El Gobierno Regional de Cajamarca informará en breve el estado de su administración. Su presidente Gregorio Santos, Goyo, refirió que los gerentes de las distintas áreas de la institución están preparando el informe de los primeros cien días de su gobierno “para que se conozca cómo se encontró la gestión y qué se hará en adelante”.
Se trata de una buena práctica. Es el momento de revisar si nuestro presidente mantiene en buen rumbo la inmensa nave del territorio y con ella nuestro destino y el futuro de nuestros hijos. Un ejercicio saludable, además, en vista de que aún le quedan cuarenta y cinco meses de mandato y podría suceder que, de no estar en el ruta correcta, termináramos encallando o estrellándonos fatalmente contra algún acantilado.
Los expertos sugieren que debería institucionalizarse el que los presidentes regionales publiquen un informe de su trabajo durante los primeros tres meses de gestión, acompañando un documento técnico de fácil lectura, que dé cuenta de los avances y las metas concretas que alcanzará su gobierno y que los ciudadanos pueden esperar y exigir. Es parte de su responsabilidad.
El documento, como todo informe serio –señalan- debe explicar la manera en que se ha programado alcanzar los objetivos y, el por qué de los retrasos y las cancelaciones en el cumplimiento de los programas. Se trata, en resumen, de hacer lo que hace cualquier empresa que desee obtener el éxito planificado. Revisar la hoja de ruta.
También es importante porque en los primeros cien días de gestión se aprecia la forma en que se va afirmando la imagen del nuevo presidente, y el nivel de confianza que genera en la población. Es un primer momento para saber si el desempeño inicial es satisfactorio, y si la capacidad del líder, dejada atrás la campaña, resulta convincente no sólo para quienes apostaron por él, sino para el conjunto de la sociedad.
En Cajamarca, se trata de discernir, teniendo como base su comportamiento, las buenas relaciones que mantiene con todos los integrantes de la comunidad, las decisiones adoptadas y la manera en qué ha enfrentado los problemas hasta la fecha, si Goyo tiene o no un buen juicio político.
¿Qué es tener buen juicio político? ¿Qué es ser prudente o talentoso en política, ser un genio político, o al menos ser políticamente competente, saber cómo lograr que se hagan las cosas? Se preguntaba Isaiah Berlin, uno de los principales pensadores liberales del siglo XX.
Deploramos –decía Berlin- que nuestros políticos estén desprovistos de esas cualidades. Lamentamos cuando se comportan enceguecidos por los prejuicios y las pasiones. Cuando no comprenden su rol ni su época y se resisten a lo que solemos llamar “la lógica de los hechos”. Cuando la “historia juega contra ellos” y son incultos o incapaces de reconocer sus errores de percepción, o seres hipnotizados por la utopía de un pasado fabuloso o de un porvenir irrealizable.
Los hombres de Estado que tienen éxito son aquellos que no buscan el punto de comparación entre su situación y las que pertenecen al pasado de la historia humana. Para Berlin, el mérito de los hombres de Estado es acertar a comprender qué combinación de elementos han conducido a tal o cual situación particular. Comprenden las características de tal movimiento, de tal individuo, de un estado de hecho único, de una atmósfera única, de una combinación específica de factores económicos, políticos y personales.
Berlin atribuía al político de raza una suerte de sensibilidad excepcional a ciertos tipos de hechos. El político exitoso parece tener antenas que le permiten percibir los contornos y la textura específica de una situación política o social.
Sí bien lo actuado en los primeros cien días de gobierno es una muestra de lo que puede esperarse durante el resto de cualquier gestión administrativa, no tiene que ser necesariamente decisivo, ni marcar forzosamente el resto del camino. Siempre es posible dar un giro de timón y cambiar el rumbo y el destino de una sociedad.
Todos esperamos que el informe de los primeros cien días de Goyo le sirva a él mismo, más que al resto de la población, para corregir aquello que haga falta y nos conduzca hacía el destino que todos aspiramos: una Cajamarca desarrollada y próspera, donde todos podamos vivir en paz.