Es moralmente lamentable. Mientras la Agencia Espacial Europea anunciaba al mundo el éxito del lanzamiento de su segundo satélite, GIOVE-B (Galileo In-Orbit Validation Element), que llevaba a bordo el reloj atómico más preciso que se haya enviado jamás al espacio, el lunes 28 de abril nuestros necesitados campesinos de Huambocancha bloqueaban la carretera Cajamarca – Bambamarca para detener el paso del Presidente de la República, Alan García, y enterarlo de que ellos, aun viviendo tan cerca de Cajamarca, al costado de la planta de tratamiento de agua El Milagro, y al frente de la primera maravilla natural del Perú, Baños del Inca, no tienen agua potable.
La operación espacial europea fue perfecta. El satélite GIOVE-B, de media tonelada de peso, fue situado sin incidente alguno a 23 mil doscientos metros de altitud por un cohete Soyuz-Fregat proyectado desde la instalación más antigua de lanzamientos espaciales de la Unión Soviética, el cosmódromo Baikonur, en Kazajstán, un país euroasiático con 2,7 millones de kilómetros cuadrados, casi el mismo tamaño que toda Europa occidental.
El intento huambocanchino, en cambio, salió muy mal. Es que eso de secuestrar Presidentes, aquí y en cualquier país del mundo, por más tercermundista que sea, es un asunto de suma gravedad. Fue necesaria la intervención de la Policía Nacional para despejar la carretera y dar seguridad al mandatario, a la comitiva de Congresistas y personalidades, a las autoridades e invitados de Cajamarca y a todos los vecinos que transitaban por el lugar. La respuesta de los custodios del orden, como ocurre en todos los casos en que algunas personas quieren hacer de las suyas irrogándose la representación de “el pueblo”, como si para “el pueblo” no rigiesen las leyes del país, fue el empleo de la fuerza. No hay otra solución cuando se agota el diálogo y los infractores no entran en razón.
Paradójicamente, mientras el grupo de pobladores reclamaba agua potable de mala manera, a la peruvian way, y se la demandaban a Yanacocha porque supuestamente esa empresa contaminó el manantial La Zarcilleja, ubicado a 30 kilómetros de sus operaciones, García y acompañantes pasaban por la zona de camino a las instalaciones de la compañía minera para inaugurar el Reservorio San José, una laguna artificial que contiene seis mil millones de litros de agua –así con todas sus letras-, y que fue construida por la firma a un costo de 25 millones de dólares para proveerse y proveer del líquido a miles de pobladores campesinos vecinos a la mina.
¿Por qué Yanacocha es tan perversa que da agua a algunos y se la quita a otros? ¿Por qué los mineros han contaminado el agua de Huambocancha a sabiendas de que es inhumano, ilegal, que habrá reclamos y que les van a bloquear la carretera todo el tiempo? Fácil. Porque simplemente, la historia del agua que Yanacocha le contaminó a Huambocancha, es un cuento de locos. Una fantasía retorcida.
La verdad la han explicado hasta el cansancio los funcionarios mineros. Hace algunos años Yanacocha donó a Huambocancha el sistema de agua que tiene actualmente. La fuente, el manantial La Zarcilleja, fue elegida por los mismos pobladores. No había otra disponible. Los análisis de aquel entonces revelaron que esa agua necesitaba un tratamiento previo antes de entregarse a los consumidores, cosa que los mismos vecinos responsables han hecho durante varios años. Esto lo saben bien los directivos de la Junta de Administración de Servicio de Saneamiento de Huambocancha, JASS, en ejercicio. Sin embargo, aparentemente, el tratamiento del agua se ha dejado de hacer o no se está haciendo bien y esto ha dado pie a un grupo de entusiastas bloqueadores de caminos para responsabilizar de su suerte a Yanacocha como si ¡Oh sorpresa! Se acabara de descubrir, recién, que el agua de ese manantial no es agua potable.
Los exaltados reclamantes, además, son un grupo de pobladores que con el más absoluto desprecio por la normas se auto eligió como la nueva Junta directiva de la JASS de Huambocancha, desconociendo olímpicamente a la directiva oficial –otra vez, para ellos no existe ninguna ley-, y no sólo han armado tremendo despelote en la zona, sino que se han enfrentado a las mismas autoridades de la región para impedir la evaluación de la calidad del agua del manantial y de la que sale del sistema que donó Yanacocha. La evaluación revelaría que la calidad de agua que brota del Zarcilleja es la misma que tenía originalmente y que el agua que sale del sistema, una vez bien tratada, es el agua con sus más y sus menos que ellos han consumido conformes desde que se construyera dicha red.
El cuento malvado de la contaminación, la fantasía retorcida, por supuesto que tiene autor, tiene intereses y tiene responsables ante la ley. Eso deberá ser investigado por las autoridades competentes y la falta tendrá que sancionarse debidamente cuando se esclarezcan los verdaderos móviles del conflicto.
Lamentablemente, hay que reconocerlo, los vecinos de Huambocancha –no todos-, se han creído la fábula completa. Ellos no fingen. Están convencidos de que su manantial, aunque sea un imposible geográfico, ha sido contaminado por la actividad minera y en consecuencia la empresa debe conseguirles otro manantial con agua pura, fresca y cristalina, o construirles un sistema de agua potable completo. Por supuesto, para lograrlo, los malos dirigentes los incitan a bloquear la carretera y a emprenderla a palos y piedras contra cualquier vehículo inocente que parezca ser una camioneta 4x4, combi, coaster u ómnibus de trasporte de personal que se dirija a la mina, y también contra cualquier autoridad que se les ponga enfrente. El agua es vida y la deben defender a cualquier precio. Es su derecho.
Sin embargo, más allá del hecho de que bloquear carreteras es ir contra la ley y de que algunos pobladores de Huambocancha utilizan un pretexto absurdo con la intención de forzar a la mina a construirles un sistema de agua potable, es una verdadera vergüenza para todos nosotros, los que vivimos en Cajamarca y que gozamos de ese servicio básico, que aún existan Centros Poblados sin suministro de agua potable. Tenemos que actuar.
En el mundo, una de cada seis personas no tienen acceso a agua potable, esta situación causa la muerte por enfermedades de 11 millones de personas por año. La razón –coinciden los analistas de los países más desarrollados del planeta-, es la negativa de los países subdesarrollados como el nuestro a permitir que sean las empresas privadas, con grandes capitales de inversión, las encargadas de su captación y distribución. El agua, aseguran- no falta, sobra. No se trata de escasez, aseguran los expertos, pues sólo la lluvia provee más de 19 mil litros de agua por día y persona en el mundo. Se trata de falta de infraestructura e inversión.
Quizá la privatización del servicio de agua potable no sea la mejor solución para Cajamarca, sin embargo es obvio que lo que falta en nuestra ciudad es inversión. Lamentablemente, Sedacaj con su mejor esfuerzo más que invertir en crecimiento, lo que puede hacer con sus limitados recursos es mantener una red que con los años ha devenido en insuficiente. Pero ¿Cómo va crecer, de dónde va a invertir, si cuando intentó subir en unos soles el precio del agua potable, sólo para compensar sus costos, tuvo que dar un paso atrás en vista del rechazo de la población entera?
El argumento contra el alza del precio del agua, o contra las inversiones privadas es que los más pobres serán los perjudicados. Lo que no se dice es que son los más pobres, en este momento, los que más pagan por conseguir agua: se trasladan grandes distancias, pagan a los aguateros mucho más del costo del agua corriente por el que pagamos nosotros los que tenemos la conexión en nuestras casas, y los que es peor, sufren de distintas enfermedades por no consumir el agua adecuada.
En mi opinión el problema de Huambocancha y de todos los Centros Poblados que aún no tienen agua potable en nuestra ciudad debería abordarse por toda la sociedad con la madurez que corresponde. Por un lado los campesinos deberían dejar de buscar culpables por su falta de agua donde no los hay y la sociedad toda, con el apoyo de las Universidades, Sedacaj, el Colegio de Ingenieros, los Técnicos de Yanacocha y cualquier otra institución que quisiera sumarse al esfuerzo deberían realizar un estudio serio y buscar soluciones técnicas y por etapas al problema del agua potable en la región. ¿Y la financiación? Valdría la pena evaluar la posibilidad de destinar parte del Canon a fortalecer la capacidad de inversión de Sedacaj, sin dejar de considerar que, gracias a su expectante actividad minera, Cajamarca es hoy un interesante sujeto de crédito nacional e internacional.
Lo sabemos todos. En Cajamarca el agua sobra. Lo que falta es acumularla y financiar las obras que nos permitan hacerla llegar a todos aquellos Centros Poblados que aún no la tienen. El camino de la violencia y la sin razón que están recorriendo algunos vecinos de Huambocancha, es un camino que distrae a la sociedad del problema real y no conduce a ningún lugar.