Los cajamarquinos estábamos equivocados: creíamos que los “ecologistas” rabiosos se enfrentaban a las compañías mineras para defender el medio ambiente. No era así. Ellos, desde siempre y a su puro estilo solapado, sólo han defendido sus propios intereses. Era difícil no creerles. Después de todo ¿Qué ser humano, medianamente decente, permanecería inconmovible si le dicen que una compañía minera abusiva esta envenenando el agua y las tierras de los pobres campesinos?
Pero, se cansaron de fingir. Los “ecologistas” paisanos no soportaron la presión de la prensa y la comunidad, y acabaron con la fiesta de disfraces sacándose la ya inocultable máscara. Total Cajamarca hace tiempo que dejó de ser su mercado, la gente desconfía de ellos, ahora se exhiben en la vitrina internacional. “A nosotros no nos interesa la minería informal. No nos interesa la contaminación del valle de Condebamba. Y tampoco nos interesa que se puedan envenenar miles de pobladores cajabambinos”, fue el claro mensaje del “ecologismo” local, frente a la crisis de Algamarca.
El presidente del Centro Social Cajabamba, Luis Flores Alegría, quien solicitó la intervención de los “ecologistas” para frenar el terrible atentado ambiental, calificó la posición de estos últimos como “sorprendente e inexplicable”. Sin embargo, no lo es tanto. Veamos. Lo que ocurre es que los “ecologistas” se han especializado en atacar a la minería formal porque allí si hay dinero. Porque a las corporaciones y compañías les interesa su imagen, su buen nombre y el valor de sus acciones, y en oposición a ellas existen grandes grupos dispuestos a pagar a esos malos ecologistas para que se dediquen a desprestigiarlas. Cuanto más desprestigiadas están, menos valen sus acciones en la bolsa de valores y pueden ser absorbidas por la competencia más inescrupulosa y desleal.
Bien dicen los analistas internacionales que: “La intromisión ecologista frecuentemente entorpece la producción y agrava los problemas que –dice- pretende remediar, pero rara vez beneficia a los más pobres, y casi siempre se beneficia ella misma”. Sin embargo, no es malo que los “ecologistas” se hayan quitado la careta. Al contrario, ya es tiempo de decir las cosas como son. Ya es tiempo de que vivamos en una Cajamarca real y no en ese mundo de temor en que nos hundieron los enemigos del desarrollo. Basta de augurar un abismo de violencia causado por la intolerancia de los empresarios mineros, y un desastre inminente debido a la supuesta contaminación y la falta de agua para la población. La situación real de Cajamarca es muy diferente.
Cajamarca nunca estuvo mejor, y el futuro nunca fue más alentador. El progreso ha sido tan rápido que nos ha pasado inadvertido. Nunca hubo tantos puestos de trabajo ni tantas oportunidades para que miles de personas se liberen de la pobreza extrema en la que vivieron durante años. La población tiene hoy acceso a más centros de salud y de educación de los que había antes del boom minero. Muchas de las antiguas dolencias de los pobladores han sido erradicadas gracias a las campañas de vacunación y a la presencia de puestos de salud en las zonas más alejadas de la región. También ha disminuido la mortalidad infantil y la de las madres parturientas.
Cajamarca ha registrado avances en condiciones laborales, salarios, viviendas, transportes y comunicaciones. El agua que hoy consume la población Cajamarquina es una de las mejores aguas potabilizadas del país. Hay competencia en los mercados y los pobladores tienen acceso a más y mejores cosas. En cuanto a los recursos naturales, nunca el ecosistema ha estado mejor y más vigilado que ahora. Y en cuanto a la cantidad de agua utilizable por la población, ninguna actividad ha hecho tanto por levantar presas, construir reservorios y apoyar en programas para que el agua de lluvia no se vaya inútilmente a los océanos, como lo esta haciendo la minería. En materia económica la región cuenta con fondos millonarios provenientes del Canon Minero y, aunque Yanacocha anunció la disminución de su producción, hay varios proyectos mineros en cartera. Estamos a las puertas de una inversión millonaria en Gold Fields y en Michiquillay.
Ningún tiempo pasado fue mejor. El futuro se avizora todavía más interesante. Se estima que la economía del país seguirá creciendo en el 2007 y el 2008 y que nuestros recursos mineros incrementarán sustancialmente la caja fiscal y el Canon gracias a los altos precios de los minerales en el mercado internacional.
El Gobierno Central, de su lado, anunció su interés en impulsar el agro y puso en marcha el programa Sierra Exportadora en el que Cajamarca y su actividad minera son un actor importante. Por su parte, las nuevas autoridades locales se están presentando a la comunidad con verdadera vocación conciliadora y con una manifiesta intención de actuar en favor del progreso y de no dejarse influenciar por los enemigos del desarrollo que tanto daño le han hecho a la región en la última década. Sólo con lograr un clima de paz social y respeto por el Estado de Derecho para que los pobladores puedan liberar su inventiva y los empresarios se animen a invertir, le habrán prestado un servicio invalorable a nuestra tierra.
Ciertamente Cajamarca no es el paraíso. Esta lejos de serlo. Ciertamente, también, el tren del desarrollo no puede transportar a todos. Por eso, es aquí donde se aplica la filosofía del vaso medio vacío o medio lleno. Aunque los enemigos del desarrollo se retuerzan, para mí el vaso está medio lleno y espero -como todo cajamarquino de buena voluntad- que con el concurso de todos los actores sociales, nuestro vaso llegue a estar rebosante.