Lo repiten con un prurito de triunfo. Los opositores al proyecto minero Conga -como aquellos que no creyeron en las profecías mayas del fin del mundo- dicen: “Ya ven, paralizamos Conga y no pasó nada”. Tienen razón. Las inversiones mineras en el país no se cancelaron debido a la detención forzada de dicho megaproyecto, como advirtieron algunos analistas.
Efectivamente, aunque en el 2012, según el Metals Economic Group, nuestro país volvió a quedar fuera del listado de los cinco países más atractivos para recibir inversiones de alto riesgo en minería (Canadá, Australia, Estados Unidos, México y Chile, en ese orden), debido en parte a los conflictos sociales impulsados por el activismo contra la actividad minera, la suspensión de Conga estuvo lejos de detener la inversión en el sector.
En realidad no sólo no se ha detenido sino que, de acuerdo a un reciente estudio de la consultora Macroconsult, hay cuatro megaproyectos mineros que estimularán la economía peruana en el 2013. Dato importante -aunque le revuelva el estomago a algunos espíritus puros-, si consideramos que el 75% de las inversiones totales que se hacen en el país corresponden al sector minero.
Esos cuatro proyectos, se informó, acaban de entrar en operaciones y se calcula que al cabo de dos años alcanzarán niveles de producción de Cobre nunca antes registrados en el Perú: 800 mil toneladas anuales. Es decir, varias veces más de lo que se tenía previsto extraer anualmente en Conga.
Las cuatro minas de cobre cuya producción permitiría que el crecimiento de nuestra economía alcance una tasa de 6.9% este año, son: Las Bambas, Antapaccay, Toromocho y la ampliación de Antamina. Además, se espera que en los próximos meses se concrete la ampliación del proyecto Cerro Verde. Bien por el país.
La única observación para los responsables de la interrupción de la inversión minera en Cajamarca, y con ella la pérdida de miles de puestos de trabajo en distintas actividades económicas, es que todos esos proyectos mineros millonarios en marcha están fuera de nuestra región y, por el contrario, los proyectos que prometían continuar el impulso económico local generado por Yanacocha están ahora en el congelador.
El país también tiene en cartera inmediata otras grandes inversiones que según información del Ministerio de Energía y Minas están actualmente en etapa de construcción: Quellaveco (US$ 3.300 millones), Mina Justa (US$ 744 millones), Pucamarca (US$ 120 millones), Alpamarca-Río Pallanga (US$ 90 millones), San Luis (US$ 90 millones), Santander (US$ 73 millones), entre otros. El Perú espera captar inversiones mineras por US$ 10 mil millones anuales para los próximos cinco años.
Así las cosas, puede que la suspensión de Conga y otros nuevos proyectos mineros cajamarquinos hayan alegrado los corazones de los malos políticos que adoptaron la bandera del ecologismo como lema enmascarado de campaña, pero es un hecho que hemos dejado de crecer y que el retroceso económico va a moldear el futuro inmediato de la región, incluyendo el político.
Quizá sea por ese motivo -y hecha esta misma reflexión- que el presidente regional Gregorio Santos, quien desde hace algo más de un año rechazó toda posibilidad de diálogo, anunció hace unos días que buscará conversar con el Gobierno Central para retomar la agenda de nuestro desarrollo. Sería muy bueno que lo haga, aunque hay poco optimismo al respecto.
Sí. Los antimineros acertaron: la inversión minera no se ha detenido en el país. Les tocará a ellos explicarle al pueblo por qué, basados en intereses personales y mentiras, sí se detuvo en cambio el crecimiento económico de Cajamarca y por qué se perdieron tantos puestos de trabajo en la región. La "lucha" por el agua, ya se sabe, sólo fue un cuento.