jueves, 5 de octubre de 2006

Chile y la fórmula del éxito

Los chilenos están felices. Tienen razones de sobra para estarlo. El director de Estudios de la Comisión Chilena del Cobre, Aldo Picozzi, les informó la semana pasada que entre el 2006 y el 2010 se invertirán en ese país once mil millones de dólares en la minería del cobre y dos mil millones de dólares más en la minería del oro. Así, con todas sus letras.

La buena noticia fue aún mejor cuando se conoció que, además, nuestro país hermano incrementará en 29 por ciento con respecto al año pasado, su producción de cobre para el año 2012.
Ambas noticias son especialmente alentadoras considerando que se dieron en medio de un clima de preocupación por la disminución paulatina de su oferta minera debida a distintos factores: menores leyes, pérdidas de producción y envejecimiento de sus yacimientos. Es natural, le pasa a todas las minas: se acaban.

Están felices los empresarios, los mineros, los políticos, los comerciantes, los oficinistas, los fotógrafos, las amas de casa, los estudiantes y los barrenderos. Están felices todos.

¿Todos? Bueno no todos, por ahí alguien dirá que no quiere minería porque el progreso atrae a los delincuentes y a las mujeres de la vida alegre. Qué le vamos a hacer, eso también es natural: hay personas confundidas en todas partes. Menos mal que son pocas.

Nuestros vecinos saben que esas nuevas inversiones serán como una inyección de vitaminas para la ya robustecida economía del país. Se crearán más puestos de trabajo, se construirán nuevas fábricas, se producirán más alimentos, se confeccionará más ropa y calzado para esa masa de compradores con mayor poder adquisitivo. La minería seguirá siendo un pilar fundamental de la economía chilena.

La fuerte dinamización económica del sur, lo será aún más y alcanzará a todo el país. Se beneficiarán las compañías de aviación y sus trabajadores, los taxistas, los restaurantes, los puestos del mercado, los centros comerciales, las industrias del turismo y el entretenimiento y hasta los vendedores ambulantes. Será bueno para el conjunto de la sociedad.

El pueblo chileno, por supuesto, también cuenta con ese incremento del Impuesto sobre la Renta que contribuirá a construir más hospitales, escuelas, redes de agua y de energía eléctrica que eleven el nivel de vida de la población. Y que reforzará la financiación de los programas de ayuda social que junto a su economía de mercado, poco a poco están sacando de la pobreza extrema a los miembros más desventurados de la comunidad.

¿En Chile no hay conflictos sociales con respecto a la minería? Claro que los hay. El pueblo y el gobierno chileno también se preocupan por la conservación de su medio ambiente. Todos los países lo hacen. Protegen sus tierras de cultivo porque son pocas, y porque otro de los pilares de su economía es la producción de frutas y truchas para el consumo interno y la exportación, y ambas dependen de una buena calidad de agua y de un medio ambiente sano para existir y ser competitivas.

Pero ellos confían en su legislación rigurosa y en sus autoridades e instituciones vigilantes, imparciales y justas para hacerla cumplir. Y sobre todo, en que al igual que todas las naciones desarrolladas del planeta, han encontrado mecanismos eficaces para solucionar los conflictos beneficiando de todos los sectores de la sociedad.

Sin embargo, los problemas sociales mayores son de otra índole: se dan por la repartición de la torta. Se discute por quién recibe más y quién recibe menos, y por la mejor manera de distribuir las entradas, porque gracias a la minería hay ingresos para repartir. Pero a nadie o a muy pocos se le ocurre que la minería pudiera ser negativa para el país.

En el mapa actual de la economía mundial Chile figura como el único país latinoamericano con futuro alentador. En una declaración reciente para la revista América Economía, el jefe de economistas del Foro Económico Mundial en Ginebra, Suiza, Augusto López-Claros, manifestó que mira con preocupación a América Latina, ya que “se está quedando atrás, a excepción de Chile”. Añadió que es un momento muy bueno para Latinoamérica por la demanda global y por el precio de los minerales, pero que, lamentablemente, no se están aprovechando las oportunidades.

Los chilenos están felices porque la fórmula del éxito sigue aplicándose en su país: inversión – trabajo – producción – inversión. Ellos llevan años en ese proceso constante de acumulación de capital. ¿Cómo lo han logrado? Con voluntad. Al igual que las sociedades más desarrolladas, la chilena pospuso su satisfacción inmediata en beneficio de las generaciones siguientes; adoptó reglas claras y justas, sin contradicciones; brindó garantías para la propiedad privada; y aprendió a dirimir, con madurez y sin pasiones, los inevitables conflictos sociales.