No se acaban de un día para otro. Los recursos disminuyen gradualmente y poco a poco se van cerrando frentes de trabajo. Las operaciones, requerimientos de bienes y servicios, contratación de personal y contratos de obra, se van reduciendo en el tiempo hasta su eventual cierre definitivo. Es natural.
Esto que es sencillo de comprender para la mayoría de los mortales le sabe a chino, en cambio, a algunas personas que no lo quieren entender porque simplemente no conviene a sus intereses. Los sicólogos le llaman: “La negación”. Es un mecanismo de defensa que consiste en enfrentarse a los problemas negando su existencia. Los individuos se niegan a reconocer la realidad.
Le pasa, por ejemplo, a la empresa Inversiones WG Quishuar S.A. Sus noventa socios no entienden porqué Minera Yanacocha no les “da” un contrato como el que tuvo en años pasados cuando se llamaba Quishuar Múltiples Servicios Generales S.A., y facturaron a la compañía minera la bonita suma de cuatro millones de dólares.
Los empresarios como ellos no aceptan la realidad y no quieren reconocer que la producción de Yanacocha disminuyó a menos de la tercera parte en pocos años y que, por lo tanto, sus servicios como los de otras decenas de empresas contratistas de aquí y de allá simplemente ya no son necesarios.
Prefieren creer que Yanacocha no les “da” un contrato porque no le da la gana de dárselos, y que para conseguirlo hay que doblarle el brazo invadiendo su propiedad y paralizando sus operaciones. Así, a la mala, le arrancarán el contrato que no reciben por las buenas. Ente octubre y noviembre los “emprendedores” invadieron las operaciones de Yanacocha en cuatro oportunidades. No parece una buena carta de recomendación.
No obstante, los líderes que mueven a estos pobladores no son tontos. Ellos saben bien que su exigencia es un despropósito y entonces la disfrazan de “conflicto social”. “Yanacocha –dicen- no brinda oportunidades a las empresas de la zona”. Olvidan convenientemente los cuatro millones de dólares que facturaron ellos mismos y los contratos por cinco millones de dólares que otras empresas de Quishuar también tuvieron, y que actualmente trabajan en la mina. Eso también se acabará en algún momento.
¿Qué puede hacer Minera Yanacocha al respecto? Nada que no sea quitarle a Pedro para darle a Juan, pero eso no soluciona el problema, más bien lo agrava.
La realidad es terca. Las minas se acaban y ésta se está acabando. La compañía está haciendo grandes esfuerzos en reducción de costos para seguir siendo rentable e invirtiendo en tecnologías que le permitan poner en valor algunas reservas, con miras al desarrollo futuro de otros proyectos. Mientras tanto viene haciendo los ajustes necesarios a su nueva dimensión: su personal de planilla, por ejemplo, se reduce desde hace dos años, y ya va llegando a la mitad de lo que era en su mejor momento.
No menos dramática ha sido la disminución de paquetes de contratos que, se estima, para el 2016 será mucho menor a lo contratado en 2015, que ya era poco en comparación con otros años.
¿Qué pueden hacer las empresas contratistas? Fácil. Las competitivas deberán buscar frentes de trabajo en otros lares o cambiar su giro de negocio. Según la candidata presidencial Vero Mendoza la economía de Cajamarca puede reactivarse con actividades agrícolas y ganaderas. Que bueno. Allí tienen una oportunidad. Las que no son competitivas tendrán que disolverse. No se puede hacer –decía un buen amigo- arroz con pato, sin pato.
Lo lamentable de esta historia es que estamos siendo testigos de un destino cambiado. En vez de presenciar el crecimiento incesante y furioso de nuestras empresas, y gozar de los beneficios de un fortalecido tejido empresarial, gracias al desarrollo de nuestra actividad minera; en Cajamarca estamos asistiendo pasivamente al declive absurdo y criminal de su aparato productivo.
¿Cambiarán las cosas en el corto plazo? No lo creo. Nada indica que nuestros líderes políticos vayan a entrar en razón, mucho menos en una etapa electoral como la que estamos viviendo. En estas épocas, decía un analista, “El optimismo, generalmente, es la antesala de la desilusión”.