viernes, 27 de octubre de 2006

El trabajo y la locura colectiva

El Congreso de Estados Unidos aprobó recientemente la construcción de un muro de mil doscientos kilómetros en la frontera con México para evitar la inmigración ilegal. La obra, que costará al pueblo americano la bicoca de siete mil millones de dólares, pasará por cuatro Estados: Arizona, California, Nuevo México y Tejas. Tendrá dos vallas, sistema de reflectores, rejas, sensores y radares de última generación, para hacerlo infranqueable a esos indeseables espaldas mojadas que traspasan ilegalmente la frontera y les quitan los puestos de trabajo a los gringos.

Son miles los ilegales que cruzan la frontera diariamente. No se sabe el número exacto, pero conociendo la cifra sólo de repatriados centroamericanos se puede tener una idea del impresionante flujo humano. Según el Instituto Nacional de Migración, en el 2004 fueron repatriados 200 mil centroamericanos. Se estima que en Estados Unidos viven actualmente entre 11 y 12 millones de indocumentados.

Al respecto, nuestro famoso escritor y periodista Mario Vargas Llosa, quien, nota aparte, acaba de recibir el Premio Cabot, el galardón internacional de comunicación de la prestigiosa Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, está convencido de que el dichoso muro –si en verdad llega a construirse- no servirá para nada, y que eso, además, “lo sabemos todos, incluido el gobierno americano”. Y la razón de su inutilidad, dice Vargas Llosa en un artículo publicado en el diario español El País, es simple: aún quedarán otros dos mil kilómetros de frontera sin muralla para ser franqueada por todos los mexicanos, centroamericanos y sud americanos que así se lo propongan.

¿Por qué entonces tanto teatro? Fácil. Porque las elecciones para renovar la Cámara de representantes, y parcialmente el Senado y las gobernaciones será en noviembre, y con el afán de conseguir votos, en Estados Unidos como aquí en el Perú, los políticos calculadores acuden a los temas sensibles entre la población para utilizarlos como caballito de batalla o si se quiere, como anzuelo electoral.

Salvando las distancias, lo mismo está ocurriendo en Cajamarca: los pobladores hemos construido un muro imaginario alrededor de la idea peregrina de que todos los puestos de trabajo que se generan en cualquier actividad económica en la región y de preferencia en las operaciones mineras, deben ser exclusivamente para los trabajadores cajamarquinos.

Lamentablemente, en nuestro caso, con ese muro mental a quienes estamos vetando no es a trabajadores extranjeros sino a nuestros propios compatriotas, y esa concepción excepcional de los mecanismos del mercado laboral que todos hemos aceptado hasta ahora como una condición natural e inofensiva, se está convirtiendo en uno de los obstáculos de nuestro propio desarrollo. Me explico.

Al principio, los pobladores de la ciudad de Cajamarca reclamaban contra los trujillanos, chiclayanos, arequipeños, puneños y limeños, por los puestos de trabajo que, supuestamente, aquellos foráneos les estaban arrebatando en la actividad minera. Posteriormente se sumaron al reclamo los pobladores de las comunidades aledañas, y extendieron su queja contra los mismos cajamarquinos porque les estaban “quitando oportunidades”. “Nosotros somos los dueños de la tierra y tenemos más derecho”, decían los comuneros. Luego aparecieron los reclamos de los verdaderos ex propietarios, quienes, cómo no, también reclamaban su derecho divino y rechazaban cualquier competencia.

Con el tiempo los reclamos se agudizaron y los comuneros de Tual, por ejemplo, ya no permitían que los vecinos de Quilish ni los de Porcón trabajaran en “su” zona. De igual manera las empresas mal llamadas “comunales”, no aceptaban que ninguna otra compañía, ni siquiera las cajamarquinas, obtuvieran un contrato de obra en su comunidad. Ahora resulta que los de Bambamarca rechazan a los cajamarquinos, y los de Hualgayoc a los de Bambamarca. Una locura colectiva.

El caso quedaría en los anales de lo anecdótico si no fuera porque al cierre de esta nota, la compañía minera Gold Fields anunció la paralización de sus actividades debido a que un grupo de pobladores de Hualgayoc le exigen que todos sus trabajadores sean naturales de la zona –los demás, cajamarquinos incluidos, son foráneos- y que, aunque la empresa sólo necesite trescientos trabajadores, se comprometa a contratar dos mil quinientos. De igual manera, los empresarios lugareños demandan contratos para las más de noventa compañías creadas con el único objetivo de trabajar con dicha empresa minera, cuando lo más probable sea que en la etapa actual del proyecto sólo se necesite unas diez del tipo de servicios que ellas le puedan brindar y quien sabe menos. ¿La razón para contratar a todo el mundo? Simple: “Responsabilidad Social”.

La necesidad de trabajo de los pobladores de Hualgayoc así como los de Cajamarca y el resto del país es real. Además, todos tenemos derecho a tener sanas expectativas por un futuro mejor para nuestras familias. Lo imperdonable es que esas necesidades, así como el hambre y la pobreza de nuestros compatriotas sean manipulados por políticos que azuzan a la población contra cualquiera con tal de obtener votos, y por otros políticos oportunistas que, en vez de analizar la situación con objetividad y justicia para proponer alternativas de solución razonables y creativas a los conflictos por expectativas insatisfechas, adelantan opinión sin importarles las consecuencias.

Lamentablemente, lo sabemos, aquí en Cajamarca, como allá en Estados Unidos, cualquier tipo de muro construido para evitar la presión por puestos de trabajo es inservible. La única manera de frenar la demanda laboral, tanto foránea como local, es que Trujillo, Chiclayo, Arequipa, Chota, Bambamarca, Jaén y la misma Hualgayoc, ofrezcan a sus pobladores diferentes y mejores oportunidades de trabajo y desarrollo, y la promesa de un futuro mejor que, por ahora, sólo se encuentra en Cajamarca alrededor de sus expectantes proyectos mineros. Y ese cambio no va a suceder de la noche a la mañana. Nuestro gobierno tiene la gran tarea de impulsar la reactivación de otras actividades económicas en todo el país.

Lo cierto es que si seguimos en nuestro empeño de no dejar madurar ningún proyecto minero por los motivos que sea, en un futuro no muy lejano no habrá trabajo para nadie en ese sector. El problema de fondo, quizá, es que intentamos remediar problemas sociales con soluciones empresariales y viceversa. Y cada vez que hacemos eso abrimos la puerta del averno, una puerta por donde se meten los demonios que frenan nuestro desarrollo.

jueves, 19 de octubre de 2006

La universidad y el desarrollo

Son las paradojas del desarrollo. Al comienzo de la década del cincuenta España estaba a la vanguardia de la industria automotriz con la fabricación de sus primeros automóviles SEAT. Mientras tanto, Corea estaba inmersa en una guerra interna devastadora que terminaría por dejar al país completamente arruinado. Actualmente, apenas cinco décadas después, mientras España ensambla vehículos de marca extranjera, Corea exporta automóviles con marcas y tecnología propia a todo el mundo, además de ser una potencia mundial en electrónica.

¿Cómo ocurrió el milagro? José Canosa, doctor en Física Aplicada por la Universidad de Harvard e investigador en el Centro Científico de IBM en Palo Alto, está convencido de que fue gracias la visión y la voluntad de los dirigentes del Gobierno y la industria coreanos, quienes a finales de los sesenta, conscientes de las deficiencias de su sistema educativo en el que las universidades estaban sujetas a rigideces tradicionales y al control de la burocracia estatal, el Gobierno creó un nuevo instituto de postgrado especializado en ciencias aplicadas y tecnología: el Korea Advanced Institute of Science (KAIS).

No fue una tarea fácil. El Gobierno coreano conciente de sus limitaciones pidió apoyo al americano y éste envió a Fred Terman, universalmente reconocido como el padre de Silicon Valley y el principal impulsor de la excelencia mundial de la Universidad de Stanford. Terman presentó sus recomendaciones en 1971 y el Gobierno las puso en práctica con rapidez y entusiasmo. Nada se interpuso en el camino, se dejaron de lado las tradiciones coreanas ancestrales e intocables, los “títulos oficiales”, y todos los argumentos en contra -supuestamente proteccionistas-, que esgrimieron en su momento los enemigos del desarrollo que también hay en Corea. Una de las primeras y más radicales recomendaciones de Terman fue que el KAIS se liberase del control del Ministerio de Educación.

En la actualidad, los graduados de dicho instituto se emplean en todos los sectores de la economía nacional, pero sobre todo en la industria, y desde 1981 han fundado más de 360 compañías de alta tecnología.

Esta historia de la educación superior Coreana publicada en la revista Ideas, viene a cuento por la reciente divulgación –en un artículo del Nuevo Herald de Miami-, de los dos principales rankings de las mejores universidades del mundo: el Suplemento Educativo del London Times y el de la Universidad de Shanghai, en los que las universidades de América Latina apenas aparecen. Efectivamente, en la lista de “Las 200 mejores universidades del mundo, 2006” del Suplemento Educativo del London Times de Londres, encabezada por la Universidad de Harvard, aparece sólo una universidad latinoamericana, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Una de las razones de esta gran ausencia es que el cuarenta por ciento de la calificación depende de la reputación que tienen las universidades en medios académicos, basada en sus investigaciones. Incluso la UNAM de México, que subió del lugar 95 el año pasado al 74 este año, obtiene la peor clasificación posible -cero- en trabajos de investigación aparecidos en publicaciones académicas internacionales.

Por su parte, el ranking de la Universidad de Shanghai, también encabezado por Harvard y otras universidades de Estados Unidos y Gran Bretaña, incluye a sólo tres universidades de América Latina entre las 200 mejores del mundo. La Universidad de Sao Paulo, la Universidad de Buenos Aires y la UNAM. Todas abajo del puesto 100.

Otra paradoja, según los expertos, es que la evolución académica de las universidades no depende de cuánto dinero gastan los países en ellas, sino de cómo lo gastan. Mientras que en Estados Unidos, Europa y los países emergentes del Asia tienen grandes incentivos para mejorarse, en Latinoamérica estamos acostumbrados a recibir dinero de nuestros gobiernos sin tener que rendir cuentas. Asimismo, nuestros gobiernos dan la mayoría de los fondos para la educación superior a las universidades, en lugar de dárselo a los estudiantes. Esto último permitiría escoger dónde quieren estudiar, e incentivaría la competencia entre las universidades por mejorar la calidad de la enseñanza.

Por nuestra parte, lamentablemente las universidades peruanas, a pesar de que las hay muy buenas, no aparecen en el ranking. Este hecho debe hacer reflexionar seriamente a nuestro Gobierno y a la sociedad en su conjunto sobre nuestra situación. Si los expertos señalan que él único país con futuro económico expectante en la región es Chile, y encima no prestamos atención a lo que esta ocurriendo en la formación universitaria de nuestros jóvenes, la suerte esta echada.

¿Y las universidades de provincias? Bien, gracias. Ellas no aparecen por ningún lado. ¿Podemos hacer algo al respecto? Por supuesto. Podemos recurrir a las medidas de costumbre, como por ejemplo emitir un pronunciamiento contra el imperialismo norteamericano, el capitalismo salvaje, la globalización, las transnacionales mineras y el TLC incluido, culpándolos por el bajo nivel académico de los estudiantes peruanos. Otra medida, algo más pro activa y emocionante, sería bloquear una carretera –de preferencia una bien concurrida-, para exigir a los evaluadores insensibles que se nos incluya en esa selecta lista.

Sin embargo, no parece que aquellas maneras tan nuestras de enfrentar nuestros problemas nos vayan a servir de algo en esta oportunidad. Quizá la mejor solución sea empezar como Corea: reconocer que necesitamos cambios significativos en nuestro sistema educativo y realizar un sincero y desapasionado análisis de la situación académica universitaria en el país.

Con respecto a Cajamarca aquí tenemos gente de muchísimo talento, y podrían ser infinitamente mejores. Pero para lograrlo tenemos que dar el giro que necesita nuestra universidad y colocarnos en el camino correcto: el camino del desarrollo.

jueves, 12 de octubre de 2006

¿El Canon o la vida?

Se lo escuché decir a un poblador de Huambocancha en declaraciones a la prensa: “no nos interesa el canon minero sino la vida”. En consecuencia, nuestro buen vecino pretende alcanzar el nivel de desarrollo al que aspira Cajamarca con la venta de las artesanías de piedra que con increíble habilidad producen los artesanos de ese centro poblado.

Ese pensamiento tiene seguidores entre algunos pobladores de Baños del Inca quienes festejaron la ordenanza de intangibilidad “antiminera” como si el progreso de la región pudiera financiarse alquilando pozas de agua termal a los turistas.
No está claro si esas personas también pretenden reemplazar con esas legitimas actividades comerciales y de servicios turísticos, los doce mil puestos de trabajo en las labores mineras de la región y -según cálculos conservadores-, los cerca de veinte mil puestos de trabajo indirecto generados en Cajamarca por la actividad minera.

Tampoco es posible saber de qué manera las bien cotizadas artesanías de Huambocancha y la apreciada agua termal de Baños del Inca, dinamizarán la economía del Cumbe para dar movimiento a cinco instituciones bancarias, cientos de tiendas y bodegas, repuesteras, farmacias, grifos, restaurantes, ferreterías, un centro comercial, empresas de comunicaciones, miles de taxis, compañías contratistas, empresas de transportes y otros cientos de negocios locales y nacionales que dependen de la minería.

Con las artesanías y el agua caliente resultará difícil mantener el ritmo de crecimiento de la industria de la construcción, así como el de la oferta educativa y la salud. Ni siquiera es posible prever cuanto tiempo demoraría en desmoronarse toda la infraestructura que está soportando el crecimiento paulatino del turismo y que ahora se mantiene gracias a la pujante actividad minera cajamarquina.

Todos sabemos que las reservas de mineral no durarán para siempre. Y que más tarde o más temprano Cajamarca tendrá que prescindir de esa actividad económica tan importante para su desarrollo. Pero ese momento, tan ansiado por ciertos espíritus puros, no debe ser ahora. Al contrario. Me explico.

Según las nuevas proyecciones del Banco Mundial, las Naciones Unidas y los economistas de Wall Street, los datos confirman que el reciente crecimiento económico de América Latina –los últimos tres años-, se debe básicamente a los altos precios de las materias primas y el vigoroso crecimiento mundial, condiciones externas ambas que en algún momento dejarán de ser tan favorables.

En ese sentido –dice el analista internacional Andrés Oppenheimer-, “la fiesta podría estar llegando a su fin”, pues un nuevo estudio del Banco Mundial dice que los precios de las materias primas dejarán de crecer como en los últimos años, lo que afectará a las exportaciones de varios países latinoamericanos.

He aquí algunas de las proyecciones del estudio de Banco Mundial, titulado El Financiamiento del Desarrollo Global 2006, difundidas por Oppenheimer:

- Las economías de América Latina crecerán en un 4.6% este año, 4% en el 2007 y 3.7% en el 2008, “reflejando una significativa desaceleración en Argentina y Venezuela”, los dos países de la región que reportaron las tasas de crecimiento más altas el año pasado.

- Los países que dependen en gran medida de las exportaciones agrícolas, como Argentina, Brasil y Uruguay, se verán afectados por un crecimiento más lento de los precios de los productos agrícolas en los próximos dos años. Y países exportadores de metales, como Chile y Perú, también se verán afectados por un crecimiento más moderado de los precios de los metales.

- Venezuela, Ecuador, México y otros países productores de petróleo que se han beneficiado de elevados precios del crudo en años recientes no verán los mismos incrementos en sus ingresos por exportaciones petroleras en los próximos años. El aumento de la inversión mundial en exploración y nuevas refinerías, así como también una mayor conservación de energía, frenará un tanto el crecimiento de los precios del petróleo.

- Al igual que este año, América Latina continuará siendo la región del mundo en desarrollo que menos crecerá en el 2007. Mientras que Latinoamérica crecerá un 3.7% en el 2007, África subsahariana crecerá en un 5.4%; el Medio Oriente y África del Norte, en un 5.1%; el sur de Asia, en 6.2%; Asia del Este, en un 8.1%, y Europa del Este en un 5.1%.

Todo indica entonces, que el momento de producir minerales y generar inversiones en la actividad minera es ahora. Los precios internacionales aún son buenos y el importe del Canon Minero para Cajamarca, bien invertido, puede ser la diferencia entre el desarrollo o el estancamiento de la región.

¿El Canon o la vida? Escojamos las dos. No perdamos la oportunidad de construir los cimientos de nuestro desarrollo.

jueves, 5 de octubre de 2006

Chile y la fórmula del éxito

Los chilenos están felices. Tienen razones de sobra para estarlo. El director de Estudios de la Comisión Chilena del Cobre, Aldo Picozzi, les informó la semana pasada que entre el 2006 y el 2010 se invertirán en ese país once mil millones de dólares en la minería del cobre y dos mil millones de dólares más en la minería del oro. Así, con todas sus letras.

La buena noticia fue aún mejor cuando se conoció que, además, nuestro país hermano incrementará en 29 por ciento con respecto al año pasado, su producción de cobre para el año 2012.
Ambas noticias son especialmente alentadoras considerando que se dieron en medio de un clima de preocupación por la disminución paulatina de su oferta minera debida a distintos factores: menores leyes, pérdidas de producción y envejecimiento de sus yacimientos. Es natural, le pasa a todas las minas: se acaban.

Están felices los empresarios, los mineros, los políticos, los comerciantes, los oficinistas, los fotógrafos, las amas de casa, los estudiantes y los barrenderos. Están felices todos.

¿Todos? Bueno no todos, por ahí alguien dirá que no quiere minería porque el progreso atrae a los delincuentes y a las mujeres de la vida alegre. Qué le vamos a hacer, eso también es natural: hay personas confundidas en todas partes. Menos mal que son pocas.

Nuestros vecinos saben que esas nuevas inversiones serán como una inyección de vitaminas para la ya robustecida economía del país. Se crearán más puestos de trabajo, se construirán nuevas fábricas, se producirán más alimentos, se confeccionará más ropa y calzado para esa masa de compradores con mayor poder adquisitivo. La minería seguirá siendo un pilar fundamental de la economía chilena.

La fuerte dinamización económica del sur, lo será aún más y alcanzará a todo el país. Se beneficiarán las compañías de aviación y sus trabajadores, los taxistas, los restaurantes, los puestos del mercado, los centros comerciales, las industrias del turismo y el entretenimiento y hasta los vendedores ambulantes. Será bueno para el conjunto de la sociedad.

El pueblo chileno, por supuesto, también cuenta con ese incremento del Impuesto sobre la Renta que contribuirá a construir más hospitales, escuelas, redes de agua y de energía eléctrica que eleven el nivel de vida de la población. Y que reforzará la financiación de los programas de ayuda social que junto a su economía de mercado, poco a poco están sacando de la pobreza extrema a los miembros más desventurados de la comunidad.

¿En Chile no hay conflictos sociales con respecto a la minería? Claro que los hay. El pueblo y el gobierno chileno también se preocupan por la conservación de su medio ambiente. Todos los países lo hacen. Protegen sus tierras de cultivo porque son pocas, y porque otro de los pilares de su economía es la producción de frutas y truchas para el consumo interno y la exportación, y ambas dependen de una buena calidad de agua y de un medio ambiente sano para existir y ser competitivas.

Pero ellos confían en su legislación rigurosa y en sus autoridades e instituciones vigilantes, imparciales y justas para hacerla cumplir. Y sobre todo, en que al igual que todas las naciones desarrolladas del planeta, han encontrado mecanismos eficaces para solucionar los conflictos beneficiando de todos los sectores de la sociedad.

Sin embargo, los problemas sociales mayores son de otra índole: se dan por la repartición de la torta. Se discute por quién recibe más y quién recibe menos, y por la mejor manera de distribuir las entradas, porque gracias a la minería hay ingresos para repartir. Pero a nadie o a muy pocos se le ocurre que la minería pudiera ser negativa para el país.

En el mapa actual de la economía mundial Chile figura como el único país latinoamericano con futuro alentador. En una declaración reciente para la revista América Economía, el jefe de economistas del Foro Económico Mundial en Ginebra, Suiza, Augusto López-Claros, manifestó que mira con preocupación a América Latina, ya que “se está quedando atrás, a excepción de Chile”. Añadió que es un momento muy bueno para Latinoamérica por la demanda global y por el precio de los minerales, pero que, lamentablemente, no se están aprovechando las oportunidades.

Los chilenos están felices porque la fórmula del éxito sigue aplicándose en su país: inversión – trabajo – producción – inversión. Ellos llevan años en ese proceso constante de acumulación de capital. ¿Cómo lo han logrado? Con voluntad. Al igual que las sociedades más desarrolladas, la chilena pospuso su satisfacción inmediata en beneficio de las generaciones siguientes; adoptó reglas claras y justas, sin contradicciones; brindó garantías para la propiedad privada; y aprendió a dirimir, con madurez y sin pasiones, los inevitables conflictos sociales.

miércoles, 27 de septiembre de 2006

El Canon que nadie reclama

La Federación de Instituciones Representativas de Cajamarca anunció su intención de convocar a la población para protestar contra la posibilidad de que el Gobierno Central reduzca en diez puntos el porcentaje del Canon Minero que percibe la región.

Según algunos voceros, ese raspón podría significar que dejemos de recibir alrededor de cincuenta millones de soles al año. ¿Vale la pena el esfuerzo? Por supuesto. Ninguna ciudad próspera despreciaría esa cantidad de dinero, mucho menos nosotros que tanta falta nos hace.

En sentido contrario, los congresistas, los políticos, los líderes de opinión y prácticamente todos los postulantes a la presidencia de la región y a la alcaldía de Cajamarca -cuya elección está a la vuelta de la esquina-, se han pronunciado en las últimas semanas sobre su decisión de exigir a ese mismo Gobierno con vocación sustractora, que incremente el porcentaje del Canon en un ciento por ciento. Lo cual, en buena cuenta quiere decir que el total del Impuesto a la Renta pagado por Yanacocha debe quedarse en Cajamarca.

Algunos aspirantes más perspicaces y optimistas han sugerido, incluso, que el Impuesto a la Renta que también pagan las empresas contratistas, así como otros gravámenes que se desprenden del ejercicio de la actividad minera, se incluyan en la misma bolsa.

Lo curioso, absurdo y contradictorio de todo esto es que ninguna de estas instituciones representativas y personalidades que están dispuestos a enfrentase a muerte por la defensa del diez por ciento del Canon, con ese Gobierno Central ubicado a novecientos kilómetros de distancia, en Lima; ha dicho nada contra este Gobierno Local que está aquí, en Baños del Inca, y que nos quiere quitar, armado de un estudio seudo científico y una ordenanza municipal disparatada, el total del Canon Minero, de una sola buena vez y para siempre. Me explico.

La ordenanza municipal que acaba de emitir contra viento y marea el alcalde de Baños del Inca, declarando “intangible” el cincuenta por ciento del territorio de ese distrito, fue gestada y parida con la única finalidad de convertirse en la sentencia de muerte de la actividad minera en la región. Lo que intenta lograr el burgomaestre bañosino con la complicidad de sus asesores es -por si no se han dado cuenta los entusiastas protestantes-, generar los conflictos sociales necesarios para que no prospere una sola mina más en la región. Y sin actividad minera, por supuesto, no hay Impuesto a la Renta ni mucho menos Canon.

Efectivamente, si los integrantes de la Federación de Instituciones Representativas de Cajamarca –que son casi todas las organizaciones-, las autoridades, los líderes, los políticos y los señores candidatos se toman la molestia de sacar cuentas, realizadas las intenciones de la ordenanza, en muy poco tiempo la reducción del Canon Minero para nuestra región en vez de diez será de cien por ciento. Y el incremento de Canon que finalmente recibiremos del Gobierno Central será el resultado de un cálculo imposible: el cien por ciento de cero, que será lo mismo que podrá aportar la asfixiada actividad minera para el ansiado desarrollo sostenible.

Una vez más es necesario reflexionar sobre lo contradictorio de nuestros discursos y actitudes. ¿Queremos trabajo? ¿Queremos desarrollo? ¿Queremos Canon? Bueno pues, la minería es nuestra única herramienta para lograrlo. Y si queremos continuar contando con ella, no podemos seguir jugándonos el futuro cerrando los ojos temerariamente ante lo que hacen los alcaldes y políticos iluminados, y sus socios calculadores.

Cajamarca ha tenido un avance económico significativo en la última década y puede seguir creciendo. Nuestro freno, increíblemente, han sido esas autoridades convenidas que, en vez de basar sus decisiones en principios económicos que verdaderamente beneficien a la población, terminaron cediendo a presiones absurdas y mezquinos cálculos políticos.

En el mundo sólo existe una fórmula exitosa para salir de la pobreza, y aunque no les guste a todos aquellos enemigos del desarrollo, esa es la senda que Cajamarca está siguiendo hoy gracias a la actividad minera: Inversión, trabajo, producción, inversión.

No permitamos que el alcalde de Baños del Inca y sus asesores acaben con la actividad minera en Cajamarca. No sigamos con las contradicciones, hagamos un reclamo sincero por el Canon y por el desarrollo de la región.

Alzar la voz contra lo que nos pretende hacer el Gobierno Central está bien. ¿Y contra lo que nos quiere hacer el alcalde de Baños? Contra eso, nada.

miércoles, 20 de septiembre de 2006

Las autoridades y el estudio científico

Los engañaron como a chinos. Las autoridades ediles de Baños del Inca fueron ingenuamente sorprendidas por asesores y personajes de su entorno. Pagaron varios miles de dólares con un dinero que no era suyo, sino de todos los vecinos del distrito, por un estudio plagado de errores legales y técnicos con el que se pretende sustentar una ordenanza de “intangibilidad” que, además de ganarles el repudio de la población les va a traer, seguramente, más de una migraña procesal.

No hay otra explicación para que las autoridades transgredieran el ordenamiento legal y se expusieran a la censura y el ridículo declarando área de conservación al cincuenta por ciento de un distrito que, además de albergar a la mina de oro más grande de Sudamérica, está poblado por miles de familias, ha sido parcelado en infinidad de pequeños terrenos, lo atraviesan cientos de trochas y carreteras y tiene una cantidad enorme de letrinas que, obviamente, contienen lo suyo.

Para empezar, el documento –como los conejos de circo-, fue sacado de un sombrero de mago durante una reunión municipal. Ni siquiera se cumplió con la formalidad de distribuirlo con la debida anticipación para que se emitieran las observaciones correspondientes. Se firmó irregularmente en medio de un alboroto, y resultó que al final, el documento oficial publicado en la prensa, fue diferente al que se sacó de la manga en esa reunión de locos.

No obstante todo lo actuado, la observación categórica que se les puede hacer a las autoridades involucradas es que ellos, con toda la buena intención que puedan poseer, no tienen competencia para declarar área de conservación ni siquiera al parque de la esquina. Esa potestad es exclusivamente del Inrena. Es como si hubieran emitido una ordenanza que, para no asustar a las pobres vacas, prohibiera que los aviones sobrevuelen los cielos del distrito. Ellos no pueden hacer eso.

Por otro lado, el documento contiene errores conceptuales y delimitaciones imprecisas. Además no se han realizado estudios hidrológicos consistentes que incluyan precipitaciones pluviales, evaporación, escorrentía superficial, aguas subterráneas ni volúmenes de agua en las lagunas existentes. Asimismo se han considerado sólo partes de algunas subcuencas, con lo cual el estudio quiere decir que sólo es intangible un lado de la cuenca, mientras que al frente –si a alguien se le ocurre- se puede instalar sin limitación alguna una central termonuclear.

En realidad los involucrados no tienen por qué avergonzarse: es muy fácil lograr que un mamotreto cualquiera parezca un verdadero documento científico. Salvando las distancias, lo mismo le pasó a Juan Domingo Perón. En 1948 el científico austriaco Ronald Richter llegó a Argentina y convenció al entonces presidente de que era posible obtener energía atómica a través de la fusión controlada, lo que le daría al país la llave de la energía barata.

El gobierno puso todos los medios a su disposición y Richter montó en Córdoba y en la isla Huemul de Bariloche unas instalaciones gigantescas. En 1950 Perón visitó la isla en compañía de Evita y casi un año después fue el gran papelón: el presidente anunció oficialmente que se habían logrado “reacciones termonucleares bajo condiciones de control en escala técnica”.

A la larga fue evidente que todo era un engaño y finalmente una comisión investigadora desembarcó en la isla para revisar sus trabajos y concluyó que no había nada parecido a lo anunciado.
Todos los cajamarquinos conocemos el trasfondo y las verdaderas intenciones del cuestionado estudio y de la apresurada Ordenanza Municipal. Los únicos que parecen no haberse dado cuenta hasta ahora son las mismas autoridades del distrito.

Sin embargo, la situación se les está yendo de las manos y deben definir su posición: son víctimas inocentes de todo este asunto o, por el contrario, son cómplices directos de un imprudente plan antiminero cuyo único objetivo es impedir el desarrollo de esa actividad en el distrito, con una “intangibilidad” municipal forzada y sin sentido.

jueves, 14 de septiembre de 2006

El nudo gordiano de Combayo

En Gordión, actualmente Anatolia, había un yugo con una cuerda ceñida por un nudo imposible de desatar. El lazo fue hecho por un campesino llamado Gordias y quien consiguiera desatarlo, decía la leyenda, se convertiría en el conquistador de Oriente. En la actualidad, el llamado “nudo gordiano” se utiliza para referirse a la esencia de una cuestión de difícil compresión, de tal manera que desatando el nudo, es decir, descubriendo la esencia del problema, se pueden develar todas sus implicaciones.

Aunque las partes involucradas llegaron a un acuerdo –con la mediación del Premier Jorge Del Castillo-, lo sucedido en Combayo el mes pasado entre un grupo de campesinos y la empresa Yanacocha se convirtió en una suerte de nudo gordiano cajamarquino que aún no ha sido desatado. Y quien consiga desanudarlo no sólo develará las verdaderas razones de lo ocurrido, sino que, también, tendrá la oportunidad de sentar las bases de lo que será la relación de la actividad minera y la comunidad cajamarquina en el futuro.

Al respecto, lo más sensato que se escuchó durante esos días en torno al caso de Combayo lo dijo el congresista Alejandro Rebaza en declaraciones a una radio: “Si se comprueba que lo que motivó el enfrentamiento es un interés de quienes quieren lograr una ventaja de Minera Yanacocha, es (sería una actitud) rechazable”.

La posición del líder de opinión cajamarquino fue prudente y correcta. En principio, sin perjuicio y más allá de los acuerdos positivos a que llegaron los campesinos y la empresa minera, aún es necesario investigar los hechos para determinar quiénes fueron los verdaderos azuzadores para que más de cien campesinos invadieran, armados de palos, hondas y piedras, la propiedad de Yanacocha.

Identificados los instigadores de la asonada campesina será fácil esclarecer los auténticos móviles que, a fin de cuentas, fueron los que ocasionaron el enfrentamiento entre los pobladores y la policía con el saldo lamentable y aún por aclarar, de una persona muerta.

La supuesta defensa de los acuíferos y la construcción de la presa El Azufre a la que han recurrido algunos “ecologistas” interesados no fueron argumentos sostenibles. Precisamente, el objetivo de la construcción de la presa ha sido dotar a los pobladores, aguas abajo, de un líquido de mejor calidad, libre de las partículas de tierra que lo pueden enturbiar, además de un flujo permanente, sin las alteraciones naturales de las épocas de lluvia y de seca.

Con dicha obra, la empresa se adelantó a corregir el perjuicio que podría causar la remoción de millones toneladas de material que lógicamente incrementan, exponencialmente, las partículas de tierra que remueve la propia naturaleza y que terminarían en los cursos de agua de no existir la mencionada presa. Así lo dijo o lo dio a entender la propia empresa en todas las oportunidades en que expuso a la comunidad las razones del proyecto.

Tampoco fue sostenible la tesis de las promesas incumplidas. Según declaraciones del gerente de Relaciones Comunitarias de la empresa minera Lucio Vásquez, confirmadas por las propias autoridades de Combayo, el año pasado ambas partes firmaron un convenio de realización de obras por valor de un millón y medio de dólares, cuyo cronograma se cumplió con éxito y a la fecha tiene un avance del setenta y cinco por ciento de lo pactado.

Por otro lado, ambas partes declararon la existencia de un Comité de Desarrollo de Combayo conformado por sus autoridades y representantes de la comunidad, que es a fin de cuentas el que decide las obras que requiere su población y el que dialoga institucionalmente con la minera.

Esta claro, pues, que el agua, la presa y las promesas incumplidas -esas justificables y elevadas razones- no fueron las verdaderas causas de la protesta. Al contrario los motivos para el bloqueo de carretera, invasión de propiedad privada, y el ataque a los equipos y al personal de las compañías contratistas que laboraban en la zona, tuvieron, simplemente, motivos más mezquinos.

Los trabajos que realiza Yanacocha en esa área –dijeron sus representantes- permitió la creación de ciento veinte puestos de trabajo que eran ocupados en su totalidad por personal combaíno. Asimismo, los cargos profesionales estaban en manos cajamarquinas. Además se contrataron tres compañías locales, mal llamadas “de comunidades” porque en realidad son empresas privadas, con dueños particulares, que no destinan sus utilidades al bien común sino –con todo derecho por supuesto- a los bolsillos de sus asociados.

Sin embargo, y esto no es responsabilidad de la mina, los combaínos que necesitan y quieren trabajo son más. Como también son más las empresas que se han creado con la intención de vender sus servicios a Yanacocha. Y son precisamente algunos representantes de éstas últimas quienes desde hace algún tiempo ya no postulan sino presionan con amenazas a la compañía minera para conseguir un contrato de trabajo. “Si no nos dan contrato, hacemos paro”, es la frase popular.

Para desatar el nudo sería bueno investigar cómo es que un conflicto entre los campesinos y la mina que empezó por contratos de obras y puestos de trabajo se fue convirtiendo –con el pasar de los días y la inclusión de ciertos personajes-, en un reclamo a muerte por el medio ambiente.

Si las autoridades y congresistas de Cajamarca hicieran un esfuerzo para esclarecer la verdad de los sucesos ocurridos en Combayo y desataran éste nudo gordiano, ciertamente no conquistarían el Oriente, pero tendrían la oportunidad inigualable de demostrar sus dotes de liderazgo unos y de legisladores sensatos e imparciales los otros. Cuando eso ocurra, todos los pobladores de Cajamarca respiraremos aliviados.

miércoles, 6 de septiembre de 2006

Avanzando hacia atrás

La primera respuesta es matemáticamente simple. Si la población quiere trabajar y Minera Yanacocha ya está contratando a diez mil personas ¿Qué necesitamos para crear otros diez mil puestos de trabajo? Una mina más.

La segunda respuesta es contradictoria y más bien triste. ¿Qué estamos haciendo en Cajamarca para que haya otra mina? Nada. Es más, nos estamos esforzando, con entusiasmo suicida, para que la única compañía minera que tenemos se nos vaya pronto.

Esa parece ser la motivación del alcalde de Baños del Inca para declarar Área de Conservación Municipal las microcuencas de su distrito. “Aquí no queremos minas, todos trabajaremos en el turismo y viviremos felices del agua termal”, parecería ser el mensaje subliminal de ese bien intencionado servidor público.

Es una grave contradicción. Mientras que los pobladores de las comunidades rechazan la actividad minera porque creen que ésta les traerá más miseria, el Gobierno Central, los economistas, los empresarios, los líderes de opinión bien intencionados y una parte significativa de la población, están convencidos de que la minería es una excelente oportunidad para salir de la pobreza y el sub desarrollo. La oportunidad nos está pateando a la puerta y no le queremos abrir.

De acuerdo al director gerente de Newmont para Latinoamérica, Carlos Santa Cruz, el Perú -que atrajo inversiones mineras por ocho mil millones de dólares en los últimos diez años-, puede -al igual que los cerca de 24 mil millones captados por Chile en el mismo lapso-, triplicar la inversión en ese sector debido a su enorme potencial. Esa, y no tirarle la puerta en la cara a doña fortuna, debería ser nuestra meta para los próximos quince años.

De hecho, la inversión minera es una de las razones por las que a nuestro vecino del sur le va tan bien en materia económica, y uno de los factores para que desde 1990 hasta el 2000, el porcentaje de chilenos que viven en la pobreza cayera casi a la mitad: del 39 al 20 por ciento de la población. Y también para que los índices de pobreza absoluta cayeran aún más: del 13 por ciento de la población en 1990 al 6 por ciento en el 2000, según datos del Banco Mundial.

Una de las razones por las que Chile es el único país de Latinoamérica que tiene su balance en azul desde hace por lo menos tres lustros –explicó el analista internacional Andrés Oppenheiner-, es porque se trata del único país de este lado del mundo que, junto a China y otras naciones del Asia y los países de la ex Europa del Este, está captando la mayor parte de la inversión mundial. Lamentablemente, para los tontos sudacas que vivimos peleando entre nosotros, casi toda la reducción de la pobreza global se está dando en China, India, Taiwan, Singapur, Vietnam y los demás países del Este y Sur asiático.

Pero ¿De qué manera ayudaría a aliviar la pobreza de Cajamarca si por ejemplo en vez de una Yanacocha hubiera dos? Para comenzar, cabría señalar que en vez de diez mil, probablemente habría veinte mil familias percibiendo ingresos directamente en la actividad minera.

En lo que respecta al canon minero, en el año 2005 en vez de recibir 285 millones de soles, nos habría correspondido el doble: 570 millones, que bien podrían haberse destinado a proyectos de desarrollo, generando más puestos de trabajo para más cajamarquinos, resultando en una espiral positiva que contribuyera a elevar el nivel de vida de la región.

Todo esto sin contar con el dinero invertido por las empresas en compras de bienes y servicios locales y sin considerar tampoco el consumo directo de esas veinte mil familias en el mercado local. A lo que debería sumarse las operaciones comerciales de los cientos de empresas contratistas que también se duplicarían y la de cientos de negocios que giran alrededor de dicha actividad. No hablemos ya de los proyectos de inversión social de las propias empresas ni del desarrollo humano con que se está capitalizando la región.

¿Es difícil lograrlo? De ninguna manera. Duplicar o triplicar la actividad minera en Cajamarca sólo está en nuestras manos, sin que eso quiera decir que el sector minero ni la comunidad en general deban olvidarse de ser sensibles con el tema ambiental y con el respeto a las comunidades. Sin descuidar el tema social es el momento de aprovechar las oportunidades, “Siempre hay que buscar un punto medio y un balance”, señaló Santa Cruz.

El reto planteado es posible de alcanzar. La fórmula sugerida por Santa Cruz no es nueva, sólo hay que aplicarla: debemos sumar los esfuerzos de las Ong, el gobierno central, regional y municipal, la sociedad civil y el sector privado para lograrlo.

Nuestro problema es que durante años hemos vivido enfrentados entre nosotros mismos. La propuesta de Santa Cruz tiene el encanto de lo simple: que todos “empujemos el carro” por el camino del éxito. Si seguimos en la senda de espantar a la inversión minera, la única alternativa real de desarrollo a la vista, en vez de avanzar recorreremos irremediablemente otros quince años en reversa.

En Cajamarca ¿Queremos trabajo? ¿Queremos desarrollo? Entonces dejémonos de contradicciones. No podemos trabajar a la peruana y esperar resultados a la chilena.