La han usado muchas veces. Ha sido la explicación a innumerables bloqueos de carretera y enfrentamientos de cientos de trabajadores de empresas contratistas contra Yanacocha. La frase es conocida: “La mina no nos paga”. Lo único malo de esa afirmación es que no es cierta. O, que es cierta a medias. Me explico.
La empresa minera es un “contribuyente principal”. Cada vez que la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria – SUNAT quiere echar el guante a algún evasor de impuestos, lo hace a través de Yanacocha. ¿Cómo? Fácil. Emite una orden de cobranza coactiva contra la empresa deudora y la mina tiene la obligación legal de retener los pagos a su contratista.
Lo mismo ocurre cuando un acreedor demanda a una compañía por deudas. El juez ordena a Yanacocha depositar en el Banco de la Nación el monto demandado y el dinero, automáticamente, toma otro destino. No es opcional. El procedimiento se llama Embargo Preventivo y tiene carácter de ley. Se cumple o se cumple.
Cuando estos procedimientos administrativos ocurren, Yanacocha no puede pagar al contratista embargado, y el empresario que no cobra les dice, a su vez, a sus trabajadores y acreedores que no les puede pagar porque: “La mina no me ha pagado”. El mal contratista no miente, pero tampoco dice la verdad. Los trabajadores, lógico, exigen que la mina cancele la supuesta deuda. Con la plata del personal no se juega.
Lo que no dicen los empresarios incumplidos es la verdad completa: “La mina no me ha pagado / porque yo soy un incumplido y mis acreedores me han embargado”. Por supuesto eso no les conviene y se desentienden del reclamo, cargándole el muerto a la minera.
Menos mal, esos problemas han disminuido debido los controles de Responsabilidad Social de Yanacocha, la madurez de los buenos empresarios contratistas –que son la mayoría-, y porque los malos han entendido que sus incumplimientos los hacen inelegibles para un nuevo contrato. No obstante, ya se sabe, nunca estaremos libres de algún emprendedor aventurero que deje al azar el dinero y los derechos de su personal. Es inevitable.
La estrategia de las medias verdades también se aplica en otros campos. Estos días se usó en Chanta Alta. El martes 30 de junio alrededor de noventa pobladores de esa zona invadieron la propiedad de Yanacocha, paralizando con esa acción las actividades en la calera China Linda. Los invasores, azuzados por su líder le reclamaban a la mina el incumplimiento de un compromiso y la falta de ejecución de obras en la zona.
¿Es eso cierto? Sí, pero a medias. La verdad completa es que Yanacocha ha invertido más de diez millones de soles en varios proyectos para el Centro Poblado Chata Alta y los caseríos aledaños. Y que el único compromiso pendiente es la elaboración de un estudio de “Desarrollo Ganadero y Forestal para la Cuenca del Alto Llaucano” que se realizará en virtud a un convenio entre Yanacocha y la Municipalidad de Chanta Alta.
¿Por qué entonces el reclamo? Simple. Porque el líder de la revuelta tiene intereses económicos y políticos en la zona, y ha convencido a algunos de sus vecinos de que, por la fuerza, lograrán que Yanacocha asuma nuevos compromisos en favor de la comunidad y su bolsillo. Robin Hood está en campaña, él quiere ser el próximo alcalde y pretende financiar su cruzada con ave-maría ajena.
Como vemos, este nuevo “conflicto social” de la actividad minera en Cajamarca, también está basado en una media verdad o para decirlo correctamente: en una mentira. Un buen amigo, algo incrédulo, me dijo: “Es posible que un mal líder sea mentiroso y que tenga intereses económicos y políticos. Pero no creo que tanta gente se deje llevar por una sola persona. Debe haber algo más”.
La respuesta, lamentablemente, es cierta: Sí es posible que una sola persona, utilizando puras mentiras, pueda crear falsas expectativas y movilizar a toda una población contra un enemigo imaginario. Lo hemos visto muchas veces en la región.
La frase se le atribuye a Lenin: “Sólo hace falta un perro rabioso para llevar cien ovejas al matadero”.