamarca, trate de vender sus servicios ofreciendo precios sumamente competitivos o empleando estrategias modernas y agresivas de marketing, pero nunca, jamás, utilizando un descarado método mafioso: los llamados empresarios locales, al más puro estilo gansteril, ubicaron su maquinaria en unos de los carriles de la vía a las operaciones de Yanacocha, desplazándose tan lentamente que terminaron por bloquear la carretera tratando de romperle el brazo a la empresa minera y obligarla, con un revólver en el parietal, a firmar un contrato con ellos. Dicho con todas sus letras: cometieron un acto de extorsión.

La mala acción de Asicamp, además de perjudicar a la misma empresa con la que, supuestamente, querían hacer buenos negocios, también afectó a miles de campesinos productores de leche, miles de trabajadores de empresas contratistas mineras que viven de un jornal diario, docenas de compañías peruanas que proveen servicios, transporte, alimentos y bienes en general, y por último a otros miles de vecinos de las partes altas de la ciudad que no pudieron llegar a sus trabajos o centros de estudios. Además, en un acto de alarde pandillero y total desprecio por las leyes, el orden de la ciudad y el tiempo de los ciudadanos, los malos empresarios desfilaron por las estrechas calles de Cajamarca con cargadores frontales, volquetes y flamantes camionetas 4x4, causando un enorme caos vehicular y deteniendo –literalmente-, el desarrollo de Cajamarca.

Fue surrealista también, porque en su afán de disfrazar, a la vez su incapacidad y su avidez por hacer negocios con Yanacocha, trataron de presentar su caso ante la opinión pública como si se tratara de un problema social. Como si la gente no se diera cuenta que –con todo el derecho del mundo, por supuesto-, los únicos bolsillos que quieren llenar son los suyos. Su caso, pobrecitos, lo convirtieron en una variante distorsionada del hurto famélico, creada por seudo empresarios incompetentes en todo el país: quieren apoderarse de los contratos que no son suyos porque dicen tener hambre de negocios y que nadie les da una oportunidad. La verdad es que cuando tuvieron su oportunidad, la arruinaron.

El conflicto no es nuevo en el Perú. Desde hace varios años los empresarios “sin contrato”, bendecidos por líderes sociales blandengues, para quienes bloquear carreteras e irrespetar el Estado de Derecho no son delitos, mantienen en jaque a la sociedad recurriendo a la violencia para obtener beneficios económicos personales. Es lamentable, pero son algunos representantes de la sociedad civil desubicados, los que validan semejantes despropósitos. El argumento social no es más que un conveniente cuento.

Tampoco faltan los tontos que se contradicen exigiendo contratos con gobiernos locales y empresas privadas como si se tratara de un derecho consagrado por la Constitución, olvidando convenientemente que ese mismo texto garantiza el derecho al libre tránsito, la propiedad privada, la libre empresa y la libertad de contratación. Por supuesto, olvidando también que nadie en su sano juicio quiere negociar con pillos y extorsionadores.
El resultado de la aventura gansteril del lunes pasado es lamentable. Perdimos todos. Perdió Yanacocha y perdió la gente que no trabajó ese día, perdió el Gobierno Central que dejó de percibir impuestos, perdió el Gobierno Local que recibirá aún menos Canon y perdieron los empresarios cajamarquinos en general que no hicieron las ventas acostumbradas. También perdieron los 28 empresarios que trataron de extorsionar a Yanacocha.

En realidad éstos últimos fueron 30, pero hubieron dos que no se perjudicaron en nada porque ya eran “inelegibles” desde antes de bloquear la carretera: ese tipo de gente con la que nadie quiere hacer contratos por sus pésimos antecedentes empresariales. Efectivamente, en la Asicamp ya había algunos miembros con los que nadie quería contratar por sus acostumbradas malas prácticas. Claro, como ya estaban marcados, se dieron el gusto egoísta de arrastrar a los demás a su misma situación. Ahora pueden estar felices: gracias a ellos, acabaron todos en la asociación por convertirse en empresarios “inelegibles”. Felicitaciones. Lo más probable es que el Estado, los Municipios o cualquier empresa privada, lo pensará dos veces antes de darles un contrato.

Luego de revisar los hechos del lunes pasado, no me quedan más que dos conclusiones: la primera, es que mientras algunos líderes sociales afiebrados sigan avalando despropósitos como el de los empresarios extorsionadores, nunca lograremos tener una clase empresarial seria y saludable que contribuya positivamente al desarrollo de la región. Y la segunda es la triste comprobación de que no importa cuánto las buenas autoridades, los líderes asertivos, y las empresas responsables como Yanacocha se esfuercen en formar empresarios de éxito, siempre habrá personas totalmente refractarias al cambio.

lunes, 22 de octubre de 2007

Un consenso para el desarrollo

Lo expuso en una charla magistral. Ricardo Froilán Lagos Escobar, abogado y economista, Presidente de Chile entre marzo de 2000 y marzo de 2006, dictó una clase magistral en la que explicó, entre otros temas de importancia, cómo se logró el milagro económico que colocó a Chile en el envidiable y selecto pelotón de avanzada de las naciones más prósperas del planeta.

El ex presidente, que caracterizó su gobierno por la firma de tratados de libre comercio con Estados Unidos, China y la Unión Europea, entre otros, y por considerables avances en la infraestructura de su país, refirió que fue el pragmatismo de su economía abierta y otras medidas tan creativas como serias las que lograron el ejemplar desarrollo chileno. Lagos expuso su valiosa fórmula en el evento “Chile piensa: protagonistas del cambio”, realizado en España, con una ecuación sencilla: “Consenso = Desarrollo”.

Así es, la historia del éxito chileno empezó con un acuerdo simple y de sobrevivencia: una coalición de los políticos y líderes de la sociedad civil para llevar adelante una transición tranquila hacia la democracia. En el camino, sin embargo, esas mismas personas se dieron cuenta de que la democracia ya no era suficiente para el país, y que la misma coalición era necesaria para llevar a Chile mucho más allá: a la modernidad. El desafío de entonces fue político, económico, social y cultural, y cada uno requirió grandes dosis de creatividad para ser enfrentado.

Ese preciso momento fue, probablemente, cuando el hermano pueblo sureño alcanzó el umbral de la sensatez. ¿En qué consiste, y cuándo y cómo se alcanza ese ansiado “umbral”? En esencia –explicó un analista internacional-, el umbral de la sensatez es ese punto de la historia en el que un porcentaje decisivo de la clase dirigente coincide en el diagnóstico sobre los males que aquejan a la sociedad y en las medidas que deben tomarse para conjurarlos.

Para Chile, el desafío fue doble y encontrado, había que crecer económicamente con miras al desarrollo y priorizar a la vez la eliminación de las tremendas desigualdades de la población. Debía mantenerse una mirada común y un consenso social imposible, por lo que también fue necesario consensuar. Dejar de lado las trincheras políticas y los intereses personales y de grupo. Fue imperativo reconocer y aceptar que lo fundamental para crecer es invertir, ahorrar y atraer inversión extranjera.

Asimismo, el país decidió abrirse al mundo, se animó a competir en un mercado globalizado, bajaron sus aranceles y firmaron acuerdos con los distintos bloques económicos del mundo.
Por supuesto, Chile fue afortunado porque contaba con valiosos recursos minerales que le dieron la caja suficiente para apalancar su espectacular desarrollo. No obstante, tuvo que hacerse competitivo, aprendió que era necesario ponerle un sello de excelencia a todo lo que hacía. Claro, nadie compra un vino chileno para “apoyar” a Chile, lo compran porque el producto es bueno y punto. Los agricultores, por ejemplo, aprendieron que para exportar berries (ándanos, frutillas, frambuesas o fresas del bosque, moras y otros) a Europa, era necesario recibir varias veces al año a inspectores que constataran cómo se riegan, con qué agua, quiénes son los que recolectan los frutos, el tipo de insecticida que se usa y hasta dónde se guardan estos últimos. Actualmente, gracias a ese consenso inicial, el setenta por ciento del comercio exterior chileno esta bajo algún acuerdo de libre comercio.

Todo ese esfuerzo, sin embargo, requirió de un gran crecimiento en infraestructura. Chile tuvo que recurrir a la empresa privada, pero no para pedirle “apoyo”, “donaciones” o “contribuciones” fuera de la ley, sino para concesionar carreteras, aeropuertos y hasta las cárceles del país. Así, los recursos públicos que no se gastaron porque los proporcionó la inversión privada pudieron ser invertidos en infraestructuras sociales en aquellos ámbitos donde si no lo hace el Estado no lo hace nadie. El resultado: Chile, en los últimos quince años creció a un ritmo que cuadriplica el de la región y logró reducir la pobreza a casi un tercio de lo que era.
El ex Presidente lo resumió así: “Aunque todavía tenemos altos niveles de injusticia en la distribución de la renta, esa reducción espectacular de la pobreza ha sido posible gracias a una política social fuerte, decidida y clara. Y lo que es más importante, quizá, gracias al consenso logrado por una mayoría acorde en los cambios que había que introducir, para hacer esas políticas sociales”.

De hecho, la tarea no fue sencilla y es seguro que hubo miles de problemas en el camino. Para colmo –lo sabemos bien- no existe un recetario de políticas sociales que sirva para evitar o resolver conflictos. Más aún porque a medida que una sociedad avanza se considera con mayores derechos y requiere, y exige, nuevos bienes y servicios que lleguen y satisfagan a todos.

El milagro económico de Chile tiene, por supuesto, muchos más componentes. Las decisiones económicas tuvieron que estar acompañadas por decisiones políticas firmes y no siempre populares. También hubo que enfrentar nuevos desafíos en el campo de la educación, la ciencia y la tecnología y el laboral. Por supuesto también, ellos tuvieron sus enemigos del desarrollo, esos autodenominados defensores del pueblo que “critican todo, pero no aportan nada”, menos mal que allá la gente seria no les hizo ningún caso.

Lo importante es que Chile sí sabía lo que quería. Sabía adonde estaba y adonde quería llegar. Una vez definido el objetivo, el siguiente paso fue elemental: había que consensuar para llegar a la meta. No había otra salida. Probablemente, y salvando las distancias, esos sean los dos primeros pasos que los políticos y los líderes de la sociedad civil aún no han dado en Cajamarca y el motivo de que la población mantenga esa vaga sensación de que no vamos a ningún sitio y de que no existe ningún futuro alentador a pesar de poseer una inmensa riqueza minera.

La conclusión es inevitable: sí los chilenos alcanzaron el umbral de la sensatez y llegaron a consensos para lograr el milagro del desarrollo, no hay ningún pueblo en esta parte del continente al que le este vedado el desarrollo, la modernidad y la disminución de la pobreza. ¿Por qué no los imitamos?

jueves, 4 de octubre de 2007

La economía y los terremotos

Los analistas económicos internacionales reunidos en la undécima Conferencia de las Américas de The Miami Herald, en setiembre, tuvieron opiniones encontradas sobre el futuro de Latinoamérica. Mientras que algunos expertos pronostican una continuación del ciclo de crecimiento económico de la región -un promedio del 4.5 por ciento en los últimos años-, otros están convencidos de que la época de vacas flacas se nos puede venir encima en cualquier momento.

Efectivamente, si bien es cierto que en la mayoría de nuestros países se están aplicando políticas económicas responsables y ahorrando reservas para cuando vengan los años malos, por otro lado es evidente que aún somos demasiado dependientes de los factores externos. Nuestra temporal bonanza financiera se debe básicamente al incremento de la demanda de Estados Unidos y al crecimiento espectacular de China.

No obstante, ambos gigantes de la economía mundial podrían comenzar “a enfriarse” en cualquier momento y, en consecuencia, a reducir progresivamente sus importaciones de materias primas latinoamericanas, sobre todo minerales, condenándonos irremediablemente a contraer nuestras tasas actuales de crecimiento.

El riesgo, por supuesto, no es el mismo para Chile. Los chilenos, además de haber firmado convenientes tratados de libre comercio con distintos países en el mundo, y tener un excelente superávit, gracias a sus exportaciones de vinos, frutas, vegetales, y principalmente de sus metales; que al igual que al Perú le significan más del cincuenta por ciento de ingresos de divisas al país; están preparándose para un nuevo “boom” minero.

El impacto directo de la minería en el PIB en los últimos años en el país sureño -señala Jerónimo Carcelén, asesor del Ministerio de Minas de Chile-, es de más del ocho por ciento debido a la gran cantidad de inversiones extranjeras en ese sector, gracias a un marco jurídico estable y a la paz social que impera en el país. “Hay una segunda oleada de inversiones, la gente habla de un segundo boom minero. Los proyectos entrarían a operar en el 2009 y el 2012. Eso traerá buenas noticias para Chile”, dijo el experto en una entrevista para una publicación internacional.

Mientras tanto, en nuestro país, aunque los programas de inversión en la actividad minera también son expectantes, lo que está sucediendo, al contrario de Chile, es que la producción minera se ha estancado en los mejores casos, y en otros ha empezado a disminuir por agotamiento de los yacimientos y porque las comunidades campesinas han limitado la ampliación o el desarrollo de nuevos proyectos. Incluso, debido a esta última situación, la suspensión de los programas de exploración afectarán irremediablemente el crecimiento sostenido del sector, que desde hace aproximadamente una década ha sido el motor del desarrollo de varias regiones y del país en general.

La razón la conocemos todos de sobra: a las poblaciones les han metido “en su adentrito”, un miedo de muerte a la actividad minera. La gente cree que allí donde haya una mina, se van a morir sus animales, sus tierras no volverán a dar una sola cosecha, y todos vamos a morir envenenados con los productos tóxicos que “irresponsablemente” emplean los mineros, dejando que alegremente contaminen los ríos para que mueran las truchas. El viejo cuento del espantajo. Cortesía del “ecologismo” irresponsable.

Lamentablemente, ese temor visceral, ese miedo infundado y desproporcionado impide a las poblaciones ver la realidad. No sólo se trata de una mentira más grande que nuestras cabezas, sino que la verdad es totalmente diferente: la minería –mientras no desarrollemos otra actividad rentable- es la única palanca de desarrollo para regiones que, como Cajamarca, no tienen otra cosa que exportar. Más aún ahora, en que los precios de los metales han alcanzado niveles excelentes en el mercado internacional y que no durarán para siempre.

Nuestra respuesta al boom minero peruano de la última década y a la situación internacional conveniente para el Perú de estos años, quizá sea la prueba definitiva de que los científicos están equivocados y nosotros somos la demostración viva de que nuestra raza sí es refractaria al cambio y al éxito. De qué otra manera podría entenderse sino, que en vez de imitar a los países exitosos como Chile, nosotros prefiramos ir por el camino contrario.

Hagamos lo que hagamos, el panorama económico mundial cambiará en cualquier momento. Los años de bonanza terminarán de todas maneras sin que hagamos nada para ayudar a que eso ocurra. No hay necesidad de que busquemos los malos momentos, ellos llegarán solitos. Entonces ¿Por qué nos suicidamos desaprovechando las oportunidades? ¿Por qué limitamos nuestro propio crecimiento cuándo hace décadas que no teníamos una oportunidad como ésta? ¿De verdad se trata de proteger el medio ambiente de una supuesta contaminación o hay otros intereses detrás de todo ese movimiento anti minero que nos impide tener mejores ingresos, un buen respaldo económico y una verdadera oportunidad de desarrollo?

Los años malos, los de las vacas flacas, son como los terremotos: sabemos que llegarán en cualquier momento; y al igual que cuando empiezan esos pavorosos movimientos telúricos, lo mejor será que nos encuentren preparados.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Un futuro sombrío

Carlos Cassaro es un empresario chiclayano afortunado. Logró en Cajamarca el sueño de todos los peruanos: la empresa contratista propia. Mejor aún porque firmó contrato con Yanacocha, una de las empresas más importantes del país.

Su giro de negocio no encerraba misterios: su empresa, Servicios Generales Don Carlos E.I.R.L., retiraba los residuos industriales de la compañía minera y lo comercializaba por su cuenta y riesgo. Trabajaba con una línea de crédito directamente con Yanacocha avalada por una carta de garantía. Un buen negocio como deberían serlo todos. Recolectaba la mercadería, la vendía, y con el producto de la venta pagaba su deuda en el plazo acordado.

La operación, además, le permitía distribuir los materiales sobrantes entre los pobladores vecinos de bajos recursos económicos. Esa generosa repartición, decían algunos beneficiarios, le granjeaba a “Don Carlos” la buena voluntad de la gente. Se comentaba, con todo derecho si así fuera, que en el futuro incursionaría en política. Sería bueno, cada vez se hace más necesaria una visión emprendedora entre quienes conducen nuestro país.

Sin embargo, en su momento, la empresa minera decidió reciclar parte de sus propios residuos metálicos debido a un tema de reducción de costos, y autorizó a otros contratistas suyos, a retirar también parte de sus saldos industriales del mismo depósito para reutilizarlos en su operación. Cambió el contexto del negocio.

Cuando el contrato terminó -todo tiene un final-, y aunque quedó claro que Yanacocha y "Don Carlos" tendrían otras oportunidades de trabajar juntos, a un grupo de pobladores beneficiarios de los materiales donados por Carlos Cassaro no les agradó la situación. Ellos trataron de presionar a la Mina con acciones violentas para que no cambiara nada. Querían que el mundo siguiera igual y su benefactor pudiera continuar favoreciéndolos, porque a su criterio era un asunto de “responsabilidad social” para con ellos. Ocurrió lo más natural, los pobladores se resistían al cambio.

Situaciones como ésta, lamentablemente, se dan con relativa frecuencia en nuestro medio. El problema es, en esencia, el mismo que desde hace mucho tiempo afecta la paz social de Cajamarca y genera cientos de problemas sociales. El origen de muchos desordenes son las expectativas desalentadas de algunos grupos que se resisten a la realidad y a los cambios, y tratan de resolver situaciones empresariales con medidas “sociales” de acuerdo al interés, bueno o malo, de los beneficiarios.

Esta situación que aparentemente podría pasar como anecdótica o sin mayor importancia para aquellos que no se ven afectados directamente es, sin embargo, una muestra grave, en pequeño, de lo que podría llegar a ser nuestra comunidad y de lo que podemos esperar de nuestro futuro.

Es bueno que los beneficiarios directos y la sociedad en general respalden a sus empresas competitivas y favoritas. La forma correcta es haciéndolas aun más competitivas, adquiriendo sus productos o comprando sus servicios. Ello asegura la prosperidad de una región.

Pero no es bueno tratar de imponer, con marchas o bloqueos de vías, escenarios del mundo empresarial que a nosotros nos gustarían, ya sea en el sector público o privado, basándose en una mal entendida “responsabilidad social”. Al revés, ese es el camino seguro a un futuro sombrío.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Una pregunta para los brujos

La noticia corrió como reguero de pólvora: “Un joven rondero fue herido alevosamente de dos balazos por un minero el 26 de agosto, cuando se alistaba a repartir volantes en favor de la consulta popular para detener las actividades de la empresa minera Majaz, en Piura”.

Efectivamente, según los diarios regionales y las notas propaladas por Internet, el comunero Joel Rivero Chimbo, declaró que una persona se le acercó, sacó su revólver y antes de descerrajarle dos tiros en el pecho le dijo –con la mayor claridad, no fuera a ser confundido con un delincuente común: “Yo soy minero y estoy a favor de la mina Majaz”. Sólo faltó que el atacante dijera su nombre y su número de documento nacional de identidad.

La versión real, la que dio el herido a la policía y no tuvo más que una pequeña nota aclaratoria de prensa, es que ciertamente el joven ayabaquino fue baleado, pero no en un enfrentamiento por la defensa de sus firmes convicciones ambientalistas, sino en medio de una pelea de borrachos a la salida de un evento social.

No obstante, la primera versión del ataque es muy parecida a la de un cura ambientalista paisano que se lamentaba porque las fuerzas del mal habían difundido a los cuatro vientos que lo iban a matar. Según el ecologista, una misteriosa madrugada de abril, tres encapuchados armados con ametralladoras irrumpieron en sus oficinas, preguntaron por él y anunciaron, con la más absoluta sinceridad, su intención de asesinarlo. Aunque los encapuchados tampoco dijeron sus nombres, la supuesta víctima dejo entrever en sus declaraciones, con mucha menos franqueza que los supuestos sicarios, por supuesto, que una empresa minera era la autora intelectual de la amenaza.

Decía Marx: “La historia se repite en comedia”, y nosotros le agregamos: “… o en tragedia”. En Cajamarca la repetimos en tragedia. Veamos. Según cierta prensa precipitada, la semana pasada se conoció la noticia de que “más de cinco mil truchas” habían muerto los últimos días de agosto en el río Pisit. Los campesinos de Pulán –decía la nota-, avistaron los cadáveres y enseguida, sin anestesia de ninguna clase, culparon a la compañía minera La Zanja por el evidente “truchicidio”. ¿Quién más podía ser el responsable? Todos lo saben: el entretenimiento favorito de los mineros es envenenar las aguas de los ríos para matar truchas.

La aclaración no se hizo esperar. Minera la Zanja no pudo ser responsable del lamentable acontecimiento por una razón elemental: El proyecto La Zanja no se encuentra ubicado en la microcuenca del río Pisit. Un imposible geográfico. Además, los pobladores del centro poblado menor de Pisit anunciaron que en su piscigranja, ubicada en el mismo río, aguas arriba del avistamiento, no ocurrió daño alguno. Obviamente, el suceso fue un atentado puntual o un simple acto de pesca ilegal. Por otro lado, las mismas autoridades de la zona notificaron que las truchas muertas no eran cinco mil, sino menos de doscientas. Una pequeña diferencia.

Encontrar truchas muertas en los ríos de Cajamarca y automáticamente culpar a las empresas mineras es un hecho común en nuestra región. Ocurre desde hace años. Y no sólo pasa con las truchas, también sucede con los incendios. El 23 de septiembre del 2002, el día preciso en que un grupo de ecologistas paseaban por las inmediaciones de Cerro Negro, propiedad de Yanacocha, un misterioso incendio dio cuenta de nueve hectáreas de pastos y una hectárea de pinos. A los ambientalistas, por supuesto, les faltó tiempo para correr a la prensa y denunciar a la mina por incendiaria. Claro, aparte de envenenar truchas por puro gusto, a los mineros les encanta quemar sus propios bosques.

El lunes pasado ocurrió lo mismo. Probablemente las mismas manos que le prendieron fuego al bosque de Cerro Negro y que hace unos meses quemaron una tubería de la mina, en un acto de terrorismo ecológico sin precedentes en el país, provocaron la quema de mil árboles de pino que ocupaban dos hectáreas de terreno de la empresa minera. ¿Coincidencias? De ninguna manera. Las coincidencias no existen.

Alguien está detrás de todos estos acontecimientos. Existe un responsable, una persona con el disfraz perfecto para pasar desapercibida y con los recursos suficientes para fraguar tales patrañas. Un hacedor de conflictos. ¿Quién está detrás de todo esto? ¿Quién odia tanto la actividad minera para querer que desaparezca de Cajamarca y salir ganando con todos estos lamentables acontecimientos?

Se lo pregunté a un poblador de Porcón. El buen hombre me respondió: “Esa pregunta es para los brujos, ingeniero”.

sábado, 25 de agosto de 2007

La colina Santa Apolonia y el Voluntariado Corporativo

Su primer nombre fue Inga – Conga. Probablemente así la llamaron los hombres de Chavín, aquellos constructores de Pacopampa y Kunturwasi que en su tiempo poblaron Cajamarca. Fueron ellos los que edificaron en la colina, plataformas y estructuras subterráneas para enterrar a sus muertos. También tallaron cuidadosamente, en la cumbre, dos bloques de piedra que emergían del mismo cerro para utilizarlos en sus ceremonias fúnebres.

Luego tuvo un nombre quechua: Rumi Tiana, “Asiento de Piedra”, un nombre sencillo para aquella huaca en que nuestros antepasados, más adelante en la historia, adoraron a las divinidades de la lluvia, al rayo y los astros. Los españoles la llamaron primeramente San Francisco de Monte Alberna y después Santa Apolonia. Hoy, la colina alberga una capilla donde se entronizó la imagen de otra santa: la Virgen de Fátima. El pequeño cerro siempre fue un centro religioso. Un lugar místico.

Más cerca aún, en 1532, hace apenas 475 años, una finísima película en la historia de la humanidad, la colina fue utilizada como emplazamiento de guerra. Aprovechando que la cumbre se eleva a quinientos metros de altura sobre el nivel del valle, allí se situaron los cañones de Pizarro el día brutal de la captura de Atahualpa. Desde su cumbre se disparó el primer cañonazo en la historia del Perú y su estruendo, que remeció a toda Europa, se sigue escuchando, de cuando en cuando, aún en estos tiempos de la modernidad y la globalización de los mercados y la comunicación. Con más fuerza quizá por esto último.

Actualmente, la colina Santa Apolonia es un lugar de realidades encontradas. Para algunos es simplemente su barrio, un lugar donde vivir; para otros es un símbolo, quizá el más representativo de Cajamarca; los lugareños y los turistas, por su parte, encuentran en su cima un mirador inigualable y magnífico. Para el pueblo católico es un lugar de peregrinaje y oración, mientras que las autoridades la ven como una zona de alto peligro porque, como ocurre en todas las ciudades del mundo, entre la gente honrada y buena se confunden algunas personas de mal vivir que han hecho del lugar un centro de delincuencia para temor de propios y extraños.

Esa colina cajamarquina, de significados tan variados, fue “tomada” el sábado 18 de agosto por trescientos cincuenta trabajadores de la compañía Minera Yanacocha y de algunas empresas contratistas para realizar una motivadora actividad de Voluntariado Corporativo. ¿Qué es Voluntariado Corporativo? Fácil. El Voluntariado Corporativo es una actitud social. Una respuesta de las empresas socialmente responsables que promueven la participación de sus trabajadores voluntarios, con su talento, tiempo y energía, en actividades altruistas y solidarias hacia la sociedad.

¿Por qué lo hacen? ¿Cuál es la razón para que empresas como por ejemplo Yanacocha en Cajamarca, y Backus, Novasalud, Tim, Antamina y Citibank, en otras partes del Perú, fomenten entre sus trabajadores actividades de voluntariado? Los expertos señalan que hay varias ventajas: ayuda a mejorar la imagen de las empresas frente a la sociedad y a sus organizaciones, mejora el clima laboral y favorece el trabajo en equipo. Por otro lado, el Voluntariado Corporativo contribuye a mejorar las habilidades y competencias de los colaboradores. Promueve la lealtad, la motivación, el sentimiento de orgullo, y la satisfacción en el trabajo.

El sábado 18 de agosto las cuadrillas de trabajadores mineros limpiaron, pintaron y señalizaron las jardineras y las barandas de la colina Santa Apolonia. También sembraron árboles e instalaron tachos de basura, entre muchas otras labores. Ese día de trabajo voluntario fue una de la dieciséis jornadas solidarias que los colaborares de Yanacocha han realizado este año. Y otra más de las cerca de doscientas que ejecutaron el año pasado, pintando colegios, instalando juegos mecánicos para los niños en las comunidades, limpiando las orillas de los ríos, y mejorando y manteniendo la infraestructura de diversos centros educativos.

Sin embargo, y ésta es mi reflexión, para que el Voluntariado Corporativo y la solidaridad que emana de sus acciones no sean hechos aislados, puntuales y sin mayor proyección hacía el futuro, la sociedad tiene que crecer, desarrollarse y generar más riqueza. Tenemos que ingresar al círculo virtuoso del éxito: invertir, producir, vender y generar excedentes para seguir invirtiendo y poder ayudar a quienes de verdad no pueden valerse por si mismos. Si no acumulamos e invertimos más capital de manera continua jamás acabarán la pobreza extrema ni las necesidades urgentes de la población. Y nada de esto se consigue, por supuesto, promoviendo los enfrentamientos entre los pobladores y las empresas, ni buscando los conflictos entre las compañías, el Estado y los trabajadores, como intentan lograr constantemente los agitadores sociales que todos conocemos bien.

Probablemente, la mayor contribución del Voluntariado Corporativo de la compañía minera, y la de todos sus trabajadores voluntarios, sea precisamente esa: favorecer la generación de un clima de paz social, solidaridad y concordia que necesita la sociedad, junto a sus empresas, para continuar forjando el anhelado desarrollo de Cajamarca.

martes, 7 de agosto de 2007

Feria del Fongal: un mal negocio

Que gane “el más mejor”, es el título del libro en el que Eduardo Engel y Patricio Navia, dos académicos de las universidades de Nueva York y New Haven, en Estados Unidos, enfatizaron la competencia y la meritocracia como temas básicos de agenda para mantener viento en popa el desarrollo de Chile.

La obra pretendía instalar en el quehacer nacional un debate que promoviera importantes reformas a favor de la meritocracia y la competencia en los mercados. Y generar en las empresas y los empresarios la idea general de competitividad, un concepto que no siempre encuentra acogida en los sectores político y empresarial de nuestros países sub desarrollados, y por esa vía contribuir al crecimiento.

Ser competitivo o morir. No hay más alternativa. La globalización de la economía y las comunicaciones han creado al nuevo consumidor: países, empresas, e individuos que producto de un proceso paulatino de cambio, ahora exigen calidad en los productos, excelencia en los servicios y precios sensatos a contratistas y proveedores. Lo que hoy se conoce como “condiciones competitivas de mercado”.

Es decir, que nuestros empresarios deben esforzarse por mejorar para competir en un mercado abierto y exigente, y olvidarse de aquellas prácticas nefastas de los negocios de favor, tan comunes en nuestro país, en los que la calidad total no tenía ninguna importancia.

Esa nueva manera de enfocar los negocios también existe en Cajamarca. Pero no del todo: aún subsisten instituciones con carácter de empresa que no han abandonado los podridos hábitos de épocas pasadas y que en vez de ofrecer competitividad sobreviven a base de favores, agonizando indefinidamente en un mercado que tiene estándares cada vez más altos, con el argumento peregrino de que ayudarlas, a pesar de su refractaria disposición al cambio, es una asunto de “responsabilidad social”. Grave error.

La Feria de Fongal es el caso más reciente y representativo. ¿Por qué fracasó la feria? A decir de algunas personas, el sonado desastre empresarial se debió a la ausencia total de imaginación y capacidad en los realizadores. Otros, en cambio, argumentan que se presentaron muy malos espectáculos, que faltó organización y que más bien hubo un desorden general. En lo que está de acuerdo la mayoría es en que la feria no ofreció nada nuevo ni atractivo a los asistentes. Es probable que haya ocurrido todo junto.

No obstante, aunque legitimas, esas no fueron las verdaderas causas del fracaso. En realidad sólo son los síntomas de una enfermedad terminal que padecen muchas instituciones en nuestro país: no son organizaciones competitivas.

Fongal, por otra parte, perdió hace tiempo su carácter básicamente productivo para convertirse en un espectáculo. Un evento importante sin duda por cuanto constituye todo un símbolo apreciado por la comunidad y por el atractivo turístico que representa. Pero, la razón de ser de Fongal era - y ha dejado de ser- el fomento de la ganadería lechera. La verdad es que los productores ya no están en Fongal. Quedan unos pocos socios, cuya actividad central es la feria de Fiestas Patrias que se ha convertido en el verdadero contenido de la palabra Fongal en Cajamarca. Cuando se habla de Fongal, ya no se habla de ganado, sino de una serie de espectáculos de mayor o menor calidad.

Así las cosas, se supone que la Feria de Fongal debiera ser al menos un buen negocio, o, siquiera, un atractivo turístico para Cajamarca. Pero ocurrió todo lo contrario.

Un buen negocio –dicen los empresarios exitosos-, es cuando todos ganan. El caso Fongal fue al revés: todos perdieron. Perdieron los asistentes que se sintieron timados con el valor de las entradas. Perdieron los comerciantes quienes no alcanzaron las ventas proyectadas: las vianderas de toda la vida, por ejemplo, se quedaron al fin de feria con la comida fría y la cerveza caliente esperando a los comensales que nunca llegaron.

Perdieron los auspiciadores que, además de dinero, no mejoraron en nada la imagen de sus firmas, si acaso no las han desmejorado por presentarlas en un evento muy mal organizado, y perdió la misma Feria a la que le costará mucho dinero, tiempo y esfuerzo, recuperarse de este descalabro empresarial que, lástima, a juzgar por las muchas denuncias en la prensa, también tiene episodios gordos de corrupción.

En realidad la Feria viene haciendo agua desde hace varios años. La falla es de origen: la organización del evento lejos de basarse en una detallada y exhaustiva planificación empresarial esta asentada en la improvisación. En vez de financiarse con recursos propios o con créditos respaldados por sólidos flujos de caja, basa su economía en “auspicios” y donaciones que buena y generosamente puedan obtener de otras compañías o instituciones. Esas son relaciones empresariales distorsionadas que no pueden conducir a nada positivo: alguien tiene necesariamente que perder para que el otro pueda ganar. Otra vez un mal negocio.

Por otra parte, la meritocracia, otro tema básico en la agenda del desarrollo del libro Que gane “el más mejor”, es otra de las grandes ausentes en este tipo de instituciones moribundas. La tesis es simple: las organizaciones son más productivas, eficientes y competitivas si al contratar a un profesional se fijan en sus antecedentes académicos y en su experiencia, y no en el grado de amistad, en su apellido o en el lugar de donde provienen. La competencia –señalan los autores- es la clave en este campo. Un mal común que todavía nos aqueja.

Lo dicho. La calidad de una sociedad depende del tipo de organizaciones empresariales que en ella predominen. Si la sociedad cuenta con empresas dinámicas e innovadoras, le espera el éxito y la paulatina desaparición de la pobreza. Si, por el contrario, apoya y mantiene, por un mal entendido respaldo social, los proyectos empresariales improvisados, aventureros, insolventes financiera y moralmente, con bajo rendimiento técnico y profesional, el desempeño general será mediocre.

¿Debe desaparecer la Feria de Fongal? No. De ninguna manera. La Feria tiene que reinventarse, que innovar, dejar de vivir en los tiempos de la belladona para venir con los vientos del cambio a la actualidad; y la comunidad entera, incluido su pujante sector empresarial, deben reconsiderar su tradicional “apoyo” a Fongal.

En una economía de mercado, como la que necesita Cajamarca para continuar su desarrollo, los conceptos de “apoyo”, donación, o como eufemísticamente lo llaman: auspicio, tienen que ser sustituidos por conceptos de competitividad y eficiencia. Si Fongal quiere seguir siendo un gran espectáculo, excelente. Pero que sea muy bueno y rentable. “El más mejor”. Un buen negocio donde ganemos todos.

jueves, 2 de agosto de 2007

El túnel y la luz

La tesis no es mía. Se esbozó en otro tiempo y en otro lugar, pero nos encaja a la perfección. Estamos en un túnel ¿Quién puede dudarlo? Nos agobian los conflictos fantasmas y los problemas reales. Entre los primeros, están todos esos enfrentamientos con la mina por quítame estas pajas. La estrategia favorita de los enemigos del desarrollo y los líderes incapaces, desesperados unos por dinero y otros por crearle cortinas de humo a su gestión.

Mientras tanto, en la realidad, la población cajamarquina desespera por que empiecen a construirse las carreteras, el hospital y las anunciadas “obras de impacto” que se harían con los dineros del Canon. Los pobladores, además, quieren oportunidades de trabajo y de superación. Por el contrario, lejos de que esas cosas sucedan, la ciudad vive en un mar de problemas que no son de ahora sino de siempre y que los enemigos políticos de las autoridades de turno emplean hábilmente para pasar la factura a éstos últimos. Estamos en medio de un túnel sombrío.

La pregunta es: ¿Hay una luz en el fondo del túnel, hay una salida, una esperanza? Al parecer el problema es que “nuestra sociedad no tolera ya aplazamiento alguno entre el deseo y la realización. Estamos enfermos de intolerancia. Y es esa intolerancia, paradójicamente, la que empuja la realización más lejos”.

La tesis es que esa misma intolerancia no deja espacio político para procurar las soluciones de largo plazo que necesitamos. Es decir que en Cajamarca tan culpables son las autoridades que, por motivos propios y ajenos no logran poner en marcha un programa de inversiones que satisfaga a la población, como esos mismos pobladores que debido a su intolerancia se han vuelto ingobernables. Si esto fuera así, la solución para salir de la crisis sería que la población cambie su actitud y que dé espacio a los gobernantes para que puedan tomar las medidas que poco a poco generarán desarrollo.

¿No será que nos hemos convertido en unos quejosos crónicos, incapaces de ver las cosas buenas e interpretar como malos aún los buenos momentos? ¿No será la intolerancia una peste? No hemos aprendido a criticar con altura ni a dar opiniones, lo que hacemos es quejarnos sin proponer, después de lo cual sólo queda el resentimiento. Nos anulamos entre nosotros.

Para colmo, en medio de ese ambiente negativo, claro, aparecen los enemigos de la minería y el desarrollo para exacerbar los ánimos, agravar todo y sacar provecho personal. No nos damos cuenta de que los conflictos son su alimento y los enfrentamientos su placer. Allí están ellos, en medio del túnel prestos a la calumnia y a la mentira para enfrentar a la población.

Una muestra de ese espíritu de queja y ese accionar de los enemigos del desarrollo es ese decir “no” a todo que se traduce en las movilizaciones y en los paros. Paros que tienen éxito porque generan temor. ¿Ese sentimiento de temor es algo bueno para Cajamarca? ¿El éxito de los paros por miedo es algo de lo cual debemos sentirnos orgullosos?

¿Entonces, contra qué estamos? Estamos contra el paro, contra ir a trabajar, contra la minería, contra el Canon, contra la autoridades, contra las leyes… contra todo. A todo le decimos no. Lamentablemente ese “no” a todo tiene un precio: también es un no a la inversión. Y aunque a los enemigos de Cajamarca les encanta la idea de que no existan más proyectos y empresas mineras y que fracasen los programas de turismo, la agro exportación y el desarrollo general, todos sabemos que la inversión en la región es la única salida real para que esos anhelos de nuestra población se hagan realidad.

¿Tenemos alguna salida? En mi opinión: sí. El primer paso para solucionar esta crisis es revertir la expectativa. Tenemos que vislumbrar la luz al final del túnel. No podemos negar el túnel de la discordia en que estamos atrapados todos los actores sociales, pero debemos creer que hay solución y empezar a buscar esa salida. En vez de continuar revolcándonos en la oscuridad de las quejas, los paros y las protestas sociales que son cada día más graves, debemos empezar a caminar en la búsqueda de soluciones con tolerancia, crítica constructiva y aportando ideas que, en un clima de paz social, permitan poner en marcha los programas de inversión que necesita Cajamarca.

Es cuestión de elegir la manera cómo vemos el futuro: con optimismo tolerante o con pesimismo revanchista. ¿Y los enemigos del desarrollo? Esos, si no quieren cambiar… que se queden en el túnel.

sábado, 21 de julio de 2007

El hedor de la indiferencia

Es cierto. El objeto emblemático de la civilización y el progreso es el excusado. Ese artefacto en el que vacían su vejiga y sus intestinos los seres humanos. Su empleo –decía Mario Vargas Llosa-, determina si un pueblo vive en estado de subdesarrollo o si ha empezado a progresar.

Al respecto, existe una cifra reveladora: dos mil seiscientos millones de personas, una tercera parte de la humanidad, no conoce los excusados, las letrinas ni los pozos sépticos, y hace sus necesidades como cualquier animal, en el campo, a orillas de los ríos o en cualquier depósito que luego lanza al medio ambiente.

Siguiendo con las cifras, se estima que unos mil millones de individuos utilizan aguas contaminadas por heces humanas y de animales, para beber, cocinar, lavar la ropa, su higiene personal y para regar las huertas. A ello se debe –asegura Vargas Llosa-, que por lo menos dos millones de niños mueran cada año de diarrea y que enfermedades infecciosas, como cólera, tifoidea y parasitosis, devasten enormes sectores de África, Asia y América Latina y sean la segunda causa de la mortalidad infantil en el mundo.

Por supuesto, ése cuadro pavoroso no corresponde a Cajamarca. Una gran parte de los ciudadanos del Cumbe tiene modernos y cómodos excusados instalados en sus viviendas. Asimismo, en el campo, cada vez es más común observar pequeñas casetas –silos pintados de color celeste “Cosapi”-, instaladas en medio de las chacras. A primera vista, no parecemos un pueblo subdesarrollado.

Sin embargo, la realidad es distinta. Si bien ya no vivimos en los años de la barbarie cuando el contenido de las bacinicas –sin el menor rubor- se lanzaba a las calles, en cambio, seguimos arrojando a nuestros ríos, con total indiferencia, las aguas servidas de doscientos mil cajamarquinos.

Nuestro río Mashcon es un caso aterrador. Es –literalmente- un río de caca o de popó, para quien pueda sentirse ofendido. Una cloaca a cielo abierto. Las pozas de oxidación que recolectaban los desechos orgánicos de una buena parte de Cajamarca, colapsaron hace años y hoy rebalsan, burbujeantes, su pútrido contenido directamente al río. Por otra parte, los residuos volcados en los baños de nuestra universidad y los que salen del desagüe de la morgue viajan derechitos a la misma corriente. Por supuesto, hay que incluir las aguas de los camales y las de lluvia que barren igual las calles llenas de basura como los excrementos y los orines de animales que dan del cuerpo donde les viene en gana.

Toda esa suciedad no sólo viaja aguas abajo, sino que en su camino se emplea para regar las chacras de verduras y los corrales de animales que existen en el distrito de Jesús, “la despensa de Cajamarca”, cuyos productos se expenden en los mercados de la ciudad a vista y paciencia de todo el mundo. Claro, todos esos productos terminan servidos en nuestras mesas, luego pasan a nuestros estómagos y finalmente “regresan” a Jesús a seguir regando las plantas en un ciclo contaminante, perturbable e inacabable.

Este problema de saneamiento no es exclusivo de Cajamarca. También existe con mayor o menor crudeza en el resto del país. En la misma capital de la república los colectores de muchos distritos desaguan a la orilla del mar. Otros, con mayor cuidado, lo hacen a alguna distancia mar adentro que no es lo mismo pero es igual. Muchos coincidimos con Alfredo Bryce Echenique quien dijo alguna vez: “Lima en una urbe moderna, pero que a diferencia de otras huele a m…..”.

¿Cuál es la solución? El problema no es sencillo ni barato. Sólo los países más ricos y con la tecnología más avanzada pueden darse el lujo de tratar sus desechos orgánicos para convertir los sólidos en abono y los líquidos en agua limpia que se vierte con total seguridad, decenas de kilómetros mar adentro.

En Cajamarca, no obstante, tenemos buenos profesionales y excelentes técnicos para afrontar el problema que, al contrario de lo que mucha gente cree, no es exclusivo de las autoridades de turno, sino de todos los que vivimos en esta ciudad. Una ventaja es que ahora tenemos el dinero del canon para financiar un buen proyecto sanitario. Lo que sí es seguro, es que no podemos seguir tomando el tema con el mismo desinterés que hemos mostrado hasta ahora.

La situación se ha vuelto insoportable, de tarde en tarde, dependiendo de la dirección del viento, la ciudad de Cajamarca se inunda de los olores nauseabundos que, ya no sólo son los de la caca, también son los de la indiferencia.

jueves, 21 de junio de 2007

Las verdades a medias

El problema es sencillo de entender. Yanacocha, conforme a su política de dar preferencia de contratación a las empresas locales y a solicitud de las autoridades municipales de la zona, contrató a la compañía Ciatsa S.R.L. para la ejecución del proyecto de la carretera afirmada San Antonio Totoracocha en beneficio de esa comunidad. Ciatsa a su vez, también en cumplimiento de la política de Yanacocha de contratar preferentemente personal de la localidad, seleccionó sus trabajadores entre los vecinos del lugar.

Hasta allí todo bien. Lamentablemente, Ciatsa tuvo problemas. Por una serie de desaciertos administrativos y financieros esa empresa comenzó a incumplir sus obligaciones con sus trabajadores y proveedores. Luego de varias comunicaciones de Yanacocha para que la contratista corrigiera su situación, la mina decidió “intervenirla” una vez más. La “intervención” es un procedimiento común de Responsabilidad Social previsto en los contratos de la compañía minera para proteger los pagos a trabajadores y proveedores que adeudan las contratistas incumplidas.

En esas andaba la cosa cuando a algunos acreedores de Ciatsa se les acabó la paciencia y decidieron embargar los dineros de la contratista por incumplimiento de pago. El procedimiento es sencillo: el acreedor acude a un Juzgado y solicita una Medida Cautelar a fin de asegurar su cobranza. El Juzgado, por su parte, ordena a Yanacocha que cualquier saldo que tuviera a favor de la empresa demandada sea depositado en el Banco de la Nación hasta por un monto determinado.

Se acabó. Eso fue todo. Ciatsa –a pesar de todos los esfuerzos de buena voluntad de Yanacocha para que cumpliera con pagar sus deudas- fue embargada, y tanto sus trabajadores como los proveedores impagos que confiaron en la corrección de los dueños y funcionarios de esa empresa contratista se quedaron en el aire.

¿Tienen derecho a reclamar los trabajadores? Por supuesto. Ellos tienen todo el derecho de exigir su pago a Ciatsa. Pueden denunciar el caso al Ministerio de Trabajo y eventualmente iniciar una demanda en el Juzgado correspondiente. También pueden acudir al Juzgado donde se efectuaron los embargos contra su empleador e interponer una “tercería” para ser considerados en el destino final del dinero embargado.

Entonces ¿Por qué los trabajadores le reclaman a Yanacocha? Simple. Porque los mismos representantes de la contratista, en vez de asumir su responsabilidad, les dijeron a sus trabajadores y proveedores que no podían pagar sus deudas porque Yanacocha no les pagaba a ellos. Como siempre, dijeron una verdad a medias. La verdad completa es que la empresa minera no les podía pagar porque debido a sus incumplimientos ellos fueron embargados judicialmente por sus mismos proveedores.

Además, porque lamentablemente en nuestro país y en nuestra ciudad la población prefiere resolver sus problemas por medio de la violencia en vez de recurrir a los canales y las instituciones correspondientes. A los pobladores de la zona, en esta oportunidad, les pareció más cómodo y eficaz secuestrar trabajadores y máquinas de otra empresa cajamarquina para intentar extorsionar a la compañía minera y que ésta les pague lo que no les pudo pagar su empleador Ciatsa. Mala cosa.

El conflicto no quedó allí, como ocurre cuando se comete cualquier delito –y secuestrar personas y bienes es uno de los crímenes más graves-, intervino la policía. Los secuestradores, junto a los revoltosos y azuzadores en vez de retirarse del lugar optaron por enfrentarse con violencia a las fuerzas del orden. El resultado: contusos, mal heridos y detenidos en la cárcel.

Si el problema es tan claro ¿Por qué los “ecologistas” –como siempre- se apresuraron a culpar a Yanacocha? Porque así es su naturaleza: ellos aman las verdades a medias. Son personas que retuercen la realidad, le dan la forma que quieren y la presentan como mejor acomoda a sus intereses. Para la enrevesada lógica “ecologista” la culpable de que Ciatsa no pague sus deudas es la mina “incumplida” que se niega a cancelar un dinero que no debe. La responsable de que haya heridos es la Policía “abusiva” que no se deja golpear por los revoltosos cuando éstos la atacan. Y la ley es ciega y parcializada porque no se da cuenta de que los "pobrecitos campesinos" no sabían que secuestrar personas y apropiarse de máquinas ajenas es un delito grave.

Como siempre, la realidad es más interesante, compleja y sabrosa que una simple mentira. El caso Ciatsa y el enfrentamiento de sus trabajadores con la policía está plagado de verdades a medias hábilmente manipuladas por los “ecologistas” de siempre. Pero ¿Por qué algunas personas todavía les creen? Fácil. Lo decía mi abuela cuando algún pillo mentiroso engañaba a la gente y ésta no se daba cuenta: “es que el diablo siempre esconde la cola”.

miércoles, 20 de junio de 2007

Ponle corazón

Cuando lo visité nadie sonreía. Las personas entraban y salían del edificio cariacontecidas. Cargaban con una sombra de tristeza y de desgracia inocultable. Es que el moderno Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas en Lima no es un hospital cualquiera, es el Instituto del Cáncer, como se llamaba antes, cuando su antiguo local fue inaugurado hace casi setenta años, en 1939.

Desde aquella época hasta nuestros días en que ya se venden terrenos en la Luna y nos preparamos para conquistar el planeta Marte, lo más que hemos avanzado en el conocimiento de ese despiadado enemigo de la humanidad, es que, cuanto más antes detectemos la enfermedad mayores posibilidades tendremos de ganarle la batalla y sobrevivir a la pesadilla de haber caído en sus despiadadas garras.

El cáncer, contra lo que mucha gente cree, no es una sola enfermedad. En realidad se trata de más de doscientas enfermedades diferentes, y que pueden resumirse en una sola descripción: un crecimiento y una propagación descontrolados de células anormales del cuerpo.

¿Qué es lo que causa la enfermedad? No se sabe a ciencia cierta. Pero si uno lee y cree todo lo que se ha escrito al respecto, terminará inevitablemente por pensar que lo que realmente produce el terrible mal es el hecho simple de estar vivo. Pareciera que todo lo que hacemos y todo lo que comemos o rechazamos por la dieta, termina de una manera u otra por producirnos cáncer. Al final, la única verdad comprobada es que la desgracia más grande que te puede tocar en este puñetero mundo no es que seas un enfermo de cáncer sino que seas un enfermo de cáncer, pobre. Que no tengas los medios económicos para enfrentar al enemigo no digamos con éxito, sino, siquiera, con un poco dignidad.

Por supuesto, los que más sufren y más nos hacen sufrir son los niños inocentes afectados por esa enfermedad. Afortunadamente, desde siempre han existido las personas generosas y caritativas que no soportan el sufrimiento ajeno y que desde la creación del Instituto e incluso antes regalaron su tiempo y su dedicación para ayudarlos. A ese movimiento humanitario se unió en 1982 un voluntariado que ha persistido durante todos estos años gracias al concurso de jóvenes comprometidos e idealistas y a la participación desinteresada y solidaria de la colectividad: la colecta Ponle Corazón.

La colecta Ponle Corazón se inició en 1982 con un grupo de estudiantes de la promoción de ese año del colegio limeño Markham, motivados por un compañero que falleció de cáncer. Los jóvenes comenzaron recaudando fondos dentro y fuera de su colegio para ayudar a otros escolares que no contaban con recursos económicos para enfrentar los gastos de la enfermedad. Al año siguiente la colecta se realizó en todo el país instituyéndose la fecha de la colecta como el “Día de la Solidaridad Estudiantil”.

Veinticuatro años después, este jueves 21 y viernes 22 de junio aquí en Cajamarca, como en todo el Perú, se realizará una nueva colecta pública. La actividad, además de recaudar fondos que contribuirán a cubrir los altos costos que demanda la atención y tratamiento de nuestros niños enfermos de cáncer y que no pueden afrontarlos, buscará estimular los buenos sentimientos de los niños sanos hacia sus semejantes, fortalecer los valores humanos entre los estudiantes, los padres de familia, los docentes y los miembros de la comunidad.

La colecta Ponle Corazón se realizará en todos los centros educativos de Cajamarca, establecimientos comerciales y carpas instaladas en nuestra Plaza de Armas. El comité de voluntarias de la filial Cajamarca estará ubicado en la esquina de los jirones Dos de Mayo y Del Comercio.

Que ninguno de nuestros niños enfermos de cáncer muera por falta de recursos. Contribuye en la colecta ¡Ponle Corazón! a sus vidas.

jueves, 7 de junio de 2007

Cuidado con las mentiras

La mala noticia se difundió la semana pasada. Según la prensa local el congresista de Unión por el Perú Eduardo Espinoza Ramos, habría declarado a un medio de comunicación nacional que: “en Cajamarca hay muchos problemas con la minería y se consume agua contaminada”. Esas expresiones –en el supuesto de que haya existido tal declaración-, no tendrían mayor trascendencia sino fuera por el hecho simple de que son mentiras y de que habrían sido dichas por un miembro de la Comisión de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos, Ambiente y Ecología, del Congreso de la República, quien, supuestamente, es una persona prudente que no anda por allí diciendo barbaridades al estilo de los “ecologistas” irresponsables.

¿Por qué el congresista Espinoza incurriría en tremendo desacierto? Fácil. Porque está muy mal asesorado o porque, inocentemente, sólo repitió lo que los enemigos del desarrollo han repetido en la ciudad del Cumbe con los ojos tercamente cerrados y sin pruebas desde hace varios años, casi como un mantra: “Las minas contaminan –ergo- Cajamarca está contaminada”. Un mantra rentable por cierto, ya que así como hay algunos que sirven para alejar los malos pensamientos y otros para atraer el amor esquivo, los enemigos del desarrollo usan el de la contaminación falsa para atraer dinero a sus cuentas corrientes: esos fondos suculentos proporcionados por los inocentes cooperantes internacionales que han caído redonditos en el cuento de la agüita contaminada y el de los pobres paladines del medio ambiente amenazados de muerte por una poderosa compañía minera.

Por supuesto, en este valle de lágrimas todos tienen derecho a ganarse la vida de una u otra manera, y formar una institución no gubernamental para criticar y desprestigiar a las compañías mineras formales y responsables parece ser un negocio estupendo: se pagan muy bien y encima se pasean por el mundo dictando conferencias sobre una realidad que sólo existe en su mundo interesado, imaginario y confuso. Lamentablemente, esa cantaleta ecologista tiene un alto precio: asusta a la gente y confunde a las autoridades que, como el congresista Espinoza, de un momento a otro pueden declarar inexactitudes creyendo cándidamente que están “sintonizados” con la población, cuando lo único cierto es han caído en el juego de algún asesor congresal bruto o mal intencionado, y de los “ecologistas” mentirosos, o todo junto.

El asunto es serio. Apenas dos semanas atrás, manos terroristas sembraron una pequeña cantidad de mercurio en San Juan como parte de un complot para generar un conflicto de grandes proporciones en Cajamarca. El tema, que debió tratarse como un asunto policial y que eventualmente terminará con uno o varios sujetos inescrupulosos en la cárcel, se convirtió, gracias a la estrategia de propaganda “ecologista”, en una amenaza cataclísmica para la región. Si eso se dice aquí mismo, qué de raro tendría que lo repita una persona que vive a novecientos kilómetros de distancia y que no tiene la menor idea de lo que realmente esta sucediendo en Cajamarca.

Efectivamente, declaraciones alarmistas como las vertidas la semana pasada por un “ecologista” interesado, no le hacen ningún bien a la tranquilidad pública ni al clima de paz que desde hace tiempo anhela la población. Mucho menos a la actividad turística y comercial de la región. Decir que en Cajamarca “hasta ahora no se ha aprendido a manipular el mercurio”, o insinuar que el mercurio aparecido de la noche a la mañana en una calle de San Juan podría provenir del contrabando o de Yanacocha, como si dicha sustancia fuera de uso común o se pudiera obtener con facilidad en cualquier esquina, es por decir lo menos, una irresponsabilidad brutal.

Es paradójico, mientras Promperú invierte en promover el turismo interno a nivel nacional con especial énfasis en la sierra norte y mientras nuestros empresarios realizan esfuerzos considerables para colocar sus servicios turísticos y sus productos lácteos en un mercado bastante competitivo, los paladines del medio ambiente andan desprestigiando nuestra ciudad a su gusto y alarmando a los turistas nacionales y extranjeros con mentiras para que nadie se atreva a visitar Cajamarca ni a comprar un solo queso que provenga de esta limpia, hermosa y generosa tierra, supuestamente ahogada en mercurio.

Cuidado. Las autoridades, los líderes de opinión y las personas de buena voluntad deben tener mucho cuidado y estar atentos a esas mentiras que no son inocentes y que se pronuncian con total impunidad. La verdad es que el agua potable que provee Sedacaj y que consumimos los pobladores de Cajamarca es una de las mejores aguas tratadas del país. Y que las aguas de nuestros ríos, de ninguna manera contienen los elementos contaminantes que el ecologismo irresponsable le imputa a la actividad minera. Por el contrario, tanto los monitoreos participativos de canales y ríos –análisis realizados por autoridades, pobladores y mineros-, como los análisis que las distintas instituciones cajamarquinas realizan periódicamente y que se publican en la prensa local, dan cuenta de que esas aguas, con respecto a sus contenidos minerales, cumplen con los parámetros internacionales para consumo animal y para riego.

Ya es tiempo de que los “ecologistas” terminen con ese desparpajo a la hora de manipular informaciones, sesgar datos y directamente mentir al hablar de la calidad del agua de Cajamarca. Esta claro que a ellos no les cuesta nada desprestigiarnos y que por el contrario esas noticias falsas y apocalípticas les permiten obtener cuantiosos ingresos. El problema es que el resto de la población, decenas de miles de pobladores cajamarquinos inocentes, es el que termina pagando las consecuencias.

miércoles, 6 de junio de 2007

Un complot fracasado

Las conspiraciones tienen pies de barro: se desbaratan cuando las denuncian. Un complot de esos, fue el que enfrentó la empresa Yanacocha hace algunos días y pudo tener serias consecuencias para la región. Aquí en Cajamarca se intentó generar un conflicto que no era para resolver con pistolas de agua. Al contrario, como ya ocurrió en otras oportunidades, el objetivo fue enfrentar a la empresa minera con la población y en esta oportunidad en especial, con los miembros de la Comisión de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos, Ambiente y Ecología, del Congreso de la República, que proyectaba visitar nuestra ciudad esta semana. El complot fracasó, porque fue descubierto a tiempo.

La crónica de esta intriga enloquecida y truculenta la tenemos a la vista. Empezó con las inocentes y visionarias declaraciones del congresista Werner Cabrera quien alertó a la opinión pública sobre las posibles consecuencias de un futuro e hipotético derrame de mercurio vinculado a la empresa minera. “Si eso pasara, no podríamos denunciar a Yanacocha”, dijo el legislador pitoniso. Ese mismo día, algunas horas más tarde, se denunció la aparición de una pequeña cantidad de mercurio regada en las calles de San Juan. Pura coincidencia.

Alarmados por el “terrible” descubrimiento, los primeros en enterarse en San Juan actuaron con espectacular acierto y rapidez. ¿Se comunicaron con Defensa Civil? No ¿Avisaron al Ministerio de Salud? Tampoco ¿Reportaron el hecho a la Fiscalía? Menos. Eso lo hicieron después. Lo primero fue comunicarse con Grufides. Una organización no gubernamental con vocación anti minera, cuya acción principal en este evento fue intentar empadronar a los vecinos que quisieran demandar y obtener una indemnización del tácito culpable: para ese momento ya algunos desconocidos responsabilizaban a Yanacocha.

¿Cómo se supo que el mercurio había sido derramado por Yanacocha? ¿Se hizo alguna investigación, algún análisis? Probablemente no fue necesario. Hasta donde se sabe, algún funcionario de Grufides tiene una cámara fotográfica “científica” que indica cuando el agua de los ríos esta contaminada por la mina. Es posible que ese maravilloso instrumento se haya utilizado en esta oportunidad, y que funcione igual con el mercurio. No obstante, los mismos representantes de esa Ong “vaticinaban” un posible levantamiento de la población de San Juan si no se aclaraba inmediatamente la procedencia del metal líquido.

Sin embargo, el asunto no salió bien: desde el momento que se hizo público el hallazgo, la población de Cajamarca –que intuye muy bien todo lo que se refiere a esos sorpresivos y misteriosos brotes metálicos-, y que además está cansada de la misma cantaleta onegeosa, empezó a sospechar que se trataba, otra vez, de mercurio sembrado.

Mientras tanto, en los alrededores de su propiedad, la compañía minera enfrentaba un secuestro de maquinarias y una invasión de sus operaciones por grupos de pobladores aleccionados que -sospechosamente en estas fechas-, no reclamaban ningún derecho legitimo, sino que se trataba de dos chantajes mondos y lirondos para obtener beneficios económicos de Yanacocha. Uno de esos problemas aún persiste.

En el ínterin, por su lado, el representante de Grufides, Marco Arana, denunciaba en mayo el “acoso y seguimiento indebido” del que había sido víctima en abril por parte de los agentes de seguridad de la compañía minera. Cuando en realidad él fue sorprendido junto a un grupo de camarógrafos en actitud sospechosa, en las inmediaciones de la mina, por una patrulla de Forza. Esa es su lógica enrevesada: cuando a él alguien le toma una foto dice que se trata de un reglaje para matarlo, pero si él accede sin permiso a una propiedad privada con un grupo de camarógrafos y con toda razón le piden que se identifique, entonces se trata acoso y seguimiento indebido.

Todos estos hechos que parecen aislados, en mi opinión, tuvieron un leit movit: la primera semana de junio la Comisión de Ambiente y Ecología del Congreso iba a visitar Cajamarca y el complot se organizó para que ellos encuentren una ciudad convulsionada por un derrame de mercurio en San Juan -precisamente cuando se cumple un nuevo aniversario del incidente de Choropampa-, la amenaza de muerte contra los inocentes paladines del medio ambiente y un conflicto social de grandes proporciones en las primeras páginas de los diarios. Los “desconocidos” conspiradores fueron tan cínicos que trataron de culpar a Yanacocha de propiciar su propio descalabro para asustar a los congresistas y que desistan de venir a Cajamarca.

Lo más triste de todo este ardid es que, como siempre, los confabuladores hicieron lo que saben hacer: jugaron a exacerbar los temores de una población que sólo quiere paz social y desarrollo. No es que el tiempo no pase para los organizadores de estos conflictos sociales ni que no aprendan de sus errores, lo que pasa es que desprecian tanto a la población que ni siquiera se preocupan por usar la imaginación. Por supuesto, tampoco emplean la inteligencia, eso sería pedir demasiado.